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martes, 19 de agosto de 2014

Martin Varsavsky

Hace casi un año que no posteaba nada. Terrible la quietud. A despertar.

Aquí una entrevista a un emprendedor argentino que vive en España.

El padre de Martín Varsavsky es el inventor de la semana de seis días. El brillante astrofísico Carlos Manuel Varsavsky desarrolló en 1975 un modelo matemático con el que demostraba que todo funcionaría mejor si trabajáramos cuatro días y descansáramos dos. Todo ello, manteniendo el producto interior bruto. En vez de parar todos a la vez para descansar el fin de semana, solapar turnos de trabajo para ser más eficientes. A Martín Varsavsky, el modelo de su padre le seduce. Pero ha desarrollado uno propio: irse de la oficina a las dos y no volver a aparecer.
 Todo empezó el día en que leyó una frase que se le quedó grabada a fuego: “En su lecho de muerte, nadie está pensando por qué no pasó más tiempo en la oficina”. Durante años, cuenta, estuvo muy enfocado hacia el trabajo y dejó de lado lo más importante. Tiene seis hijos. El más pequeño, David, tiene apenas un año y medio. Ha redefinido sus prioridades.
El empresario de origen argentino cuenta esta historia repantingado en un sofá blanco balear, con el pelo revuelto y barba de tres días, en el salón de la casa que tiene en Menorca. A sus 54 años, vive a caballo entre Nueva York y Madrid, donde está la base de su última aventura empresarial, Fon, con implantación en Francia, Japón y Reino Unido que ofrece a sus usuarios una red de puntos de acceso wifi gratuitos. Entre los inversores de Fon se encuentran compañías como Google y Microsoft.

La serie: Miradas latinas

Nueva entrega de las entrevistas de verano con las que ‘El País Semanal’ propone un viaje por el talento con personajes que marcan la diferencia en ámbitos diversos y están unidos por el idioma español. Tras el cocinero Gastón Acurio, la responsable educativa de Nueva York Carmen Fariña y la científica Anna Veiga, un argentino especialista en crear ideas y empleo.
Gran inversor en empresas tecnológicas de nuevo cuño, lo que en la jerga del sector se llama business angel, es el hombre que puso en marcha empresas como el portal ya.com o la telefónica Jazztel, a finales de los noventa. Desde entonces, a lo largo de veinte años, ha fundado siete compañías. Dice que esa es su especialidad. Poner en marcha proyectos. Transformar ideas en empresas.
Con sus pantalones pirata militares desgastados y su camiseta blanca, Martín Varsavsky responde, relajado, mirando al horizonte que le ofrece el ventanal que hay frente a su sofá: el mar Mediterráneo asoma en una hendidura de la finca de 500 hectáreas que posee cerca de Son Bou.
Usted ha fundado siete empresas en los últimos veinte años, pero no todo fue un camino de rosas, en el trayecto hubo momentos muy duros. Como en 1998, cuando estuvo arruinado y perdió 35 millones de euros. Sí, fue terrible. Estuve técnicamente arruinado en esas semanas. Mi gran error fue que yo tendría que haber vendido Viatel, haber cobrado y haber hecho Jazztel; y no hubiera pasado nada. Pero fui demasiado ambicioso. Quise mantener las dos empresas, pedí prestado contra mi casa, contra todo lo que tenía; y las acciones cayeron de 20 a 4.
¿Cómo recuerda aquellos días? Ahí fue cuando tuve un accidente bastante grave en bici, todavía tengo las cicatrices. Yo estaba fatal, era un sábado, me fui a montar en bici y estaba tan preocupado con todo esto que me distraje. Iba bajando desde La Pedriza y me caí. La historia es paradójica. Me llamaron de Credit Suisse en Suiza, y yo tenía que ir a firmar unos papeles; no podía ir, porque estaba en el hospital; así que me dijeron que me daban un mes para arreglarlo todo. La suerte increíble fue que la crisis fue tan corta que cuando enfrenté el problema, al cabo de un mes, las acciones habían subido a 14. Fue una caída seguida de un subidón, una minicrisis.
Una caída que usted salvó con una caída…Sí, sí, paradójicamente, sí. No fue ningún plan, fue un horrible accidente, caí de cabeza, me rompí el casco… Recuerdo que iba pensando: no puedo creer que me arruiné, cómo le digo a mi esposa que nos vamos a quedar sin casa… Desde ese día, ya no volví a pedir préstamos en mi vida…
Retrocedamos en el tiempo. Usted consiguió su primer millón de dólares haciendo lofts y comprando y vendiendo hoteles, ¿no? ¿Así arrancó todo? Sí, fue haciendo lofts, más bien. Es interesante, porque yo provengo de una familia de izquierdas que tenía una actitud muy ambivalente hacia los emprendedores y los empresarios. Mi padre era un científico…
Astrofísico… Sí, mi padre era muy inteligente y creativo, hizo el primer radioteles­copio del hemisferio Sur. Yo quería hacer un doctorado en Filosofía, ya me habían aceptado en Oxford; no iba a hacer nada que tuviera que ver con las empresas, pero mi padre murió de un ataque al corazón a los 49 años en un vuelo a Argentina. Nos quedamos bastante arruinados: él mantenía a su mamá, ayudaba a mi madre, de la que estaba divorciado… Heredé 150.000 dólares porque mi padre tenía un seguro de vida, pero tenía tantas responsabilidades económicas que los 150.000 dólares volaban. Me vi muy necesitado. Abandoné el proyecto de ir a Oxford y pensé en hacer un MBA para tratar de hacer dinero. El plan surgió de la necesidad.
Desde que estuve arruinado no he vuelto a pedir préstamos”
¿En qué momento vio usted que lo suyo eran los negocios? Antes de ir a Estados Unidos me busqué un trabajo de carpintero en un astillero. Como yo era socialista, me dije: “Me voy a meter a ser obrero para ver cómo es”. Y comprobé que era muy difícil, me pasaba todo el día lijando. Hasta que un día, por los altavoces del astillero, preguntaron: “¿Hay alguien que sepa inglés?”. Y yo sabía porque había ido a Estados Unidos cuando mi padre enseñaba en Harvard. Empecé a traducir, pero, en medio de la negociación, comencé a dar ideas a los del astillero. Los tipos se quedaron alucinados. Tenía 16 años. Ese fue el momento en que me di cuenta de que yo tenía algo para los negocios.
En un artículo que publicó usted precisamente en EL PAÍScontaba que el trauma que vivió con el asesinato de su primo David en Argentina también fue un motor para su carrera: quería demostrarles a los dictadores lo que usted valía. Muchas veces, en la vida, de los momentos más duros nacen las mejores cosas. Sí, totalmente. A mí la dictadura militar me puso un listón tan alto de lo que era el riesgo que todos los que enfrenté después en mi vida me parecieron menores. Yo crecí en un ambiente donde detenían a mis amigos, mataban a mi primo, una especie de guerra. No sabías si llegarías vivo a casa. Una bomba explotó a cien metros de donde vivíamos. Y, después, para colmo, nos echaron… Ganaron los malos. Todavía me falta ver a la Argentina donde ganen los buenos. Pero esos eran los peores. Por otro lado, crecí en un país desordenado e injusto, pero bastante emprendedor: el espíritu argentino es mucho más emprendedor que el español.
En el año 2000 reapareció usted en su país de origen por todo lo alto con una donación de 11.282.855 dólares para hacer llegar Internet a todas las escuelas de Argentina con el proyecto Educ.ar. Pero hubo problemas de gestión con el dinero. ¿Se le quitaron las ganas de donar? Se me quitaron las ganas de hacer cosas en Argentina. Este país es como un agujero negro del talento. Es una pena. Yo doné 11 millones de dólares y al principio desapareció la mitad de ese dinero en bonos que el Gobierno no pagaba.
El presidente Fernando de la Rúa le nombró embajador honorario ante la Unión Europea, ¿qué le dejó el roce con la política? Lo que me pareció es que Argentina tiene muy pocas opciones de salir adelante políticamente. Sigo teniendo más confianza en que España salga adelante. Los españoles creen que viven en un país corrupto, y parte de eso es vedad, pero no conocen lo que es un país corrupto gobernado por corruptos. Yo, en España, personalmente, nunca me encontré con corrupción. Quise llevar Fon a Argentina y el primer día ya me estaban pidiendo sobornos. España tenía un foco de corrupción que era la construcción. Les daba a los políticos el derecho de decir: “Tú, sí; y tú, no”.
Como emprendedor tecnológico que es, ¿hacia dónde diría que camina la revolución tecnológica en marcha? ¿Es usted un tecnoentusiasta? Yo he pasado de ser un tecnoentusiasta en los ochenta a ser un tecnoescéptico en los dos mil para volver a ser un tecnoentusiasta en los últimos siete años.
¿Qué le hizo cambiar la perspectiva? Han sido unos años increíblemente fértiles. Se empiezan a ver las posibilidades que ofrecen la química del silicio y la bioquímica. Tenemos la capacidad de hacer seres inteligentes o cosas inteligentes. En los últimos años se está viendo el desarrollo de los biochips: podemos tener máquinas vivas. Uno se puede imaginar cosas increíbles.

Perfil

Martín Varsavsky
(Buenos Aires, Argentina, 1960) es un emprendedor tecnológico afincado en España desde 1995. La dictadura argentina de Videla expulsó a su familia cuando él tenía 17 años. Emigró a Estados Unidos, donde estudió Filosofía y Economía en la New York University. Posteriormente, hizo un MBA en la Columbia University (en la imagen). Varsavsky se muestra orgulloso de haber fundado cinco empresas que, según dice, hoy valen más de 500 millones de euros (Ya.com, Viatel, Jazztel, Eolia, Fon). A finales de los noventa puso en marcha dos empresas punteras en el sector de las telecomunicaciones en España: Ya.com y Jazztel. Su último proyecto se llama Fon, una red de wifi gratuito.
¿Por ejemplo? Por ejemplo, programar seres humanos.
Suena aterrador. Hay dos corrientes. Programar cosas para que sean como seres humanos y programar seres humanos para que sean mejores que las cosas, entendidas como ordenadores. Y esto está relacionado con la película Her. Para mí, mucho más revolucionario que las Google Glass sería un pendiente que te cuelgas y con el que te comunicas. Lo que se consiguió en los últimos cinco años es reducir la informática para que quepa en un anillo, conectarlo a tu teléfono inteligente, que está conectado a la nube… En los últimos tiempos empiezo a acudir a conferencias que me hacen pensar que el futuro va a ser increíble: cosas que antes parecían fantasías pueden dejar de serlo.
¿En qué va a ser increíble el futuro? Si salen cosas como los driveless cars (coches sin conductor)… Yo anduve en uno y son muy impresionantes. Subir a un coche y decirle: “Llévame a esta calle”; y ponerte a trabajar, que el coche no atropelle a nadie… En los ochenta nos prometieron vehículos voladores; todavía no los tenemos, pero los coches sin conductor son lo más parecido que tenemos a uno volador.
¿Qué más? Se puede ver una revolución en el transporte, en la salud, en la energía. Mucha de la pobreza en este planeta tiene que ver con la energía, que es la que hace que todo sea caro: la comida cuesta por la energía. Si tuviéramos energía gratis tendríamos comida gratis. Nuestra dependencia en los hidrocarburos nos ha afectado muchísimo como sociedad y ha creado enormes injusticias. Puede ser que bajemos enormemente el coste de la energía. Eso sería una revolución en todo.
Usted se ha codeado con gente como Mark Zuckerberg, Larry Page o Bill Clinton: ¿quién le impresionó más? Clinton. Para mí un presidente tiene que ser un generalista, pero nunca conocí a un generalista con tanta profundidad como él. Sabe de todo bastante; bastante más que Rajoy, también estuve con Rajoy. Hace poco cené con Zapatero y Clinton: realmente, Clinton es un líder tan superior a los que ha tenido España… Tiene capacidad de aprender y llegar a conclusiones muy rápido; y de equivocarse menos que los demás. Otra persona que me impresionó muchísimo cuando le conocí es Amancio Ortega, que tiene cero educación de negocios y 100% de intuición. Es un genio. Y una gran persona. Es una pena que tenga que vivir escondido.
¿Escondido? Escondido porque los españoles no aguantan el éxito, no soportan que un tío cualquiera tenga éxito. Es una cosa muy española. Porque si fuera argentino, sería un héroe nacional. Y si fuera estadounidense, ni hablemos. Yo escribí un artículo sobre los dos tipos de emprendedores que hay, los introvertidos y los extravertidos. Bill Gates es de los extravertidos, que triunfan haciendo alianzas con otros. Los introvertidos, como Mark Zuckerberg y Larry Page, son malos comunicadores, pero increíbles estrategas. Cuando estoy con gente como Larry Page y Eric Schmidt [Google], que son mis inversores en Fon, veo que son gente de pocas palabras, pero admirables porque absorben, escuchan y concluyen. Larry Page perdió su voz y estuvo medio año sin poder hablar. Ahora habla con mucha dificultad, está completamente afónico, nadie entiende, ni él, ni los médicos, qué le pasó, espero que se recupere pronto. Pero ¡qué genio tiene que ser para, sin poder hablar, seguir conduciendo a su empresa al éxito!
En España, si te va bien, ya le caes mal a la mitad de la población”
¿Su condición de exitoso emprendedor y millonario le ha traído problemas? Como yo no crecí en España, me importa un pito lo que dicen los demás. No necesito cultivar mi imagen. Yo tengo mi blog, mi Twitter, mi Facebook, la gente se puede hacer una idea de quién soy. Al que le caigo bien, le caigo bien; y al que le caigo mal, le caigo mal. Lo entiendo perfectamente.
Y cuando cae mal, ¿por qué cree que cae mal? En España, si te va bien, ya le caes mal a la mitad de la población. La otra mitad, que tiene un poco más de sentido aspiracional, dice: “Martín es bastante abierto, ¿por qué no aprendo de lo que él hizo?”. A mí me encanta vivir aquí. Pero hay más admiración por el emprendedor en Alemania o en Inglaterra.
Usted tiene una visión crítica de España. Hay gente a la que le sienta mal porque viene a decirles lo que tienen que hacer o cómo hacerlo. Soy ciudadano español y pago mis impuestos aquí. Y sí, yo lo veo en Twitter: tengo 90.000 seguidores, la mitad son españoles; cuando me critican, me lo dicen. Yo estoy muy orgulloso de lo que hice en España, de todos los puestos de trabajo que creé. Si uno piensa cómo estaba España antes de que llegara yo y cómo está ahora… Yo creo que aporté mi granito de arena: los empleos que hay en Jazztel, en Fon, en Eolia. Cuando me critican mucho yo pregunto: “Pero tío, ¿tú qué hiciste por España?”. Vengo pagando mis impuestos y creando empleo aquí desde 1995. Eso ya es una respuesta. Yo critico por amor, desde dentro, habiendo construido aquí. Critico porque España se merece un futuro mejor.
El creador de Fon. / JORDI SOCÍAS
Se encuentra a gusto en España…Al final tengo buenísimos amigos aquí; me encanta el estilo de vida cuando no estoy trabajando. Me encuentro representando a España a menudo porque hay muy pocos españoles que van a ciertos sitios donde yo voy, no sé por qué; bueno, sí, por no hablar en inglés. Yo he hablado muy bien de Amancio Ortega, pero es increíble que no hable inglés; ni Zapatero, ni Rajoy; ni Aznar, bueno, ahora aprendió algo. Pero es una vergüenza. En España el problema no es el catalán, el vasco o el gallego, el problema es el inglés. ¡Basta de pelearse por estupideces!
Hace unos años Forbes le mostraba como una de las mentes más brillantes de la Europa empresarial mientras Fortune criticaba su gestión financiera. Se llegó a hablar de usted como estratega del pelotazo y abusador de los bonos basura a lo japonés. Cuando lee estas cosas, ¿qué piensa? Debo de ser una mezcla de todo esto; ni tan bueno como dijo Forbes ni tan malo como dice Fortune, qué sé yo. La prensa tiende a ser extremista, escriben un artículo y es todo positivo o negativo. Nadie es todo positivo ni todo negativo. Me parece que cometí errores. Fortune escribió el artículo cuando Jazztel tenía la crisis porque no nos daban la conectividad. Hay épocas malas en que tú, efectivamente, no puedes pagar tus bonos y tus acciones bajan y escriben artículos malos sobre ti. Pero nadie pudo escribir nunca que hice las cosas mal; o ilegalmente. Yo hice las cosas mejor o peor, pero dentro de la legalidad. A veces los periodistas se ahorran trabajo y dicen: “Este tipo es un genio” o “este tipo es una basura”.
¿Nos podría decir en qué consiste su parte negativa? Soy muy impaciente. Profesionalmente tengo un agujero con la informática, porque toda mi carrera es gestionar ingenieros. A veces soy insensible sobre la dificultad que tienen ciertas cosas que yo pido. Una de las razones por las que me voy pronto de la oficina es para no darle el coñazo tanto a la gente, para que puedan terminar lo que les pedí. Tengo que controlarme para no abrumar a la gente y que acaben detestándome por darles tantas cosas para hacer. En el ámbito personal, tardé en encontrar la felicidad matrimonial y familiar. Estuve casado doce años; y después, un año; y ahora estoy con Nina desde hace siete. La felicidad matrimonial me llegó más tarde que a otros; viví demasiado enfocado en mi trabajo y me di cuenta de que tener una familia feliz era muy importante. No me critico como padre tanto como marido.
Y usted, a estas alturas, ¿qué quiere conseguir? Soy un ambicioso de la casualidad. No tengo ambiciones políticas. Al final, ¿qué quiero hacer? Más de lo mismo, tener ideas y transformarlas en empresas. Con Fon creo que hemos acertado con algo que la gente quería, que es estar conectados en todos lados. Tengo una idea para una nueva empresa que quizás haré cuando termine Fon. Se llama The baby insurance company, la aseguradora de bebés. Los estilos de vida de la generación actual se han divorciado de la biología humana, que no permite que dos hombres, dos mujeres o una mujer de 50 años tengan un hijo. La mujer cada vez tiene los hijos más lejos de su edad más fértil, y esto es un problema. Pero hay soluciones que pasan por la fertilidad social, que consiste en tener a más de dos personas metidas en el problema. Una pone el óvulo, otra el vientre, otra el esperma… Significa tener un bebé con más de dos personas: hay una gran oportunidad en el mundo de la fertilidad social para hacer feliz a mucha gente y crear un negocio. Es lo que siempre intento hacer; que sea un negocio y que haga feliz a mucha gente.

Link: http://elpais.com/elpais/2014/08/15/eps/1408122710_325314.html

lunes, 7 de octubre de 2013

Palermo: un barrio que se convirtió en tierra de vándalos

Vecinos y comerciantes denuncian que de la mano de la actividad ilegal de los "trapitos" aumentó el delito en la zona
Por   | LA NACION


En un barrio que se caracteriza por el diseño, la moda y la gastronomía, ahora la tendencia son los robos y la violencia.Peleas entre "trapitos", asaltos, rotura de vidrieras, amenazas a vecinos, extorsiones a automovilistas, consumo de alcohol y drogas en la calle son la nueva "marca" de Palermo Viejo.
Según el Mapa Ciudadano del Delito, elaborado por la Red Palermo Seguro, desde enero de este año fueron denunciados 30 hechos delictivos en un radio de cinco cuadras, de los cuales la gran mayoría ocurrió en los últimos tres meses, y la mitad, sobre cuatro cuadras de la calle Gurruchaga, el epicentro del descontrol. Los hechos que, por su característica, "no son denunciables", pero que no dejan de ocurrir, como las extorsiones de los cuidacoches, se acumulan de a cientos por día.
En una recorrida, LA NACION advirtió la presencia de "trapitos" en estado de ebriedad y con el dominio casi total de la calle. La falta de luz, sobre todo en Cabrera, y la desmejorada situación del espacio público hacen el lugar aún más peligroso.
Un ritual delictivo parece ser la última moda entre los delincuentes de la zona : el "estreno". Cada vez que aparece un nuevo comercio, sufre un atraco dentro de los primeros 15 días. Eso ocurrió con la mueblería de Niceto Vega y Gurruchaga: abrió hace tres semanas y hace dos le rompieron la vidriera con un adoquín y sustrajeron un LCD y una computadora. Los vecinos señalaron a una chica "trapito" que suele parar en esa cuadra como autora del hecho. "A las 21 te cuidan el auto, a las 3 te roban", dijo a LA NACION la arquitecta Laura Pérez Arizmendi, dueña de Red Sur Design, que también fue víctima de los robos.

"Era obvio que te iban a estrenar, mamita", le dijo un "trapito" a Marcela Labarde tras haber sufrido el robo de su notebook y su cartera en el showroom de su marca Neghro, a poco de abrir en Gurruchaga 1524. "Antes estaba en El Salvador y Nicaragua. Si sabía que por unas pocas cuadras esto iba a ser así, no me iba", afirmó.
La bicicletería Bici Up, de Gurruchaga 1519, también sufrió su "acto inaugural" el 2 de agosto pasado. Según relató a LA NACION Marcelo, dueño del local, dos semanas después de la inauguración le forzaron la puerta de hierro y se llevaron siete valiosas bicicletas Vairo. En frente, en la boutique Basilotta, de Gurruchaga 1532, afirman que los "estrenan" cada vez que hay una vendedora nueva. La última "bienvenida" la padecieron el 10 de julio pasado.
"No es sólo el tema de los robos. Se agarran a cascotazos un sábado a la tarde y espantan a todo el público, te pintan grafitis insultándote si no les das dinero y les gritan de todo a las mujeres, incluso a las que pasan con chicos", se quejó Labarde.
Para la Policía Federal, la situación delictiva no escapa a la media de la ciudad. No obstante, reconocieron que, por día, detienen en promedio entre tres y cuatro personas por arrebatos, hurtos, robos y vandalismo en la zona. Sin embargo, inmediatamente reciben la orden judicial de liberarlos. "La bronca que tenemos al verlos de nuevo en la calle es el doble que la de los vecinos. Hace poco detuvimos cuatro veces en una semana a uno apodado «el Orejón» y las cuatro veces la Justicia lo dejó libre", confió a LA NACION un jefe policial federal.
Maximiliano Corach, presidente de la Junta Comunal 14 por Pro, dijo a LA NACION que si bien el tema de la inseguridad y de la actividad de los cuidacoches los "excede", igualmente "tratan de estar al tanto para ser un nexo entre los vecinos y las autoridades". Y adelantó que, para mejorar la seguridad en la zona con una mejor iluminación, planean instalar el sistema de luminarias LED, que ya se ve en otros puntos de la ciudad.
Los vecinos también sufren "aprietes" y represalias de algunos "trapitos" si se niegan a pagar por estacionar o si los denuncian. "Sé dónde vivís, te voy a romper la cabeza a vos y a tu marido", amenazó "el Gordo Rodrigo" -así lo identificó la policía- a Florencia, una vecina de Gurruchaga y Gorriti, luego de que ella se quejó por los tres días consecutivos de peleas que llevaban los "trapitos", el 22 de mayo pasado. La escena ocurrió delante de la policía.
"No se lo llevaron hasta que vino un patrullero con cámara para registrar el procedimiento", recordó la vecina. Al día siguiente, el fiscal del caso dictó una orden de alejamiento, que el "trapito" violó más tarde.
"Nosotros nunca habíamos tenido problemas. Incluso les dábamos comida. Pero ahora están fuera de control", se quejó Sergio De la Zerda, dueño del bar Baraka, situado en Gurruchaga y Cabrera, que hace un mes encontró dentro de su local a un "trapito" que se había herido al romper la vidriera para entrar.
Romper las vidrieras por simple vandalismo es otra "moda". La semana pasada lo sufrieron un local de ropa de diseño en Gorriti 4911 y el Coffee Store de Malabia y Gorriti. Y en Bowen debieron poner rejas luego de seis episodios de este tipo. En Thames y Costa Rica un restaurante cerró luego de sufrir tres ataques en el año.
Aunque todos los comercios trabajan bajo llave, los robos a mano armada se suceden igual. En Alma Jeans, en Gorriti 4902, Jesica ya no recuerda la cantidad de asaltos sufridos. "Las dos últimas veces fue la misma persona. La segunda, ingresó detrás de una clienta y luego se fue en taxi", contó la joven empleada.

LA INSEGURIDAD SE EXTIENDE A CALLES CERCANAS

Anteayer a la mañana, un redactor de LA NACION fue también víctima de la inseguridad en Palermo. Una banda integrada por nueve delincuentes lo golpeó para robarle sus pertenencias.
El cronista fue sorprendido a las siete de la mañana en el cruce de Godoy Cruz y Honduras por una banda de vándalos que, sin mediar palabras, lo rodeó y lo golpeó para consumar el robo. Luego de obtener un magro botín (un celular y algo de dinero) huyeron; el periodista sufrió excoriaciones leves.
Doce horas antes, a tan sólo cinco cuadras de distancia del lugar de aquel hecho, una tía del mismo redactor fue también víctima de la inseguridad. A las 19 del viernes fue asaltada por dos motochorros, que aprovecharon que se detuvo en un semáforo en rojo para romper la ventanilla de su auto y robarle la cartera.

miércoles, 31 de julio de 2013

Denuncian a Apple en China

Apple

Denuncian que una fábrica china de Apple trata a los empleados aún peor que Foxconn

Menores de edad trabajando y hasta 69 horas de jornada semanal cuando no deberían pasar de 46. Son algunas de las denuncias que China Labor Watch hizo contra las tres fábricas de Pegatron que trabajan para Apple.


Menores de edad trabajando, violaciones de contrato y entre 66 y 69 horas de trabajo a la semana cuando no deberían pasar de 46. Son algunas de las denuncias que la ONG de derechos laborales China Labor Watch (CLW) hizo ayer contra las tres fábricas de Pegatron que trabajan para Apple en China.

No es la primera vez que Apple, que rápidamente anunció una investigación interna, se enfrenta a acusaciones por maltrato a las personas que fabrican sus dispositivos en China. En la también china Foxconn la denunciaron después de que varios de sus trabajadores se suicidaran en la fábrica. De acuerdo con CLW, las condiciones de trabajo en Pegatron son incluso peores que las que sufrieron los empleados de Foxconn.

Según CLW, sus investigadores encubiertos descubrieron que los empleados de Pegatron tenían que firmar planillas en las que aseguraban que trabajaban menos horas extra de lo que en verdad dedicaban a la fábrica. De acuerdo con la BBC, Apple respondió diciendo que había seguido de cerca el número de horas que trabajaban sus empleados en Pegatron y el promedio era de 46 horas semanales.

Otras violaciones a las leyes internacionales y chinas de protección al trabajador denunciadas por CLW fueron sueldos insuficientes, condiciones de trabajo miserables, abusos de los directivos y polución medioambiental. Después de la investigación, la ONG publicó un video en YouTube, un comunicado oficial, y el informe completo (PDF): "Las investigaciones revelaron al menos 86 infracciones a los derechos de los trabajadores; 36 de ellas, legales; y las restantes 50, éticas (...) Muchas de las promesas de responsabilidad social que había hecho Apple se rompieron, incluyendo aquellas relacionadas con la seguridad del trabajador y la protección del medio ambiente".

Agrego video:

Fuente y link: http://www.ieco.clarin.com/tecnologia/Denuncian-fabrica-Apple-empleados-Foxconn_0_965303724.html









martes, 11 de junio de 2013

Beatriz Sarlo recibió la Pluma de Honor

Con tono intimista, Sarlo recibió la Pluma de Honor

Sociedad
Por su trayectoria profesional, la escritora y ensayista fue distinguida por la Academia Nacional de Periodismo
Por   | Para LA NACION

La Academia Nacional de Periodismo celebró ayer el Día del Periodista con la entrega de la Pluma de Honor a la escritora y ensayista Beatriz Sarlo.
La distinción, que se entrega por sexta vez, procura "celebrar y destacar anualmente el esfuerzo y la creatividad de quienes contribuyen a dignificar y consolidar la misión de la prensa independiente como institución social y cultural, que complementa el sistema republicano y democrático, y fortalece el clima de convivencia necesario para la completa y efectiva vigencia del Estado de Derecho".
Beatriz Sarlo recibió la talla del orfebre Juan Carlos Pallarols de manos del presidente de la Academia Nacional de Periodismo, Lauro Laíño, que hizo un encendido discurso sobre el papel de la prensa y de las instituciones.
En su discurso de agradecimiento, Sarlo sorprendió a sus seguidores con un mensaje intimista, en el que desgranó su vínculo con el periodismo desde su infancia y su trayectoria profesional. Sarlo dirigió la revista Punto de Vista durante 30 años, es colaboradora de LA NACION y escribió numerosos libros, entre los que se cuentan La audacia y el cálculo. Kirchner 2003-2010 y Ficciones argentinas .
"Quisiera separar esos motivos (que llevaron a la Pluma de Honor) de la coyuntura en la cual la defensa de la libertad para informar u opinar está en el orden del día. O, parafrasearlo de otro modo, la libertad de expresión es definida de maneras diferentes y contrapuestas. En muchos casos esa definición implica justamente lo contrario; usando en falso el concepto democrático y popular puede propiciarse el recorte de un principio básico de la democracia, como es la libertad de prensa", dijo Sarlo.
Con atención, seguían su relato el arzobispo de Mercedes-Luján, Agustín Radrizzani; los directores de LA NACION, Bartolomé Mitre, y de Perfil, Jorge Fontevecchia; el secretario general de Redacción de LA NACION, Héctor D'Amico, y los periodistas Nelson Castro, Ricardo Kirchbaum, Jaime López Recalde, Fernando Sánchez Zinny, Ricardo Pipino, Osvaldo Granados, Juan María Coria, Alberto Munin y Antonio Requeni.
También participaron del acto en la Biblioteca Nacional la senadora Norma Morandini; Graciela Fernández Meijide; el ex gobernador Hermes Binner; la diputada Victoria Donda (Libres del Sur); el secretario general de Libres del Sur, Humberto Tumini, y el diputado Ricardo Gil Lavedra (UCR).
El acto fue encabezado por Laíño y por los vicepresidentes primero y segundo, Hermenegildo Sábat y Magdalena Ruiz Guiñazú, y el secretario de la Academia, José Ignacio López.

Fuente: http://www.lanacion.com.ar/1590727-con-tono-intimista-sarlo-recibio-la-pluma-de-honor

lunes, 13 de agosto de 2012

La orden de Cristina es desguazar Cablevisión

Por Carlos Pagni | LA NACION

 
Es imposible que Cristina Kirch- ner se refiera a los medios de comunicación sin despotricar por las dificultades que encuentra frente a su principal objetivo: la reducción del Grupo Clarín. Por esa razón, hace tres semanas impartió una instrucción para terminar con lo que, para ella, son dilaciones derivadas de una conspiración mediática y judicial. A partir del 7 de diciembre la Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual (Afsca) no sólo deberá revocar al holding de Héctor Magnetto las licencias que excedan el cupo establecido por la nueva ley de servicios audiovisuales. También deberá entregar a competidores de Clarín la infraestructura de las empresas de las que ese grupo deba desprenderse. En el caso de Cablevisión, la transferencia incluye a los abonados. Para justificar esta cirugía se dirá que, por los artículos 85 y 113 de la norma, el Estado debe garantizar la regularidad y continuidad de las emisiones.
También en Clarín se sienten víctimas de un complot mediático y judicial. Es el que llevarían adelante los mendocinos José Luis Manzano y Daniel Vila para terminar de instalar en Cablevisión a un interventor afín, que conduzca la jibarización de la empresa según las pautas del Gobierno. Manzano y Vila aspiran a quedarse con algunos de los activos a los que tenga que renunciar Clarín.
El 7 de diciembre es el límite que fijó la Corte Suprema para el amparo que el juez Eduardo Carbone concedió a Clarín hasta que se defina si el artículo 161 de la ley, que obliga a la desinversión, es constitucional. Si la Justicia no se expide antes de esa fecha, la medida cautelar quedará anulada. Como Carbone se jubiló, el concurso del que surgirá su reemplazante se ha convertido en una batalla crucial para esta guerra.
Los expertos en radiodifusión coinciden en que, si no hay un pronunciamiento judicial de fondo, el 7 de diciembre se activarán los plazos para adecuar el número de licencias, que tomarían otro año. La Presidenta, en cambio, instruyó a la Afsca para que revoque las licencias y transfiera los activos ese mismo día.
Cristina Kirchner se ufanará de estar brindando un homenaje a la democracia. Está convencida de que Magnetto es el cerebro de una operación destituyente. (Incógnita: ¿a qué va a atribuir sus desventuras cuando ese genio maligno sea reducido?)
Sin embargo, la imagen de una administración que arrasa con las garantías de la prensa terminará de consolidarse. El debate se plagará de referencias a Hugo Chávez, que también retiró la licencia e incautó los activos de la cadena Radio Caracas Televisión, bajo acusaciones de golpismo. Aunque el peronismo no necesita de la experiencia bolivariana para encontrar antecedentes. Dispone de ellos en su propia tradición.
Los funcionarios que venían negociando con los medios las pautas de la desinversión suspendieron las conversaciones. El 19 de julio pasado intimaron a las empresas a informar su composición accionaria y el número de permisos para operar. Fue un requerimiento muy tardío, ya que sólo Clarín consiguió un amparo judicial. Los demás deberían haberse adecuado a la ley el último 28 de diciembre. La demora demuestra lo obvio: la única desinversión con la que sueña el Gobierno es la de ese grupo. Esta arbitrariedad es un regalo que acaso Magnetto no esperaba. La propia señora de Kirchner alimenta la tesis según la cual ella no pretende garantizar la pluralidad de voces, sino desguazar una empresa "enemiga".
Licencias
Para doblegar a Clarín el kirchnerismo puso en la mira a Cablevisión, que representa el 60% de los ingresos de ese emporio. La empresa controla 158 licencias de TV por cable, 134 más de las permitidas. La Presidenta quiere que se deshaga de ellas cuanto antes. Pero pretende evitar un apagón que la enemiste con la audiencia. No quiere que se repita lo que sucedió a Julio De Vido en agosto de 2010, cuando anunció que "Fibertel no existe" y que, por lo tanto, los usuarios debían buscarse otro proveedor. Como esa alternativa tampoco existía, sólo consiguió la antipatía de los internautas.
Santiago Aragón, el titular de la Afsca, tiene instrucciones de entregar infraestructura y abonados de Cablevisión a los competidores de cada zona. Aunque los convierta en monopólicos. Ejemplos: Telecentro, de Alberto Pierri, en el área metropolitana; Tele Imagen, de Néstor Ick, en Santiago del Estero; Supercanal, de Vila y Manzano, en Santa Fe. A esos recipiendarios se les exigirá, claro, dejar de emitir Todo Noticias.
La señora de Kirchner eligió como socio a Manzano para esta batalla decisiva. Quedó demostrado el 20 de diciembre pasado, cuando la Gendarmería irrumpió en la sede porteña de Cablevisión para hacer cumplir una orden del juez mendocino Walter Bento. A pedido de Supercanal, y por un conflicto que se desarrolla en Salta, Bento intervino la compañía y le dio un plazo de 60 días para que divida sus activos. La justicia federal porteña y la de Salta lo declararon incompetente. El 5 de julio pasado, los representantes del Gobierno en el Consejo de la Magistratura debieron salvar a Bento del juicio político.
Pero Bento consiguió designar en Cablevisión a un coadministrador. Es Enrique Anzoize, a quien en Clarín vinculan con Manzano. Ayer la empresa denunció que el juez mendocino, con la colaboración de un colega porteño, estaría por remover a su directorio. De verificarse esa profecía, el avance sobre Cablevisión, el 7 de diciembre, no encontraría resistencia. Al contrario: Anzoize sería el dócil y solitario ejecutor del plan del Gobierno. Y de Vila y Manzano.
Juan Manuel Abal Medina es el nexo entre la Presidenta y Manzano. Las vueltas de la vida: Abal fue discípulo de Carlos "Chacho" Alvarez, quien acusó a Manzano de "robar para la corona", cuando "la corona" era Carlos Menem. La frase tituló un libro del periodista Horacio Verbitsky, quien meses atrás recordó sus reproches a Néstor Kirchner por aliarse con Manzano en la guerra contra Magnetto. A la luz de estos datos, la Presidenta debería descartar el tribunal de ética para la prensa. No vaya a suceder que los que vayan a la hoguera sean los propios. Aunque ya lo aclaró aquel colaborador de Ramón Saadi: "En política la ética es un procedimiento para aplicar al adversario".
Dificultades
Supercanal tiene dificultades para quedarse con los negocios de Clarín. Cuenta con 90 licencias, 66 más de las permitidas. En cambio Advsps no tiene ese límite: es la sociedad que constituyeron el 12 de abril del año pasado el hijo de Vila, Agustín, con el abogado de Supercanal, Eduardo Vila. Advsps está gestionando, con bastante éxito, permisos en la Capital Federal, Lomas de Zamora, Tigre, Paraná, Rosario y Santa Fe, ciudades en las que opera Cablevisión.
Carlos Zannini diría que el conflicto con Clarín es la "contradicción principal" del kirchnerismo. Pero la tormenta que se prepara en Olivos siembra miedo entre los funcionarios de la Afsca. Allí rige una conducción bicéfala, como en casi todo el organigrama oficial: Aragón es controlado por su segundo, Ignacio Saavedra, un delegado de La Cámpora. Saavedra ganó notoriedad como productor de contenidos de TV -Telefé ha sido casi su único cliente- en sociedad con Fernando Pérez, el responsable de conducir los procesos de desinversión.
Los talibanes del Gobierno tienen con Aragón los mismos reparos que les provocaba su padrino y antecesor, Gabriel Mariotto: lo acusan de tibio. A Mariotto se le reprocha haberse marchado a La Plata dejando inconcluso el expediente de suspensión de la licencia de Cablevisión. Saavedra sostiene esa tesis.
Aragón y Saavedra amenizan las conversaciones con sus ocasionales visitantes hablando mal del otro. Todo en voz bien alta, para que el vituperado se entere. El dúo está separado apenas por un tabique en un gran salón en "L".
Sería superficial, sin embargo, atribuir el enredo de la política de medios a que la Afsca se ha convertido en un conventillo. El problema central es que la norma diseñada por Mariotto resulta inaplicable. De hecho, todavía no se ha otorgado ninguna frecuencia bajo el nuevo régimen. Tampoco se conoce el censo de radiodifusores, que debía estar listo para marzo de 2010. En esta nueva etapa se realizó un solo concurso, el de la televisión digital, que debió declararse desierto. Como en YPF, en Aerolíneas o en la guerra contra Boldt, también en esta reforma el kirchnerismo se arriesga a quedar empantanado. Hasta ahora sólo ha sido eficaz en demorar la constitución de la comisión bicameral que debe designar a los representantes de la oposición en la Afsca.
Las dificultades del Gobierno se deben a que tampoco en el campo mediático comprende cómo funcionan los mercados. Las compañías de comunicación no son sustentables por debajo de determinada escala. Sobre todo porque la publicidad no es infinita. Ni siquiera la oficial. Basta ver cómo Gerardo Luis Ferreyra, Sergio Szpolski, y muchos otros empresarios alineados con el Gobierno, hacen malabares para pagar los sueldos, debido a que la agencia Télam les abona las facturas con una demora de 200 días. La crisis fiscal también llegó a esos medios.
RECHAZAN UNA EVENTUAL INTERVENCIÓN JUDICIAL
Diputados nacionales de fuerzas políticas opositoras coincidieron ayer en rechazar una posible intervención a la empresa Cablevisión, del Grupo Clarín, y advirtieron sobre el "intento de hegemonía" del Gobierno sobre los medios de comunicación.
Los legisladores Ricardo Gil Lavedra (UCR), Federico Pinedo (Pro), Oscar Aguad (UCR) y Patricia Bullrich (Unión por Todos) criticaron, además, al juez mendocino Walter Bento, quien promovería una nueva orden para intervenir Cablevisión, según publicó ayer el diario Clarín.
"Causa alarma que un juez federal de provincia, fuertemente sospechado de responder a un grupo económico afín al Gobierno, que ha tenido comportamientos judiciales inaceptables, pero que goza de protección oficial en el Consejo de la Magistratura, pretenda ahora ejecutar una medida contra Cablevisión", dijo Gil Lavedra.
En tanto, Pinedo opinó que el posible avance del juez mendocino sobre la empresa Cablevisión significaría un "abuso de poder" y sostuvo que el magistrado "actúa con el aval del oficialismo"..

Mensaje de Lanata para CFK

viernes, 10 de agosto de 2012

El monopolio de la palabra

Posteo la columna de hoy de Carlos Pagni. Es brillante. No hay que dejar pasar por alto esta intesionces fachas de la presidenta para matar la polifonía de la comunicación.

Por Carlos Pagni | LA NACION

Cristina Kirchner volvió a hacer ayer profesión de fe en un dogma curioso: la idea de que la realidad se explica a través de una sola causa. Todo lo malo que sucede en el país se debe al periodismo. La inflación, la "sensación" de inseguridad, la fuga de capitales, la corrupción de los funcionarios, y, desde anoche, las desventuras de Miguel Galuccio en YPF.
Para corregir este mal, propuso el remedio que aplica en otras actividades en las que advierte inconsistencias: una mayor regulación del Estado. La Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual sería insuficiente. Ahora hace falta una "ley de ética pública" para encuadrar a los periodistas.
La estrategia no debe sorprender. La señora de Kirchner quiere proyectar sobre la sociedad las reglas que rigen en su gobierno. Ella supone que su administración funciona mejor en la medida en que se restringe la comunicación. Por esa razón no se ofrecen conferencias de prensa, se penaliza a los funcionarios que hablan con periodistas sin autorización superior, y se prohíben las entrevistas, salvo que se publiquen en órganos de propaganda. La ley de acceso a la información pública, perdió estado parlamentario por una orden de la Casa Rosada. Y una contribución de Néstor Kirchner como el decreto de Acceso a la Información dejó de cumplirse porque "viola la intimidad de los funcionarios" (Aníbal Fernández).
También están contraindicadas las reuniones de gabinete, para evitar el intercambio entre los miembros de la administración. Y eso ocurre porque para la concepción del poder que cultiva la Presidenta el mal no es el periodismo sino la comunicación. Salvo una: la del líder que habla al pueblo. El uso de la cadena nacional para difundir, día tras día, semana tras semana, una sola voz, es la versión defectuosa de ese sueño inalcanzable: el del monopolio presidencial de la palabra política. Este abordaje del problema complejo y crucial que constituye la comunicación para la democracia es ingenuo, es incoherente, y es autoritario.
La ingenuidad está a la vista. Amordazados y todo, los funcionarios se las ingenian para trasladar informaciones a la prensa. El caso que inquieta a Cristina Kirchner es un ejemplo: quienes filtran los problemas de Galuccio son integrantes del Gobierno afectados por Galuccio. Para contrarrestar esas operaciones, el ingeniero está privado del recurso elemental de expresarse ante la prensa. Esa primitiva interdicción es la agresión más grave a la imagen de YPF.
La Presidenta denunció una campaña negativa a su juicio motivada por un supuesto conflicto de intereses del periodista Marcelo Bonelli. Pero, ¿por qué la información que publica Bonelli aparece también en otras coberturas? La Presidenta también hablaba de campañas contra YPF cuando se consignaban irregularidades de la gestión Brufau-Eskenazi; las mismas irregularidades en las que más tarde justificó la estatización.
La ortopedia que se propuso ayer también es incoherente. La Presidenta reclamó a los medios transparencia sobre las cuentas publicitarias. La demanda es redundante porque la publicidad, por definición, es evidente. Además, expresó un prejuicio: que los avisos determinan la cobertura de los medios. De nuevo: si indagara en la gestión Brufau-Eskenazi podría encontrar alguna demostración en contrario. Pero está tan atada a esa creencia, que ella misma manipula la publicidad del Estado pensando en preservar su imagen. ¿A qué periodistas condicionan los avisos oficiales? Imposible saberlo. Información no disponible. Salvo en el caso de Daniel Scioli, que debe informar a La Cámpora los fondos que deriva a Clarín.


Es verdad que muchos periodistas están influidos por el origen del dinero que perciben. Pero ese vicio no se supera con un tribunal. Lleva en sí mismo su límite: la pérdida de credibilidad. La Presidenta lo sabe. Vuelca millonadas de pesos en empresas que repiten su voz, pero ninguna la retribuyó con un éxito editorial. ¿No habrá llegado la hora de que se pregunte si no la están robando?
La vocación por el control de los mensajes expresa un proyecto social autoritario. Su premisa es que existe una verdad sustantiva, susceptible de ser administrada. Esa verdad es la versión oficial de los hechos. El poder se asienta sobre ella, y por eso toda crítica es destituyente. En consecuencia, la estabilidad del Gobierno requiere de una ortodoxia.
La democracia se asienta en otra gnoseología. La verdad no es un ente. Es una construcción colectiva y provisoria, derivada de una deliberación interminable. No está "en". Está "entre". Es imposible encontrarla en el Gobierno. Es imposible encontrarla en la prensa. Aun cuando no esté contaminado, como muchas veces está, por la corruptela, el relato periodístico es imperfecto por su propio modo de producción, signado por la urgencia.
Inaugurar una inquisición es el peor método para eliminar esos defectos. Son males que se corrigen con más controversia, con más diálogo, con mayor pluralidad. Jefferson, a quien el ejercicio de la presidencia dejó algún escepticismo sobre las capacidades de los diarios, sentenció: "La libertad de prensa es un mal para el que no hay remedio, porque nuestra libertad depende de ella".

Link: http://www.lanacion.com.ar/1497728-otra-vez-es-ayer

lunes, 21 de mayo de 2012

La política, el gran obstáculo de Galuccio

Una nota con mucha claridad y lucidez.

Por Carlos Pagni | LA NACION

El martes pasado, Repsol acusó a la Argentina en los tribunales de Nueva York de haber expropiado YPF violando la ley y los estatutos de la empresa. La petrolera española fue acompañada en su demanda por otro accionista, Texas Yale Capital Corporation, una firma de asesoramiento financiero con sede en Spicewood, Texas.
La causa cayó en el juzgado de un argentinólogo: Thomas Griesa, el juez ante el que reclaman los tenedores de bonos en default.
"Además de buenos ingenieros, los petroleros debemos tener buenos abogados; a menudo nos toca reemplazar a unos por otros", suele decir Alejandro Bulgheroni. Repsol eligió el patrocinio de Davis Polk & Wardwell, uno de los estudios más importantes de Manhattan, que, además, está de moda: el flamante presidente de la Bar Association neoyorquina salió de su staff.
El argumento central de la petrolera es que Cristina Kirchner capturó el 51% de las acciones de YPF sin formular una oferta por el 100%, como se exigía a quien quisiera adquirir más del 15% del paquete. Ese requisito fue establecido por el propio Estado cuando privatizó la compañía y también figuraba en los estatutos societarios.
Repsol señala que esa cláusula prometía proteger a los inversores de YPF de lo que sucedió: una reestatización. Esa garantía, recuerda, fue reiterada cada vez que la empresa se financió en el mercado de capitales. Agrega que el representante del Gobierno en el directorio de YPF convalidó siempre ese criterio.
El segundo argumento de la demanda es que hasta fin de 2011 la Presidenta y sus colaboradores se cansaron de elogiar la conducta de YPF. El texto cita reuniones con bancos de inversión de noviembre pasado, en las que Julio De Vido habría sido un entusiasta defensor de la empresa.
La tercera acusación es que a partir del último enero el oficialismo se propuso destruir la acción de YPF. La presentación ante Griesa subraya declaraciones del gobernador de Chubut, Martín Buzzi, celebrando ese derrumbe. También acusa al Gobierno de haber filtrado datos negativos al diario Página 12, caracterizado como "portavoz de la administración".
Al final, Repsol y Texas Capital afirman que el Estado argentino actuó con "mala fe", una acusación recurrente en las sentencias de Griesa sobre la deuda impaga. El escrito remite a palabras de Axel Kicillof ante el Senado. Allí el viceministro sostuvo que el Estado sería tonto si respetara el estatuto de YPF ofreciendo una suma muy costosa por el 100% de las acciones.
Kicillof apeló entonces al "interés nacional", la excusa por la cual el Gobierno pasó por encima de los estatutos de la empresa. Sin embargo, los españoles aducen que es difícil demostrar que el interés de una nación está cifrado ya no en una actividad, ni siquiera en una empresa, sino en el patrimonio de un determinado accionista.
Desde el punto de vista político, los razonamientos de Repsol son menos costosos para el kirchnerismo que para la oposición que acompañó la captura de YPF dejando pasar las transgresiones legales.
La presentación ante Griesa forma parte de una profunda ruptura entre España y la Argentina. Nunca hubo entre los dos países una distancia tan inmensa como la de ahora. Un indicio: el rey Juan Carlos realizará una gira por América latina para preparar la Cumbre Iberoamericana que se celebrará en Cádiz en noviembre (y también para ver si recompone un poco su castigada imagen). En junio estará en Brasil. Pero no tiene pensado visitar Buenos Aires.
En Madrid los diplomáticos se preguntan si la Presidenta ha abierto un conflicto con Repsol o con España. La incógnita se activó con la multa aplicada a Telefónica por un apagón de Movistar que la Justicia había atribuido a un sabotaje. En la Moncloa preferirían que la señora de Kirchner no asistiera a la cumbre de Cádiz, para no forzar gestos amigables que caerían mal en la opinión pública peninsular.
A la Presidenta tal vez le importe poco. La peripecia que desembocó en la estatización de YPF demostró que su único límite es Brasil. Lógico: del banco de desarrollo de ese país proviene el principal financiamiento a sus proyectos energéticos. Tampoco sobre esta orientación monovalente de la política exterior la oposición abre la boca.
Los españoles no consiguen reponerse de un golpe que ni los Eskenazi, expertos en mercados regulados, previeron. En efecto, el 27 de diciembre pasado, la Presidenta despidió de su despacho a Sebastián Eskenazi con un "a vos no te recibo nunca más". Días después, reunidos en Punta del Este, los Eskenazi concluyeron que el Gobierno podría romper con ellos, pero jamás con Repsol. Hoy pagan ese error. No sólo entrarán en cesación de pagos. En el Banco Central hay directores que ofrecen en el mercado los bancos provinciales de Eskenazi.
Además del nuevo pleito en lo de Griesa, es muy probable que Cristina Kirchner deba resignarse a que YPF deje de cotizar en la Bolsa de Nueva York. De Vido, cuyo mandato como interventor de la empresa fue prorrogado por otros treinta días, lo advirtió en un strip tease ante la SEC, sobre el que informó este diario el viernes pasado.
La autocrítica de De Vido revela hasta qué punto los funcionarios menosprecian a la opinión pública local -se podría decir, "al pueblo"- con ocultamientos y medias razones que son insostenibles a la hora de estampar la propia firma en declaraciones juradas ante organismos extranjeros. De Vido está inquieto con la operación YPF. Sobre todo desde que el catalán Antonio Brufau, como si le leyera la mano, vaticinó: "Un día no estarás más en el cargo, pero deberás responder en los tribunales por lo que estás haciendo". Una versión de fuente inmejorable indica que De Vido, hace no más de 60 días, pidió a la Presidenta autorización para abandonar el Gobierno. La respuesta habría sido: "De acá te vas preso o muerto".
Más allá de las habladurías, las autoincriminaciones de De Vido ante la SEC no sólo benefician a Repsol en lo de Griesa. También perjudican a Miguel Galuccio, el CEO de YPF. Sustraída del control de la SEC, YPF estará más expuesta a ser politizada.
Esa politización no se refiere a la anécdota de cuántos militantes de La Cámpora ingresaron en la empresa. En ese campo Galuccio tiene bastante autonomía. Consiguió reemplazar a Exequiel Espinosa por Juan Martín Gandolfo, otro ex Schlumberger, en Exploración y Producción; en Planificación ubicó a Fernando Giliberti, un ex Pride, y retuvo a Carlos Colo a cargo de Contratos. Hasta ahora De Vido sólo le vetó dos candidatos.
Las verdaderas restricciones del kirchnerismo a Galuccio son más inflexibles: se las impone la política económica, como a cualquier otro empresario. En busca de socios tecnológicos, el CEO de YPF lanzó licitaciones de servicios por tres o cuatro años. Pero en las empresas predomina el miedo a terminar como el propio Galuccio: la semana pasada tuvo que mendigar ante Débora Giorgi y Guillermo Moreno por unos carreteles de acero retenidos en el puerto.
Para la operación financiera, hasta ahora a cargo de Kicillof, Galuccio intentó seducir, sin éxito, al ex gerente general de una telefónica. Los bancos han restringido el crédito de corto plazo. Y, si YPF deja de cotizar en Nueva York, será más complicado financiarse o emitir deuda.
Las grandes petroleras también están retraídas para entrar en los negocios que les ofrece el nuevo CEO. Temen no poder repatriar dividendos o que, por el mismo interés nacional que puso a Galuccio al frente de la empresa, les cambien las condiciones del contrato de la noche a la mañana. Un detalle: muchos ejecutivos del sector se sienten perjudicados porque ellos mismos habían comprado acciones de YPF, atraídos por los altos dividendos que pagaba ese papel.
La dinámica económica tampoco ayuda. El aumento de los costos en dólares amenaza con devorar la rentabilidad del sector en sólo dos años. Es la razón por la que Galuccio no habla de salarios, sino de productividad.
El nuevo CEO pretende rejuvenecer los pozos maduros de YPF y explotar los recursos no convencionales de Vaca Muerta, la gran formación de roca madre de Neuquén. El jueves pasado visitó esa provincia, a la que volverá esta semana para asistir a una presentación del gobernador Jorge Sapag y del presidente de la empresa provincial de petróleo y gas, Rubén Etcheverry. Sapag y Etcheverry lanzarán un plan para convertir a Neuquén en un cluster energético, sobre el modelo de lo que ha sido Silicon Valley para la electrónica.
Si el petróleo y el gas no convencionales de aquella geología se desarrollaran -dicen los expertos-, la Argentina volvería a autoabastecerse de hidrocarburos en menos de una década. Pero ese objetivo demandaría perforar mil pozos por año, no unos pocos como ahora. Harían falta, para esa meta, inversiones anuales de US$ 10.000 millones. Es decir, haría falta otra política energética. Son coordenadas muy distintas de las que en estos días encierran a Galuccio..

lunes, 14 de mayo de 2012

"El peronismo pasa hoy por el kirchnerismo"

Una muy buena entrevista de Magdalena Ruíz Guiñazú al senador Anibal Fernandez.



Por Magdalena Ruiz Guiñazú

Cree que nadie interpretó a Juan Perón como Néstor y Cristina Kirchner. Dice que no tiene sentido comparar a los jóvenes de los 70 con los de La Cámpora, reivindica su amistad con Hugo Moyano y Esteban Righi, y comparte su amor por la literatura y el cine. Asegura que no le tiene miedo a la muerte.

Dentro del orden monacal que reina en el despacho de Aníbal Fernández aparecen (como desde el tiempo y el espacio) diferentes pantallas de televisión que cubren todos los canales al mismo tiempo, objetos religiosos que atesora en una mesita, algunas fotos familiares y otra de Néstor K con una alegre sonrisa. Sobre su mesa escritorio (que lo ha acompañado al Palacio del Congreso) sólo una computadora en la que caen mensajes en forma constante. Y muy discretamente algún ejemplar de Zonceras argentinas y otras yerbas, su primer libro con el que niega emular a Jauretche.
—¿Cuándo escribe usted?
El senador Fernández ama la literatura, pero es la pregunta lógica que surge frente a una actividad desbordante.
—Bueno, nosotros somos un equipo pero yo siempre menciono a Carlitos Caramello. Porque es el que lleva el 5 en este equipo de fútbol imaginario. Cuando se trata de relatos míos, grabo.
—¿En serio?
—Claro. Es mucho más fácil contarlo grabándolo y, después, tenemos un equipito que investiga, trae la cosa en bruto. Hay cosas que se desechan. Otras que nos gustan y marcamos más o menos el formato. Carlitos se sienta, escribe y, finalmente, pasa a mi máquina y me pongo yo a hacer la corrección completa, cosa que me lleva varios días, hasta que ya no ardan las velas, pero estoy contentísimo. No soy un escritor. Yo soy un político que vio la oportunidad de decir cosas a través de un libro y que hay gente a la que le gusta tener ese libro para charlar.
—Además, usted lee mucho, ¿no?
—Me gusta leer.  Desde muy chiquito ya era así. Mi papá tenía primer grado y mi mamá, segundo. En casa no había una formación cultural. Realmente no sé quién me lo inculcó. Quizás primero con las revistas mexicanas que se publicaban en aquel momento: Batman, Superman, Flash Gordon, el Tony local. Es toda una época. Así comencé y luego alguien me conectó con alguna biblioteca, ya ni recuerdo de dónde, pero lo cierto es que yo tenía doce o trece años cuando leí Cien años de Soledad. Desde  chiquito me gustó leer mucho. Mire, mi abuelo, que tampoco tenía formación intelectual era muy lector de diarios.
—Pero usted, seguramente, también leía libros de aventuras tipo Salgari o Julio Verne, ¿no?
—Claro. Por supuesto. También Tom Sawyer. Luego, más grande, uno va creciendo con otro tipo de novelas. Papillon, por ejemplo. Yo leí la nota que usted le hizo en este diario a Carlos Fuentes y aunque Fuentes es un hombre que no tiene el mismo pensamiento político que yo… ni parecido… es delicioso. Me encanta. Yo he leído Artemio Cruz; El aura; La silla del águila, muchas de sus obras. Y también me pasó algo muy lindo cuando, estando en Israel en febrero 2005, me recibe Shimon Peres y comienza a preguntarme acerca de la Argentina de 2002. Le expliqué que yo sentí, en aquel momento, que había que inmiscuirse. Que no había forma de rajarse. Que si la política le importaba, uno tenía que comprometerse. Y la gente se enojaba con los políticos. Eso era así. Y había que buscarle la vuelta. “Los que ganan no son los que huyen”–me dijo Shimon Peres– “Los desertores nunca ganan…” Sentí entonces que estábamos en el mismo orden y le repetí un comentario de Carlos Fuentes en La silla del águila, cuando habla de la cara de los gobernantes. Fuentes dice que el rostro de los que gobiernan se parece al comienzo de la montaña rusa. Y ese será el rostro que tendrán durante los seis años que dura el mandato en México. Y, a raíz de esto, Shimon Peres empezó a hablar maravillas de Fuentes porque justamente en ese momento, se estaba llevando a cabo la Feria del Libro en Jerusalén. También me habló muy bien de la Feria del Libro de Argentina a la que no conocía pero cuyo éxito había llegado hasta Israel. Justamente, lo conté el otro día cuando presenté mi libro en la Feria. Luego, tuve la suerte de mantener un segundo encuentro con Shimon, un político con una excelente formación intelectual y con el que charlamos largamente, mano a mano, en el hotel Alvear.
—¿Y usted? ¿Siempre fue un hombre tan político? Cuénteme…
—Mi padre era un peronista visceral. Mi mamá venía de un hogar peronista y no recuerdo haber tenido un tío o un primo que no lo fuera. En la infancia no conocí las discusiones políticas. En mi casa pensábamos todos más o menos lo mismo. Yo nací en enero de 1957, a seis meses de la contrarrevolución y papá quería llamarme Juan Domingo, mientras que mi vieja prefería Aníbal Alberto, los nombres de sus dos hermanos varones. El juicio salomónico terminó en Aníbal Domingo. Pero lo de Domingo es por el general Perón, claro. Sin embargo, no es por eso que amaba la política. Yo la sentía. Me gustaba. Y, desde muy chico, en la secundaria, me prendí con lo que pude y trabajé de la mejor manera posible en grupos de chicos de mi edad con poca actividad. Pero luego comencé un proceso con las organizaciones de otras características. Así se adquieren valores. Yo nunca participé de organizaciones como Montoneros ni nada por el estilo, pero tenía muchos amigos en todos lados. Así seguí hasta que, a mediados de 1975, cuando se quemaban los libros porque habían intervenido la Facultad… Y, luego, bueno… Comenzó el Proceso. He tenido experiencias desagradables. No por mí sino porque me tocó pasar por lugares en los que sí habían ocurrido. Finalmente en 1981 empieza a darse un Movimiento y “metete, metete, metete…”, me dije. Fue una búsqueda. Luego volvió la democracia. Un tío, casado con una hermana de mi padre, tenía muchas relaciones, y empecé a trabajar con él. Ya en noviembre de 1983, un mes antes de que asumiera el doctor Alfonsín, estaba trabajando para el bloque con Rubén Mezzadra en la provincia de Buenos Aires. Y no me fui nunca más de la política. Desde ese momento sigo trabajando en política.
—Escuchándolo, senador, la suya es la historia de un peronista. ¿Pero usted es peronista o kirchnerista?
—Hoy es lo mismo.
—No. No es lo mismo.
—Sí, sí. Lo único que falta es que me diga usted qué es el peronismo.
—No es lo mismo. Y ahora le explico por qué.
—Si escuchamos su explicación… ¡Estamos fritos! No hay nadie, en este país, que pueda interpretar a Juan Perón  como lo han hecho y lo hacen Néstor y Cristina Kirchner. Nadie.
—Pero fíjese, mi estimado senador, que lo que le digo es cierto: en el discurso de tres horas cuando asumió el mando, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner no nombró a Perón ni una sola vez. Por eso se lo pregunto.
—¿Sabe como me tienen podrido los que mencionan a Perón treinta o cuarenta veces y después hacen lo que se les ocurre, cosa que nada tiene que ver con lo que decía o pretendía hacer Juan Perón? Que su nombre no lo pronuncien nunca con tal de que cumplan con lo que decía Juan Perón. Le reitero: ningún gobierno interpretó a Juan Perón como Cristina o como Néstor. Ninguno, ninguno. Y es verdad lo que dice usted: ellos no eran de mencionarlo a Perón. Y me halaga que no lo mencionen. Le repito que me tienen podrido los que mencionan a Juan Perón y aprecio fuertemente a los que comprendieron la política que reclamaba el General. Con mucho criterio, Cristina dijo: “No somos neutrales en esta posición política”.
—¡Mire que es hábil usted, senador! Da gusto escucharlo, pero además tiene mala suerte: justamente hoy (lunes 7 de mayo) es el cumpleaños de Evita. Hubiera cumplido 93 años, y –fuera de una reunión para inaugurar un salón en la Casa Rosada– no se la recuerda en el Gobierno. Solamente algunas agrupaciones sindicales… Ni tampoco la Presidenta usó (y esto es raro) la cadena oficial.
—Yo no creo en esas cosas. No voy al cementerio a ponerle flores a mi padre. No creo en esas cosas, le repito.
—Y si hay un homenaje a Néstor, ¿usted no va?
—Si me busca un poquito, hablando de mi padre, me pongo a llorar en dos minutos. Sin embargo no voy a ponerle flores al cementerio. Mi padre no era un cajón. Con lo cual no voy. No le pongo flores a nadie. Fui el 27 de octubre de 2011 acompañando a Cristina que me distinguió permitiendo que la acompañara y sentí entonces la necesidad de ir por lo menos una vez allí donde estaba Néstor. Estuve un rato y no vuelvo más. Ni voy a volver. Y no he ido a ningún homenaje de Néstor Kirchner. A ningún homenaje. Le repito que no creo en esas cosas.
—Bueno, está bien. Pero para los que no somos peronistas todo esto suena un poco como un misterio. Por eso me interesa la explicación.
—Forma parte de la liturgia del peronismo. Mire, siendo yo intendente, a uno le decían: “Uy, se cumple un aniversario de la muerte de Perón. Hay una misa…” Se hacía entonces una misa e iban todos, cantidad de gente. La verdad es que todos estaban en cualquier lugar menos en la misa. Físicamente estaban allí pero su pensamiento volaba hacia cualquier lugar. Son esas cosas en las que nadie cree. Por eso, cuando murió mi padre, mi madre me pregunta el mismo día, cuando todavía no lo habían enterrado: “¿Te parece que en treinta días hagamos una misa?” “No, mamá –le contesté–, no quiero nada”. Pero, como yo era intendente, estaba lleno de coronas. La calle colmada de coronas. Por todos lados. Y ninguno de los que habían enviado coronas lo conocía a mi padre. Eso de las coronas es una vergüenza. Es un gasto en plata. Yo me siento muy lejos de que me distingan, al contrario, me siento agraviado. Entonces si vos querés decir una misa por tu papá, te vas a cualquier iglesia, le pedís al cura que anote su nombre y Dios te escucha desde donde estés. Aunque sea desde la cancha de Quilmes. Ese es un tema de la intimidad de cada uno. Por eso no creo en esas cosas. Cuando estoy a tiempo de evitarlas, las evito.
—Cuénteme,  ¿usted cree en Dios?
—Sí, sí. Mire… (y  señala la mesita donde están dispuestos distintos objetos religiosos) no escondo las cosas que me regalan. No las escondo (reitera). Soy un hombre de fe aunque a veces no crea en algunas voces de la Iglesia a la que pertenezco, pero son reglas de juego. Yo, en definitiva, creo en Cristo. Un día, buscando cosas en YouTube, escuché una charla maravillosa de José María Escrivá de Balaguer, que es el fundador del Opus Dei.
—Nada menos.
—Una charla sumamente agradable.
—A ver… ¿Qué decía?
—Estaba en un pueblo de España y algunos le preguntaron si creía en Dios. El que preguntaba incluso se adelantaba: “Sabe, Padre, creo en Dios pero no creo en los curas”. Y Escrivá contestó: “Yo tampoco. Ni en los obispos. Ni en los cardenales. Ni en el Papa, con todo el cariño que les puedo tener. Yo creo en Cristo”. Y yo también creo en Cristo.
—Sí, pero de paso, cañazo, Escrivá (absolutamente anti Tercer Mundo) casi produce un cisma dentro de la Iglesia.
—Yo no lo estoy defendiendo –explica–. Le estoy contando que además de lo que generó dentro de la propia Iglesia, también ha producido hechos tan importantes como que lo beatificaron en tiempo récord.
—Justamente. Cosa muy discutida.
—Bueno, pero la Iglesia tiene sus reglas y no hay que discutirlas.
—Muchos las discutimos.
—Lo que digo es que, en su boca, me encontré con ciertos dichos míos. Soy un católico practicante sui generis. Creo que en veinte años comulgué sólo una vez, pero rezo todos los días.
Mientras conversamos caen, incesantes, los mensajes en la computadora que preside el escritorio. Y al pensar en otras entrevistas, no puedo dejar de recordar algo.
—¿Su computadora sigue tocando la “Marcha peronista” cada vez que cae un mensaje?
Aníbal Fernández se ríe francamente.
—No, no. Ya la saqué. Ya pasaron esos años. Uno tiene que aggiornarse también en esas cosas.
—Por eso vuelvo (usted dirá “qué pesada”) sobre la pregunta inicial: ¿es kirchnerista o peronista? Porque cuando yo lo conocí, usted era profundamente peronista y hoy observo que el kirchnerismo está marcando una cosa distinta.
—Yo soy profundamente peronista, pero ¿qué es lo que rescato? Y rescato que Néstor (que era profundamente peronista) y Cristina (que es profundamente peronista) nunca fueron ávidos de “dar” el discurso de Perón pero sí de volcar la política que Perón concebía como la política popular o la política del trabajador. Y a mí me enorgullece formar parte de un gobierno (durante nueve años, once meses y ocho días) que interpreta a los trabajadores de semejante manera, porque yo entré a la política por esa razón. Pura y exclusivamente por esa razón. A mí me halaga esa posición. Lo otro me tiene sin cuidado. Y sigo siendo profundamente peronista, pero sigo entendiendo que el peronismo pasa hoy por la política que Néstor y Cristina llevaron a la práctica, porque ellos no se olvidaron ninguna de las materias que enseñaba Juan Perón. Ejercen el magisterio conceptual completo y yo me siento más que convencido de estar participando en ello.
—¿Usted cree, por ejemplo, que La Cámpora tiene algún punto de contacto con lo que podían ser los jóvenes de los años 70?
—En algunas cosas, no. No necesariamente con los jóvenes de los 70. Porque los jóvenes de los 70 no se parecen a los del 80 ni a los de los 90. Nada. Esa comparación no es buena. Se parecen a la juventud del peronismo. ¿Por qué? pues porque el joven, de por sí, tiene la obligación de bregar por conseguir un espacio de poder. Yo suelo contar que, cuando se habla de la capacitación de cualquiera, en términos pedagógicos, se supone que va a “aprehender”, tomar conocimientos. Ese es el objetivo. Y está bárbaro que tenga buenos profesores porque cuanto más aptos sean los que le provean el conocimiento, su formación profesional será mucho mejor. Pero con eso no alcanza. Después, tendrá la suerte de abrir una puerta inmensa que hará que se convierta en un self-made man (un hombre de trayectoria interior propia), preparando su profesión a imagen y semejanza de lo que quiere ser. Bueno, éste es el camino que yo imaginé para la preparación de nuestra juventud. Además de eso, la preparación política es necesaria. Y esa necesidad está emparentada con el poder. ¿Qué es el poder político? ¿Por qué se debe conquistarlo y cómo se debe ejercer? En definitiva estas son las cosas que transforman. Malraux, cuando asume como ministro de Asuntos Culturales de la 5ª República, dice: “Cuando los escritores nos equivocamos, corregimos con otro escrito y la cosa se resuelve. Pero cuando se toman decisiones de políticas públicas y uno se equivoca, ya le ha hecho daño a una multitud de franceses”. Ser político no se aprende sólo en la universidad sino también en la calle, con la piel, todos los días. Hay pibes que son muy bien formados. Los destaco y los reconozco como tales y a otros quizás les falta esto pero tienen ganas de trabajar y eso me pone muy contento.
—¿Y cómo interpreta una CGT que está por dividirse?
—La CGT no se va a dividir. El 12 de julio es la fecha que se han puesto. No es un tema en el que yo tenga que participar. Van a darse una discusión para definir si sigue la actual conducción o cambian de conducción. Es un tema de los gremios. Tiene que darse cada tanto y yo soy respetuoso de eso. No me metería para perjudicar al Negro Moyano (de quien soy amigo) ni reivindico tal cosa. En algunos temas, tiene decisiones políticas que no se parecen a lo que yo pienso y por eso las confronto, pero siempre reivindiqué mi amistad y ahora no voy a negarla porque no coincida políticamente con lo que Moyano está haciendo. Si es él, será él. Si es otro, será otro. Soy amigo de la mayoría de los titulares de los gremios.
—Le creo, le creo, ¿pero por qué no le contestan a Moyano? No, usted no (ante un gesto negativo de Fernández); pero él se queja mucho de que en Presidencia no le contestan.
—No sé si eso es así. Yo no me animaría a preguntarle a la Presidenta, me parecería una impertinencia y jamás nadie me ha dicho que él haya llamado y no le hayan contestado. La verdad es que me cuesta creerlo.
—Mire lo que es la vida. A mí me encantaría preguntárselo a la Presidenta… pero lo que pasa es que no hay ocasión.
El senador sonríe amablemente:
—Siempre hay una ocasión.
—Ojalá. Volviendo a la CGT, es un tema que a todos nos preocupa bastante.
 —A ver… sin pegoteo, porque en definitiva puede ser que circunstancialmente haya alguna razón que no justifique la relación y uno pueda estar viéndose todos los días o las condiciones no den como para eso. Lo que yo tengo muy en claro, como le dije recién, es la enorme satisfacción que siento por haber participado en un gobierno y acompañarlo ahora desde otro lugar, donde me puso la Presidenta y me pidió que desempeñara una función específica que creo estar cumpliendo con creces. Y es saber también que lo estoy haciendo en honor a esa defensa del derecho de los trabajadores. Fuertemente y en todos los ámbitos. Pero si yo estoy yendo a esa postura es porque la Presidenta va a esa postura y gestamos políticas públicas para que esas cosas se produzcan. Mire, se han generado más de 5 millones de puestos de trabajo, más de dos millones y medio de nuevos jubilados. Si estamos andando por ese camino y si ellos siguen sosteniendo las mismas banderas que eligieron desde siempre, nos vamos a encontrar inexorablemente en la ruta porque estamos yendo hacia el mismo lugar. Con lo cual ¿qué importa si circunstancialmente no hay una relación, como dice usted, de teléfono? Eso es mucho más para Radiolandia que para otra cosa.
—Es algo más que teléfono lo que falta ahí. Y usted es demasiado vivo como para no saberlo. Pero entiendo, también, que no quiera contestarme.
—No, no le doy más valor que el que tiene. Yo no le asigno valor a eso porque lo complicado sería que uno no coincidiera con la CGT porque uno tiene intereses de otras características o porque los grupos de interés que cada sindicato representa colisionan con el pensamiento del Gobierno. Entonces, ahí estamos en una situación complicada. O yo me pongo cada vez más duro con el Gobierno o a lo mejor, si tengo una posición que no tiene que ver con eso, será el momento de no estar en el Gobierno. Sin embargo, yo me siento cada vez más convencido de estar porque las políticas públicas se profundizan siempre en beneficio de los vulnerables. Entonces, sin dejar de lado lo otro, para todos tiene que haber políticas públicas. Lo que digo es que los que sufren tienen que sufrir un poquito menos. Y eso es lo que sostiene como premisa esta gestión de gobierno. Creo que, por ese camino, nos vamos a encontrar en la ruta con la CGT. Entonces, no me preocupa si la Radiolandia dice que llamaron o no contestaron.
—Senador, no sea antiguo. Hace más de veinte años que esa revista no sale.
Nos reímos de buena gana.
—Bueno, uno se acuerda de esas revistas porque eran las que compraban en mi casa.
—Bueno, pero volviendo al tema de idas y venidas, no entiendo bien esto del alejamiento de algunos históricos como Taiana, como Righi.
—Circunstancialmente, no están en el Gobierno. Son cosas distintas. Con ese criterio yo también estoy alejado. Fui ministro del Interior, ministro de Justicia, después jefe de Gabinete y hoy soy senador de la Nación. ¿Usted me vio defeccionar en las políticas que he llevado a cabo?
—Pero usted es un soldado, senador.
—Y ellos también lo son. Taiana, un hombre que ha sufrido el exilio y el Bebe Righi, por quien tengo un enorme cariño, ha trabajado conmigo enormemente bien y lo reconozco en esta oportunidad. Lo he dicho cada vez que he podido pero él sabrá las razones de su renuncia. Habrá tenido necesidad de sentirlo en esos términos y yo no tengo por qué negar lo que sucede ni mi relación personal en la que, repito, le tengo un enorme afecto, también por el trabajo que ha efectuado con nosotros. Cada vez que uno ha necesitado de la Procuración de la Nación, Righi, mientras estuvo conmigo, cumplió de la mejor manera. Yo lo he visto siempre activo y convencido de bregar por una posición muy clara en beneficio de los intereses del Estado. Y eso habla muy bien de su persona.
—Volviendo a usted, senador, ¿le gusta el cine?
—Me encanta. Sería el hombre más feliz del mundo si pudiera encerrarme en un cine. Como cuando era chico y me regalaban entradas para ver tres películas por tarde. ¿Sabe cuál fue la primera que vi? Sammy, la foca loca. Lo recuerdo como si fuera un sueño.
—¿Y qué es el amor para usted?
El senador Fernández se sonríe. Rejuvenece. Piensa su respuesta buscando las palabras.
—El amor es algo muy lindo
—Eso ya se sabe, senador.
—Bueno, pero no es fácil de definir para un tipo tan rústico como yo. No sé expresarlo. Usted me quiere sacar algo que no va a salir de mí. Tengo que recurrir a frases comunes, de telenovela, cosa que no sé hacer. Quizás en las novelas de Corín Tellado. Como yo he sido un lector compulsivo, tengo que recurrir a frases de otros. El amor es algo que a uno le cambia la vida en forma tal que nos pone en una situación de privilegio. Martín Fierro dice que “es zonzo el cristiano macho cuando el amor lo domina”. Y esto es aplicable absolutamente a todos.
—¿Y frente a la muerte, senador?
—Yo no le temo a la muerte. Forma parte de las cosas que están dentro del reglamento que a mí me dieron cuando comencé a vivir. Una de las cosas que a uno le pasan es morirse. Entonces, lo que puedo decir es que no voy a colaborar con ese párrafo del reglamento Por eso me cuido como me cuido. No fumo, no tomo, no me drogo, qué sé yo, un montón de cosas que creo que son indispensables y además trabajo como un perro todo el día. Bueno, a cualquiera puede pasarle cualquier cosa. ¿Preocuparme por la muerte? No, absolutamente no. Sueño con no jubilarme nunca y trabajar hasta el último segundo de mi vida, cosa que ojalá ocurra dentro de muchos años. Mientras tanto, en mi alforja no hay lugar para la muerte.
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