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viernes, 23 de agosto de 2013

La ilusión del simplismo - Martín Lousteau

La ilusión del simplismo



viernes, 10 de agosto de 2012

El dogma del desendeudamiento - por Marcelo Zlotogwiazda

Muy buena nota.



Por Marcelo Zlotogwiazda

El desendeudamiento ha sido, sin duda alguna, uno de los grandes cambios estructurales de los últimos años. Un logro del gobierno que es reconocido, con algunos matices, por casi toda la oposición. Fue un cambio drástico: la deuda pública pasó del 166 por ciento del Producto Bruto en 2002 al 42 por ciento ahora, y si se considera sólo la deuda pública con el sector privado en moneda extranjera equivale a menos del 10 por ciento del PBI y es inferior a las reservas del Banco Central.
Desde la cancelación del Boden 2012 la semana pasada, la página web del ministerio de Economía luce un cartel que dice
Terminamos de pagar el corralito. Sin deuda somos más libres. ¿Pero ese mayor grado de libertad no debería servir para, precisamente, aprovechar un contexto internacional de enorme liquidez y bajísimas tasas de interés, y tomar deuda para financiar el desarrollo?
El endeudamiento público en la Argentina de los años
90 fue nefasto porque alcanzó niveles desproporcionados y porque se lo utilizó para cubrir déficits corrientes. Pero en tanto el crédito se tome en cantidades razonables, en condiciones convenientes, y para ampliar el capital reproductivo y mejorar la competitividad de mediano y largo plazo, resulta una herramienta imprescindible para el desarrollo.
Esto último suena elemental y básico; como una obviedad. Pero vale recordarlo porque a veces pareciera que el desendeudamiento fuera un fin en sí mismo. Que de ser una política acertada para corregir la herencia se transforme en un dogma que impida utilizar un instrumento clave.
A menos que un Estado cuente con una notable capacidad de ahorro o superávit fiscal, que no es el caso en la Argentina desde hace varios años, no es económicamente lógico ni justo en términos intergeneracionales que obras de infraestructura que van a rendir sus frutos en mucho tiempo sean financiadas con recursos corrientes.
El kirchnerismo ha recurrido mucho a la figura del fideicomiso. Por ejemplo, en el caso de varias obras energéticas, se armaba un fondo que tomaba prestado del sector privado y de la Anses con la garantía del flujo de fondos que prometía la obra. También hubo algo parecido para la compra de aviones contra la garantía de la venta de pasajes con tarjeta. Y da la impresión que el anuncio que hizo Julio De Vido la semana pasada para la ampliación de la Av. General Paz tendría ese formato. (Donde la pifió el ministro fue en caracterizar a ese esquema como contracíclico: no lo es, en tanto la obra se financia con aumento de peajes)
Claro que para acceder a crédito internacional de gran volumen no sólo se requiere dejar de lado dogmas y querer hacerlo, sino también poder hacerlo.
Habiendo cancelado en tiempo y forma el Boden 2012 y con el riesgo país en tendencia decreciente y apuntando a perforar los 1.000 puntos, se puede suponer que el gobierno podría colocar un bono soberano a una tasa de un dígito. En marzo de este año el riesgo país estaba debajo de 800 puntos y hace un año en torno a los 500. Por supuesto que muy lejos de los niveles de 2007, cuando a principios de ese año tocó un mínimo de 185, que es un número del orden que hoy tienen Brasil, México y Uruguay. ¿No valdría la pena, al menos, testear el mercado? El último que lo intentó tibiamente fue Amado Boudou, pero hay algunos economistas del oficialismo que hoy creen posible tomar 10.000 millones de dólares en el mercado internacional a menos del 10 por ciento. Alcanzaría para aumentar la inversión pública en 2,5 puntos porcentuales del PBI.
Pero para eso tendrían que superar otras restricciones. Una es el congelamiento de la relación con el FMI, por la negativa de la Argentina a aceptar la revisión contemplada en el art. IV del estatuto del organismo, para así evitar el ruido político de un eventual informe crítico a ciertos aspectos de la política económica y, puntualmente, a la manipulación del índice de precios. ¿Vale la pena mantener el actual status quo con una institución que puede criticar pero no condicionar, por la sencilla razón de que no se le debe nada?
La deuda con el Club de París es otro de los obstáculos que en su momento enfrentó Boudou cuando propiciaba un giro market friendly. El asunto está en permanente negociación, y un acuerdo no sólo despejaría el flanco financiero sino que además destrabaría crédito comercial para el sector privado.
Una tercera restricción es que la Argentina está catalogada como
mercado de frontera por Morgan Stanley Capital International (MSCI), una firma en la que participa el banco de inversión Morgan Stanley y que provee herramientas para la toma de decisiones de inversión. Que la Argentina figure en la categoría de mercado de frontera (la peor de las tres, debajo de mercados desarrollados y de mercados emergentes) junto a países como Bangladesh, Jordania, Líbano, Kenia y Kazajistán, inhabilita a muchos fondos y bancos de inversión a tomar deuda del país. Hace un par de años el titular de la Bolsa de Comercio, Adelmo Gabbi, estimó que si la Argentina recuperara el status de mercado emergente podría aspirar a recibir 10.000 millones de dólares. MSCI rebajó al país como fronterizo en 2009 cuando se impusieron condiciones al ingreso de divisas para la compra de acciones, aunque en esa consideración negativa ahora pesan más las barreras a la salida de divisas. Es razonable que no recomienden prestar a un país que no deja salir lo que entra.
Pero antes de evaluar si conviene o no superar las restricciones técnicas al endeudamiento externo, lo que hay que definir políticamente es si el desendeudamiento es un dogma inalterable o una etapa superada con gran éxito.

miércoles, 25 de julio de 2012

Solidaridades - Por Tomás Abraham

Dejo un texto que escribíó Tomás.


Solidaridades

Kicilof dice que quienes critican el uso de los fondos del Ansés para los créditos a la vivienda son unos estúpidos y los economistas que lo justifican unos mamarrachos o algo parecido. Evoca la frase universal de Bill Clinton con un pequeño agregado cuando sentenció “ es la economía  (tal como yo la entiendo)  estúpido”. Según la doctrina del viceprimerministro de economía al invertir en obras se da trabajo, y al darlo las contribuciones a la caja jubilatoria se incrementan, por lo que el saldo es positivo. Doña Rosa, don Ramón festejan, los muchachos de la Biblioteca Parroquial aplauden, los periodistas de Página condescienden, TELAM difunde, 678 pone cara de piola, etc. En la República de Platón, es decir, en el mundo de las Ideas, no deja de ser cierto el teorema de Kicilof, como no deja de ser cierto que en el vacío según Galileo un sueldo de un obrero presente contribuye al retiro de un obrero futuro. Pero en la Tierra, de la que nuestro país es parte por ahora, hay roces, fricciones, obstáculos. Si yo presto a 15% con una inflación de 25%, pierdo diez por ciento de mi capital. Si el gremio de la construcción es uno en el que el trabajo informal tiene uno de los índices más elevados de la población ocupada, es poco probable que lo que no se controló nunca en un 95% la fuerza laboral en el resto se ponga al día. No hablemos de Sueños Compartidos. Que los fondos jubilatorios se inviertan es una realidad en todo el mundo. En sociedades de libre Mercado en donde no hay jubilación de reparto como en los EE.UU, los aportes van a Fondos de Inversión. La diferencia reside en que el capital se deposita en corporaciones que van a la búsqueda del cliente y los seducen con rentabilidades interesantes que les asegure una capitalización futura para el momento en que las necesiten. Las AFJP debían cumplir con esta función, y deben haberla cumplido de algún modo porque es lo que le ha permitido a Kicilof invitar a sus amigos a sentarse como representantes del accionista estatal en los directorios de grandes empresas nacionales y multinacionales. Lo que se les criticaba a las AFJP no es que invirtieran en esas empresas sino que cobraran comisiones indebidas y si lo hicieron durante años fue con la cobertura y la aprobación del Estado nacional durante el menemismo y el kirchnerismo. Cuando el gobierno de Kirchner necesitó Caja arregló con las empresas y se quedó con el capital y el lugar societario heredado con el que ahora financia sus baches. Kicilof recuerda a los estúpidos que el sistema jubilatorio es “solidario”. Esa palabra parecía remitirse hasta la fecha al hecho de que en todas las asociaciones mutuales creadas por el Estado de Bienestar desde los tiempos de Bismark hasta el New Deal, la contribución de cada uno de los interesados iba a un fondo común que comprometía a cada uno de los contribuyentes en una red solidaria. Idea cooperativa, mutualista, característica de las compañías de seguro y de una sociedad que incorpora el factor riesgo en sus cálculos. Este espíritu solidario no fue imaginado para correr en auxilio del kirchnerismo, ni para ser solidario de gobierno alguno, ni para ser empleado de acuerdo a las necesidades políticas del personal ejecutivo transitorio que gobierna las democracias, sino para sus contribuyentes. Cualquier inversión que se haga con ese dinero tiene por meta la garantía de que la persona que ha trabajado toda su vida, en el momento del retiro no será abandonado por la sociedad ya que contará con sus aportes por lo que no es nada descabellado que nombre representantes con voz y voto en lo que respecta al uso de esos fondos. Kicilof dice que él sabe lo que hace a pesar de estar rodeado de estúpidos o mamarrachos o lo que fuere.

Cómo sacarle provecho a recursos ajenos

Por Martín Lousteau, para La Nación. Excelente nota que sirve para ver cómo teje el gobierno.


La crisis fiscal de la provincia de Buenos Aires parece haberse resuelto, al menos transitoriamente, mediante un préstamo de la Nación. Gracias a ello y a una autorización para endeudarse (a lo que se sumó una extensión de las licencias de bingos para paliar durante un tiempo la nula autonomía económica bonaerense), Daniel Scioli va a poder reducir el atraso previsto para abonar el aguinaldo.
Este desenlace, que ciertamente no resuelve los problemas de fondo, ha sido objeto de diversas lecturas. Una de ellas rescata el éxito de la estrategia sciolista à la Gandhi. Según esta visión, la resistencia pasiva simbolizada en aquella conferencia de prensa rindió sus frutos: el gobernador dio la cara frente a la sociedad, se diferenció del estilo agresivo kirchnerista, y -sin responsabilizarla directamente- puso en el centro de la escena a la Presidenta. Si a esa exposición pública se le contrapone la conspiración públicamente anunciada y llevada a cabo por conspicuos miembros del proyecto nacional contra Scioli, se entiende por qué las encuestas castigaron más a la Presidenta que al gobernador .
Hay que ser realmente hábil para prestar a otros dinero que les pertenece. Quizás a ello se refiera la Presidenta cuando se muestra a sí misma como ejemplo de buena gestión.
Otra (poco creíble) interpretación adjudica a Maradona y su esporádico sentido común la capacidad para hacer ver a la Presidenta lo que ningún colaborador se animaba a vocalizar: que la pelea -al igual que la que ocurre con Macri por los subtes, por la basura, o con Moyano- sólo coloca a la gente en una innecesaria posición de rehén de caprichos políticos. Y que ella recapacitó.
Hay quienes argumentan -ya sea para disculparse o para evitar confrontar- que, en una economía que se estanca, fue la falta de recursos nacionales lo que explicó la demora en la asistencia. Y que una vez hallada una fuente de financiamiento se procedió sin demoras a hacer disponible el dinero.
Lo curioso es que esos recursos salieron del Fondo de Garantía de Sustentabilidad de Anses, cuyo objetivo declarado es "atender eventuales insuficiencias en el financiamiento del Régimen Previsional Público, a efectos de preservar la cuantía de las prestaciones previsionales".
No hace falta un análisis demasiado sesudo para darse cuenta de que prestar esos fondos a tasas de interés menores a la inflación (recurrentemente a la Nación y esta vez a la provincia de Buenos Aires) no resulta una política consistente con el cuidado necesario para atender las jubilaciones y pensiones futuras. Pero hay otras consideraciones, un tanto menos obvias, que deben hacernos repensar sobre la justicia de este rol de la Anses como financista provincial. Porque, en realidad, se le está prestando a Buenos Aires dinero que.es originalmente suyo.
La creación de las AFJP en 1994 significó un profundo y súbito desequilibrio para el sistema previsional
La creación de las AFJP en 1994 significó un profundo y súbito desequilibrio para el sistema previsional. El hecho de que los aportes personales de los trabajadores ya no se destinaran a pagar a los jubilados y pensionados de ese momento sino que pasaran a ser acumulados en cuentas individuales generó un importante déficit en el sistema de reparto hasta entonces vigente. El mismo fue cubierto con la cesión a la Anses de ingresos tributarios que pertenecían a las provincias. Llamativamente, estas contribuciones extraordinarias se mantuvieron cuando se re-estatizó el sistema hacia fines del 2008. Así, entre 2009 y 2011, la Anses acumuló un superávit de 53.500 millones de pesos, que el Tesoro Nacional ha aprovechado para financiarse a tasas artificialmente bajas y con renovaciones automáticas a los vencimientos. Lo extraño de esta situación es que, en rigor, todas las provincias están cediendo un dinero que les corresponde, y deben luego hacer religiosa fila en Casa Rosada para ser bendecidos con alguna asistencia u obra pública.
La paradoja mayor se dio, quizás, con los fondos que el gobierno nacional ha reticentemente otorgado a Scioli para cubrir urgencias provinciales. En 2012 y después de atender el pago de jubilaciones y pensiones, asignaciones universales por hijo y entregas de laptops (entres otras erogaciones), la Anses tendrá un superávit estimado en 18.600 millones de pesos. Si ese excedente -originado en recaudación impositiva cedida por las provincias- se distribuyera de acuerdo a lo que la Ley de Coparticipación establece, a la provincia de Buenos le tocarían más de $2.300 millones, es decir casi cuatro veces los 600 millones de pesos que Anses le acaba de otorgar a un año de plazo y con una tasa que ronda el 17%. Hay que ser realmente hábil para prestar a otros dinero que les pertenece. Quizás a ello se refiera la Presidenta cuando se muestra a sí misma como ejemplo de buena gestión..

Acá el link: http://www.lanacion.com.ar/1493214-como-sacarle-provecho-a-recursos-ajenos

jueves, 15 de marzo de 2012

¿Entre la hiperinflación y la convertibilidad? - Por Martin Lousteau

Excelente artículo del ex ministro de economía.

Por Martín Lousteau | Para LA NACION

El proyecto de reforma de la Carta Orgánica del Banco Central ya tiene media sanción y su aprobación en el Senado se da por descontada. Con el tiempo, la plena utilización de las nuevas herramientas que crea la reforma generará muy probablemente una mayor inflación y pérdida adicional de competitividad, junto con un ensanchamiento de la brecha entre el tipo de cambio oficial y el paralelo. Sin embargo, si uno la mira en detalle, se trata -vaya paradoja- de una buena propuesta.
El problema es que la futura Carta Orgánica sería adecuada para un país de adultos. Uno en el cual la función pública tuviera prestigio y atrajera la mejor gente mediante un severo proceso de selección. En el que los presidentes del BCRA dieran cuenta de sus pronósticos, planes y desvíos respecto de ellos en el mismísimo Congreso. Donde los políticos discutieran de forma rigurosa, pero a su vez respetuosa. Una normativa para un gobierno que permitiera el disenso interno y externo; y una clase política que no dirimiera sus diferencias apelando permanentemente a los medios de comunicación. En resumen, una ley para una sociedad responsable que piensa estratégicamente en el futuro sin recurrir a vanos atajos.
La propuesta puede descomponerse en tres elementos principales:
1) acta de defunción (aunque sobrevive la imposibilidad de indexar) de la convertibilidad
2) enorme aumento de la capacidad regulatoria del BCRA
3) más concentración de poder en su Presidente
Durante la convertibilidad cada peso físico que circulaba debía estar respaldado al menos por un dólar en las reservas. Una vez salidos del 1 a 1, con un tipo de cambio fluctuante, acumulación de reservas y mayores posibilidades de absorber circulante con herramientas creadas después de la crisis, el valor en pesos de las divisas en el BCRA comenzó a exceder lo estipulado en la Carta Orgánica. Fue así como a fines del 2005 se denominó a dicho exceso "Reservas de Libre Disponibilidad" y se lo utilizó para precancelar la deuda con el FMI. Como se puede apreciar, aún a pesar de haber abandonado la Convertibilidad, la lógica para definir el nivel mínimo requerido para el límite inferior de las reservas siguió siendo muy similar.
Ello cambia ahora sustancialmente con el proyecto del Poder Ejecutivo Nacional. En él se establece que el nivel de reservas mínimo será definido discrecionalmente por el propio BCRA, y que el excedente podrá ser utilizando para repagar distintas deudas. La modificación no carece de razón: si tengo más reservas de las necesarias y gano por ello muy pocos intereses resulta preferible usarlas para cancelar deuda que me cuesta más cara. El desafío radica en que no es tan sencillo determinar cuál es el nivel de reservas óptimo.
Las reservas internacionales constituyen una suerte de seguro: asegurarme de más es innecesariamente oneroso, pero asegurarme de menos puede ser catastrófico. Su rol es el de proveer un mecanismo estabilizador ante determinados shocks. Un adecuado stock de reservas permite evitar oscilaciones bruscas en el valor de nuestra moneda, provee liquidez en el caso de una corrida bancaria que afecte los depósitos en dólares, y brinda acceso a recursos inmediatos para pagar deudas denominadas en otras monedas en caso de emergencias. La cuantía requerida para cumplir con estos objetivos depende de factores tales como el tamaño de la economía, su apertura comercial, la dimensión del sistema financiero, el funcionamiento del mercado monetario y cambiario, el grado de dolarización y la volatilidad externa a la que está sujeta el país, entre otros; y su determinación precisa requiere una profunda discusión.
Lamentablemente, los antecedentes del Gobierno no parecen presagiar nada bueno. Y la oportunidad en que se presenta el proyecto es una evidencia adicional al respecto. Resulta lógico reformar la Carta Orgánica del Banco Central cuando se ha producido un colapso que torna inaplicable la normativa previa o cuando a la entidad le faltan herramientas para lidiar con los problemas existentes. El colapso de la convertibilidad es un buen ejemplo de lo primero; y el período de depresión económica y deflación que lo precedió es un caso perfecto de lo segundo. Hoy, después de años de un muy buen ritmo de crecimiento y una inflación entre las más altas del mundo, no parece en absoluto que al BCRA le falten instrumentos sino todo lo contrario: ha hecho abuso de los que tiene.
La futura ley le otorga facultades más amplias aún. La utilización de reservas para el pago de deuda, algo que ya viene ocurriendo repetidamente desde 2009 (sin considerar el mencionado pago al FMI), se tornará un mecanismo habitual más que estratégico o de emergencia. Además, producto de una modificación de último momento, el Banco Central podrá emitir cincuenta mil millones de pesos adicionales a los ya permitidos para dárselos al Tesoro. También tendrá la capacidad de prestar directamente y sin criterios preestablecidos dinero a los bancos para créditos productivos; y podrá ejercer cualquier regulación sobre la actividad de las entidades financieras.
Más allá de la acelerada pérdida de calidad técnica del BCRA que ha tenido lugar en los últimos ocho años y de la pobreza de su actual directorio, que no presagian una utilización responsable de estas herramientas, surge otra duda: en un gobierno que recurre a la anécdota como base para muchas de sus decisiones y que no duda en tildar de enemigos a aquellos que opinan distinto, ¿cuánto poder tendrán los funcionarios más responsables a la hora de dirimir futuras diferencias de criterio? ¿Se puede confiar en que una Carta Orgánica como la que se propone vaya a ser utilizada con madurez o será abusada por improvisados y advenedizos que subordinan siempre el largo plazo al corto plazo?
Ahí radica precisamente una gran falencia de nuestra sociedad. No podemos siempre andar eligiendo entre vaciar al Estado de herramientas o manipularlas sin límites socavando un futuro que al final siempre nos alcanza. Allí, y a menos de 25 años, están la convertibilidad y la hiperinflación como costosos ejemplos de las consecuencias de esas opciones extremas.

jueves, 3 de noviembre de 2011

Racionalidad tardía - Por Carlos Pagni

Otra muestra de calidad periodísta de Pagni.



Por Carlos Pagni | LA NACION

Cristina Kirchner suspendió el subsidio energético con el que venía beneficiando a varios sectores de la economía. Desde el punto de vista político, corrigió una inequidad que se le reprochaba desde hacía años: obligar a todos los contribuyentes a pagar parte de la factura de luz y de gas de casinos, mineras, petroleras, bancos, compañías de seguros o telefónicas. Las familias más pudientes, en cambio, seguirán disfrutando de esa ayuda solidaria.
Desde la perspectiva fiscal, también fue un anuncio alentador. Reveló que la Presidenta advierte que el gasto público es insostenible. Aun con una recaudación récord como la que anunció anteayer, de $ 47.500 millones, decidió ajustar las cuentas.
Sin embargo, la resolución que anunciaron Julio De Vido y Amado Boudou exhibe limitaciones que son constitutivas del modo en que el kirchnerismo entiende la economía. En materia energética, la eliminación de subsidios no supone aumento de tarifas. Por ahora, las empresas que proveen la energía seguirán con sus ingresos congelados, a pesar de que están en déficit operativo y de que algunas bordean el default. Con este enfoque del negocio, la Presidenta seguirá alejándose del objetivo de atraer inversiones al sector, más allá de las de chinos y rusos.
Nadie sabe si la revisión casuística de todos los subsidios que prometió ayer De Vido entraña un cambio en la gestión de la energía. Por no ser universales y automáticas, estas reglas producen distorsiones y estimulan corruptelas. No es casual, por ejemplo, que entre los transportistas que reciben una ayuda mensual de hasta $ 50.000 por colectivo -la cuarta parte del precio de una unidad- estén los acusados y procesados por sobornar al ex secretario Ricardo Jaime.
Pero la decisión de ayer tiene una falencia más importante, aunque, tal vez, inevitable. Boudou intentó justificar el ahorro en que la economía internacional se moverá a un ritmo más lento. Hubiera sido mejor ocultar ese dato. Para enfrentar una ola de menor crecimiento mundial sería más recomendable que el Gobierno incremente el gasto, expanda la base monetaria, estimule el aumento de salarios y tolere un poco de inflación. Pero el kirchnerismo ya hizo todo eso en la fase ascendente del ciclo, exacerbando el crecimiento y el consumo, hasta alcanzar una suba de precios del 25% anual. Cuando necesitaba ser austero, fue expansivo. Ahora, que es el momento de ser expansivo, no le queda otro remedio que ajustar. En consecuencia, a la retracción internacional agregará la contracción derivada de sus propias decisiones.
Cristina Kirchner, que podría salvar su "modelo", está haciendo mucho para hundirlo. Por desafiar a quienes le señalan inconsistencias, amaga con llevar a una situación económica más calamitosa que la que esos profetas vaticinan. Es la paradoja que asoma detrás de las tácticas para frenar la fuga hacia el dólar.
El crecimiento de los últimos años estuvo basado en una fiesta de consumo. Para los economistas, la inflación no es sólo la consecuencia, sino también la causa de esa expansión. La gente fue impulsada a gastar porque la tasa de interés, inferior a la inflación, no protegía los ahorros. Además, los salarios se ajustaron con los precios, alrededor del 25%, pero el tipo de cambio se devaluó un 7%. Es decir, el poder adquisitivo en dólares de los trabajadores creció un 18%.
Una señal microscópica
Las empresas exportadoras pagan este juego. Sus ingresos en dólares evolucionan mucho menos que sus costos en pesos. El consumo se sostiene en el aumento de las importaciones. El "modelo" es cada vez menos productivo y su matriz, cada vez menos diversificada.
El déficit de la balanza comercial industrial es similar al de la gestión Martínez de Hoz: US$ 25.000 millones. Para sostener esta dinámica haría falta que la soja fuera 20% más cara. Como es improbable, el público ve la oferta de dólares y se cubre de una devaluación.
Sin embargo, con la eliminación de subsidios aberrantes, la Presidenta ayer envió una señal microscópica a quienes temen por el futuro. Podría ir más allá, como pronosticó Guillermo Moreno ante varios empresarios, replegando al 18% el aumento del gasto, de los salarios, de la base monetaria y de la inflación. Y dejando que el dólar flote hasta $ 4,70, como Hernán Lorenzino explicó a varios financistas. La economía crecería, en ese caso, un 4%.
Como no suponen que eso vaya a ocurrir, los ahorristas se desprenden de sus pesos: ya ubicaron el dólar paralelo en $ 4,70 y el de contado con liquidación en $ 5.
Los dos fenómenos más relevantes de estos días se explican por ese cuadro de variables. El pueblo premia a Cristina Kirchner por haber disfrutado de un presente encantador. Pero como no da pistas confiables de cómo piensa enfrentar las amenazas del futuro el mercado compra dólares. El Gobierno se resiste a creer que pueblo y mercado son, en muchos sentidos, lo mismo.
El Gobierno reaccionó escondiendo los billetes, igual que antes escondió las estadísticas para suprimir la inflación.
El principal efecto de ese enfoque fue frenar la apertura de depósitos bancarios. Son cada vez menos los que suscriben plazos fijos para preservar sus pesos, porque nadie sabe cuánto valdrán, en dólares, dentro de un mes.
Sin depósitos no hay préstamos. A las grandes empresas esta semana se les comenzó a negar el crédito. Algunas han tenido que devolver los préstamos. La tasa de interés sube; el dinero se encarece. La actividad podría caer mucho más de lo que lo haría si la Presidenta atacara la inflación y sus consecuencias. Pero ella no quiere enfriar la economía. Prefiere congelarla.
Ni el más ortodoxo de los economistas pediría tanto. Por menos de lo que está por provocar, la señora de Kirchner conseguiría en el Fondo Monetario Internacional los dólares que le faltan (fuera de bromas, ayer los holdouts saludaron la cumbre del G-20 pidiéndole a ese grupo que expulse a la Argentina por negarse a la auditoría del FMI).
Podría pensarse que no hay mal que por bien no venga. Aunque innecesario, un feroz ajuste sobre el nivel de actividad retraería la inflación. No es seguro. Los sectores que se mueven en negro, es decir, con el tipo de cambio paralelo de $ 4,70, están aumentando los precios porque no saben con qué dólar repondrán su mercadería. Y los tenedores de pesos que no quieren quedar atrapados en un plazo fijo, pero tampoco pueden comprar dólares, terminan gastándose la plata en plasmas o automóviles. Conclusión: Cristina Kirchner podría conseguir que caiga el crecimiento y se mantenga la inflación. El peor de los mundos.


martes, 1 de noviembre de 2011

Todo en suspenso: la moneda está en el aire - Por Calos Pagni

Excelente nota de Pagni que publicó ayer en La Nación. Cuánto talento para realizar una nota periodística.


Por Carlos Pagni | LA NACION

El cambio fue pequeño, pero muy sugerente. El jueves, Mercedes Marcó del Pont confinó a la gerenta de dictámenes jurídicos del Banco Central, María del Carmen Urquiza, a una brumosa dirección de biblioteca. La abogada había objetado varias de las medidas que adoptó la entidad monetaria para bloquear la corrida hacia el dólar. La señal es inequívoca. El Gobierno se prepara a cruzar varias barreras.
Hacía tiempo que Urquiza molestaba al kirchnerismo. En la polémica por la utilización de reservas para pagar a los acreedores, recomendó a Martín Redrado ignorar el decreto de la Casa Rosada. Aunque tal vez el mayor enojo lo causó con sus reparos a la Comunicación "A" 5184, del 17 de febrero pasado, que le valió a Marcó del Pont una causa penal iniciada por el abogado Ricardo Monner Sans. El fiscal Carlos Stornelli quiere saber si la presidenta del Central emitió esa resolución con efecto retroactivo para salvar las irregularidades que ella misma habría cometido cuando presidía el Banco Nación. Parece una ironía: los reproches tienen que ver con infracciones a la ley cambiaria, cuyo cumplimiento hoy tanto la desvela.
Además de los fastidiosos veredictos de Urquiza, aparecieron otras piedras en el camino de Marcó del Pont. El mismo jueves, Carlos Pérez -director sobreviviente de la gestión Redrado- arguyó delante de sus colegas que la represión a la compra-venta de dólares estaba destinada a fracasar.
Amado Boudou expuso los mismos reparos delante de varios banqueros amigos. Pero su secretario de Finanzas, Hernán Lorenzino, que lo representaba en la misma reunión de directorio, no abrió la boca. Es lógico. Lorenzino quiere ser ministro. No sería bueno que se muestre quisquilloso.
La verdad es que Marcó del Pont se está imponiendo sobre Boudou en la batalla por el oído de la Presidenta. La tesis que elaboró con el auxilio de Arturo O'Connell, ex director del Central, y de Matías Kulfas, director del Banco Nación, ha triunfado. Reza así: como el tipo de cambio multilateral está equilibrado, la crisis cambiaria no tiene motivaciones genuinas. Por lo tanto, no sería más que una turbulencia pasajera, que se resolverá con sólo atemorizar a los compradores de dólares.
El dólar no se enteró de esta teoría. Pero muchísima gente se enteró de que hay problemas con el dólar. Mientras el oficial cotizaba el viernes a $ 4,25, el del mercado blue -eufemismo con que los financistas evitan hablar del desagradable mercado negro- lo hacía a $ 4,45. Las operaciones de contado con liquidación -subterfugio para exceder el cupo de expatriación de divisas a través de la compraventa de bonos- se pactaban con una paridad de $ 4,82.
De persistir la brecha, es posible que esta semana la Argentina se convierta en el segundo país de la región con dos tipos de cambio. El otro es Venezuela.
El fracaso de las medidas oficiales siembra la intranquilidad entre los banqueros. Ellos temen que Marcó del Pont comience a justificar su ineficacia implantando hipótesis conspirativas en la cabeza de Cristina Kirchner. No quieren ser el nuevo enemigo interno al que cabe imputar todos los trastornos. Desde hace tiempo Marcó del Pont tararea esa música en voz baja, a dúo con Guillermo Moreno. Algún resultado han obtenido. Hace 15 días, la Presidenta ordenó no renovar plazos fijos de la Anses como una represalia contra "los que venden dólares". La medida aceleró la suba de la tasa de interés. Ese proceso, destinado a enfriar la economía, está reanimando la confianza del Banco Central en una ley de servicios financieros que "oriente y estimule el crédito". Ignacio de Mendiguren levita de placer.
La resistencia del público a la estrategia del Gobierno es comprensible. El mercado advierte que Cristina Kirchner intenta sustituir con ortopedias un plan que resuelva el principal problema de la economía, que es la inflación. La fuga hacia el dólar se debe a que la gente quiere deshacerse de los pesos, que han perdido valor. El aumento de los precios consumió la competitividad de la moneda, lo que hace prever, a falta de otras políticas, una devaluación.
Hay observadores que no terminan de aceptar esta lectura. Creen, o quieren creer, que el corset cambiario es una salida de emergencia. Suponen que la Presidenta advierte que las recomendaciones de Marcó del Pont traen un eco subliminal del corralito, que haría remover a Kirchner en su mausoleo. Imaginan que, cuando presente a su nuevo equipo, ella asombrará también con una nueva receta, menos voluntarista. Lo que esos optimistas no consiguen explicar es por qué se guarda esa terapéutica sorpresa para el 10 de diciembre y no la produce ahora.
Para los especialistas que piensan de este modo, es indiferente que la salida se llame Acuerdo Económico y Social o Programa de Convergencia Nominal. Ellos esperan una señal de que la Presidenta ha comprendido que el objetivo de crecer al 8% anual con una inflación del 25% se ha vuelto inviable. Pablo Gerchunoff, por ejemplo, sostiene: "Para preservar su modelo, el Gobierno debería replegarse hacia niveles de crecimiento, inflación, expansión monetaria, gasto público y negociación salarial más razonables". Y agrega, comprensivo: "Si se atiene a una macroeconomía realista, la Presidenta podría darse el gusto de insistir con su proteccionismo nacional y popular, aunque sea muy arcaico".
El reseteo que se espera desde el mercado y un sector de la academia supone buscar financiación internacional, como aconsejan Boudou y su delfín imaginario, Lorenzino. Esta semana habrá algún atisbo de cómo la Presidenta observa ese camino, cuando se entreviste con Barack Obama, en Cannes.
El significado del encuentro está escondido en los detalles. La iniciativa de la reunión salió de Washington. Y no por impulso del Departamento de Estado, sino del Consejo Nacional de Seguridad, donde revista el joven Dan Restrepo, que formuló la solicitud.
Las circunstancias que rodean a Obama impiden pensar en un encuentro de cortesía. Estados Unidos está entrando en las primarias. Por lo tanto, no cabe esperar que su debilitado presidente quiera halagar a los republicanos jugando a las visitas con una colega que, como Cristina Kirchner, viene de incautar material militar norteamericano con la excusa de prevenir un atentado terrorista.
Los diplomáticos tienden a coincidir en que el encuentro estará centrado en las relaciones con Irán, lo que explica la intervención del Consejo Nacional de Seguridad. Washington está elevando la presión sobre Teherán con medidas financieras. Cristina Kirchner, por su parte, produjo un giro en su vínculo con ese país. En la Asamblea General de la ONU del año pasado imputó al régimen de Mahmoud Ahmadinejad el atentado contra la AMIA. Pero en la de este año anunció que, como Irán se dispuso a colaborar con el esclarecimiento de ese crimen, iniciaría conversaciones con el acusado. Además, esta vez ordenó al jefe de la misión argentina escuchar el mensaje de Ahmadinejad y no incorporarse al pelotón de representantes que abandonaron el recinto, encabezado por las naciones aliadas en la OTAN.
¿Qué sucedió entre una y otra asamblea? En marzo, Pepe Eliaschev publicó en el diario Perfil que, a comienzos de este año, Héctor Timerman había iniciado, con la mediación de Siria, una negociación con Irán que implicaba suspender la investigación del ataque de 1994. Timerman no lo desmintió. Al contrario, fuentes confiables aseguran haberle escuchado que el Gobierno explora un acuerdo con los iraníes, siempre que ellos indemnicen a las víctimas y admitan la responsabilidad de alguno de los inculpados. Rafael Bielsa imaginó, en su momento, una transacción parecida, pero con Marruecos como mediador.
Algunos expertos sostienen que, con el cambio, la Presidenta pretende sacar ventajas en una negociación con los Estados Unidos. Son los que esperan que de la reunión con Obama salgan facilidades para normalizar el frente externo. La meta sería aumentar la oferta de dólares por la vía del endeudamiento internacional, como aconseja, sin éxito, Boudou.
¿Está planeando Cristina Kirchner una jugada más audaz? ¿Imagina a Irán como el proveedor de financiamiento e insumos energéticos que fue Venezuela para su esposo? Eso sí sería "profundizar el modelo". Pero nadie se atreve a afirmarlo. Sólo se sabe que va a la reunión con Obama con un gesto de firmeza. Restrepo tramitó la cita con la embajadora de su país, Vilma Martínez, y excluyó a Timerman, el responsable inmediato del incidente del avión. Pero la Presidenta delegó en el canciller del alicate la coordinación del encuentro.
Los que quieran descifrar la orientación que la señora de Kirchner imprimirá a su segundo mandato tal vez obtengan más provecho de la reunión con Obama que del anuncio del nuevo gabinete. Por ahora, la moneda está en el aire.

Cuánto valdrá el dólar que querés comprar - Por Martín Lousteau

Posteo el artículo que publicó hoy ex - ministro de economía en el matutino La Nación.

Por Martín Lousteau | Para LA NACION

Estas elecciones han dejado una combinación de factores inédita para el kirchnerismo. En primer lugar, Cristina Fernández de Kirchner obtuvo un segundo mandato arrasando a sus adversarios en las urnas. Ello es obviamente distinto a lo que ocurrió con el 22% de Néstor Kirchner, pero también a su propio triunfo en 2007. En aquel entonces la victoria también fue holgada y en primera vuelta. Pero se trataba del primer mandato de la actual Presidenta, que en teoría venía a perfeccionar lo realizado por él en medio de las secuelas de la crisis, dotándolo de una mayor institucionalidad, tal como se reflejó en el discurso de asunción.
En esos momentos, los votos parecían relacionados con un reconocimiento del período 2003-07 más la expectativa de lo nuevo: las mejoras a lo ya existente que ella traería. En esta oportunidad también existe una aprobación del pasado, pero la misma coexiste con cierta aprehensión respecto de las posibilidades de continuar en la misma senda. El aluvión de sufragios se puede interpretar así como un pedido generalizado de que no se vean afectados los logros obtenidos, no de ansias de superación sino deseos de conservación. El origen de la diferencia de votos con el resto de los candidatos resulta así fácilmente interpretable: ninguno dio muestras de estar a la altura del kirchnerismo para defender lo hasta aquí conseguido.
En segundo lugar, la situación económica es definitivamente distinta a la de los ocho años que pasaron. La economía doméstica muestra signos de un agotamiento debido a la acumulación de inconsistencias. Y a ello se suma un contexto internacional que presenta grandes nubarrones, aún cuando algunas medidas coyunturales parezcan generar algún claro por donde se cuela, breve, el sol. Ambos elementos -la mayor debilidad de la economía y el extendido anhelo de preservación- se conjugan en una demanda de dólares que, como en otros momentos de nuestro pasado, se ha encendido: queremos que el bienestar obtenido se mantenga pero tomamos precauciones por si no lo hace.
La demanda de dólares está basada en que se lo percibe como barato: mientras el resto de los precios de la economía crecen a un ritmo que se puede palpar cotidianamente, el dólar apenas subió 12% en los últimos dos años, pasando de $3,80 a fines de 2009 a su valor actual. Para revertir la expectativa de una depreciación se pueden hacer dos cosas. Una es convencer acerca de la estabilidad futura del dólar a quienes hoy se esfuerzan por adquirirlo. Ello requiere modificar las expectativas, algo que no se logra persistiendo en las mismas actitudes (entre ellas la falta de una política anti-inflacionaria) que generaron las dudas en primer lugar. La otra es permitir su suba, por ejemplo a $4,50, y recién después usar la artillería del Banco Central para bajarlo unos centavos y estabilizarlo (una jugada que también requiere un claro y explícito compromiso en materia de lucha contra el aumento persistente de precios). Así se revertiría la sensación de que el valor del dólar sólo puede incrementarse, algo que ya ocurrió en el 2002 cuando la divisa estadounidense alcanzó un pico de $4 en Semana Santa para después bajar fuertemente.
El Gobierno, en cambio, ha optado por un tercer camino, consistente con el único rasgo realmente distintivo del modelo: la idea de que la política puede siempre y en todo momento doblegar a la economía. La reacción es, entonces, de manual.kirchnerista. Por un lado, elevar mediante reglamentaciones la cantidad de dólares que ingresan al país. Por el otro, obstaculizar su adquisición imponiendo restricciones crecientes, como las anunciadas este fin de semana. Resulta saludable que quien desea hacerse con dólares deba demostrar que posee los recursos necesarios para hacerlo, pero el exceso de trámites sólo apunta a obstaculizar cualquier operación. Algo similar se aplica al hecho de inquirir sobre los motivos del potencial adquirente. En la gran mayoría de los casos la respuesta de fondo es sencilla pero inaceptable para las autoridades: "tengo dudas respecto del futuro".
Los efectos que todas estas medidas tendrán resultan relativamente previsibles. La demanda por el billete oficial se moderará en el corto plazo -lo que reducirá el ritmo de pérdida de reservas-, y se ampliará la brecha con el paralelo. Así, en lugar de enviar mensajes que brinden tranquilidad general, el gobierno parece estar mandando otra señal: las reservas las juntó el kirchnerismo, y si algunos aspectos del modelo te provocan incertidumbre o no te gustan podés comprar tus dólares pero en el mercado informal y a un precio mucho mayor.

miércoles, 24 de agosto de 2011

Mimos para los ricos - Lousteau para La Nación



Interesante artículo.

La economía global está en terapia intensiva: crecerá poco y nada en los próximos años, con probabilidades no desdeñables de caer en una nueva recesión. Ello implica que las tasas de interés en los países desarrollados permanecerán bajas, lo cual es positivo para nuestro país y la región en general. Pero también es posible que el mundo compre menos nuestros productos, o que caigan los precios de nuestras exportaciones. Si eso ocurre habrá menos fondos disponibles, tanto en el sector privado como en la esfera estatal. Es en este marco que debemos analizar si estamos haciendo una adecuada utilización de nuestros recursos actuales, como es el caso de los subsidios económicos que incluyen: energía, transporte, agroalimentos y financiamiento del déficit de empresas públicas.
Esta discusión ya fue planteada en el seno del gobierno apenas hubo asumido la actual administración en diciembre de 2007. Ese año, el monto utilizado para los fines arriba mencionados había alcanzado los $ 15.000 millones; y venía casi duplicándose desde 2003, año en el que arrancaron con apenas $ 1.500 millones. Sin embargo, Kirchner prefirió continuar con el esquema vigente que siguió aumentando en volumen. Este año habremos gestado la friolera de $75.000 millones, lo que equivale a 4,1 puntos del PBI. Eso significa que estamos destinando nada menos que el 4% de todo lo que se produce anualmente en el país a mantener este paquete de subsidios, cuyos beneficiarios corresponden mayoritariamente a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y el Conurbano.
Quizás algunas comparaciones sirvan para dar una mejor magnitud del desatino. De cada $ 100 que el gobierno hoy gasta: $ 35 corresponden a jubilaciones, $ 25 a salarios, $ 15 a obra pública y $ 5 a planes sociales -de los cuales la Asignación Universal por Hijo (AUxH) representa sólo la mitad-, y $ 20 a subsidios. Estamos desperdiciando nada menos que US$ 500 por habitante en este último concepto, que representa así una quinta parte del gasto primario total.
Para colmo, no hay discriminación alguna en los esquemas tarifarios: las ventajas son gozadas tanto por sectores necesitados como por lo ultra-ricos. Seguramente nos escandalizaríamos si el futuro hijo de Mauricio Macri recibiera una AUxH, pero nos hacemos los desentendidos frente al regalo que conlleva el precio artificialmente reducido de la electricidad y el gas que usa en su casa de Barrio Parque.
Si mediante un sistema de tarifas sociales -perfectamente viable- ahorráramos la mitad de lo que estamos derrochando en quienes no lo necesitan, podríamos hacer muchas cosas. Por ejemplo, en un año tendríamos la red ferroviaria que reclama Pino Solanas, quien podría así retirarse tranquilo habiendo cumplido al menos la mitad de su cometido (y le prometemos discutir también qué hacer con el petróleo y la minería). Alternativamente podríamos multiplicar por 2,5 veces el gasto en salud, eliminando además la desnutrición y la mortalidad infantil. O duplicar el gasto en educación, para mayor envidia de los chilenos.
Antes lo que se recaudaba en derechos de exportación a los productos primarios y manufacturas agropecuarias sobraba holgadamente para hacer frente a estos subsidios. Pero ahora, la cuantía de éstos últimos duplica a los primeros. Por ese motivo el Gobierno se ha visto obligado a apelar a otras fuentes de financiamiento para su actividad, entre ellas la emisión de dinero que alimenta la inflación.
Desde que este sistema se puso en vigor nos hemos gastado un acumulado de nada menos que US$ 60.000 millones, lo que supera en mucho las reservas totales que tiene hoy el Banco Central. Y la dinámica es exponencial: si no hacemos nada, en 2012 habremos sumado otros US$ 21.000. Cuando comenzó la crisis financiera internacional, EE.UU. decidió armar un paquete de rescate bancario de nada menos que US$ 700.000 millones. La cifra parece exorbitante en estas latitudes, pero es al tamaño de la economía estadounidense lo mismo que esos US$ 21.000 a la nuestra. Y en su caso era por única vez, mientras nosotros debemos afrontarlo todos los años.
Recientemente Warren Buffet, uno de los hombres más ricos del mundo, escribió un artículo reclamando a los políticos norteamericanos que dejaran de mimar a los ricos con ridículas rebajas de impuestos. ¿Hará falta que todos aquellos que no precisamos los subsidios para afrontar los servicios exijamos públicamente que nos los retiren? Quizás sólo así se decida el Gobierno a dejar de malgastar tanto dinero. Podría entonces dedicarlo a mejores fines, y hasta corregir las desarreglos macroeconómicos que padecen millones de argentinos que ven como la suba de precios erosiona cada mes su poder adquisitivo.

lunes, 24 de enero de 2011

Entrevista a Gerardo Della Paolera




Una interesante entrevista al economista que publicó ayer el diario La Nación.


http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1343532