Mostrando entradas con la etiqueta Deleuze. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Deleuze. Mostrar todas las entradas

viernes, 9 de agosto de 2013

Deleuze - Foucault - Saber y poder

Diario de un curso magistral sobre el poder

Gilles Deleuze dictó un curso en 1985 sobre Foucault que acaba de ser traducido y donde explicaba por qué Para “entender cualquier época” hay que ser foucaultiano.

POR VERONICA GAGO

Un grito de guerra: “¡Vengo a partir las palabras!”. Un abrazo de luchadores, en el que se trenzan y se repelen las palabras y las imágenes. El murmullo del anonimato: “Hay que leer los diarios de las nodrizas”. Con escenas que parecen piedras preciosas, Gilles Deleuze va extrayendo los principios del método de investigación de Michel Foucault: guerrero, minucioso, más apasionado por ver y escuchar que por hablar. Si es ya famosa la frase de Foucault que presagió que este siglo XXI sería deleuziano, leyendo El saber. Curso sobre Foucault (Editorial Cactus) escuchamos a Deleuze explicar por qué para entender cualquier época hay que ser foucaultiano.
En estas clases dictadas entre octubre y diciembre de 1985, traducidas al castellano ahora por primera vez, la arqueología como disciplina dedicada al archivo se revela en su fuerza analítica y en su potencia conceptual. El archivo, dice Deleuze leyendo a Foucault, no es más que el compendio audiovisual de una época: lo que ella ve y dice. Entonces, primer paso para el investigador: encontrar allí un corpus, es decir, un conjunto de palabras, de frases, de proposiciones y de actos de habla (para investigar enunciados). O puede ser un corpus de objetos, de cosas, de cualidades sensibles (para investigar visibilidades). Porque investigar tiene que ver con cómo una forma de hablar se vincula a una forma de ver y eso se lo detecta sólo si definimos un corpus, un campo problemático. En ese entremezclarse (belicoso, de captura mutua) entre el ver y el hablar se constituye el saber. Ver y hablar nunca se corresponden, ni se explican, ni se referencian: son formas heterogéneas. De allí se deriva el problema de la verdad, que ya no puede pensarse como la adecuación entre lo que se ve y lo que se dice. Los saberes son determinadas relaciones no lineales ni unívocas entre enunciados y visibilidades. Relaciones que se desbordan siempre hacia relaciones de fuerza.
¿Pero cómo elegir bien un corpus? Hay que buscar donde hay focos de poder y focos de resistencia a ese poder. Allí está el inicio de la fórmula foucaultiana de que saber y poder son inmanentes. No hay nada previo al saber, no hay saber que no sea poder.
Más aclaraciones para ir tomando con calma, dirá Deleuze a sus estudiantes: el saber no se reduce al conocimiento ni es necesariamente científico. El saber es una cuestión de prácticas (discursivas y no discursivas). Será el primero de los tres ejes o coordenadas que Foucault despliega como su propio plan de investigación: saber, poder y deseo. El trípode del corpus foucaultiano se revela como ring de todas las batallas.
Foucault padecía de miopía, recuerda Deleuze. Por eso tal vez, cuando Foucault ve siempre habla de “destello”, “centelleo”, “resplandor”. Y Deleuze practica sobre su amigo ese mismo prisma: Foucault destella, centellea, resplandece frente al modo en que Deleuze lo describe, lo enseña a sus alumnos, lo desmenuza en su modus operandi. Extraigamos tres de esas imágenes conceptuales. Uno: Foucault como “pensador de la dispersión”. Frente al estereotipo del Foucault obsesionado por los ámbitos de encierro, Deleuze destaca al Foucault fascinado por el pensamiento del afuera (tomando la fórmula de Blanchot) y por las multiplicidades. De hecho, ese punto será la superficie de contacto más ancha y porosa entre Deleuze-Foucault: “Y si me animara a responder a una pregunta que uno de ustedes me había planteado amablemente sobre mi relación personal con Foucault, diría que una de las cosas que me une y que más me ha unido a él, es que yo también giraba alrededor de una tentativa para hacer una tipología de las multiplicidades. Sobre bases distintas a las suyas, y pareciéndome las suyas extremadamente profundas”. Dispersión como multiplicidad. Dos: Foucault como inventor de un método que “hace presentir cosas”. El método de Foucault no es un conjunto de reglas fijas, es un método de invención. Y Deleuze los interpela desde ese lugar a sus alumnos: ¡construyan sus propios problemas! Para eso “lo esencial es que presientan. Yo siempre apelo a vuestro presentimiento… Quiero decir que hay un modo de presentimiento filosófico sin el cual no comprenden nada”.
Por último: Foucault buscando el antipersonalismo absoluto. Es la diagonal impersonal, maquínica, del “se habla” o “se ve”: se trata de centrar el análisis en las relaciones de fuerza más que en la obsesión por la primera persona. O en todo caso, la sensibilidad de Foucault pasa por cómo el poder no para de hacernos hablar ni de sacarnos a la luz. El poder finalmente organiza los dos polos del saber: “yo te hago hablar, yo te doy a ver”. El antipersonalismo es otro modo de nombrar la fascinación de Foucault por los hombres infames: un hombre cualquiera que por razones circunstanciales y por un momento es puesto a la luz por el poder y forzado a explicarse ante él. Ahí se escucha la risa de Foucault y la anticipación del próximo tomo de Cactus: El poder. Curso sobre Foucault . Seguro en él ya se presentirá también el tercero, la cuestión del deseo a la que Foucault se consagra al final de su vida.
Otras fuentes sobre Foucault
Foucault. Gilles Deleuze, Ed. Paidós.
Deleuze. Michael Hardt, Ed. Paidós.
www.seminariofoucault.ecaths.com
http://michel-foucaultarchives.org/
http://www.educatina.com/sociologia/michel-foucault-yla-microfisica-del-poder

Link: 
http://www.revistaenie.clarin.com/ideas/filosofia/Diario-curso-magistral-poder_0_959304087.html

miércoles, 23 de enero de 2013

Deleuze - Frase

Mirando una entrevista a Gilles Delueze, escucho que dice algo que me quedó como una melodía en la cabeza:

"Un creador es un ser que trabaja por gusto"

martes, 7 de febrero de 2012

La guerra rizomática - por Osvaldo Baigorria

Me topé con este texto que me pareció muy interesante. El artículo está fechado el domingo 8 de febrero del 2009, y se publicó en el suplemento Radar, del diario Página 12.

Abajo el texto:

Durante los años ’90, el brigadier general (hoy retirado) Shimon Naveh fundó y dirigió el Instituto de Investigación de Teoría Operacional, cuya función era tratar de pensar la guerra a contrapelo de viejos conceptos militares. Los textos elegidos para ser difundidos entre las Fuerzas de Defensa de Israel fueron los de pensadores posmodernos franceses, pero el autor favorito resultó Gilles Deleuze, sobre todo su libro en colaboración con Félix Guattari, Mil mesetas. Así, muchos comandantes del ejército israelí se familiarizaron con un modelo descentralizado e irregular para enfrentar a la resistencia palestina en su propio terreno.

/fotos/radar/20090208/notas_r/palestina.jpg
Por Osvaldo Baigorria
Que un yuppie en el Metro de París pueda leer ¿Qué es la filosofía? de Deleuze y Guattari mientras se traslada a hacer negocios a la Bolsa de Comercio ya no debería sorprender a nadie. Más difícil sería que un oficial israelí en un tanque en la Franja de Gaza se pusiera a leer Mil mesetas. Capitalismo y esquizofrenia antes de disparar sobre niños terroristas (o terroristas-niños). Sin embargo, esto también ya ha ocurrido.
Para evitar francotiradores y trampas “cazabobos”, los soldados israelíes aprendieron a entrar por el costado de las casas abriendo agujeros en paredes laterales y así poder moverse de una habitación a otra, con un dispositivo de observación manual que produce representaciones tridimensionales de cuerpos orgánicos entre obstáculos. También a usar bombas ligeras y precisas, como la GBU-39, que minimiza daños colaterales sobre la superficie, pero puede penetrar bajo tierra para destruir túneles y escondites. O a llamar por teléfono a residentes de Gaza haciéndose pasar por árabes preocupados de países limítrofes que preguntan por familias vecinas y así obtienen datos sobre la situación en el barrio. A golpear rápido, disparar y ocultarse, huir pero llevándose un arma, entrar por donde menos se espera, como milicianos islámicos o guerrilleros de todas las épocas, máquinas de guerra nómades, flexibles, móviles, errantes, dispersas.
Las nuevas tácticas no sólo fueron posibles por el desarrollo técnico de la industria militar norteamericana ni evolucionaron meramente en forma espontánea sobre el campo de batalla, ajustándose “por instinto” a condiciones cambiantes. Los textos deleuzeanos habrían tenido efectos impensados y acaso anómalos pero duraderos en las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI), donde fueron introducidos en los años ‘90 por el brigadier general (hoy retirado) Shimon Naveh, director del Operational Theory Research Institute (OTRI), en el cual participaron militares en actividad junto a académicos civiles. Allí los oficiales pudieron leer en hebreo a Deleuze y Guattari, entre otros pensadores franceses. Y comenzaron a familiarizarse con conceptos como el de rizoma, cuyos principios de conexión, heterogeneidad, multiplicidad, ruptura y cartografía ofrecieron al ejército israelí un modelo de despliegue descentralizado e irregular para enfrentar a las guerrillas palestinas en su propio terreno.

Un espacio estriado

En el rizoma, dice Deleuze, cualquier punto puede ser conectado con cualquier otro, la línea no sigue un contorno, no está subordinada a la horizontal ni a la vertical, la diagonal se libera, rompe o serpentea, pasa entre los puntos y entre las cosas (y las casas). El rizoma pertenece a un espacio liso, no estriado, otro concepto que también comenzó a discutirse en las FDI en términos de operatividad militar. Un espacio estriado es siempre limitado y limitante. Como la ciudad o la ruta: en él se ordenan las vías fijas y hasta las variables en la circulación, se va de un punto a otro, se distingue de modo tajante entre lo exterior y lo interior, lo público y lo privado, en él rige lo sedentario, la propiedad, el Estado y la Ley. Un espacio liso, en cambio, es abierto e indefinido como el mar o el desierto, es el espacio de los nómades, de la variación continua, allí donde los puntos tienden a subordinarse al trayecto, donde es posible trazar una diagonal pura y se producen los flujos y movimientos de manada, enjambre o cardumen, con todas esas multiplicidades que siempre escapan, contagian, infectan, desenraizan, sorprenden.
“Las áreas palestinas podrían entenderse como estriadas, en el sentido en que están cercadas por vallas, muros, zanjas, obstáculos”, decía Shimon Naveh en una entrevista con Eyal Weizman, autor del libro Hollow Land: Israel’s Architecture of Occupation. “En las Fuerzas de Defensa de Israel se utiliza ahora con frecuencia el término ‘alisar el espacio’ cuando quiere referirse a realizar una operación en el espacio como si éste no tuviera fronteras. Antes que contener u organizar nuestras fuerzas de acuerdo a fronteras existentes, el ‘alisamiento’ nos permite movernos a través de cualquier barrera.” Naveh, un hombre que según algunos periodistas tiene el cuerpo de Rambo y la cabeza de Foucault (incluso la calva), ha utilizado a Deleuze para pensar contra la lógica binaria que opone teoría y práctica, modelo y terreno, uso y función, a fin de emancipar la acción militar de toda restricción y transformar, cada vez que sea necesario, el espacio privado en una superficie pública y sin fronteras.
Uno de sus mejores alumnos fue el brigadier general Aviv Kochavi, comandante de Brigada de Paracaidistas que aplicó sus lecturas de Mil mesetas al ataque al campo de refugiados de Balata y a la ciudad vieja de Nablus en la Ribera Occidental en 2002. Allí, en una operación de “geometría urbana inversa”, Kochavi implementó por primera vez en forma masiva el método de “caminar a través de las paredes”, es decir, abriendo boquetes en las casas para evitar el desplazamiento por calles, rutas y puertas de entrada donde pudieran hallar trampas o francotiradores. Así lo explicó Kochavi al arquitecto Weizman: “Este espacio al que diriges tu mirada, esta habitación que miras, no es más que tu interpretación de la misma... ¿Cómo interpretas un callejón? ¿Tal como lo haría cualquier arquitecto o urbanista: un lugar a través del cual se puede caminar? ¿O como un lugar por el que está prohibido caminar? Nosotros optamos por la metodología de caminar atravesando paredes como un gusano que se abre camino comiendo, surgiendo en ciertos puntos y después desapareciendo”. Esa “maniobra rizomática” provocó la destrucción de 800 viviendas y la muerte de cerca de 500 palestinos. Y Kochavi, ya como comandante general de división en Gaza, tuvo que cancelar en 2006 un viaje a Londres tras advertir que podía ser detenido y juzgado por crímenes de guerra.
No sólo los autores de Mil mesetas, sino Jean-François Lyotard, Paul Virilio e incluso Guy Debord fueron estudiados –diríase, como mínimo, “fuera de contexto”– dentro del instituto fundado por Naveh, en el que cursaron, entre otros, el comandante de colegios militares israelíes Gershon Hacohen, el jefe de una unidad de inteligencia Nitzan Alon y el brigadier general Gal Hirsch, comandante de la División 91 que actuó en Líbano en 2006. Pero el principal referente que tomaron para pensar en contra del viejo concepto militar de segmentos estrictos, con batallones y regimientos en formación lineal, para que el soldado israelí se ajuste a la capacidad furtiva de sus oponentes y actúe en enjambre, de modo disperso, difuso y flexible, fue sin duda el “comandante Deleuze”. Como dijo Naveh a Yotam Feldman, periodista del matutino Haaretz, cuando se le preguntó si era consciente de que el pensamiento de resistencia y liberación de Deleuze había sido influido por las revueltas de 1968: “Por supuesto. Y esta guerra tiene que conducir a la liberación de los palestinos. Liberación es crear una prisión y desmantelarla, crear una forma de pensamiento y desmantelarlo: liberación es la idea de cambio permanente... Y el movimiento de ejércitos implica liberar al pensamiento de sus cadenas”.

Bajo cada judio, un egipcio

Alguno dirá que no lo leyeron bien, que olvidaron la condena de Deleuze a la ocupación israelí en 1987. Otro observará que ciertas apropiaciones de este autor tienden a crear jerga para uso y abuso. Otro, que una lectura sesgada y fragmentaria puede perfectamente oponer a los sacerdotes despóticos del Islam y a los arcaicos estados teocráticos, árabes o persas, toda la artillera teórica deleuzeana, con sus trazados conectivos y contagios del pensamiento producido en estados capitalistas “avanzados”. Y aun otro podrá lamentar que en la guerra las palabras no sirvan o que también entren en guerra las palabras.
De cualquier manera, la introducción de estos textos en las fuerzas armadas israelíes no dejó de ser una aventura marginal. Naveh tuvo que retirarse en 2005 tras un informe negativo acerca de su instituto, cuestionado porque la mayor parte de la investigación había tenido producción oral y no escrita, y por otras críticas de académicos militares que señalaban que su trabajo estaba viciado por una “indistinción posmoderna entre mentira y verdad”.
Hoy Naveh es ya un autor publicado en Londres (In Pursuit of Military Excellence: The Evolution of Operational Theory) y consultor en EE.UU., da conferencias en varios países y, sintiéndose incomprendido, suele lanzar agresiones de cierto calibre (“idiotas”, “ignorantes”) sobre muchos jefes militares israelíes, a quienes acusa de no haber sabido conducir con inteligencia la guerra. Pero los efectos de las lecturas que introdujo pueden tener largo alcance. La última intervención en Gaza parece confirmar la intención de las FDI de operar tanto a escala convencional, con bombardeos masivos sobre poblaciones civiles, como a través de “maniobras fractales” más selectivas para “alisar” el terreno. En fin, ya se sabe: ser fluidos, cambiantes, apelar a todos los recursos, entrar por la ventana en vez de usar la puerta. Queda por ver si terminarán teniendo más capacidad de mutación y conectividad que los milicianos de Hamas en Palestina.
En Mil mesetas, Deleuze y Guattari describen cómo los Estados convierten las máquinas de guerra inventadas por los nómades en instituciones militares, cómo las adaptan a la forma estatal, y cuáles son las consecuencias de esa adaptación. Una de ellas es que pueden terminar convirtiéndose en máquinas de (auto)destrucción, con la guerra como único objetivo. “Es cierto que la guerra mata y mutila espantosamente. Pero lo hace tanto más cuanto el Estado se apropia de la máquina de guerra.” Refieren al ejemplo del nazifascismo europeo, por cierto: un nihilismo realizado, una pura línea de autoabolición. El Estado suicida del que habló Virilio. Pero ¿qué lejos estamos del encuentro con ese peligro final en Medio Oriente?
“Bajo cada negro y cada judío hay un egipcio”, decía Deleuze. En jerga criolla básica: aun las minorías más perseguidas y las formas más evolucionadas recubren una inscripción despótica, un sueño de faraón o emperador, un Führer en potencia. Cierta miopía puede ilusionar a algunos con que esas lecturas habrían de volverlos más claros, mejores, superiores. La claridad del microscopio, del radar que mira a través de las paredes, la claridad que enceguece. De esa oscura claridad al delirio del poder hay un solo paso. Y de ese poder a la guerra por la guerra en sí, apenas otro.

Acá el link: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/radar/9-5100-2009-02-08.html

miércoles, 15 de octubre de 2008

Mil Mesetas


Un libro extraordinario. De mucha dificultad, hay que traer un sedimentación previa de algunos conceptos para ir siguiendo la fuga de los autores. Es un libro que se cotiza, para mi bolsillo es caro. Sin embargo, vale la pena el esfuerzo. A veces, cuando lo leo me siento perdido, como que no se para donde va a ir... y de repente una línea que condensa todo de forma tan clara que es de una increible bellesa. Al leerlo, me pontencio, me entrego a la lectura sin más.
Del capítulo 2, "1914 ¿uno sólo o varios lobos?", comparto un breve fragamento que me parece de una lucidez genial:

"(...) No hay enunciado individual, jamás lo hubo. Todo enunciado es el producto de un agenciamiento maquíneo, es decir, de agentes colectivos de enunciación (no entender por "agentes colectivos" los pueblos o las sociedades). El nombre propio no designa un individuo: al contrario, un individuo sólo adquiere su verdadero nombre propio cuando se abre a las multiplicidades que lo atrviesan totalmente, tas el más severo ejercicio de despersonalización. El nombre propio es la aprehensión instantánea de una multiplicidad. El nombre propio es el sujeto de un puro infinito entendido como tal en un campo de intensidad".

lunes, 12 de mayo de 2008

La literatura y la vida (part II)


Sigo con algunas citas de Deleuze del libro "Crítica y clínica".
"La nuerosis, la psicosis no son fragmentos de la vida, sino estados en los que se cae cuando el proceso está interrrumpido, impedido, cerrado. La enfermedad no es proceso, sino detención del proceso, como en el "caso de Nietzsche". Igualmente, el escritor como tal no está enfermo, sino que más bien es médico, médico de sí mismo y del mundo. El mundo es el conjunto de síntomas con los que la enfermedad se confunde con el hombre. La literatura se presenta entonces como una iniciativa de salud (...)".
"La salud como literatura, como escritura, consiste en inventar un pueblo que falta."
"Escribir también es devenir en otra cosa que escritor. A aquellos que le preguntan en qué consiste la escritura, Virginia Wolf responde: ¿Quién habla de escribir? El escritor no, lo que le preocupa a él es otra cosa."

jueves, 24 de abril de 2008

La literatura y la vida (part I)


Del libro "Crítica y Clínica" de Gilles Deleuze (filósofo que amo) dice en el capítulo "La literarura y la vida" algunas cosas que son potenciadoras para la vida, la pasión, la escritura, hasta diría para respirar con un oxígeno que abra los pulmones de pensamiento en rumbos ligados al placer.
Cito algunas frases que me parecen excelentes.
"Escirbir indudablemente no es imponer una forma (de expresión) a una materia vivida. La literatura se decanta más bien hacia lo informe, o lo inacabado, como dijo e hizo Gombrowicz. Escribir es un asunto de devenir, siempre inacabado, siempre en curso, y que desborda cualquier materia vivible o vivida. Es un proceso, es decir un paso de Vida que atraviesa lo vivible y lo vivido. La escritura es inseparable del devenir."
"Escribir no es contar los recuerdos, los viajes, los amores y los lutos, los sueños y las fantasías propios (...)."
"La Literatura (...) se plantea unicamente descubriendo bajo las personas aparentes la potencia de un impersonal que en modo alguno es una generalidad, sino una singularidad en su expresión más elevada: un hombre, una mujer, un vientre, un niño... Las dos primeras personas no sirven de condición para la enunciación literaria; la literatura sólo empieza cuando nace en nuestro interior una tercera persona que nos desposee del poder de decir Yo (lo "neutro" de Blanchot)."

lunes, 11 de febrero de 2008

Entrevista a Gilles Deleuze (parte IV)

Tras el archivo, o tras el análisis del saber, Foucault descubre el poder y, después, la subjetividad. ¿Cuál es la relación que existe entre saber y poder y entre poder y subjetividad?
Delueze: El poder es justamente ese elemento informal que atraviesa las formas del saber, que está bajo ellas. Por eso se llama microfísico. Es fuerza, relación de fuerzas, no forma. La concepción de las relaciones de fuerzas de Foucault, que parte de Nietzsche, es uno de los puntos principales de su pensamiento. Es una dimensión distinta del saber, aunque en lo concreto la mezcla de poder y saber no sea discernible.Todo el problema reside en lo siguiente: ¿por qué necesitó Foucault añadir otra dimensión más, por qué la subjetivación como algo que se distingue tanto del saber como del poder? Se dice, ahora, que Foucault ha vuelto al sujeto, que ha vuelto a descubrir la noción de sujeto que siempre había rechazado. Pero no hay nada de eso. Su pensamiento atravesó, ciertamente, una crisis en todos los órdenes, pero fue una crisis creativa, no un simple arrepentimiento. A partir de La voluntad de saber, Foucault tiene cada vez más la impresión de estar quedándose aprisionado en las relaciones de poder. Invoca, sí, ciertos puntos de resistencia frente a los focos de poder, pero, ¿de dónde vienen estas resistencias? Foucault se pregunta: ¿cómo franquear la línea, cómo superar también las relaciones de fuerzas? ¿Acaso estamos condenados a un cara a cara con el Poder, tanto si se detenta como si se padece? Y lo hace en uno de sus textos más violentos y también más curiosos, acerca de los "hombres infames". Foucault tardó mucho en dar una respuesta. Franquear la línea de fuerza, rebasar el poder, ello significaría plegar la fuerza, conseguir que se afecte a sí misma en lugar de afectar a otras fuerzas: un "pliegue", según Foucault, una relación de la fuerza mediante una relación consigo mismo que nos permite resistir, escapar, reorientar la vida o la muerte contra el poder. Esto es, según Foucault, lo que inventaron los griegos. Ya no se trata, como en el caso del saber, de formas determinadas o, como en el caso del poder, de reglas coactivas: se trata de reglas facultativas que producen la existencia como obra de arte, reglas éticas y estéticas que constituyen modos de existencia o estilos de vida (de los que incluso el suicidio forma parte). A esto llamó Nietzsche la actividad artística de la voluntad de poder, la invención de nuevas "posibilidades de vida". Hay muchas razones que impiden hablar de un retorno al sujeto: los procesos de subjetivación varían según las épocas, y tienen lugar de acuerdo con reglas muy diferentes. Tanto es así que, en cada caso, el poder no cesa de recuperarlos y de someterlos a las relaciones de fuerzas, y ellos no cesan de renacer y de inventar infinitamente nuevas modalidades. Por lo tanto, no se trata tampoco de un retorno a los griegos. Un proceso de subjetivación, es decir, la producción de un modo de existencia, no puede confundirse con un sujeto, a menos que se le despoje de toda identidad y de toda interioridad. La subjetivación no tiene siquiera que ver con la "persona": se trata de una individuación, particular o colectiva, que caracteriza un acontecimiento (una hora del día, una corriente, un viento, una vida...). Se trata de un modo intensivo y no de un sujeto personal. Es una dimensión específica sin la cual no sería posible superar el saber ni resistir al poder. Foucault analiza entonces los modos de existencia griegos, cristianos, el modo como se introducen en los saberes y alcanzan compromisos con los poderes. Pero su naturaleza en el fondo otra. Por ejemplo, la Iglesia como poder pastoral no deja de intentar conquistar los modos de existencia cristianos, modos que a su vez no dejan d cuestionar el poder de la Iglesia, incluso antes de la reforma. Y, de acuerdo con su método, lo que especialmente le interesa a Foucault no es retomar a los griegos, lo que le interesa somos nosotros aquí y ahora: cuáles son nuestros modos de existencia, cuáles nuestras posibilidades de vida o nuestros procesos de subjetivación... ¿tenemos algún modo de constituirnos como "si mismo" y, cmo diría Nietzsche, se trata de modos suficientemente "artísiticos", más allá del saber y del poder? ¿Somos capaces de ello (ya que, en cierto modo, en ello nos jugamos la muerte y la vida)?

sábado, 2 de febrero de 2008

Entrevista a Gilles Deleuze (parte III)

Consideremos estos escalones por su orden. ¿Qué es el "archivo"? ¿Sostiene usted que el archivo es, según Foucault, "audiovisual"?
Deleuze: La arqueología, la genealogía, es también una geología. La arqueología no se trata necesariamente del pasado, hay también una arqueología del presente, en cierto modo siempre trata del presente. La arquelogía es el archivo, y el archivo tiene dos partes: es audio-visual. La lección de gramática y la lección de cosas. No se trata de palabras y de cosas (el hecho de que el libro de Foucault lleve ese título es una ironía). Hay que abrir las cosas para extraer de ellas su visibilidad. Y la visibilidad, en una determinada época, es un régimen luminoso, sus centellos, sus reflejos, los relámpagos que se producen al contacto de la luz con las cosas. Por ejemplo, hay que hender las palabras o las frases para extraer de ellas los enunciados. Y lo enunciable en una época es su régimen de lenguaje, las variaciones inherentes por las que atraviesa constantemente, saltando de un sistema homogéneo a otro (la lengua es siempre un sistema desequilibrado).Este el gran principio histórico de Foucault: toda formación histórica dice todo lo que puede decir y ve todo lo que puede ver. Así, por ejemplo, la locura en el siglo XVII: ¿a qué luz puede ser vista, en qué enunciados puede decirse? En cuanto a nuestro presente, ¿qué es lo que somos hoy capaces de decir, que somos capaces de ver? Los filósofos consideran generalmente su filosofía como una personalidad involutoria, en tercera persona. Quienes han conocido a Foucault confiesan que lo que más les llama la atención de él eran sus ojos y su voz. Relámpagos y truenos, enunciados que escapaban de las palabras, incluso la risa de Foucault era un enunciado. ¿Qué significa la existencia de una disyunción entre ver y decir, el hecho de que ambos estén separados por un intervalo, por una distancia irreductible? Solamente que el problema del conocimiento (o, más bien, del "saber") no puede resolverse apelando a una conformidad o a una correspondencia. Hay que buscar en otra parte la razón de que el ver y el decir se hallen entrecruzados y entretejidos. Ocurre como si el archivo estuviese atravesado por una enorme falla en una de cuyas orillas queda la forma de lo visible, y en la otra la forma de lo enunciable, ambas mutuamente irreductibles. El hilo tendido entre ellas y que las une se encuentra fuera, en otra dimensión.

No se dan en este punto ciertas semejanzas con Maurice Blanchot, incluso una influencia de Blanchot?
Deleuze: Foucault siempre reconoció que tenía una deuda con Blanchot. Podríamos decir que esta deuda se refiere a tres temas. El primero, "hablar no es ver", esa diferencia que implica que, al decir lo que no puede verse, empujemos al lenguaje hasta su límite extremo, elevándolo hasta la potencia de lo indecible. En segundo lugar, la superioridad de la tercera persona - "él" o el nuetro, el "se" - sobre las dos primeras, el rechazo de toda personología linguistica. Y, para terminar, el tema del Afuera: la relación (o también la no-relación) con un afuera más lejano que todo mundo exterior, y por ello mismo más próximo que todo mundo interior. No disminuye para nada la importancia de las convergencias de Foucault con Blanchot el hecho de comprender hasta qué punto Foucault procede a desarrollar automáticamente todos estos temas: la disyunción ver/hablar, que culmina con el libro sobre Raymond Russel y el texto acerca de Magrette, implicará un nuevo estatuto de los visible y de lo enunciable: toda la teoría del enunciado estará animada por ese "se habla"; las transformaciones de lo próximo y lo lejano es la linea del Afuera, como prueba a vida o muerte, van a producir actos de pensamiento propios de Foucault, el pliegue y el despliegue (muy diferentes, también, de Heidegger) y se encuentran en la base de los procesos de subjetivación.

miércoles, 30 de enero de 2008

Entrevista a Gilles Deleuze (parte II)

¿Es este el sentido de su afirmación, según la cual lo escencial para Foucault sería la cuestión: "¿qué significa pensar?"?
Deleuze: Sí, pensar concebido como un acto peligroso, dice. Foucault es seguramente, junto con Heidegger (aunque de un modo totalmente diferente), uno de los que han renovado de forma más profunda la imagen del pensamiento. Una imagen que tiene niveles diversos, según las capas y los diferentes campos sucesivos de la filosofía de Foucault. Pensar es, en principio, ver y hablar, pero a condición de que el ojo no se quede en las cosas y se eleve hasta las "visibilidades", a condición de que el lenguaje no se quede en las palabras o en las frases y alcance los enunciados. Es el pensamiento como archivo. Después, pensar el poder, es decir, tejer relaciones de fuerzas, a condición de comprender que estas relaciones son irreductibles a la violencia, que constituyen acciones sobre otras acciones, o sea actos tales como "incitar, inducir, desviar, facilitar o impedir, hacer más o menos probable...". El pensamiento como estrategia. Finalmente, en sus últimos libros, se descubre el pensamiento como "proceso de subjetivación": es estúpido intentar con ello un retorno al sujeto, se trata de la constitución de modos de existencia o, como decía Nietzsche, de posibilidades vitales. No la existencia como sujeto, sino como obra de arte; y, en esta última fase, el pensamiento es un pensamiento-artista. Lo importante es, evidentemente, mostrar por qué se produce necesariamente esta transición de una determinación a las otras: las transiciones no están dadas de antemano, coinciden con los caminos que Foucault traza, con los escalones que va subiendo y que no le preexisten, con las conmociones que produce a medida que las va experimentando.

Entrevista a Gilles Deleuze (parte I)

- Usted ya había hecho anteriormente muchos comentarios acerca de la obra de Foucault. ¿Cuál es el sentido de este libro, dos años después de su muerte?
Deleuze: Necesidad mía, admiración por él, sentimiento ante su muerte, ante esta obra interrumpida. Es cierto, en efecto, que ya antes había escrito algunos artículos sobre ciertos puntos concretos (el enunciado, el poder). Pero en el caso presente lo que me interesa es la lógica de ese pensamiento, que me parece una de las más importantes filosofías modernas. La lógica de un pensamiento no tiene nada que ver con un sistema racional y equilibrado. Incluso el lenguaje era considerado por Foucault, a diferencia de lo que sucede con los lingüístas, como un sistema desequilibrado. La lógica de un pensamiento es una especie de corriente que nos arrastra, una serie de ráfagas o de sacudidas. Como decía Leibniz: cuando creíamos haber llegado a puerto, nos encontramos de nuevo en alta mar. Este es el caso de Foucault. Su pensamiento no deja de añadir nuevas dimensiones, ninguna de las cuales estaba contenida en la anterior. ¿Qué es lo que le obliga a aventurarse en tal o cual dirección, a recorrer tal o cual camino, siempre inesperado? No hay un solo gran pensador que no atraviese estas crisis, pues marcan las horas de su pensamiento.

- Usted considera a Foucault, ante todo, como un filósofo, mientras que otros insisten más en sus investigaciones históricas.
Deleuze: Es innegable que la historia forma parte de su método. Pero Foucault no se convirtió nunca en historiador. Foucault es un filósofo que ha inventado una relación con la historia completamente distinta a la de las filofofías de la historia. La historia, según Foucault, nos acerca y nos delimita, no dice lo que somos sino aquello de lo que diferimos, no establece nuestra identidad sino que la disipa en provecho de eso otro que somos. Por ello, Foucault considera series históricas breves y recientes (entre los siglos XVII y XIX). E incluso cuando se ocupa, como en sus últimos libros, de una serie de larga duración, desde los griegos y el cristianismo, es para hallar aquello en lo que nosotros no somos griegos, no somos cristianos, el punto en el que nos convertimos en algo distinto. En suma, la historia es lo que nos separa de nosotros mismos, y lo que debemos franquear y atravesar para pensarnos a nosotros mismos.Como dice Paul Veyne, la actualidad es lo que se opone tanto al tiempo como a la eternidad. Foucault es el más actual de los filósofos contemporáneos, el que ha realizado una ruptura más radical con el siglo XIX (de ahí su aptitud para pensar el XIX). Lo que a Foucault le interesa es la actualidad, eso mismo que Nietzsche llamaba lo inactual o lo intempestivo, lo que es in actu, la filosofía como acto de pensamiento.

domingo, 26 de agosto de 2007

Leer para Deleuze


Cuando leo a Gilles Deleuze me produce una intensidad y una potencia positiva increíble. Es una pasión amorosa llena de alegría.

En el libro "Diálogos" que escribe junto a Claire Parnet, aconseja una forma de leer que me parece maravillosa. Cito: "Una buena manera de leer, hoy en día, sería tratar un libro de la misma manera que se escucha un disco, que se ve una película o una propaganda de televisión, de la misma manera que se acoge una canción. Cualquier tratamiento del libro que reclame para para él un respeto, una atención especial, corresponde a otra época y condena definitivamente al libro. Las cuestiones de dificultad o de comprensión no existen. Los conceptos son exactamente como los sonidos, los colores o las imágenes: intensidades que nos convienen o no, que pasan o no pasan".

La cita brilla de lucidez. A mí me pasa lo mismo al leer un libro: hay intensidad o no hay nada. Para describirlo de alguna manera, si un libro que comencé a leer no me produce nada lo dejo de leer. No tengo culpa. Es más, me voy a Plaza Italia a venderlo o canjearlo. No me producen apego los libros (cualquier cosa en general) con las cuales no hay una relación de conexión.

Me gusta esta forma de leer porque es mucho más liberadora. Desde que ingresamos al colegio, los maestros o profesores en general nos quieren convencer que la práctica de la lectura hay que hacerla con textos que son totalmente aburridos o que inducen a bloquear el deseo a leer.

Deleuze sirve para quitar esa mochila de doctrina escolar cuando uno va a leer libros. Y coincido también en que los textos que reclaman interpretar conceptos sólo piden que el lector quede castrado, que pase todo por el colador de la razón, y no esté abierto a lo afectuoso, a una lectura con amor.

Recomiendo la lectura de Deleuze y del libro citado enfáticamente.