viernes, 10 de agosto de 2012
Adiós Nonino
De pié. Luego de caminar por cuarto día consecutivo de casa al trabajo, me hizo bien escuchar al maestro. Una obra genial.
Competitividad y Educación - Por Tomas Abraham
(Disertación en el Quinto Coloquio de la Unión Industrial de Córdoba)
Filosofía y Mercado
Hace un par de semanas la Universidad de Tres de Febrero, una de las tantas creadas en el Conurbano Bonaerense en momentos en que el partido Justicialista arremetía en la década del noventa contra el adversario político radical que con la Franja Morada administraba la UBA, me invita por primera vez vía telefónica y por correo electrónico a ser partícipe de un evento por considerarme Líder de Opinión. Halagado por tal designación algo impúdica, me piden mi dirección para informarme de los detalles de la convocatoria. Como profesor de filosofía de la UBA desde el año 1984, ensayista, y columnista, jamás considerado por las universidades creadas y favorecidas por la llamada hasta por sus mismos rectores `segunda década infame`, y menos aún en tiempos de kirchnerismo militante, reconvertí mis viejos pruritos y rencores y dispuse no sólo curiosidad sino una buena disposición para participar o protagonizar – quien podía saber si esta novedad aperturista no correspondía a estos momentos en que el peronismo oficial comienza a reagruparse y divide sus aguas por si Daniel Scioli se lanza al llano político con posibilidades de adueñarse de un futuro en el que varios se quieren anotar – y esperé el correo prometido.
Con la sigla MERCO, se me hace llegar un cuestionario de parte de una institución que se ocupa de lo que llama con cierta pomposidad Monitor Empresarial de Reputación Corporativa, y me invita en tanto Líder de Opinión a marcar en un tablero de Multiple Choice una calificación de uno a cien los méritos de otros tantos cien Líderes Empresarios de nuestro país.
No estimé que se trataba de un malentendido ya que ser columnista y aparecer en programas periodísticos de la televisión nos convierten por virtudes de la sociedad del espectáculo en líderes de algo. Son títulos de nobleza posmodernos al igual que el de “notable” – más patricio y anticuado – con el que se me distinguió en algún otro evento que ahora no recuerdo, que nos invitan a confirmar con nuestro nombre la investidura otorgada tras cumplimentar el crucigrama encomendado.
No pude responder por dos motivos que son tres. Uno por orgullo, otro por desconocimiento, y el tercero, porque no me pagaban.
Dejo de lado dos para quedarme con un tercero, y no me refiero al dinero, sino al hecho de que no pertenezco al mundo empresarial, por lo que las figuras del listado sólo me eran familiares por su presencia en las páginas de los suplementos de espectáculos o por las que hojeo de los eventos sociales por lo que jamás me crucé con Eurnekian, Madanes, Pérez Companc, ni con Tinelli o Alan Faena. Sólo cuento en mi curriculum haber sido novio a los diez años de la señora de Pescarmona, cuyo poderoso marido sabrá comprender la inocencia de la relación en tiempos en los que no podía sospechar que aquella niña sería una dama prominente de la sociedad mendocina.
Invitado aquí a disertar sobre el grave tema de la Competitividad y su relación con la educación, a ofrecer mi punto de vista en un Coloquio que reúne a las principales figuras del empresariado industrial de la provincia de Córdoba, acepté complacido el convite, no en este caso en tanto líder de opinión, ni para satisfacer mi orgullo siempre a punto de ser herido, sino por una tercera razón no considerada en el anterior acápite y que en este caso cuenta.
El mercado nos engloba a todos. Espero que mis colegas no consideren que me entrometo en temas que no son de mi incumbencia, se equivocarían de pensarlo así, ya que la competitividad también involucra a quienes se dedican a la filosofía.
Estamos obligados a ser filósofos productivos. Cada vez que aspiramos a algo, a una beca, a un viajecito, se toma nota de nuestros antecedentes laborales y se los mide. El reino de la cantidad nos es insoslayable, organismos de control ponderan el cúmulo de publicaciones que hacemos con referato, la asiduidad de nuestra presencia en congresos es determinante, el sistema de puntajes se aplica con frialdad kafkiana. Pertenecemos a un universo competitivo que se define por ofrecer menos plazas que candidatos deseosos de ocuparlas.
El mercado se define por la escasez, hay más bocas que comida. Por eso la producción es necesaria, si no fuera así, viviríamos en el Paraíso, en el mundo de la recolección. Pero desde que la sociedad de consumo se hace imperante, aquella carencia que definía el mundo natural para obligar al hombre a producir bienes a fin de sobrevivir, nos aleja del reino de la necesidad, y cambia el rumbo de las determinaciones hacia lo que podemos llamar la creación artificial de escasez, o, para llamarlo en términos sociológicos: la creación de necesidades.
Bondad y felicidad
Daré un ejemplo concreto. Nadie puede decir que el mundo del siglo XXI necesita de filosofía. Hace mucho tiempo que se vive sin ella. Desde que el Muro se cayó, no hay una filosofía que se haya apoderado de los aparatos institucionales, tanto culturales como educativos, como lo hizo el marxismo durante setenta y dos años en medio planeta. Los anteriores intentos si bien no tuvieron un peso semejante, no por eso nos permiten ignorar que Platón y Aristóteles guiaron la labor pensante durante dos milenios desde el estoicismo romano a la escolástica medieval y el sufismo arábigo, y que la filosofía ilustrada tanto en su contractualismo liberal sajón como en el democrático popular francés, incidieron en la era moderna. Por supuesto que el fascismo también tuvo sus musas filosóficas, pero todos estos casos, fueron de inspiración indirecta, más un relato de legitimación de elites gobernantes y círculos restringidos, y no la ideología de masas que caracterizó el pensamiento planetario de Carlos Marx convertido en doctrina oficial de Estado.
En nuestros días nada de esto ocurre a pesar del relato criollo que pretende convertirse en himno patrio de liberación y que no es más que un chavismo devaluado. La filosofía que vive en el mercado circula por el espacio del saber académico, y el saber académico circula al interior de sí mismo. Claro que hay una filosofía que se vende fuera del ámbito de especialistas y que gracias a los medios de comunicación – entre ellos los libros – tiene dos canales por los que la tradición desagua sus eternas vertientes: una es el de la felicidad, y el otro el de la bondad. Por uno compramos un sistema inmunológico que nos garantiza seguridad y protección contra la vejez, el fracaso, la fealdad, la enfermedad, la muerte, la soledad. Cuando este tipo de oferta filosófica llega a umbrales en los que ejerce su mayor crueldad, nos comunica que todos estos desaires de la existencia se deben a que no sabemos vivir, que tenemos un yo enfermizo, que somos seres contaminantes, que no controlamos nuestra mente, que comemos carne, que envenenamos con nuestra frustración a los semejantes, y que debemos comprar con urgencia un manual de autoestima o asistir a una charla de Claudio María Dominguez.
Por el otro, por el lado de la bondad, la filosofia ofrece su recetario de ética a satisfacción del poder económico, que nos permiten llamar al empleado cliente interno; al jefe, coach; a la mercancía servicio; al enemigo de la cuadra, vecino; al jefe de personal, directivo de recursos humanos, y al empresario, creativo.
De esta situación resulta que quien no ofrece en el mercado filosofías de la felicidad o de la bondad, está fuera de circuito, salvo que invente un nuevo nicho, y ése nicho está, y a él le dediqué una parte de mis energías intelectuales: se llama política, y con más precisión: actualidad nacional. A diferencia de los anteriores, no destaca la promesa de felicidad ni la justificación por la bondad, y, por lo general, se dedica a generar malestares, indigestiones, aquello que hoy resumimos con el nombre de crispaciones.
Mi presencia en este foro en tanto filósofo que ha hecho de la extensión universitaria una vocación pertinaz, concierne entonces al rubro actualidad nacional del que también me ocupo sin ánimo esta vez de ser irritante, cuyo subtema es la competitividad en su relación a la educación, y que constituye un peldaño sobre el cual los invito a ingresar de a poco y sin prisa con el fin de disfrutar el universo socrático que inauguró la filosofía occidental.
El Modelo Chino
Y, así, casi sin querer, dije la palabra divisoria de aguas a la que remite el problema de la competitividad en nuestros días: Occidente, es decir la China.
El capitalismo chino ha puesto a Occidente en un brete. Por un lado en lo económico, pero también en lo político. El optimismo que destilaba lo que se denominó `pensamiento único´ en la década del noventa, se ha desmoronado radicalmente en poco tiempo. La China establece en el mundo actual los parámetros de la competitividad. No sólo se trata de la productividad que depende de la ciencia aplicada a la producción, sino de los marcos institucionales, las tradiciones culturales, y las jerarquías sociales en los que se desarrollan los sistemas económicos.
La competitividad China no sólo se fundamenta en los bajos salarios, en la incorporación del know how corporativo de las multinacionales, la presencia de decenas de miles de estudiantes chinos en las mejores universidades del mundo, un mercado interno que ya es gigante y está en expansión, un mercado mundial que consume sus productos, por ser un cliente primerísimo en alimentos y energía, por poseer las reservas en moneda fuerte más importantes del mundo, en ser el mayor acreedor de la primera potencia hasta ahora conocida, de albergar a casi un cuarto de la población del planeta, sino a que es una sociedad de Partido Único, sin libertad de prensa, con censura, persecución política, y un sistema de castigo implacable para quien transgreda las normas de lo que bien podemos llamar una dictadura.
Occidente vive con temor, y llamo Occidente a los EE.UU de Norteamérica y la Unión Europea, ya que nosotros, los del sur occidental, somos parte de una economía subsidiaria hoy denominada mercado emergente, que combina subdesarrollo con períodos de crecimiento, una presencia incierta y ciclotímica en la economía internacional en caso de ser proveedora de materias primas, y que apenas puede modificar el estancamiento, o el deterioro, en educación, salud, vivienda, que son muestras de altos índices de desigualdad social, lo que los organismos internacionales definen como un muy bajo coeficiente de desarrollo humano.
De todos modos desde el punto de vista político nos reinvindicamos de la tradición democrática que generó la revolución inglesa de 1688 que limita el poder absoluto con el parlamentarismo, la revolución francesa de 1789 que en nombre de la igualdad elimina los títulos de nobleza, y de la revolución norteamericana de 1778, que hace del individuo una entidad protegida en su palabra y en su cuerpo del poder del Estado.
Pluralismo, igualdad, individuo, son los tres símbolos con los que la tradición política llamada occidental, esculpió la estatua de la Libertad. Y ninguno de ellos aparece en quien lidera el futuro de la competitividad en el mundo económico. Más aún, se ha explicitado – aún con desazón si no espanto – que la competitividad que hoy el mundo exige para no quedar atrás en la carrera productiva que asegura crecimiento, se muestra incompatible con sociedades en las que la pluralidad divide, la igualdad nivela para abajo, y el individualismo es un estímulo a la disidencia y a la anarquía.
A pesar de las afirmaciones que sostienen que en la sociedad de conocimiento la generación de contenidos requiere creatividad, que la nuevas tecnologías no son controlables por poderes centrales que pretenden limitar las libertades, y que todo mercado competitivo no puede ser regulado totalmente, el hecho es que los topes de eficiencia, aquello que se considera excelencia, productividad y liderazgo, está determinado por valores cada vez más estrictos, implacables, con exigencias de dedicación exclusiva, y un modo de producción en el que la vida humana es sólo una variable más y no siempre la más importante.
Me disculpo si mi exposición comienza a tener el color y la melodía alarmista de los clásicos congresos de mi especialidad, en donde siempre gana el espíritu más catastrofista y el disertante más favorecido es quien denuncia las calamidades de nuestro tiempo y el que más desalienta a los oyentes. Créanme que lejos de ser interesantes, esas muestras de temor y temblor en boca de conferencistas itinerantes, peregrinos de malas nuevas y seguidores locales, son penosas, autocomplacientes, puritanas, y chatas a rabiar. Poco tienen que ver con lo que la gente vive, con el mundo tal cual es, y con posibilidades ciertas de cambio. Más tienen que ver con lo que dije en un principio sobre la exigencia de competitividad de parte de los filósofos que se mide por la corrección política, la banalidad ética, el mal envejecimiento y el sometimiento nativo a autoridades académicas y bibliografías de prestigio internacional.
Espero no reactivar ese tipo de ceremonias. Pero que hay problemas, los hay, y que hay dilemas, también. Para ilustrar esta nueva decadencia de Occidente y el entorno de la crisis económica y financiera del primer mundo, me remito un estudioso del capitalismo moderno ya comentado hace unos años en mi libro la Empresa de Vivir, Robert Reich, ex secretario de trabajo de Bill Clinton y consejero de Barack Obama en su primera campaña presidencial que lo ungió a la primera magistratura, además de profesor en la Universidad de Berkeley en Políticas Públicas.
El platonismo mercantil
Reich hace veinte años escribe The Work of Nations (El trabajo de las naciones) en el que describe los cambios que a su entender se perciben en la sociedad norteamericana y que anuncian la tendencia mundial en lo concerniente a formas inéditas de estratificación social determinada por las nuevas tecnologías aplicadas al mundo del trabajo. Diagrama así una sociedad que se divide en tres grupos que llama analistas simbólicos, los encargados de los servicios rutinarios de producción, y quienes ofrecen lo que denomina servicios personales. Ése era el mundo que visualizaba en los años noventa en momentos en que la revolución informática y la caída de los sistemas soviéticos ponían en escena a una superpotencia que no sólo había salido victoriosa de la carrera espacial sino que generaba una mutación en los sistemas productivos con efectos impredecibles.
El servicio llamado rutinario es un residuo del capitalismo fordista basado en la manufactura, la industria del acero, y un sistema laboral en el que la puntualidad, la lealtad, la repetición, y la visibilidad, eran predominantes. Las nuevas tecnologías a cargo de los analistas simbólicos son transprofesionales ya que comprenden a expertos en intermediación estratégica que bien pueden ser investigadores científicos, ingenieros de sistemas, biotecnólogos, especialistas en recursos humanos, planificadores de bienes raíces, consultores de variada gama – de finanzas, de management, impuestos -, buscadores de talento, asesores de imagen, arquitectos especializados en estructuras inteligentes más altas que Babel, estrategas de marketing, neurólogos y `headhunters`, etc.
Los analistas simbólicos en la cúspide de esta nueva sociedad punto com, están atendidos por el pelotón de los servicios personales cuya principal virtud es la sonrisibilidad y la preocupación ritualizada por el prójimo, y que agrupa a un personal extendido entre custodia privada, servicio de catering, conserjes, masajistas, camareros, azafatas, fisioterapeutas, personal trainers, niñeras, choferes, psicoanalistas, profesores de yoga, dietólogos y pastores de espíritus santos. Todos ellos le harán la vida agradable a los analistas simbólicos mientras van cayendo hacia la base de la pirámide social no sólo los que se dedican a las tareas de la manufactura clásica, sino todos aquellos que trabajan – como lo señala Reich – al amparo del sistema de la competencias, es decir los empleados públicos ya sean maestros, médicos, todos los profesionales pagados por los gobiernos.
Reich, un hombre progresista, del partido demócrata, no nos decía que este mundo que se avecinaba era el mejor de los mundos posibles, sino que era el que se venía y el único real.
Veinte años después, ya transitada las sucesivas crisis del punto com y de la burbuja inmobiliaria, Reich publica un nuevo libro, After Shock, en que pretende investigar las causas del derrumbe financiero que se ha bautizado con el nombre de la Gran Recesión que sólo se distingue de la crisis del 29 por una sola letra – aclaro que es la R por la D- , y ofrecernos una serie de medidas para volver a instalar a la sociedad norteamericana en el camino iniciado desde el fin de la segunda guerra mundial hasta la década del setenta.
Aquellos treinta años de la Gran Sociedad fueron los de un Estado de Bienestar que tuvo como protagonista a la clase media en su ascenso social y en su ingreso a la sociedad de consumo.
Reich en los tiempos en que gobernaba Bill Clinton asistía a una revolución en la gestión que se manifestaba en un aumento acelerado de la productividad, en cambios radicales en los sistemas de trabajo, y profundas transformaciones en la sociedad. La visión que tenía del rumbo de las sociedades que llegaron a llamarse poscapitalistas, se parecía a la de una sociedad de castas dividida en los tres niveles designados por Reich, de acuerdo al acceso y uso por parte de la población económicamente activa, de las nuevas tecnologías. Poco se hablaba de movilidad social por el encantamiento que producía la nueva configuración cuyo progreso parecía irrefrenable.
Denominé a este paradigma social una nueva forma de platonismo mercantil, una república global en la que el analista simbólico es el rey.
La crisis del punto com, el 11 de setiembre, y la burbuja inmobiliaria del 2008, cambiaron el panorama mundial con la rapidez con la que parecen mutarse los escenarios políticos contemporáneos.
Nadie los anticipa, todos los especialistas son profetas del pasado, y las tendencias que se anuncian tienen el recorrido de un rizoma. Pueden ir para cualquier lado.
Competitividad y Democracia
En su nuevo libro Reich cambia su ángulo de mira y se deshace de esas antiparras con lentes rosa que le teñían de ese color la revolución de la productividad digital en el mundo globalizado. Ahora su problema es la distribución de la riqueza, la extrema concentración de la misma, la destrucción de la clase media, la polarización y la desigualdad social, y la brecha que se creó entre pobres y ricos desde la década del ochenta hasta hoy.
Desde su punto de vista la sociedad norteamericana puede derivar hacia nuevas formas fascistas de gobierno si no revierte este proceso de consolidación de oligarquías que remueve los cimientos de sus fundamentos democráticos.
Y no lo dice desde un punto de vista moral que no aporta medidas prácticas que permitan revertir la situación, sino desde un punto de vista económico. Señala que los EE.UU producen más que lo que consumen y que no tiene otra alternativa que revitalizar su mercado interno mediante el acceso de las clases medias a los bienes públicos y privados. Para ellos recomienda – asesorado por su grupo de trabajo – una serie de medidas fiscales que estimulan la demanda y crean empleo.
El diagnóstico de Reich sobre una sociedad que es la más avanzada de acuerdo a los índices de productividad, y que, evidentemente tiene problemas en términos de competitividad, nos instruye acerca de que hoy el tema de la competitividad es indisociable de los modos en que se distribuye el producto social. Si los parámetros de la competitividad lo establece la China, el modelo de sociedad al que tendemos es el de esa sociedad, que a pesar de su peso milenario en términos filosóficos, artísticos, o científicos, ha decidido reconvertir la dictadura del proletariado en una dictadura capitalista de Partido único.
Esta China de la que hablo no es el Japón de los años setenta, su incorporación al mundo es distinta. Para comenzar, el proceso de globalización no tenía las características que hoy tiene; las crisis de estos últimos años eran desconocidas hace décadas, y tiene diez veces más habitantes. Además la forma de participación de los EE.UU en la reconstrucción de Japón después de la guerra mundial poco tiene que ver con el Imperio del Sol Naciente que ni formó parte del Eje, ni fue destruida por dos bombas atómicas, nada le debe a los norteamericanos en términos de bienestar económico sino que por el contrario mantiene el valor de su divisa a la vez que refuerza el poder de compra de sus consumidores, y reinvindica una tradición revolucionaria de origen campesino que aunque poco tiene que ver con su actual realidad, la aleja, ya sea por su confucianismo patriarcal como por el dogma del materialismo histórico, de los valores democráticos de Occidente.
Tengo la sensación de que puede entenderse de que hablo de un peligro amarillo, espero que no se entienda de ese modo. Los miedos de Occidente son peligrosos, ya sea el miedo al musulmán, el miedo al latino, el miedo al asiático, el miedo a la mezcla. No pocos alientan formas extremas de la paranoia en distintas regiones del mundo.
Nada será como fue. La historia no se repite, a lo sumo rima, como dicen algunos. No podemos preveer qué dinámica tendrá en los países asiáticos – la China en particular – el sistema político de control total en un mercado competitivo de variación continua. Las contradicciones – para usar ese término tan mentado por Mao – aflorarán. En Occidente – nombre que dejó de usarse durante siglos que hoy vuelve al vocabulario político con connotaciones diferentes pero aún difusas – los problemas son complejos. Desempleo en los jóvenes, extensión de la vida biológica y envejecimiento poblacional en los países desarrollados, incremento del costo de mantenimiento de una población inactiva por ser joven o vieja – una por imposibilidad de acceso, la otra por improductividad – , y por una tecnología que ahorra mano de obra, a lo que se agrega la debilidad de los Estados nacionales, migración de millones que huyen del hambre, sombras sobre las consecuencias en la especie humana del uso irrestricto de la ingeniería genética …
El listado de problemas es deprimente como todo listado que suma peligros y desconoce paliativos o soluciones. No sigo. Imagino que no fui invitado para decir que la competitividad en nuestro país se arregla con una devaluación del veinte por ciento, una reducción del costo laboral, una mayor predisposición al diálogo de parte del gobierno, la necesidad de planes de largo plazo, mayor seguridad jurídica, menor gasto público, y, por supuesto, más inversión en educación. Si así fuera, si es eso lo que se deseaba oir, espero no haber infringido la norma ni defraudado las expectativas ya que también lo acabo de decir. Gracias por la escucha.
Otra vez es ayer
Si ponemos una rana en una olla hirviente, inmediatamente intenta salir. Pero si ponemos la rana en agua a temperatura ambiente, y no la asustamos, se queda tranquila. Cuando la temperatura se eleva...a 26 grados...incluso parece pasarla bien. A medida que la temperatura aumenta, la rana está cada vez más aturdida...se queda ahí y hierve. Su aparato interno para detectar amenazas...está preparado para cambios repentinos en el medio ambiente, no para cambios lentos y graduales.
Peter Senge, "La Quinta Disciplina"
Peter Senge, "La Quinta Disciplina"
La Presidenta suele recordar que el tiempo de las dos administraciones K ya completas se corresponde con el período de mayor crecimiento que la economía argentina ha registrado en los últimos doscientos años. Los datos disponibles, que parten de 1885, muestran algo parecido: 2003-2011 se lleva un impresionante tercer puesto. Con tan exitoso desempeño económico cuesta realmente comprender por qué siguen ocurriendo ciertas cosas en nuestro país, a punto tal que las vamos aceptando como naturales.
La inseguridad dista de mejorar, y transitar ciertas zonas es una travesía llena de acechanzas, digna de Ulises y La Odisea. Pero mientras el héroe heleno debió enfrentar al cíclope Polifemo, la hechicera Circe, las Arpías y las Sirenas en un periplo que duró diez años, muchos argentinos se ven obligados a lidiar con el temor a ser víctimas de un hecho violento casi diariamente.
Con tan exitoso desempeño económico cuesta realmente comprender por qué siguen ocurriendo ciertas cosas en nuestro país
Los trenes descarrilan o tienen accidentes de una manera pavorosamente habitual, en un año en el cual una tragedia ferroviaria se cobró 51 víctimas mortales. La indignación por esas irreparables pérdidas ha pasado a un segundo plano frente a la que genera la imposibilidad de adquirir dólares, lo cual es una patética manifestación de nuestros valores como sociedad. No se trata de defender los controles, que son torpes, innecesarios y han agravado las dificultades en las que estaba entrando la economía. Pero llama la atención que se proteste más porque el banco no nos vende un billete de otro país que por las condiciones del transporte público -y el peligroso estado de muchísimas rutas- que utilizan diariamente millones de argentinos.
Una década después del colapso de la convertibilidad, los piquetes siguen siendo el método de protesta. Viejos conflictos, como el de Kraft, permanecen sin solución y resurgen. Hasta los alumnos más privilegiados de la Argentina, pertenecientes a los dos secundarios estatales y gratuitos de mayor prestigio, toman los colegios y suspenden las clases por problemas de índole menor. Nos hemos ido transformando en una sociedad que reniega del diálogo como instancia para resolver conflictos, y que rechaza cualquier tipo de autoridad.
La Capital Federal no tuvo servicio de subterráneos durante toda la semana, lo cual provoca incomodidades, retrasos y colapsos en la circulación de la ciudad con mayor actividad de todo el país. Mientras tanto, los gobiernos nacional y porteño solamente atinan a deslindar sus respectivas responsabilidades. También los hospitales de la CABA pararon por la falta de seguridad, que también puede considerarse como un resultado más de la misma pugna. Los conflictos con las jurisdicciones subnacionales no terminan allí: las tres principales provincias, Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe, están padeciendo -y las últimas dos reclamando en la Corte Suprema- el retaceo de fondos que les corresponden.
Llama la atención que se proteste más porque el banco no nos vende un billete de otro país que por las condiciones del transporte público
En estos días el Congreso está ocupado por dos temas centrales. El primero es la reasignación de depósitos judiciales que hoy se efectúan en el Banco Ciudad y que recibió media sanción. Más allá de la discutible cuestión de fondo, la misma fue lograda por el oficialismo de manera irregular, en franco desprecio por lo que establece el reglamento de la Cámara.
El segundo es la expropiación de Ciccone. A estas alturas, se trata ya de una zaga surrealista. La sesión será presidida por el vicepresidente, sospechado de estar estrechamente vinculado a los accionistas de la empresa, y de haberla favorecido de manera extraordinaria desde su anterior cargo. Aún con este marco general, a los que deben sumarse los antecedentes de la firma (que incluyen cheques mellizos, bonos apócrifos y billetes duplicados), el Estado nacional procedió a su contratación por un monto millonario. Para tomar esa decisión no le importó que, a pesar de los reclamos de la Justicia, sus accionistas no procedieran a identificarse. Serán los mismos dueños anónimos a los que -de una u otra manera- ahora compensará. Y encima antes tuvieron tiempo de hacer al menos una serie de billetes con defectos tan severos que la gente piensa que son falsos.
Una consigna como Vamos por todo termina sonando habitual o aceptable
La Presidenta, en una degradación de su investidura, puede emular un remate televisivo de productos en Angola,llamar "pelado ese" a un ministro de otro país o sostener que la mayoría de los europeos son xenófobos. Y todo sin que ello nos llame la atención o nos sonroje como argentinos. Además, brindamos lecciones de economía a los países desarrollados, cerrando los ojos ante nuestro inaceptable nivel de pobreza, el estancamiento de la actividad o el hecho de padecer la inflación más elevada del mundo.
El respeto de las normas más básicas parece haber devenido una cuestión irrelevante. Quizás por ello es que una consigna como "Vamos por todo" termina sonando habitual o aceptable. O que se esté sugiriendo la necesidad de una nueva reforma de la Constitución Nacional cuando todo lo antedicho demuestra que no hemos aprendido a cumplir con la que hoy tenemos. Es que en la Argentina, como en aquella brillante comedia con Bill Murray llamada "Hechizo del Tiempo", nos despertamos cada día para descubrir que otra vez es ayer. Aunque la temperatura del agua haya inadvertidamente subido unas décimas..
El monopolio de la palabra
Posteo la columna de hoy de Carlos Pagni. Es brillante. No hay que dejar pasar por alto esta intesionces fachas de la presidenta para matar la polifonía de la comunicación.
La estrategia no debe sorprender. La señora de Kirchner quiere proyectar sobre la sociedad las reglas que rigen en su gobierno. Ella supone que su administración funciona mejor en la medida en que se restringe la comunicación. Por esa razón no se ofrecen conferencias de prensa, se penaliza a los funcionarios que hablan con periodistas sin autorización superior, y se prohíben las entrevistas, salvo que se publiquen en órganos de propaganda. La ley de acceso a la información pública, perdió estado parlamentario por una orden de la Casa Rosada. Y una contribución de Néstor Kirchner como el decreto de Acceso a la Información dejó de cumplirse porque "viola la intimidad de los funcionarios" (Aníbal Fernández).
También están contraindicadas las reuniones de gabinete, para evitar el intercambio entre los miembros de la administración. Y eso ocurre porque para la concepción del poder que cultiva la Presidenta el mal no es el periodismo sino la comunicación. Salvo una: la del líder que habla al pueblo. El uso de la cadena nacional para difundir, día tras día, semana tras semana, una sola voz, es la versión defectuosa de ese sueño inalcanzable: el del monopolio presidencial de la palabra política. Este abordaje del problema complejo y crucial que constituye la comunicación para la democracia es ingenuo, es incoherente, y es autoritario.
La ingenuidad está a la vista. Amordazados y todo, los funcionarios se las ingenian para trasladar informaciones a la prensa. El caso que inquieta a Cristina Kirchner es un ejemplo: quienes filtran los problemas de Galuccio son integrantes del Gobierno afectados por Galuccio. Para contrarrestar esas operaciones, el ingeniero está privado del recurso elemental de expresarse ante la prensa. Esa primitiva interdicción es la agresión más grave a la imagen de YPF.
La Presidenta denunció una campaña negativa a su juicio motivada por un supuesto conflicto de intereses del periodista Marcelo Bonelli. Pero, ¿por qué la información que publica Bonelli aparece también en otras coberturas? La Presidenta también hablaba de campañas contra YPF cuando se consignaban irregularidades de la gestión Brufau-Eskenazi; las mismas irregularidades en las que más tarde justificó la estatización.
La ortopedia que se propuso ayer también es incoherente. La Presidenta reclamó a los medios transparencia sobre las cuentas publicitarias. La demanda es redundante porque la publicidad, por definición, es evidente. Además, expresó un prejuicio: que los avisos determinan la cobertura de los medios. De nuevo: si indagara en la gestión Brufau-Eskenazi podría encontrar alguna demostración en contrario. Pero está tan atada a esa creencia, que ella misma manipula la publicidad del Estado pensando en preservar su imagen. ¿A qué periodistas condicionan los avisos oficiales? Imposible saberlo. Información no disponible. Salvo en el caso de Daniel Scioli, que debe informar a La Cámpora los fondos que deriva a Clarín.
Es verdad que muchos periodistas están influidos por el origen del dinero que perciben. Pero ese vicio no se supera con un tribunal. Lleva en sí mismo su límite: la pérdida de credibilidad. La Presidenta lo sabe. Vuelca millonadas de pesos en empresas que repiten su voz, pero ninguna la retribuyó con un éxito editorial. ¿No habrá llegado la hora de que se pregunte si no la están robando?
La vocación por el control de los mensajes expresa un proyecto social autoritario. Su premisa es que existe una verdad sustantiva, susceptible de ser administrada. Esa verdad es la versión oficial de los hechos. El poder se asienta sobre ella, y por eso toda crítica es destituyente. En consecuencia, la estabilidad del Gobierno requiere de una ortodoxia.
La democracia se asienta en otra gnoseología. La verdad no es un ente. Es una construcción colectiva y provisoria, derivada de una deliberación interminable. No está "en". Está "entre". Es imposible encontrarla en el Gobierno. Es imposible encontrarla en la prensa. Aun cuando no esté contaminado, como muchas veces está, por la corruptela, el relato periodístico es imperfecto por su propio modo de producción, signado por la urgencia.
Inaugurar una inquisición es el peor método para eliminar esos defectos. Son males que se corrigen con más controversia, con más diálogo, con mayor pluralidad. Jefferson, a quien el ejercicio de la presidencia dejó algún escepticismo sobre las capacidades de los diarios, sentenció: "La libertad de prensa es un mal para el que no hay remedio, porque nuestra libertad depende de ella".
Link: http://www.lanacion.com.ar/1497728-otra-vez-es-ayer
Por Carlos Pagni | LA NACION
Cristina Kirchner volvió a hacer ayer profesión de fe en un dogma curioso: la idea de que la realidad se explica a través de una sola causa. Todo lo malo que sucede en el país se debe al periodismo. La inflación, la "sensación" de inseguridad, la fuga de capitales, la corrupción de los funcionarios, y, desde anoche, las desventuras de Miguel Galuccio en YPF.
Para corregir este mal, propuso el remedio que aplica en otras actividades en las que advierte inconsistencias: una mayor regulación del Estado. La Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual sería insuficiente. Ahora hace falta una "ley de ética pública" para encuadrar a los periodistas.La estrategia no debe sorprender. La señora de Kirchner quiere proyectar sobre la sociedad las reglas que rigen en su gobierno. Ella supone que su administración funciona mejor en la medida en que se restringe la comunicación. Por esa razón no se ofrecen conferencias de prensa, se penaliza a los funcionarios que hablan con periodistas sin autorización superior, y se prohíben las entrevistas, salvo que se publiquen en órganos de propaganda. La ley de acceso a la información pública, perdió estado parlamentario por una orden de la Casa Rosada. Y una contribución de Néstor Kirchner como el decreto de Acceso a la Información dejó de cumplirse porque "viola la intimidad de los funcionarios" (Aníbal Fernández).
También están contraindicadas las reuniones de gabinete, para evitar el intercambio entre los miembros de la administración. Y eso ocurre porque para la concepción del poder que cultiva la Presidenta el mal no es el periodismo sino la comunicación. Salvo una: la del líder que habla al pueblo. El uso de la cadena nacional para difundir, día tras día, semana tras semana, una sola voz, es la versión defectuosa de ese sueño inalcanzable: el del monopolio presidencial de la palabra política. Este abordaje del problema complejo y crucial que constituye la comunicación para la democracia es ingenuo, es incoherente, y es autoritario.
La ingenuidad está a la vista. Amordazados y todo, los funcionarios se las ingenian para trasladar informaciones a la prensa. El caso que inquieta a Cristina Kirchner es un ejemplo: quienes filtran los problemas de Galuccio son integrantes del Gobierno afectados por Galuccio. Para contrarrestar esas operaciones, el ingeniero está privado del recurso elemental de expresarse ante la prensa. Esa primitiva interdicción es la agresión más grave a la imagen de YPF.
La Presidenta denunció una campaña negativa a su juicio motivada por un supuesto conflicto de intereses del periodista Marcelo Bonelli. Pero, ¿por qué la información que publica Bonelli aparece también en otras coberturas? La Presidenta también hablaba de campañas contra YPF cuando se consignaban irregularidades de la gestión Brufau-Eskenazi; las mismas irregularidades en las que más tarde justificó la estatización.
La ortopedia que se propuso ayer también es incoherente. La Presidenta reclamó a los medios transparencia sobre las cuentas publicitarias. La demanda es redundante porque la publicidad, por definición, es evidente. Además, expresó un prejuicio: que los avisos determinan la cobertura de los medios. De nuevo: si indagara en la gestión Brufau-Eskenazi podría encontrar alguna demostración en contrario. Pero está tan atada a esa creencia, que ella misma manipula la publicidad del Estado pensando en preservar su imagen. ¿A qué periodistas condicionan los avisos oficiales? Imposible saberlo. Información no disponible. Salvo en el caso de Daniel Scioli, que debe informar a La Cámpora los fondos que deriva a Clarín.
La vocación por el control de los mensajes expresa un proyecto social autoritario. Su premisa es que existe una verdad sustantiva, susceptible de ser administrada. Esa verdad es la versión oficial de los hechos. El poder se asienta sobre ella, y por eso toda crítica es destituyente. En consecuencia, la estabilidad del Gobierno requiere de una ortodoxia.
La democracia se asienta en otra gnoseología. La verdad no es un ente. Es una construcción colectiva y provisoria, derivada de una deliberación interminable. No está "en". Está "entre". Es imposible encontrarla en el Gobierno. Es imposible encontrarla en la prensa. Aun cuando no esté contaminado, como muchas veces está, por la corruptela, el relato periodístico es imperfecto por su propio modo de producción, signado por la urgencia.
Inaugurar una inquisición es el peor método para eliminar esos defectos. Son males que se corrigen con más controversia, con más diálogo, con mayor pluralidad. Jefferson, a quien el ejercicio de la presidencia dejó algún escepticismo sobre las capacidades de los diarios, sentenció: "La libertad de prensa es un mal para el que no hay remedio, porque nuestra libertad depende de ella".
Link: http://www.lanacion.com.ar/1497728-otra-vez-es-ayer
Fútbol para Todos cumple tres años: el Gobierno gastó $ 2.728 millones
Una gran nota de Alejandro Alfie (muy buen profesor que tuve en la facultad). Información precisa.
El Gobierno casi duplicó las erogaciones iniciales. En el primer campeonato se usaron $ 325 millones, y en el último, fueron $ 612 millones. Este año gastó casi un 50% más que el año pasado.
El aumento principal de este año le correspondió a la AFA, a la cual le venían girando $ 50 millones mensuales y le reforzaron esa partida con $ 25 millones adicionales por mes, hasta agosto de 2012. Dicho acuerdo vence este mes. Por eso, Julio Grondona, que conduce la Asociación del Fútbol Argentino (AFA), negocia con Juan Manuel Abal Medina, el jefe de Gabinete, para que le garantice la continuidad del aumento conseguido a fines del año pasado o que se lo incremente un poco más.
La Jefatura de Gabinete distribuyó los $ 678 millones de producción, emisión y comercialización de los partidos, que se emiten en Canal 7 , América TV , Canal 9 y varias señales de noticias y deportes de la TV paga. Se distribuyeron entre la productora La Corte , de los hermanos Monzoncillo, ligados al ex vocero presidencial Miguel Núñez, que emiten los actos en Casa de gobierno; los móviles de la empresa VTS ; y los relatos y comentarios de Farolito International Entertainment , de Luis Cella -el productor de Susana Giménez- y Víctor Tobi.
El primer campeonato que se transmitió, el Apertura 2009, tuvo ingresos por publicidad privada, que luego se prohibió, con la excepción de un anunciante, Iveco .
Más allá de la voluntad política del Gobierno para destacar el Fútbol para Todos como una herramienta de democratización, el investigador del CONICET, Martín Becerra, incluye todos los gastos de este programa dentro de la publicidad oficial, “ya que el mismo fue anunciado como una reorientación de la masa publicitaria del gobierno nacional y, de hecho, los anuncios de carácter proselitista del gobierno nacional representaron en su primera temporada, casi el 85% de la pauta en los partidos televisados”, explicó en un informe realizado para Poder Ciudadano .
El Gobierno hubiera gastado otros $1.044 millones más si hubiera tenido que pagar la publicidad oficial que emitió en los partidos que transmitió, como parte de la propaganda gubernamental. La consultora Search midió la cantidad de segundo emitidos y el costo de esos segundos para cualquier otro anunciante, según el tarifario que en su momento publicó el Fútbol para Todos .
El costo de esa publicidad genera cierta confusión, ya que algunos lo suman a los gastos del Gobierno, incrementando las erogaciones oficiales, pese a que no es un gasto, porque el Gobierno no le paga nada a nadie por emitir esos avisos publicitarios.
El 11 de agosto de 2009 la AFA anunció la cancelación del contrato con Televisión Satelital Codificada , una empresa de Grupo Clarín y Torneos y Competencias .
Pocos días después, el 20 de agosto Cristina Fernández de Kirchner anunció por cadena nacional: “No queremos una sociedad de secuestros. Ni de secuestros extorsivos, ni de secuestros de goles, ni ese país en donde desaparecieron 30 mil personas”.
Según adelantó en esa ocasión la Presidenta, el Fútbol para Todos se iba a autosustentar con la publicidad comercial e iba a generar ganancias. “De ese excedente, el 50% irá a las arcas de la AFA y la otra mitad se utilizará para fomentar el deporte olímpico”, anunció ahí, y nunca cumplió.
Link: http://www.clarin.com/sociedad/Futbol-cumple-Gobierno-gasto-millones_0_752924804.html
Por Alejandro Alfie
Además, en los partidos emitió publicidad oficial que no pagó, por tener los derechos de transmisión.
Se cumplen tres años del Fútbol para Todos y el Gobierno gastó en total $ 2.728 millones. Ya le giró a la AFA $ 2.050 millones por los derechos de emisión de los partidos, a lo cual se suman $ 678 millones en el rubro de producción.El Gobierno casi duplicó las erogaciones iniciales. En el primer campeonato se usaron $ 325 millones, y en el último, fueron $ 612 millones. Este año gastó casi un 50% más que el año pasado.
El aumento principal de este año le correspondió a la AFA, a la cual le venían girando $ 50 millones mensuales y le reforzaron esa partida con $ 25 millones adicionales por mes, hasta agosto de 2012. Dicho acuerdo vence este mes. Por eso, Julio Grondona, que conduce la Asociación del Fútbol Argentino (AFA), negocia con Juan Manuel Abal Medina, el jefe de Gabinete, para que le garantice la continuidad del aumento conseguido a fines del año pasado o que se lo incremente un poco más.
La Jefatura de Gabinete distribuyó los $ 678 millones de producción, emisión y comercialización de los partidos, que se emiten en Canal 7 , América TV , Canal 9 y varias señales de noticias y deportes de la TV paga. Se distribuyeron entre la productora La Corte , de los hermanos Monzoncillo, ligados al ex vocero presidencial Miguel Núñez, que emiten los actos en Casa de gobierno; los móviles de la empresa VTS ; y los relatos y comentarios de Farolito International Entertainment , de Luis Cella -el productor de Susana Giménez- y Víctor Tobi.
El primer campeonato que se transmitió, el Apertura 2009, tuvo ingresos por publicidad privada, que luego se prohibió, con la excepción de un anunciante, Iveco .
Más allá de la voluntad política del Gobierno para destacar el Fútbol para Todos como una herramienta de democratización, el investigador del CONICET, Martín Becerra, incluye todos los gastos de este programa dentro de la publicidad oficial, “ya que el mismo fue anunciado como una reorientación de la masa publicitaria del gobierno nacional y, de hecho, los anuncios de carácter proselitista del gobierno nacional representaron en su primera temporada, casi el 85% de la pauta en los partidos televisados”, explicó en un informe realizado para Poder Ciudadano .
El Gobierno hubiera gastado otros $1.044 millones más si hubiera tenido que pagar la publicidad oficial que emitió en los partidos que transmitió, como parte de la propaganda gubernamental. La consultora Search midió la cantidad de segundo emitidos y el costo de esos segundos para cualquier otro anunciante, según el tarifario que en su momento publicó el Fútbol para Todos .
El costo de esa publicidad genera cierta confusión, ya que algunos lo suman a los gastos del Gobierno, incrementando las erogaciones oficiales, pese a que no es un gasto, porque el Gobierno no le paga nada a nadie por emitir esos avisos publicitarios.
El 11 de agosto de 2009 la AFA anunció la cancelación del contrato con Televisión Satelital Codificada , una empresa de Grupo Clarín y Torneos y Competencias .
Pocos días después, el 20 de agosto Cristina Fernández de Kirchner anunció por cadena nacional: “No queremos una sociedad de secuestros. Ni de secuestros extorsivos, ni de secuestros de goles, ni ese país en donde desaparecieron 30 mil personas”.
Según adelantó en esa ocasión la Presidenta, el Fútbol para Todos se iba a autosustentar con la publicidad comercial e iba a generar ganancias. “De ese excedente, el 50% irá a las arcas de la AFA y la otra mitad se utilizará para fomentar el deporte olímpico”, anunció ahí, y nunca cumplió.
Link: http://www.clarin.com/sociedad/Futbol-cumple-Gobierno-gasto-millones_0_752924804.html
jueves, 9 de agosto de 2012
Ricardo Echegaray - Declaración Jurada
Posteo la nota sobre la información de la declaración de Echegaray. Asi vamos corriendo el velo de algunos.
Así su patrimonio aumentó un 37 % en el 2011 respecto del 2010. También se compró dos motos Jet Ski.
Echegaray invirtió en Nordelta y blanqueó una casa en Punta del Este.
Por Matías Longoni
Así su patrimonio aumentó un 37 % en el 2011 respecto del 2010. También se compró dos motos Jet Ski.
Ricardo Echegaray, el titular de la AFIP, decide entre muchas otras cosas quién puede comprar dólares. Quizás sea tamaña responsabilidad la que justifique que su sueldo sea cuatro veces mayor al de la presidenta Cristina Kirchner: en 2011 el Estado gastó en él más de 2 millones de pesos. Esta particularidad, sin embargo, no explica del todo cómo pudo ser que su patrimonio se haya incrementado en apenas un año de casi 2,9 millones de peso a más de 4 millones.
Los datos surgen de la declaración jurada que el funcionario -empleado de Aduana desde 1993, jefe de la AFIP desde 2009- presentó ante la Oficina Anticorrupción. Allí Echegaray admite un patrimonio de 4.030.779 pesos, compuesto por cuatro propiedades, tres autos, dos Jet Sky y varias cuentas bancarias. Al menos hasta el año pasado, el máximo responsable del corralito cambiario no había pesificado sus ahorros en moneda extranjera, que incluían 56.465 dólares y 1.025 euros.
A una pequeña parte de esos billetes Echegaray los guardaba en efectivo, bajo “el colchón”.
En 2010, el funcionario había informado tener propiedades, autos y dinero ahorrado que sumaban 2.926.794,75 pesos. Un año después, su patrimonio trepaba a 4 millones. El salto de 37% se explica sobre todo por la aparición de una nueva propiedad en el exclusivo country Nordelta. Dijo haber gastado 1.020.834 pesos propios.
Además de esa “inversión inmobiliaria”, que se suma a la vivienda familiar que ya había declarado en el country Talar del Lago, de Pacheco, Echegaray suma otras dos propiedades que adquirió a fines de 2008, cuando todavía era presidente de la disuelta ONCCA pero ya trabajaba para desembarcar en la AFIP y comandar el operativo de blanqueo de capitales que ese organismo ejecutó en 2009. Aunque entonces el Gobierno pedía traer los dólares del extranjero, Echegaray iba contra corriente y adquiría un departamento de 108 metros cuadrados en Punta del Este, Uruguay, valuado en 908.060 pesos. La existencia de esa propiedad -denunciada oportunamente por Clarín - fue disimulada en anteriores declaraciones ante la OA. Pero en la última debió ser blanqueada.
La otra propiedad reconocida por Echegaray es el departamento ubicado en Paraguay al 3300, Palermo, que años atrás se declaró también como domicilio legal del feed lot “Hacienda Argentina SA”, ubicado en Punta Alta, la localidad natal de Echegaray. El titular de la AFIP niega tener relación con la firma -que llegó a tramitar subsidios ante la ONCCA-, pero sus cabezas visibles son personas muy cercanas al funcionario.
Echegaray, que acaba de ser imputado en la investigación judicial por el llamado caso Ciccone, también es investigado en otra causa por los subsidios irregulares concedidos desde la ex ONCCA.
Respecto del plantel de automóviles, la nueva declaración da cuenta de que a la Toyota Hillux adquirida en 2008 y al Toyota Corolla comprado en 2010 se sumaron el año pasado un Citroen C3 (figura como donación a uno de sus hijos), y dos Jet Sky Yamaha, valuados cada uno de ellos en 68.000 pesos.
Todas estos bienes no pueden haber sido adquiridos con otro dinero que no sea el de su salario, pues Echegaray no declaró otra fuente de ingresos (salvo alquileres por 41.600 pesos). Por cierto, no es un salario pequeño sino el mayor de todo el Ejecutivo: un bruto de 2.045.112 pesos, que equivale a un sueldo en mano de 1.245.655 pesos al año o 96.000 mensuales, contando aguinaldo. En su reciente declaración, como contraste, Cristina informó que su recibo llegaba a 25.500 pesos mensuales.
Cuando presentó su primera declaración ante la OA, en 2000, Echegaray declaró poseer 71.499 pesos. No puede decir que le haya ido mal en la función pública, pues desde entonces once años pasaron y él multiplicó su patrimonio nada menos que 56 veces.
Link: http://www.clarin.com/politica/Echegaray-invirtio-Nordelta-blanqueo-Punta_0_752324813.html
lunes, 30 de julio de 2012
"No maté a Mafalda: dejé de dibujarla"
Joaquín Lavado acaba de cumplir 80 años. Recuerda su niñez feliz en Mendoza. Dice que el mundo que evocaba Mafalda está más vigente que nunca y revela que Felipe es el personaje más autobiográfico que ha creado.
Por Magdalena Ruiz Guiñazú
¿Cómo no sentir afecto y admiración por un hombre que ha sido traducido a 26 idiomas (y que, en Argentina, vende 20 millones de ejemplares) cuando dice en voz muy queda: “Yo soy más de dibujar que de hablar…”? Su modestia le impide observar que sus dibujos son, de por sí, una conversación y a lo largo de una tarde de invierno en el departamento al que sonríe desde lo alto la máscara insignia de la Casa del Teatro, Quino explica:
—Nunca tuve ayudantes. Siempre trabajé solo y… –aquí habla un poco para sí mismo como quien entreabre la puerta del tesoro. Te cuento que tengo un dibujo muy viejo que publiqué en “Rico Tipo” en el que se ve a gente en el cementerio corriendo detrás de un ataúd. El ataúd tiene cuatro ruedas y un motorcito y los amigos que van corriendo dicen: “Nunca quiso que lo ayudaran”… ¡Bueno, ese tipo soy yo! Nunca pude trabajar en equipo. Con el único que trabajé fue con el cubano Juan Padrón que hizo los cortos de Mafalda y también otras peliculitas mías con páginas de humor. A él lo ayudé digamos a hacer el argumento de esa peliculitas pero… nada más! Te repito que fue la única vez que trabajé con alguien en equipo. ¡Lo conocí y nos enamoramos muchísimo! Ahora hace mucho que no lo veo porque no ando por Cuba pero fui allí 9 veces y estuve trabajando con él todo el tiempo y lo pasamos muy bien…
—No sé si es una leyenda pero por ahí corre la historia de una agencia de publicidad que te encargó un personaje “con familia” para un producto comercial y que luego no lo quiso. Ese producto era Mafalda y vos la dejaste en un cajón durante varios años…
—Sí, sí, era para una campaña… Además en esa agencia trabajaba Norman Briski. Pasó algo muy curioso: me avisó Miguel Brascó que estaban buscando quién dibujara a una familia para lanzar las heladeras Siam con la marca Mansfield. Entonces había que buscar un nombre que tuviera la M, la F etc. Bueno, y ¡así salió Mafalda! La idea era regalarle la tira a los periódicos como si fuera una historieta “normal” en la que se usaban electrodomésticos de esta marca. Los diarios entonces dijeron “¡Ah, no! ¡Esta publicidad la tienen que pagar!”. Así es que nunca se hizo nada y a mí me quedaron esas 12 tiras de historieta. ¡Así empezó Mafalda!
—Entonces ¿qué hiciste?
—Sí, sí, era para una campaña… Además en esa agencia trabajaba Norman Briski. Pasó algo muy curioso: me avisó Miguel Brascó que estaban buscando quién dibujara a una familia para lanzar las heladeras Siam con la marca Mansfield. Entonces había que buscar un nombre que tuviera la M, la F etc. Bueno, y ¡así salió Mafalda! La idea era regalarle la tira a los periódicos como si fuera una historieta “normal” en la que se usaban electrodomésticos de esta marca. Los diarios entonces dijeron “¡Ah, no! ¡Esta publicidad la tienen que pagar!”. Así es que nunca se hizo nada y a mí me quedaron esas 12 tiras de historieta. ¡Así empezó Mafalda!
—Entonces ¿qué hiciste?
—Como te conté fueron a dar a un cajón hasta que un amigo, muy amigo, Julián Delgado (desaparecido durante la dictadura) y que era director de “El Cronista Comercial” y de la revista “Mercado”, me preguntó si, además de la página de humor que hacía para “Mercado”, no tenía alguna otra cosa distinta. Y así fue que le di las tiras que me habían quedado y ¡él comenzó a publicarlas en la primera página del diario! No me dijo nada y yo me encontré, de pronto, con un personaje que no conocía (diez o doce tiras no son suficientes para conocerlo). Entonces, bueno, me puse a imaginar (ya que tenía que seguir con esa historieta) cómo iba a ser el personaje. En aquel momento había un movimiento feminista tan grande en todo el mundo que pensé: “¡esta niña tiene que ser una protestona. Tiene que proponerse reivindicar los derechos de “las chicas!” Y así empecé con ella. ¡Después nacieron Manolito y toda esa gente! ¡El asunto era que las primeras tiras de Mafalda eran hechas con el mecanismo en el que Mafalda leía el diario o escuchaba un noticiero y entonces les preguntaba a sus padres por qué había guerras y todos los desastres que hacemos los humanos! Hice otras treinta o cuarenta tiras hasta que me cansé de esa rutina y pensé que había que poner a alguna otra persona. Dibujé entonces primero a Felipe que era lo contrario de Mafalda. Felipe fue la caricatura de otro amigo, un periodista, Jorge Timossi. ¡Así fueron surgiendo todos porque me cansaba tener sólo a dos protagonistas! Entonces puse a Susanita, a Manolito y… ¡bueno, con personajes sacados de la vida real fui avanzando… –se ríe quedamente– Manolito era el padre de Julián Delgado que era panadero y no quería que su hijo fuera periodista! Un día entonces Julián se peleó mucho con su padre y se vino a vivir a donde yo vivía. Era en lo de una señora que alquilaba dos piezas en una casa muy linda de Belgrano, frente a la casa de los Alsogaray… ¡en aquellos tiempos María Julia era muy chiquitita y aún no se había puesto a limpiar el Riachuelo!, termina en una carcajada.
—Bueno… qué barbaridad… –sigue recordando Quino– y luego añadí a Migue que era un sobrino mío que hoy es flautista y tiene cuarenta y tantos años y toca con la Sinfónica de Chile… y de la vida real, creo que no hay más… —Los libros de Mafalda son diez ¿no?
—Bueno… qué barbaridad… –sigue recordando Quino– y luego añadí a Migue que era un sobrino mío que hoy es flautista y tiene cuarenta y tantos años y toca con la Sinfónica de Chile… y de la vida real, creo que no hay más… —Los libros de Mafalda son diez ¿no?
—En la edición argentina, sí. En España, con una división un poco distinta son once…
—Pero cerraste la historia. ¡Qué lástima! Hubiéramos querido ver a Mafalda abuela o divorciada o enamorada… ¡qué sé yo!
Quino se ríe: —¡No! ¡No! Para mí es un dibujo. Hay gente que me dice “¡Cómo, un dibujo!, si nos ha acompañado tanto! Es una persona...” Pero para mí, no. Es sólo un dibujo como cualquier otro de los que hago en humor… Leí una vez un libro de Pirandello en el que decía que, una vez que uno crea un personaje después ¡la gente se lo apropia! Y hace con el personaje ¡lo que se le da la gana! Sí, ocurre eso con la gente. Se lo toman como… Te reitero: he oído mucho eso de “¿por qué mataste a Mafalda?” Y yo no me canso de contestar: “No la maté. ¡Dejé de dibujarla!”
—Lo notable es que el mundo se apropió de Mafalda –me equivoco– Tiene una mentalidad que encontrás ¡en todos lados!
—¡Pero, no! –protesta Quino– ¡Vas a Rusia y no la conoce nadie! ¡Vas a cualquier país africano y, tampoco! En lengua inglesa nunca anduvo demasiado bien. En un momento se publicó en Australia pero nada más. En los países de América latina, sí. En muchos es conocida. Lo mismo ocurre con los países más latinos de Europa: Grecia, Portugal, España, Italia… También es cierto que los sindicatos anarquistas franceses la han lanzado como volante de protesta. Las feministas italianas, muchísimo y, de vez en cuando, ¡la usan para protestar en algún país de América latina!
—¿Países asiáticos no?
—Pero cerraste la historia. ¡Qué lástima! Hubiéramos querido ver a Mafalda abuela o divorciada o enamorada… ¡qué sé yo!
Quino se ríe: —¡No! ¡No! Para mí es un dibujo. Hay gente que me dice “¡Cómo, un dibujo!, si nos ha acompañado tanto! Es una persona...” Pero para mí, no. Es sólo un dibujo como cualquier otro de los que hago en humor… Leí una vez un libro de Pirandello en el que decía que, una vez que uno crea un personaje después ¡la gente se lo apropia! Y hace con el personaje ¡lo que se le da la gana! Sí, ocurre eso con la gente. Se lo toman como… Te reitero: he oído mucho eso de “¿por qué mataste a Mafalda?” Y yo no me canso de contestar: “No la maté. ¡Dejé de dibujarla!”
—Lo notable es que el mundo se apropió de Mafalda –me equivoco– Tiene una mentalidad que encontrás ¡en todos lados!
—¡Pero, no! –protesta Quino– ¡Vas a Rusia y no la conoce nadie! ¡Vas a cualquier país africano y, tampoco! En lengua inglesa nunca anduvo demasiado bien. En un momento se publicó en Australia pero nada más. En los países de América latina, sí. En muchos es conocida. Lo mismo ocurre con los países más latinos de Europa: Grecia, Portugal, España, Italia… También es cierto que los sindicatos anarquistas franceses la han lanzado como volante de protesta. Las feministas italianas, muchísimo y, de vez en cuando, ¡la usan para protestar en algún país de América latina!
—¿Países asiáticos no?
—Sí, está en China. En realidad, en China primero la piratearon pero el editor era un inglés que publicaba en China… ¡No es raro que un inglés sea pirata! –se ríe con ganas–. Luego, se publica sin ser pirateada ¡pero ésos no pagan nada! ¡Tampoco sé cuánto venderán! No creo que demasiado. Y luego en Japón se editó alguna vez… Y te explico: que se haya editado en determinados países no quiere decir que se publique porque en los estados nórdicos, por ejemplo, se publicó en todos y anduvo bien en los periódicos pero no como libro. Se vendió poquísimo. También hay una edición en lengua gallega que tampoco se vendió nada. En la edición catalana ocurrió lo mismo. Se sigue vendiendo pero muy poquito. ¡Bueno, yo nunca imaginé que se podía transformar en un fenómeno tan extraño! ¡Bah, extraño, no. Porque las cosas que yo decía ahí siguen sucediendo hoy exactamente igual o peor! Por eso, cuando me preguntan a qué atribuyo el éxito de este personaje yo creo que hay que atribuirlo ¡justamente a que esas cosas siguen sucediendo! Mirá, Sabato me dijo una vez que los problemas que yo trataba en esa tira eran simplemente los problemas humanos siempre presentes en la historia del hombre: la relación entre padres e hijos; la escuela; el trabajo; las broncas y los amores que uno se agarra con los amigos… ¡Supongo que será por eso! Ahora, cuando los chicos de hoy vean que en mi historieta no hay computadoras y esas cosas creo que, dentro de poco, van a dejar de leerla! ¡En realidad son los padres quienes los inducen a leerla!
—Sin embargo, en la Feria del Libro Infantil, los chicos no pararon de sacarse fotos con vos?
—Sí, es cierto. Ayer había mucho público infantil. La semana pasada, en cambio, en gran parte eran mayores.
—Quizás Mafalda es más un personaje para los padres que para los chicos…
—En el diario “El Mundo” se publicaba en la página de los editoriales y no en la de las historietas. Siempre fui…Mirá, también siempre me consideré un periodista que dibuja pero, en realidad, muchas veces, ¡de humor no tengo nada! Soy medio trágico…
—Diría que, más bien, tenés un humor corrosivo… le tomás el pelo a medio mundo…
—Eso, sí –acepta Quino–. Bueno, lo he admirado a Gila. Los dibujantes españoles siempre me han atraído mucho.
—Sin embargo, en la Feria del Libro Infantil, los chicos no pararon de sacarse fotos con vos?
—Sí, es cierto. Ayer había mucho público infantil. La semana pasada, en cambio, en gran parte eran mayores.
—Quizás Mafalda es más un personaje para los padres que para los chicos…
—En el diario “El Mundo” se publicaba en la página de los editoriales y no en la de las historietas. Siempre fui…Mirá, también siempre me consideré un periodista que dibuja pero, en realidad, muchas veces, ¡de humor no tengo nada! Soy medio trágico…
—Diría que, más bien, tenés un humor corrosivo… le tomás el pelo a medio mundo…
—Eso, sí –acepta Quino–. Bueno, lo he admirado a Gila. Los dibujantes españoles siempre me han atraído mucho.
—Pero, ahora, que ya la has matado a Mafalda ¿cómo es tu día?
Con serenidad, Quino explica su vida diaria:
—Estoy luchando con la vista. Tengo una cantidad de problemas en ese sentido. Por lo tanto me cuesta mucho dibujar. Estoy tratando de hacerlo pero hace ya cinco años que no dibujo nada… O sea que mi vida es… Leer, con bastante dificultad. Escuchar música y mirar libros de humor… Estoy leyendo ahora a Baremboim que me encanta como persona y como músico. Y también como político. Ha logrado algo que nadie había hecho: reunir a Palestina con Israel. Esa orquesta tiene todo un significado político. El que estaba por lograrlo era Rabin cuando lo mataron.
Hay un breve silencio en el que llegan, lejanos, los rumores del tráfico en la avenida Santa Fe.
—Me gustaría volver a dibujar… –retoma Quino–. Me he comprado una mina muy blanda que tiene la línea más oscura y logro verla mejor. Pero mi problema fue siempre dibujar primero con lápiz y luego pasar a tinta. Nunca fui capaz, como Fontanarrosa, que agarraba la lapicera de tinta y dibujaba directamente! A mí siempre me costó bastante dibujar. En las tiras de Mafalda yo copiaba de un cuadrito al otro para que me salieran los personajes porque, ¡si no, no era capaz de hacerlos iguales! –se ríe–.
—Modestamente no querés reconocer ahí tu genialidad. Pero sigamos con tu historia, Quino. ¿Cómo era tu casa cuando eras chico?
—En su aspecto era la típica casa romana partida al medio como han construido los italianos por todos lados. La mía, en Mendoza, era una casa estrecha, con zaguán. Una casa chorizo que en el fondo tenía un patio de tierra. Había allí múltiples hormigas. ¡De varias tribus! Y como vivíamos al lado de un aserradero ¡había lauchitas en la casa! Pero lauchitas de las bonitas, simpáticas. Las grises, muy chiquitas y con el hocico rosado. Yo jugaba mucho en ese patio. Jugaba solo. Mi hermano mayor me llevaba siete años y, el otro, cuatro. Por eso siempre jugué como un solitario. Nunca por ejemplo, en la calle, a la pelota, con otros chicos. Esas cosas que hacen los chicos ¿no?
—¿Pero tu papá y tu mamá dibujaban o pintaban?
Con serenidad, Quino explica su vida diaria:
—Estoy luchando con la vista. Tengo una cantidad de problemas en ese sentido. Por lo tanto me cuesta mucho dibujar. Estoy tratando de hacerlo pero hace ya cinco años que no dibujo nada… O sea que mi vida es… Leer, con bastante dificultad. Escuchar música y mirar libros de humor… Estoy leyendo ahora a Baremboim que me encanta como persona y como músico. Y también como político. Ha logrado algo que nadie había hecho: reunir a Palestina con Israel. Esa orquesta tiene todo un significado político. El que estaba por lograrlo era Rabin cuando lo mataron.
Hay un breve silencio en el que llegan, lejanos, los rumores del tráfico en la avenida Santa Fe.
—Me gustaría volver a dibujar… –retoma Quino–. Me he comprado una mina muy blanda que tiene la línea más oscura y logro verla mejor. Pero mi problema fue siempre dibujar primero con lápiz y luego pasar a tinta. Nunca fui capaz, como Fontanarrosa, que agarraba la lapicera de tinta y dibujaba directamente! A mí siempre me costó bastante dibujar. En las tiras de Mafalda yo copiaba de un cuadrito al otro para que me salieran los personajes porque, ¡si no, no era capaz de hacerlos iguales! –se ríe–.
—Modestamente no querés reconocer ahí tu genialidad. Pero sigamos con tu historia, Quino. ¿Cómo era tu casa cuando eras chico?
—En su aspecto era la típica casa romana partida al medio como han construido los italianos por todos lados. La mía, en Mendoza, era una casa estrecha, con zaguán. Una casa chorizo que en el fondo tenía un patio de tierra. Había allí múltiples hormigas. ¡De varias tribus! Y como vivíamos al lado de un aserradero ¡había lauchitas en la casa! Pero lauchitas de las bonitas, simpáticas. Las grises, muy chiquitas y con el hocico rosado. Yo jugaba mucho en ese patio. Jugaba solo. Mi hermano mayor me llevaba siete años y, el otro, cuatro. Por eso siempre jugué como un solitario. Nunca por ejemplo, en la calle, a la pelota, con otros chicos. Esas cosas que hacen los chicos ¿no?
—¿Pero tu papá y tu mamá dibujaban o pintaban?
—No. El que era de dibujar era mi tío Joaquín con el que me crié bastante. Era dibujante y pintor acuarelista. Trabajaba en el diario “Los Andes”. Hacía los avisos de los cines y como trabajaba parte en el diario y parte en su casa, para mí se volvió muy normal que alguien dibujara en su casa y que, luego, apareciera ese dibujo ¡en el periódico! Cuando le dije que quería ser dibujante me dijo que ¡no, que me iba a morir de hambre! Esas cosas que suelen decir los padres de familia! Pero también me ayudaron muchísimo. Cuando me vine a Buenos Aires mi hermano mayor me mantuvo hasta que yo empecé a publicar…
—Una familia en la que se quisieron mucho. Algo muy importante.
—Sí, sí. Eso sí. Y ahora que estuve en Mendoza para mi cumpleaños fue toda la familia y el hermano que vive en Chile, también. Muy lindo… fue muy lindo… –recuerda pensativo–. Y, sí…Nos queremos mucho todos…
—Los que te conocemos poco o sólo a través de tu obra, pensamos que sos un hombre feliz, Quino. ¿No sé si es así?
—Tengo tendencia a amargarme. Desde chiquito me amargaba ¡porque sabía que tenía que hacer el servicio militar! En la escuela me amargaba durante las vacaciones pensando ¡cuándo iban a empezar las clases otra vez! ¡Mirá, lo de Felipe es absolutamente autobiográfico. La timidez y amargarme con el colegio! Y luego… sí, en el servicio militar salía los sábados de franco y el domingo a la mañana ya estaba con un terrible mal humor de sólo pensar que tenía que volver al cuartel. Así es que siempre he tenido esta tendencia… ¡bah, el sentido trágico de la vida!
—Bueno, la vida “es” generalmente trágica ¿no es cierto? Lo que pasa es que quizás hay gente que la sabe mirar de una determinada manera…
—Claro. Sí, sí… Pero tampoco mi objetivo fue hacer reír como Fontanarrosa que comentaba: “el mejor piropo es decirme que se han reído muchísimo con mis libros”. Yo quise, en cambio, hacer pensar más a la gente. Y siempre sentí como una tarea el que la gente se diera cuenta de lo que eran la sociedad y la política.
—En las librerías de viejo aún se encuentran los libros de chistes que publicó Lino Palacio con el seudónimo de Flax acerca de la Segunda Guerra Mundial…
—Una familia en la que se quisieron mucho. Algo muy importante.
—Sí, sí. Eso sí. Y ahora que estuve en Mendoza para mi cumpleaños fue toda la familia y el hermano que vive en Chile, también. Muy lindo… fue muy lindo… –recuerda pensativo–. Y, sí…Nos queremos mucho todos…
—Los que te conocemos poco o sólo a través de tu obra, pensamos que sos un hombre feliz, Quino. ¿No sé si es así?
—Tengo tendencia a amargarme. Desde chiquito me amargaba ¡porque sabía que tenía que hacer el servicio militar! En la escuela me amargaba durante las vacaciones pensando ¡cuándo iban a empezar las clases otra vez! ¡Mirá, lo de Felipe es absolutamente autobiográfico. La timidez y amargarme con el colegio! Y luego… sí, en el servicio militar salía los sábados de franco y el domingo a la mañana ya estaba con un terrible mal humor de sólo pensar que tenía que volver al cuartel. Así es que siempre he tenido esta tendencia… ¡bah, el sentido trágico de la vida!
—Bueno, la vida “es” generalmente trágica ¿no es cierto? Lo que pasa es que quizás hay gente que la sabe mirar de una determinada manera…
—Claro. Sí, sí… Pero tampoco mi objetivo fue hacer reír como Fontanarrosa que comentaba: “el mejor piropo es decirme que se han reído muchísimo con mis libros”. Yo quise, en cambio, hacer pensar más a la gente. Y siempre sentí como una tarea el que la gente se diera cuenta de lo que eran la sociedad y la política.
—En las librerías de viejo aún se encuentran los libros de chistes que publicó Lino Palacio con el seudónimo de Flax acerca de la Segunda Guerra Mundial…
—Sí, el hacía los dibujos y el texto…–Quino recuerda–. Por ser hijo de republicanos españoles yo le tenía un poco de idea! Yo era bastante de izquierda y ¡me molestaba que no le cayeran realmente mal Hitler y Mussolini! Por lo menos no los criticaba demasiado. Pero tenía muchos otros personajes. Ramona, por ejemplo. A mí me gustaba el Cocinero y su sombra. Era algo muy difícil de hacer: todos los gags eran entre el cocinero y su sombra. Había un litigio permanente entre ellos.
—Tuvo una muerte trágica…
—Espantosa… realmente atroz…
Recordamos el asesinato de Palacio y su esposa. Un episodio terrible. Pero también volvemos a una época en la que las revistas tenían una gran importancia.
—En mi casa –explica Quino– se compraban El Tony, Patoruzú, Rico Tipo y creo que el Tit-Bits. A mí me sorprendía el hecho de que mi padre, que trabajaba en una tienda en Mendoza, comprara todas esas revistas cuando para comprarse un traje tenía que pedir un crédito a diez meses y buscar a un amigo que le diera la firma etc. Siempre pensé entonces que, o las revistas eran muy baratas o la ropa, ¡muy cara! Además era el único jefe de sección que no tenía coche, ¡por ejemplo! Siempre alquilamos casa. Nunca tuvimos una propia. Cuando aparecía el dueño de casa y aumentaba el alquiler ¡era todo un problema! Una preocupación que se repetía siempre.
—¿Y vos?
—Bueno, Alicia mi mujer es muy buena administradora, así es que apenas pudimos… Cuando nos casamos vivimos durante dos años en la pieza de servicio del departamento de sus padres y luego compramos un departamentito en San Telmo donde han puesto una figura de Mafalda en la esquina. Ahí vivimos siete años y luego nos mudamos a Almagro. Finalmente, vinimos para aquí…
Un departamento muy bien ubicado en el que la luz y el sol entran a raudales e iluminan los preciosos recuerdos que ellos han atesorado con un enorme buen gusto.
Seguimos recorriendo el fascinante mapa de vida de este hombre que creó a Mafalda.
—Para mí el ídolo era Divito! –confiesa–. Mi máxima aspiración era ser su ayudante! Además de haber creado “la chica Divito” (todo un estilo), era un playboy para la época! Siempre tenía mujeres muy lindas. Como Amelia Bence, por ejemplo. Además Divito era muy elegante. Era la época del pantalón-chaleco… –recuerda risueño–. Yo lo quería muchísimo. El hacía los dibujos en lápiz, yo los pasaba a tinta…
—¿Llegaste a ser su ayudante?
—Tuvo una muerte trágica…
—Espantosa… realmente atroz…
Recordamos el asesinato de Palacio y su esposa. Un episodio terrible. Pero también volvemos a una época en la que las revistas tenían una gran importancia.
—En mi casa –explica Quino– se compraban El Tony, Patoruzú, Rico Tipo y creo que el Tit-Bits. A mí me sorprendía el hecho de que mi padre, que trabajaba en una tienda en Mendoza, comprara todas esas revistas cuando para comprarse un traje tenía que pedir un crédito a diez meses y buscar a un amigo que le diera la firma etc. Siempre pensé entonces que, o las revistas eran muy baratas o la ropa, ¡muy cara! Además era el único jefe de sección que no tenía coche, ¡por ejemplo! Siempre alquilamos casa. Nunca tuvimos una propia. Cuando aparecía el dueño de casa y aumentaba el alquiler ¡era todo un problema! Una preocupación que se repetía siempre.
—¿Y vos?
—Bueno, Alicia mi mujer es muy buena administradora, así es que apenas pudimos… Cuando nos casamos vivimos durante dos años en la pieza de servicio del departamento de sus padres y luego compramos un departamentito en San Telmo donde han puesto una figura de Mafalda en la esquina. Ahí vivimos siete años y luego nos mudamos a Almagro. Finalmente, vinimos para aquí…
Un departamento muy bien ubicado en el que la luz y el sol entran a raudales e iluminan los preciosos recuerdos que ellos han atesorado con un enorme buen gusto.
Seguimos recorriendo el fascinante mapa de vida de este hombre que creó a Mafalda.
—Para mí el ídolo era Divito! –confiesa–. Mi máxima aspiración era ser su ayudante! Además de haber creado “la chica Divito” (todo un estilo), era un playboy para la época! Siempre tenía mujeres muy lindas. Como Amelia Bence, por ejemplo. Además Divito era muy elegante. Era la época del pantalón-chaleco… –recuerda risueño–. Yo lo quería muchísimo. El hacía los dibujos en lápiz, yo los pasaba a tinta…
—¿Llegaste a ser su ayudante?
—No. Yo dibujaba muy mal pero las ideas me gustaban realmente. Sufrí mucho cuando, después de cinco accidentes, se terminó matando en Brasil al chocar con un camión…. –Quino se sumerge en los recuerdos–. Fijate que, incluso, yo le había comprado un libro de Sempé (el famoso dibujante francés) y él me dijo que se lo guardara para cuando volviera de Brasil… “Me lo das cuando vuelva…” dijo. Me quedé entonces con el libro, claro, y regalé el que ya tenía…
—¿Sempé era el dibujante extranjero que más te gustaba?
—No. También Bosc y Chaval. Excelentes. Los conocí en Paris-Match cuando yo tenía 18 años. Fue ahí cuando me dije: “Tengo que dibujar. Este es el camino a seguir.” Y así empecé. Bosc y Chaval publicaban una página entera cada uno y aquí, entre nosotros, dos dibujantes los siguieron pero, me parece, demasiado de cerca. Te hablo de Basurto (que dibujaba exactamente igual que Chaval) y luego Viuti que hacía lo mismo con Bosc. Pero, bueno… son cosas que pasan!
—¿Y las tiras como “Hogar, dulce hogar” con el bueno de Dagwood como padre de familia?
—Sí, yo en Mendoza la leía siempre en “Vosotras” que compraba mi tía. Era una historia muy buena. Además, como mi tío era dibujante publicitario compraba muchas revistas norteamericanas para documentarse. Siempre recuerdo las tapas del “Saturday Evening Post” ¡que dibujaba Norman Rockwell! Creo que los dibujantes norteamericanos me influenciaron mucho. En “Patoruzú” también había gente talentosa como Domingo Masone (dibujaba Capicúa) y en cuanto a dibujantes de historietas, digamos, más serias, está José Luis Salinas. Por ejemplo hacía “Ednam, el corsario” con unos dibujos estupendos. Aquí, en Argentina, ha habido dibujantes buenísimos. Yo lo quería mucho a Oski. Fuimos muy amigos. Lo mismo con Landrú. Ibamos mucho a Mar del Plata los fines de semana. Como tenía una Estanciera yo aprovechaba para que me llevara. Durante toda la época de “Tía Vicenta” la pasé muy bien con Landrú (Juan Carlos Colombres) y con Carlos del Peral que era el vicedirector. Claro… ¡hasta que Onganía la cerró! Carlos del Peral tambien hizo “Cuatro patas” que duró cuatro números ¡y que también fue cerrada por Onganía! –se ríe quedamente–. ¡Qué barbaridad! Las cosas que hemos visto en este país! Cuando, desde Mendoza, llegué a Bs. Aires con mi carpetita debajo del brazo empecé a recorrer redacciones y me decían “¡de política ¡nada!”; “de sexo ¡nada!”. Así es que me crié como dibujante aprendiendo a autocensurarme! Muy feo. Trataba de hacer metáforas con algunas ideas…
—¿Sempé era el dibujante extranjero que más te gustaba?
—No. También Bosc y Chaval. Excelentes. Los conocí en Paris-Match cuando yo tenía 18 años. Fue ahí cuando me dije: “Tengo que dibujar. Este es el camino a seguir.” Y así empecé. Bosc y Chaval publicaban una página entera cada uno y aquí, entre nosotros, dos dibujantes los siguieron pero, me parece, demasiado de cerca. Te hablo de Basurto (que dibujaba exactamente igual que Chaval) y luego Viuti que hacía lo mismo con Bosc. Pero, bueno… son cosas que pasan!
—¿Y las tiras como “Hogar, dulce hogar” con el bueno de Dagwood como padre de familia?
—Sí, yo en Mendoza la leía siempre en “Vosotras” que compraba mi tía. Era una historia muy buena. Además, como mi tío era dibujante publicitario compraba muchas revistas norteamericanas para documentarse. Siempre recuerdo las tapas del “Saturday Evening Post” ¡que dibujaba Norman Rockwell! Creo que los dibujantes norteamericanos me influenciaron mucho. En “Patoruzú” también había gente talentosa como Domingo Masone (dibujaba Capicúa) y en cuanto a dibujantes de historietas, digamos, más serias, está José Luis Salinas. Por ejemplo hacía “Ednam, el corsario” con unos dibujos estupendos. Aquí, en Argentina, ha habido dibujantes buenísimos. Yo lo quería mucho a Oski. Fuimos muy amigos. Lo mismo con Landrú. Ibamos mucho a Mar del Plata los fines de semana. Como tenía una Estanciera yo aprovechaba para que me llevara. Durante toda la época de “Tía Vicenta” la pasé muy bien con Landrú (Juan Carlos Colombres) y con Carlos del Peral que era el vicedirector. Claro… ¡hasta que Onganía la cerró! Carlos del Peral tambien hizo “Cuatro patas” que duró cuatro números ¡y que también fue cerrada por Onganía! –se ríe quedamente–. ¡Qué barbaridad! Las cosas que hemos visto en este país! Cuando, desde Mendoza, llegué a Bs. Aires con mi carpetita debajo del brazo empecé a recorrer redacciones y me decían “¡de política ¡nada!”; “de sexo ¡nada!”. Así es que me crié como dibujante aprendiendo a autocensurarme! Muy feo. Trataba de hacer metáforas con algunas ideas…
—Bueno, hoy, en democracia, en el más alto nivel, se han referido a los dibujos de Menchi Sábat como “cuasi mafiosos”!
—Sí, me acuerdo. Qué barbaridad! Se está poniendo fea la cosa con la prensa. He visto una sola vez el programa de Lanata pero parece que entrevistó a una señora que tiene una panadería en Tucumán y después de eso le cayó la AFIP…
—Como al de la inmobiliaria por haber hecho un informe que molestó a la Presidenta que ¡gentilmente le mandó también la AFIP por cadena oficial!
—Qué cosa! –suspira Quino.
—Bueno, hay que estimularse con otras conductas. Por ejemplo veo sobre tu escritorio las “Obras poéticas” de Borges…
—Sí, me gusta muchísimo Borges. Como todo lo que ha hecho. Es la primera vez que me regalan un libro de poesía. Y me encanta. Eso de “…fue por este río que vinieron las naves a fundarme la patria…” ¡me parece una maravilla! Te repito que todo lo de él me parece una maravilla. Me gusta mucho leer. También Sabato, también Cortázar. Y siento una gran admiración por Alfonsina Storni. Me emociona muchísimo. También hemos sido muy amigos con María Elena Walsh. –Quino se ríe silenciosamente:– Fuimos muy amigos hasta que… no sé qué cosa dijo que me cayó mal. Se lo comenté y ¡no le gustó mucho! Pero, bueno, yo la quería mucho.
—Y si, mágicamente, volvieras a ser chico ¿elegirías dibujar?
La respuesta es inmediata:—Sí. Nunca me hubiera imaginado haciendo otra cosa. Bah… me hubiera gustado, sí, tocar algún instrumento. El piano, por ejemplo. Me gusta mucho la música. Me hubiera gustado… bueno, toqué la armónica cuando era chico… Te diré que cuando la música es buena y está bien hecha, ¡me gusta todo! En cuanto al folklore, aunque te parezca extraño, lo que más he escuchado es música turca.
—¿Por qué?
—Mirá, por razones familiares también me gusta el flamenco pero la música turca nunca repite la melodía cantada sino que los instrumentos de la orquesta van haciendo variaciones sobre el tema. Entonces, no te cansa nunca!
—Y, a propósito de cansancio ¿vos no creés que los jóvenes se han cansado un poco del humor?
—Sí, me acuerdo. Qué barbaridad! Se está poniendo fea la cosa con la prensa. He visto una sola vez el programa de Lanata pero parece que entrevistó a una señora que tiene una panadería en Tucumán y después de eso le cayó la AFIP…
—Como al de la inmobiliaria por haber hecho un informe que molestó a la Presidenta que ¡gentilmente le mandó también la AFIP por cadena oficial!
—Qué cosa! –suspira Quino.
—Bueno, hay que estimularse con otras conductas. Por ejemplo veo sobre tu escritorio las “Obras poéticas” de Borges…
—Sí, me gusta muchísimo Borges. Como todo lo que ha hecho. Es la primera vez que me regalan un libro de poesía. Y me encanta. Eso de “…fue por este río que vinieron las naves a fundarme la patria…” ¡me parece una maravilla! Te repito que todo lo de él me parece una maravilla. Me gusta mucho leer. También Sabato, también Cortázar. Y siento una gran admiración por Alfonsina Storni. Me emociona muchísimo. También hemos sido muy amigos con María Elena Walsh. –Quino se ríe silenciosamente:– Fuimos muy amigos hasta que… no sé qué cosa dijo que me cayó mal. Se lo comenté y ¡no le gustó mucho! Pero, bueno, yo la quería mucho.
—Y si, mágicamente, volvieras a ser chico ¿elegirías dibujar?
La respuesta es inmediata:—Sí. Nunca me hubiera imaginado haciendo otra cosa. Bah… me hubiera gustado, sí, tocar algún instrumento. El piano, por ejemplo. Me gusta mucho la música. Me hubiera gustado… bueno, toqué la armónica cuando era chico… Te diré que cuando la música es buena y está bien hecha, ¡me gusta todo! En cuanto al folklore, aunque te parezca extraño, lo que más he escuchado es música turca.
—¿Por qué?
—Mirá, por razones familiares también me gusta el flamenco pero la música turca nunca repite la melodía cantada sino que los instrumentos de la orquesta van haciendo variaciones sobre el tema. Entonces, no te cansa nunca!
—Y, a propósito de cansancio ¿vos no creés que los jóvenes se han cansado un poco del humor?
—Sí, creo que ha desaparecido bastante. Cuando yo era chico había muchísimas películas humorísticas: el Gordo y el Flaco, Chaplin que era de llorar y reírse pero también estaban Danny Kaye, Red Skelton, Jacques Tati… y ese cine ha desaparecido completamente.
—También en Italia, Sordi y Gassman no han tenido herederos…
—De acuerdo. Porque Benigni… no, no… Bueno, me gustaba mucho cuando lo empecé a ver en Italia por televisión pero, luego, las películas que ha hecho…Inclusive con “La vita é bella” me chocó un poco que tomara un tema así en solfa… Después, la vi otra vez y la cosa no me pareció tan grave… Y volviendo a la época del humor fijate que aquí en radio, por ejemplo, estaban Codecá, Niní Marshall, Sandrini, el Zorro, los Cinco Grandes del Buen Humor… había para elegir. Desgraciadamente esto ha desaparecido.
—También en Italia, Sordi y Gassman no han tenido herederos…
—De acuerdo. Porque Benigni… no, no… Bueno, me gustaba mucho cuando lo empecé a ver en Italia por televisión pero, luego, las películas que ha hecho…Inclusive con “La vita é bella” me chocó un poco que tomara un tema así en solfa… Después, la vi otra vez y la cosa no me pareció tan grave… Y volviendo a la época del humor fijate que aquí en radio, por ejemplo, estaban Codecá, Niní Marshall, Sandrini, el Zorro, los Cinco Grandes del Buen Humor… había para elegir. Desgraciadamente esto ha desaparecido.
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