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jueves, 18 de abril de 2013

"Guardiola es el gran revolucionario de estos dias" - Jorge Valdano

Entrevista a Jorge Valdano, un tipo con mucha lucidez.



Jorge Valdano da la pelea. Busca esperanzas de fútbol. Ahora mismo tiene una: que el sello de España y del Barcelona deje de ser contracultural y se vuelva tendencia. “Sin la pelota no hay grandeza”, dice. Por eso, le preocupa el fútbol argentino. Por eso, reivindica a Bielsa.
Jorge Valdano dice que no sabe del todo qué es lo espiritual, pero que está en un momento de esos. Lo dice con risa, aunque su broma no resulta una locura. Pese a que ahora no tiene los pies dentro de la pelota, sus ojos nunca pierden las convicciones ni las ideologías. “Perdimos el amor a la pelota”, explica, como si sacara de adentro del alma eso que tanto el duele a su espíritu.
Y, cuando habla, lo único que bien vale es el silencio.
- Hace un tiempo dijiste que el fútbol argentino había perdido la pelota, ¿qué querías decir con eso?
- Según mi humilde opinión, lo que perdió Argentina  es el amor a la pelota. Las hinchadas parecen más seducidas por el coraje que por la habilidad, los pibes les piden a los Reyes Magos una camiseta de su equipo antes que una pelota y en el proceso de formación, el deseo de ganar se ha impuesto claramente al deseo de enseñar. El imperio de la táctica y de la preparación física se ha impuesto al de la técnica y, como dijo Picasso y nos demostraron Maradona y Messi: “No hay genio sin técnica”. Hay un cuento del Negro Fontanarrosa que, en un pasaje, me sobresaltó. Con el perdón de “El Negro” lo contaré a mi modo. Un niño está sentado en un banco al lado de una pelota, de pronto se levanta y se va olvidándose, al parecer, de la pelota. Hasta que ocurre algo maravilloso. Al llegar a la esquina, el pibe gira la cabeza, silba y la pelota, obediente como un perro, se baja sola del banco y lo sigue. Ese es el sueño platónico de cualquier argentino desde que nace: que la pelota te obedezca hasta ese punto. Si queremos a Maradona no es tanto por lo bien que jugaba al fútbol sino por lo bien que jugaba a la pelota. Perder ese capital sentimental (el amor a la pelota) es muy grave a mi parecer. Mientras países como España (más que ninguno), Alemania (con esfuerzo pero con la tenacidad con la que hacen sus cosas), México y hasta Italia han entendido que tienen que volver a la pelota (a la técnica) como base de la formación, nosotros nos estamos alejando. Lo cierto es que yo veo en España cosas que veía en Argentina hace treinta años, y veo en Argentina cosas que veía en España hace treinta años. No lo digo para elogiar a Argentina precisamente.
- Cuando hay una referencia a eso, ¿se habla de la tenencia de la pelota por tenerla o de la convicción por la elaboración del juego?
- Cuando se habla de tener la pelota por tenerla, hay una crítica implícita. Queremos decir tener la pelota para boludear. Tenerla para nada. Conviene aclarar que si nosotros tenemos la pelota hay una primera consecuencia positiva: no la tienen ellos. España es un buen ejemplo. En el último Europeo, tuvo muchos problemas ante el gol por la lesión de Villa, el mal momento de Torres y dificultades con otras alternativas como Negredo y Llorente. Llegó a jugar sin delantero centro o con lo que pasó a llamarse un delantero centro mentiroso (generalmente Cesc Fábregas). Varios partidos los ganaron 1 a 0 a pesar de que monopolizaban la posesión de la pelota. El juego muchas veces resultaba repetitivo, retórico. No traducían ni siquiera en peligro de gol su largo dominio. Sin embargo, salieron campeones. Ante la admiración del mundo. Es tal la técnica colectiva del equipo que distraen, atacan y hasta defienden con el balón (no prestándolo). Es una opción que, desde la Selección, prolonga la extraordinaria hegemonía del Barcelona (como club) en el fútbol mundial. Es contracultural, pero empieza a marcar tendencia.
- ¿Por qué el paso del tiempo hace que cada día se juegue menos con la pelota?
- Por la obsesión táctica. La táctica oculta la técnica. Y la táctica hace más importante al entrenador que al jugador. La otra causa es la desesperación por el resultado. Solo ataca el que va perdiendo. La mayoría de los entrenadores ama más el resultado que el juego. Por eso Guardiola es el gran revolucionario de estos días. Porque alcanzó el resultado desde el amor al estilo, al juego, al jugador.
- ¿Lo menos elaborado tiene una conexión directa con la modernidad?
- Se le llama modernidad a cualquier cosa que gane un partido.
- Aquí en Argentina, el entrenador de  Racing, Luis Zubeldía, menciona constantemente que él prefiere jugar sin la tenencia de la pelota, ¿a qué se refiere con eso?
- No lo sé. Pero lo escuché muchas veces. Me parece legítimo. No discuto que puede ser pragmático, pero sin la pelota no hay grandeza. La grandeza es llevar las virtudes hasta el límite de sus posibilidades y un entrenador debe aspirar a eso. Yo siempre lo creí así. No quiero convencer a nadie, pero es mi opinión.
- ¿Cómo recibe el fútbol español al Cholo Simeone, que en reiteradas ocasiones ha dicho que no es importante tener la pelota?
- Muy bien. Al lado del Real Madrid y del Barcelona es muy difícil sobrevivir y el Cholo está haciendo un gran trabajo. Ha construido un equipo competitivo con un fuerte contenido táctico y una alta emotividad. Tiene mérito.
- En Argentina, muchas veces se compara al estilo de Simeone y al de Zubeldía con el de Marcelo Bielsa, ¿te parece que a Bielsa no le interesa la tenencia de la pelota?
- Bielsa es uno de los entrenadores más generosos que he conocido en mi vida. Cuando digo la palabra generoso la digo con respecto al juego. Ataca con mucha gente, saca la pelota jugada desde el fondo, renuncia a la picardía por su obsesión ética, cuando va ganado sigue atacando como si se acabara el mundo. ¿Donde ven la especulación? Con Marcelo se puede discutir por cuestiones de velocidad (de ritmo de juego), pero la intención es intachable. Si queremos volver a la grandeza (en las buenas y en las malas), miremos a Bielsa.
- ¿Qué importancia tiene el número diez en la tenencia de la pelota? ¿Por qué el fútbol argentino decidió abandonar ese puesto?
-  Al 10 se lo fue comiendo la táctica. La obsesión por la presión. Arrigo Sacchi, que desde el Milan que revolucionó el fútbol sin la pelota (mediante la presión), ya decía que “el media punta era medio jugador”. Desde entonces todos se sintieron con autoridad para menospreciar al número “10″. Murió desplazado por el doble 5. Se exilió en la delantera, en el extremo o en el banco de suplentes. En Italia 90, Roberto Baggio miraba desde afuera la vulgaridad del juego de su equipo. Una auténtica aberración. Cuando a un equipo le sobra el mejor jugador, a ese entrenador le ocurre algo. Lo que le ocurre es que no le interesa el juego.
- Mirando a lo largo del tiempo, ¿no te resulta extraño ver a una Selección argentina -como la actual- que juegue sin enganche?
- Sí.
- Ramón Díaz volvió a dirigir a River, dijo que iba a jugar con la tenencia de la pelota y que iba a poner a enganches porque así lo determinaba la historia de River. Si habláramos en nombre de la historia, ¿cómo deberían jugar los equipos argentinos?
- Reclamando protagonismo con la pelota. Como jugaban los equipos de Menotti. Y los de Bielsa también.
- Volvió Juan Román Riquelme a Boca. Existe un grupo de seguidores de él que dice que él es “El Último Diez”, ¿lo ves así?
- No. Los buenos jugadores son más resistentes que las malas hierbas. En el Madrid están Ozil, Kaka, Modric; en el Barça basta con nombrar a Iniesta; en Alemania ya empezaron a salir… Basta con devolverle la pelota a los jugadores para que la tendencia cambie. De todos modos cuando hablamos del 10, no nos imaginemos a un tipo que camina la cancha y la toca una vez cada diez minutos. El 10 tiene que demostrar su importancia mostrándose con el mismo fanatismo que tienen los que salen a no dejar jugar.

martes, 25 de septiembre de 2012

Mujer Maravilla - Por Fabián Casas



En el pesaje previo a la pelea, hubo un momento en el que los dos oponentes, semidesnudos, se pusieron cara a cara. Si no hubiesen estados los promotores del match, las cámaras de TV, los técnicos, periodistas, preparadores físicos y demás integrantes de la retórica del boxeo, uno supone que los púgiles se hubiesen besado sin problemas. Como dos gladiadores romanos bajo un sol histórico. O como lo hacían los soldados de la infantería griega quienes lloraban desconsolados la muerte de sus parejas —también hombres— que luchaban a su lado en esos campos de batalla homéricos.
Durante varios años el boxeo en Argentina fue tomado por las mujeres. La Tigresa Acuña, Carolina Duer, Yessica Bopp. Fueron ellas las que agarraron la antorcha dejada por los grandes boxeadores de los setenta y quienes sostuvieron la llama del espectáculo en una disciplina, la verdad, muy dura, fría y adictiva, como la cocaína. Lorenzo Beneventano, el entrenador que llevó a Salazar al título del mundo, siempre decía: “El boxeo es como las estrellas, depende de la oscuridad para brillar”. Y también agregaba esta muletilla: “Los golpes no alimentan”. Porque la cantera de los boxeadores es un lugar bastante parecido al infierno, no vienen, como otros deportistas, de las comodidades y el confort de la clase media o la clase media alta. Y aunque sean súper estrellas en algún momento, ganen dinero, tengan miles de autos y salgan con vedettes de turno, el destino de estos atletas suele ser letal: ahí está Alí con su parkinson que no lo deja tranquilo, o Galíndez pisado por un auto de turismo carretera o Monzón preso por haber cometido un crimen contra su mujer, Alicia Muñiz. Los boxeadores son seres trágicos. En las peleas logran expiar algo de lo duro que fue la vida con ellos. Pero su historia se escribe en el cuerpo, con golpes certeros, demoledores. Y el tiempo, que sabe boxear, no perdona a quienes lo hacen mal.
La pelea de Maravilla Martínez y Chávez junior contradijo a Chico Novarro y ese sábado no fue un sábado más, ni sobre Buenos Aires ni sobre todo el largo del país. Había algo que no se veía desde las peleas de Carlos Monzón. Maravilla Martínez había logrado unir en su persona un sinfín de ingredientes que lo volvieron un héroe de la clase trabajadora. Infancia pobre, amor incondicional por su madre laburadora, gran peleador, de técnica y velocidad notable, y un tipo que estuvo, muchas veces, a punto de perder todo viajando por Europa casi como un indocumentado, haciendo miles de trabajos para poder tener una oportunidad para pelear. Y cuando tuvo esa oportunidad no la dejó escapar. A pesar de todo esto, muchos de los que se sentaron para ver la pelea y provocaron esa fiebre del sábado por la noche, no habían visto muchas peleas del campeón. Pero sabían que había que ver a Maravilla. Eso, como el amor, estaba en el aire. Y también estaba Las Vegas.
Porque la NASA se preocupa por si hay vida en Marte, pero sin duda es más interesante saber qué clase de vida hay en Las Vegas. Esa ciudad en medio del desierto, repleta de autos grandes y blancos, hombres con anillos dorados y mujeres voluptuosas, jardines artificiales y conserjes de hotel por donde uno mire. Que como en las colonias marcianas que imaginó Philip K Dick, usa oxígeno artificial enviado por los conductos de aire de los hoteles casino, para que los jugadores no se duerman y estén atentos, para perder todo. Son muy pocos los que ganan en Las Vegas. Maravilla lo comprobó en el último round. Elvis lo comprobó en esos shows letárgicos y extravagantes, enfundado en su traje de torero blanco, transpirando los tranquilizantes que se había tomado para poder cantar.
Aunque Maravilla se la pasa hablando, da la impresión de que no lo hace de más. Dijo que iba atacar a Chávez y que le iba a dar una paliza y cumplió. Increíble. Sin embargo, en el último y fatídico round que resignificó la pelea por completo, aceptó tener un cruce de golpes con Junior que desde la ortodoxia técnica no era aconsejable. Pero seamos sinceros ¿No estuvimos esperando con temor ese momento de la pelea en que iba a salir un directo de Chávez para sepultar los sueños de nuestro campeón? Maravilla lo hizo. No se conformó con apalear en una muestra de boxeo extraordinaria a su oponente, sino que fue por más, se jugó al excedente y, como los jugadores oxigenados del casino, apostó todo al 12. Cayó. Se le aflojaron las piernas al país boxístico. Y se levantó. Y una vez más contra toda ortodoxia, no fue al clinch, al abrazo salvador, algo que le deberían sugerir gritando desde su rincón, los bares y los hogares insomnes de Argentina, sino que se plantó a pelear cara a cara, golpe por golpe hasta el final.
Maravilla Martínez tiene algo de mujer. No es un macho como Monzón, Galíndez y Bonavena. Como aconseja Moris en la canción Escuchame entre el ruido, parece no negar a la mujer que hay en él. Es metrosexual. Usa anteojos que le dan cierto aire de intelectual y se animó a un ejercicio de stand up en la tele vernácula, provocando en quienes lo vimos la sensación de verguenza ajena que genera Robert De Niro haciendo de un insoportable Rupert Pupkin en El Rey de la Comedia de Scorsese. No importa. Maravilla puede superar todo, ya lo demostró. Incluso uno piensa que hasta podrá superar ser el nuevo ídolo de la Gran Llanura de los Chistes, que lo está esperando con los teendores en la mano.
Cuenta la leyenda que cuando Del Potro volvió al país después de ganar el US Open, la presidenta de todos los argentinos lo quiso saludar. Delpo se negó y le mandaron a la AFIP a Tandil. No pasa nada si te mandan a la AFIP, el problema es si te mandan el autobomba de bomberos que sí aceptó Delpo para recorrer las calles de tu ciudad soportando un baño de amor, alegría y frustraciones de los habitantes de nuestro querido país. De hecho nunca se pudo reponer de eso. Ya lo dijo Jacques Vaché en una carta a André Bretón: nada mata más a un hombre que verse obligado a representar a un país. Mientras tanto, la mamá de nuestro nuevo héroe, Susana Paniagua, nos dejó una frase genial digna de terminar en esos sobrecitos de azúcar: “Cuando se cayó fue como revivir los dolores de parto, cuando triunfó, fue como si volviera a nacer”.
Acá el link: http://bonk.com.ar/tp/daily/1934/mujer-maravilla

miércoles, 29 de agosto de 2012

Fútbol para casi todos

Muy buena nota.



Por Martín Kohan

El fútbol no es para todos. Los hinchas de clubes del ascenso tienen, desde hace años, prohibida la concurrencia a los partidos que sus equipos juegan en condición de visitantes. La razón de esa medida es muy simple: los funcionarios estatales empleados para dar protección a esos ciudadanos se declararon incapaces de cumplir su cometido. Lo curioso es que, confesada tal incompetencia, no procedieran a presentar su renuncia; en vez de eso, prohibieron a las personas afectadas que asistieran a ver los partidos. No pudiendo asegurar su integridad, que es la función que tienen, decidieron desalojarlos y suprimirlos. En las categorías superiores, mientras tanto, las barras bravas se mantienen gozando la impunidad y los hechos de violencia se suceden visiblemente.
Los goles, seamos sinceros, no aparecen ni desaparecen. Los goles se ven o no se ven, se gritan o no se gritan. Los del ascenso no se ven. Y si son del equipo visitante, hay que decir que tampoco se gritan. Tristeza da ver al puñado de jugadores que festejan, ensayando los bailoteos y morisquetas de rigor, de cara a una tribuna completamente vacía. Un silencio los abruma: el de los hinchas faltantes. Ese tiempo, el de la fiesta, sucumbe a la melancolía: transcurre bajo un halo de patéticas ausencias.
A nadie escapa que el fútbol es cosa de mayorías: procede por prepotencia numérica, se regula por el poder de los más fuertes, y no demuestra mayor sensibilidad por el tema de las minorías sociales (la homofobia y la xenofobia cunden en las tribunas, y no es extraño que allí se ejerza un racismo socarrón). No obstante el fútbol alberga a sus propias minorías. Son ésas: las de los clubes del ascenso. El afecto que suscitan está menos extendido, pero no es menos intenso, que el de los clubes más poderosos. La violencia que puede aquejarlos no es distinta a la de esos clubes que, mayoritarios, no tienen sin embargo restricciones para acceder a los estadios. La otra noche, según se informó, hicieron una marcha a la AFA para reclamar por esta situación. No eran demasiados, según las escalas usuales. Tal vez no les hagan caso.
Cuando River, que tiene bastantes seguidores, descendió al Nacional B, decidieron cambiar la norma que prohíbe la asistencia de los hinchas visitantes en esa categoría. Como si el destino de las minorías fuese quedar a la espera de que acudan las mayorías a redimirlas, y no a ser contempladas y respetadas de por sí, tratadas en pie de igualdad con los demás.

Link: http://www.perfil.com.ar/ediciones/2012/8/edicion_704/contenidos/noticia_0013.html

viernes, 10 de agosto de 2012

Fútbol para Todos cumple tres años: el Gobierno gastó $ 2.728 millones

Una gran nota de Alejandro Alfie (muy buen profesor que tuve en la facultad). Información precisa.


Por Alejandro Alfie

Además, en los partidos emitió publicidad oficial que no pagó, por tener los derechos de transmisión.
Se cumplen tres años del Fútbol para Todos y el Gobierno gastó en total $ 2.728 millones. Ya le giró a la AFA $ 2.050 millones por los derechos de emisión de los partidos, a lo cual se suman $ 678 millones en el rubro de producción.
El Gobierno casi duplicó las erogaciones iniciales. En el primer campeonato se usaron $ 325 millones, y en el último, fueron $ 612 millones. Este año gastó casi un 50% más que el año pasado.
El aumento principal de este año le correspondió a la AFA, a la cual le venían girando $ 50 millones mensuales y le reforzaron esa partida con $ 25 millones adicionales por mes, hasta agosto de 2012. Dicho acuerdo vence este mes. Por eso, Julio Grondona, que conduce la Asociación del Fútbol Argentino (AFA), negocia con Juan Manuel Abal Medina, el jefe de Gabinete, para que le garantice la continuidad del aumento conseguido a fines del año pasado o que se lo incremente un poco más.
La Jefatura de Gabinete distribuyó los $ 678 millones de producción, emisión y comercialización de los partidos, que se emiten en Canal 7 , América TV , Canal 9 y varias señales de noticias y deportes de la TV paga. Se distribuyeron entre la productora La Corte , de los hermanos Monzoncillo, ligados al ex vocero presidencial Miguel Núñez, que emiten los actos en Casa de gobierno; los móviles de la empresa VTS ; y los relatos y comentarios de Farolito International Entertainment , de Luis Cella -el productor de Susana Giménez- y Víctor Tobi.
El primer campeonato que se transmitió, el Apertura 2009, tuvo ingresos por publicidad privada, que luego se prohibió, con la excepción de un anunciante, Iveco .
Más allá de la voluntad política del Gobierno para destacar el Fútbol para Todos como una herramienta de democratización, el investigador del CONICET, Martín Becerra, incluye todos los gastos de este programa dentro de la publicidad oficial, “ya que el mismo fue anunciado como una reorientación de la masa publicitaria del gobierno nacional y, de hecho, los anuncios de carácter proselitista del gobierno nacional representaron en su primera temporada, casi el 85% de la pauta en los partidos televisados”, explicó en un informe realizado para Poder Ciudadano .
El Gobierno hubiera gastado otros $1.044 millones más si hubiera tenido que pagar la publicidad oficial que emitió en los partidos que transmitió, como parte de la propaganda gubernamental. La consultora Search midió la cantidad de segundo emitidos y el costo de esos segundos para cualquier otro anunciante, según el tarifario que en su momento publicó el Fútbol para Todos .
El costo de esa publicidad genera cierta confusión, ya que algunos lo suman a los gastos del Gobierno, incrementando las erogaciones oficiales, pese a que no es un gasto, porque el Gobierno no le paga nada a nadie por emitir esos avisos publicitarios.
El 11 de agosto de 2009 la AFA anunció la cancelación del contrato con Televisión Satelital Codificada , una empresa de Grupo Clarín y Torneos y Competencias .
Pocos días después, el 20 de agosto Cristina Fernández de Kirchner anunció por cadena nacional: “No queremos una sociedad de secuestros. Ni de secuestros extorsivos, ni de secuestros de goles, ni ese país en donde desaparecieron 30 mil personas”.
Según adelantó en esa ocasión la Presidenta, el Fútbol para Todos se iba a autosustentar con la publicidad comercial e iba a generar ganancias. “De ese excedente, el 50% irá a las arcas de la AFA y la otra mitad se utilizará para fomentar el deporte olímpico”, anunció ahí, y nunca cumplió.

Link: http://www.clarin.com/sociedad/Futbol-cumple-Gobierno-gasto-millones_0_752924804.html

jueves, 12 de julio de 2012

Román y Frankie - Por Tomas Abraham

Posteo la nota de Tomás que me parece muy buena.


Riquelme no es un enganche, es un distribuidor. Iniesta es un enganche. Pirlo es un distribuidor. Toda la discusión acerca de si hay que jugar con o sin enganche es absurda en el caso de Boca. Maxi Morales de Vélez era enganche, Xavi Hernández es un distribuidor. Pipi Romagnoli es enganche. La Araña Telch era distribuidor. Quienes distribuyen el juego lo hacen desde atrás de la mitad de la cancha. Reciben la pelota de los centrales y la juegan a los costados para volver a mostrarse cada vez que un compañero lo necesita. Son los referentes hasta tres cuartos de cancha, la brújula del equipo. Ruedas de auxilio. Están al servicio del conjunto. El enganche cambia el ritmo del juego, siempre se desmarca para recibir el balón y busca a los delanteros para hacer paredes o abrir el juego. Zidane era un enganche genial. No hay enganche sin aceleración. Verón pasó, con los años y por las lesiones, de enganche a distribuidor, pero a diferencia de Riquelme, se jugaba el físico con su esforzado ida y vuelta por el terreno de juego.
Riquelme hacía de distribuidor desde el costado izquierdo de la cancha. Jamás aceleraba. Tocaba hacia atrás o a los costados. Cada vez que recibía la pelota, el equipo se detenía. Jugaba de primera pero lejos del arco. Maradona dio en el clavo cuando le pidió públicamente que se adelantara varios metros porque desde la mitad de la cancha no le servía. Aunque sabía que le pedía un imposible. Desde hacía tiempo su lentitud física no le permitía un despliegue semejante.
Es un absurdo conceptual ser un distribuidor lateral. No se distribuye el juego desde un costado. A veces lo hacía Willington en Vélez, pero era un equipo limitado justamente por esa dependencia hacia un único jugador. Desde esa zona acotada se puede tener la función de ser un buen lanzador como lo era, por ejemplo, Gorosito, o el mismo Riquelme en el equipo de Bianchi, cuando cruzaba la pelota cuarenta metros a Barros Schelotto, que le tiraba el centro a Palermo. Pero nada tiene que ver con un enganche.
Hay jugadores talentosos y otros que parasitan su talento. La velocidad mental de Riquelme y su habilidad le permitían hacer alguna gran jugada, un gol de tiro libre, un pase en diagonal. Disimulaba así que descansaba sobre el recuerdo. La fortaleza física que logró con los años le permitió cubrir y esconder la pelota con la firmeza de su espalda resistiendo la presión de los marcadores.
El problema con un distribuidor de este tipo es que, por la falta de desplazamiento por distintas zonas del campo, en especial a lo ancho, puede facilitar que lo anulen con la marca y dejar a los otros diez sin referente, o, por azares de los partidos, cuando las cosas le salen mal, el equipo se derrumbe por estar mal estructurado. No tiene variantes.
Hay jugadores vampiros. Se chupan al resto. Exigen que se los nutra con sangre fresca. No dejan de destacarse cuando el equipo juega mal. Sólo ellos sobresalen. Son jefes. Dividen a la tropa. El vestuario es su reino. Buscan alianzas fuera del campo. Tienen su tribuna. Son inteligentes. Saben desenvolverse en el capitalismo salvaje del fútbol espectáculo. Son sobrevivientes en un mundo en el que pocos salen a flote. Saben cómo y dónde confabular. Es conmovedor ver al Riquelme adolescente debutar contra Unión de Santa Fe a los 18 años y hablarle de igual a igual al reportero.
Ninguna ingenuidad. Se lo veía venir de un mundo duro, desalmado, como el mismo ambiente futbolero. Se pasa de la gloria a la cloaca sin compasión. En entornos idólatras hay jugadores que asumen convertirse en tótems y diagraman su mundo cortesano. A veces no necesitan hacer un gran esfuerzo porque el espacio mediático necesita ídolos. Sin ellos se vacía de negocios. Recientemente se quiso embalsamar a Tevez ungiéndolo como jugador del pueblo, y no se lo pudo hacer con éxito porque con la Pulga no se puede. Con Maradona, ni hablar, casi lo matan por asfixia con todo el oro con que lo revestían, pero por la fortaleza física y mental de Diego no hubo un nuevo mártir en nuestra venerada necrología.
El Tótem tiene una función de ocultamiento. Crea el mito para que no se corra el telón multicolor y veamos el detrás de escena. Una vez corrido el cortinado somos espectadores de un fútbol argentino en el que se juega mal, muy mal. Los partidos son emocionantes porque la pelota va para cualquier lado. Arsenal, Tigre, All Boys son protagonistas. Independiente, Racing, San Lorenzo, River pueden descender. Se niveló para abajo, demasiado abajo. La emoción proviene por saber quién desciende, no por quién es el campeón.
Las decenas de programas deportivos de radio y televisión son farandulescos. Apenas se comentan los partidos. Chismes de vestuario, rumores de comisiones, dirigentes acusados, contubernios incesantes, operaciones clamor, el muerto de la semana convirtieron al fútbol en un circo bullicioso que atrapa a políticos, empresarios, botineras, y gente como yo, futboleros que respiran aires de infancia cada vez que se habla de fútbol.
Sin ese circo, más algún otro entretenimiento que aún queda, ShowMatch quizás, o la agitada agenda plena de la presencia de los personajes políticos y sus actos vivos ampliados por el periodismo que parece mentir equitativamente, sin esas distracciones que nos despabilan el tedio y el agobio de la rutina sólo nos quedaría el pan duro de cada jornada.
Juan Román Riquelme me hace pensar en Frank Sinatra. Son jefes de clanes. Ninguno subió al podio pidiendo permiso. Equipos de 11 en los dos casos, uno a la medianoche, el otro en turnos rotativos, uno más temprano, otro más tarde, uno en el casino, el otro en el vestuario, uno con Javier García, Clemente Rodríguez, Viatri, el Chelo Delgado, el otro con Dean Martin, Richard Conte, Sammy Davis Jr., Peter Lawford. Dos reyes.
Pero hasta los monarcas se despiden. El día en que Messi decida pinchar la pelota o llevársela a su casa, hasta Dios estará cesante, desganado, decidido a devolver su carnet de socio vitalicio. Por eso, si por mí fuera, mejor que siga el baile.

Acá el link: http://www.perfil.com.ar/ediciones/2012/7/edicion_692/contenidos/noticia_0015.html

jueves, 17 de mayo de 2012

miércoles, 21 de marzo de 2012

jueves, 20 de octubre de 2011

José Froilán González - La primera vez de Ferrari

Linda nota de un grande del volante. Le dió la primera victoria a Ferrari en F1. Cuanta lucidez.


Puede suceder en esta Ciudad. Viernes, 10.30 y alguna conjunción misteriosa del tránsito obliga a “avanzar” (sí, con comillas de contradictorio) por la autopista Illia a 20 km/h. El que espera en pleno centro es José Froilán González, el primer piloto que ganó una carrera de Fórmula 1 para Ferrari. Y es inevitable preguntarse qué pensará la ‘tromba de Arrecifes’ cada vez que le pasa una cosa así.
La respuesta es una gran carcajada. A sus 89 años, Pepe cuenta que maneja todo el día y que si no lo hace, se enferma. Aunque a veces tiene que recurrir a su nieto. “Me pusieron un marcapasos nuevo, me había quedado sin batería pero ahora la máquina anda bien, estamos en carrera”, explica entre risas. El tema es que en la calle se pelea con todo el mundo, “porque la gente maneja tan mal”.
Para darse el gusto, prueba todos los autos nuevos en el autódromo. “No ando ligero, suave, pero nada que ver con los autos de antes. Ahora se maneja con teclas y es un problema. A mí me gustan con cambios, a las teclas les tengo bronca”, simplifica. Se están cumpliendo 60 años de aquel histórico triunfo en el circuito de Silverstone (fue el 14 de julio de 1951) y para José son todos homenajes, como el Ferrari Track Day, un tributo que se hará este sábado en el Autódromo con todos los propietarios de cavallinos rampantes. “Ese triunfo fue muy importante porque teníamos una gran lucha con los de Alfa Romeo”, recuerda. Y después son puras anécdotas.
Porque sucede que a los 10 años Pepe ya era un gran chofer. “Empecé con autos particulares. Teníamos la agencia de Chevrolet y siempre me gustó”, cuenta. Había pasado sus primeros años en La Colonia, un paraje fundado por su padre. Y con tanto campo a disposición pronto comenzó a explorar distintas posibilidades para desplazarse a toda velocidad. Primero fue un carrito que terminó enganchado a Sangre, el perro de la familia (y colgado de un alambrado cuando Sangre salió disparado detrás de una liebre). Después una petisa que le regalaron. Y finalmente los autos, claro, una habilidad que era muy valorada en el colegio salesiano en el que estuvo pupilo, donde hacía las veces de chofer del cura. “Hasta el día que me disparé porque no me llevaron a jugar fútbol a Bernal y me fui a la casa de mi tutora, eso fue en el año ‘39”, apunta.
El episodio sirvió para que su padre asumiera que lo suyo no iba a ser el colegio, sino los fierros. Y lo llevó a trabajar al taller con su tío Julio Pérez, que también corría. “No va que se mata en un accidente en 1940. Iba ganando las Mil Millas, pero en esa época no había la misma seguridad que ahora”, sigue Pepe.
Con el antecedente, hablar de salir a la pista en su casa era imposible. “Empecé a correr con seudónimo. Primero Canuto, que era el payaso del circo. Y después Montemar, porque así se llamaba el caballo de un amigo que ganaba siempre”, repasa. Aunque sus hermanos lo cubrían, su papá no tardó mucho en darse cuenta.
Su primer auto de carrera fue un Chevrolet 4 que descubrió durante un viaje en moto a Mendoza. “Ahí empecé a domar los potros estos”, cuenta. Lo arregló a escondidas y se largó. En 1950 su amigo Juan Manuel Fangio le pidió que lo acompañara a Italia y empezó el recorrido que terminaría con la victoria que cambiaría la historia de la escudería fundada por Enzo Ferrari, y lo consagraría como uno de los grandes del automovilismo argentino.
Aunque participó de muchos de los circuitos que se realizaban en las calles de la Ciudad (Retiro, Palermo, Costanera), frunce el ceño cuando se le pregunta por la posibilidad de que se vuelvan a organizar. “Una cosa es Rosario o Santa Fe, y otra Buenos Aires. Se junta demasiada gente y puede ser peligroso”, concluye.


Acá el link: http://www.clarin.com/ciudades/capital_federal/Ahora-maneja-teclas-gusta-cambios_0_575942556.html

miércoles, 13 de julio de 2011

Marcelo Bielsa



Comparto una frase del ex-técnico de la selección argentina, Marcelo Bielsa, que fue presentado como técnico del Athletic de Bilbao en España. La contundencia abruma. Me encantó.

"Protagonismo antes que especulación, presencia en campo rival y no en el propio, posesión del balón antes que recuperación y el uso del reglamento como un recurso para mejorar el juego, no como un apartado para intentar obtener ventaja".

miércoles, 16 de marzo de 2011

Dos de los mas grandes del futbol




Soy amante del futbol, y esta foto es una reliquia, la quería compartir. El maestro (El bocha) y el genio (Diego).