jueves, 16 de agosto de 2012

Un matrimonio entre la filosofía y la pantalla chica

Mentira la verdad: Filosofía a martillazos, un ciclo que cuestiona verdades eternas
Por Ricardo Marín  | LA NACION


"No pretendemos que nadie se siente a ver el programa con un cuadernito para tomar apuntes como si fuera una clase. La transferencia docente sigue siendo algo único que, si se da, se da en el aula. Lo que buscamos con Mentira la verdad: Filosofía a martillazos es hacer una suerte de intervenciones filosóficas. Generar una disrrupción en una situación cotidiana, un desacomodamiento. Después, si querés ahondar en nuevas perspectivas desde la filosofía para analizar los temas que se tratan en cada capítulo como la amistad, el amor, el poder, o el que sea, tenés que leer o hacer un curso de filosofía. El ciclo es claramente un disparador", aclara Darío Sztanjszrajber, filósofo y conductor de este ciclo que, a partir de esta noche, estrenará su segunda temporada, todos los jueves, a las 20, por Encuentro.
"Conseguir ese desacomodamiento primario en el aula es difícil, porque los alumnos vienen con la idea de que todo lo del colegio es aburrido y no tiene que ver con ellos. Pero si le mostrás que a partir de una fiesta de cumpleaños se puede pensar la amistad y ver que no siempre la idea que se tiene de ella responde a lo que uno creía que respondía, entonces se empieza a replantear el vínculo y la cabeza empieza a trabajar", agrega Darío, que permite la licencia de que se lo llame por el nombre, por prácticas y entendibles razones.
El programa tuvo su origen a partir de la necesidad de Encuentro de ofrecer un ciclo de filosofía dedicado a los jóvenes. "Algunos productores del canal cursaron conmigo en un posgrado que se dicta en Flacso (Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales). Ahí surgió la propuesta de pensar un ciclo como éste. Luego se abrió una licitación en la que la propuesta de la productora Mulata Films, con el formato que tiene Mentira la verdad ... era la que mejor interpretaba lo que queríamos hacer", cuenta quien conduce el ciclo.
A partir de situaciones de ficción, cada episodio de Mentira la verdad: Filosofía a martillazos va desgranando los diferentes elementos relacionados con un tema y mediante planteos filosóficos cuestiona y pone en duda lo que en general se considera verdad establecida en ese tema.
"Lo que se dio con este programa es un matrimonio entre la filosofía y la televisión, dos conceptos muy amplios. Uno puede hacer una filosofía celebratoria de lo establecido o puede hacer filosofía a martillazos, como la que proponemos en el programa. Uno puede hacer una filosofía que pretenda alcanzar la verdad o puede hacer una filosofía en la que se parte de que no hay una verdad y lo que se busca es deconstruir toda certeza. Con la televisión pasa lo mismo. Se puede hacer una televisión que le dé a la gente lo que la gente quiere consumir o puede hacerse de la televisión una apuesta de transformación de lo real. En el programa convergen dos líneas que transitaban por vías paralelas, pero se pensaban desde la misma lógica. Tanto desde la pata televisiva, que es Mulata Films, como desde la filosófica, que soy yo, tenemos una visión crítica de la realidad y combativa, en el sentido de desacomodamiento de la percepción de esa realidad. Ahí se dio el matrimonio perfecto. Aunque, como es habitual, la convivencia cuesta. A mí siempre me falta tiempo para explicar lo que quiero y, para los productores, hablo demasiado. Desde mi punto de vista, hay desarrollos dramáticos que me parecen largos y para ellos son insuficientes", reflexiona quien aporta los contenidos filosóficos al ciclo.
En cuanto a la presencia, cada vez más abundante en la pantalla chica, de propuestas que se nutren de contenidos académicos, pero los exponen de una manera amena y atractiva, Darío sostiene: "Yo creo que hay una renovación de los formatos de la televisión cultural. Me alineo en esa perspectiva. Canal Encuentro es pionero en esto y la televisión comercial se está abriendo a estos formatos. Hay una renovación importante donde se puede entender que la televisión cultural, sin dejar de ser rigurosa, puede también ser entretenida. Convergen entonces los dos valores: desde lo cultural, el valor de la profundidad crítica, y, desde lo televisivo, el valor del entretenimiento. Y lo que también se ve en estas propuestas es que no hay una traición al saber. Porque lo que siempre se sostenía era que si un filósofo hablaba por televisión, o nadie lo escuchaba por aburrido o no hacía filosofía. Lo que estamos viendo es que se puede encontrar un punto de equilibrio". Y enseguida cuenta: "En algún momento vino el planteo de poner al final de cada episodio algún punto que sirviera de remanso para aliviar el hecho de que hay planteos que no te dejan de dónde agarrarte. No lo hicimos y la gente lo acepta lo más bien".
A la pregunta de si le llegan críticas desde el ambiente académico, Sztanjszrajber contesta: "Si las hay, no me he enterado. Lo que me llegan son cinco o seis mails semanales de docentes que me cuentan que usan el programa en sus clases y me relatan la experiencia de ver lo que genera entre sus alumnos. Esa es la única academia que me interesa".
SEGUNDA TEMPORADA CON CAMBIOS
La segunda temporada de Mentira la verdad: Filosofía a martillazos trae algunas diferencias con respecto de la primera. "Cada programa fue trabajado como un género cinematográfico distinto. Uno está trabajado desde la comedia, otro desde la ciencia ficción o desde el policial negro. Es una manera de mostrar la diversidad estética que tiene que ver con la diversidad filosófica. Por otro lado, las historias dramáticas son más claras, más contundentes que en la primera temporada. Hay una narración que empieza y termina en cada capítulo y todo se relaciona con esa narración. En la primera temporada había más bien un collage de escenas", explica el conductor. En cuanto a los temas, los episodios ponen en duda a la verdad, la comunidad, el poder, el conocimiento, el alma, el tiempo y el bien, entre otros..
PARA AGENDAR
Mentira la verdad: Filosofía a martillazos Divulgación, con Darío Sztanjszrajber. Encuentro. Jueves, a las 20 (repite los sábados, a las 17.30 y los martes, a las 17).

lunes, 13 de agosto de 2012

Adrián Iaies: "La canción es la célula de toda la música popular"

El pianista y compositor presenta “Melancolía”, un nuevo disco con mayoría de baladas donde explora con nitidez un registro austero. Aquí, habla de su versión del “Himno a Sarmiento” y de un vals que dedicó a Beatriz Sarlo.
Por Jorge Fondebrider

Adrián Iaies acaba de editar Melancolía, su último disco como líder y el número 15 de su discografía. Como en otras ocasiones, sorprende por su  inteligencia y buen gusto. Previo a la presentación en vivo, mantuvo el siguiente díalogo con Ñ.

-Este último, ¿es un disco de grupo o es un disco solista?
-En cierta forma es un disco solista porque no estuve demasiado pendiente de qué es lo que el grupo quiere tocar. En otras palabras, es el disco que yo quería hacer. Pero, a la vez, es mi primer disco de cuarteto. Me explico: en algunos temas, acepto delegar algo que nunca delego porque es lo que a mí más me gusta hacer.

-¿A qué se refiere?
-A tocar la melodía. Y es porque en Mariano Loiácono encontré un tipo en el cual confío y que, por lo tanto, es un gran socio: serio, profesional, cuidadoso, con criterio y, sobre todo, muy atento a lo que yo quiero.

-¿Y qué es lo que quiere?
-Aunque eso ya está presente en algunos de mis discos anteriores, cada vez estoy más decidido a que cada nuevo disco hable de una sola cosa, que haya un único clima, una atmósfera homogénea.

-¿Por qué?
-Porque quiero trabajar contra esa idea de que un disco debe empezar por un tema rápido, seguir con una balada, luego un tema en 3 por 4, etcétera.

-Precisamente, este nuevo disco presenta una mayoría de baladas o de temas que decidió tocar como baladas…
-Es que ésa es la idea o, al menos, mi manera de interpretar la melancolía, leit motiv de todo el disco.

-Hay otro dato que en sus últimos tres discos va presentándose con creciente nitidez: toca mucho menos que antes. Dicho de otro modo, es mucho más reflexivo.
-Es así y, de hecho, cuando escucho los temas después de grabados tiendo a pensar que si me hubiese esforzado más, habría podido tocar incluso menos de lo que toqué, ser todavía más austero…

-¿Qué fue lo que lo llevó en esa dirección?
-Yo creo que la edad, el paso del tiempo. Nunca quise ser “el pianista más rápido del Oeste”. Pero si alguna vez se me cruzó la sombra de una preocupación, hace rato que ya no la tengo.

-¿A qué lo atribuye?
-A que identifico eso que antes llamé austeridad con la elegancia. Escucho mucha música por cuestiones profesionales, pero cuando puedo y tengo tiempo, escucho a muchos pianistas. Ayer pudo haber sido Marc Copland, hoy Bill Carrothers y mañana Vijay Iyer. Si bien los disfruto, al final del día vuelvo a los mismos de siempre, que son los que, en mi opinión, hicieron de la elegancia un culto: Hank Jones, Tommy Flanagan, John Lewis, Dave Brubeck… Todos ellos parece que tocaran con traje y se atuvieran exclusivamente al tema. Cuando esos pianistas tremendos proceden de esa manera, uno se pregunta si el solo hace falta o si lo que hay que decir ya está dicho con la propia interpretación del tema.

-Entiendo que hay muchos músicos que, aunque parezca paradójico, no escuchan música.
-Yo sí. Nunca entendí a los que se vanaglorian de no escuchar música desde hace diez años. ¿Cuál es el mérito? Mis viejos no tenían plata, yo no fui a Berklee. Aprendí de los discos. Y eso se nota en lo que toco.

-Aunque no lo nombró, en “Melancolía”, hay tres temas de Billy Strayhorn, que es la elegancia hecha música…
-Y fijate que en ninguno de los tres hay solo de piano. Tampoco en la versión de “Fuimos” ni en el tema que le dedico a Flanagan. Mi idea fue no ser expansivo y, por eso, el cuarteto me permitió fijar claramente esos límites.

-De disco en disco, la noción de estructura es muy clara en su música.
-Es que yo estoy enamorado de la forma canción, que es imbatible. No establezco diferencias entre escuchar un disco de jazz y uno de Sinatra, Joni Mitchell o los Stones. La canción, con o sin letra, es la célula de toda la música popular. Y en el caso específico del jazz, esa forma permite establecer una necesaria complicidad con el que escucha.

-En sus discos siempre hay algo así como una declaración de principios. En éste parece una muy clara la inclusión del “Himno a Sarmiento”. 
-En este hay dos. El “Himno a Sarmiento” y el vals que le dedico a Beatriz Sarlo, a quien, aclaro, no se lo dedico por haber puesto en su lugar a Orlando Barone, sino porque la quiero y porque sé lo que le gusta el jazz. Luego –y sólo luego– porque comulgo con muchas de sus ideas.

-Algo que lo pondría en las antípodas de otro fanático suyo, Horacio Verbitsky...
-…cuyas ideas no comparto, pero a quien me une un gran cariño. Ambos hemos sabido establecer un territorio común por fuera de las ideas políticas. Los gobiernos pasan y ninguno es tan importante como para que, poniéndonos de un lado o de otro, no podamos establecer puentes con nuestros afectos por muy distinto que piensen de nosotros. La vida es otra cosa, ¿no?  


Link: http://www.revistaenie.clarin.com/escenarios/musica/Adrian-Iaies-Melancolia_0_712728879.html

Daniel Pennac: “El 99% de la literatura industrial es basura”

Las relaciones entre literatura y escuela han sido siempre complejas y el francés Daniel Pennac las aborda con notable oficio narrativo. En “Señores niños” le da una nueva vuelta de tuerca al tema. Aquí, habla de estas y otras obsesiones.

Por Hector Pavon


El inicio de Señores niños , de Daniel Pennac, está destinado a convertirse en un clásico universal. Un grupo de alumnos es reprendido por haberse burlado de su profesor, quien les impone el “castigo” de escribir una redacción a partir de esta consigna: “Despierta usted cierta mañana y comprueba que, por la noche, se ha transformado en adulto. Enloquecido, corre a la habitación de sus padres. Se han transformado en niños”. Es posible que el viejo profesor (también de Pennac) haya elaborado esta sanción creativa pensando en La metamorfosis de Kafka: el despertar monstruoso los ha convertido en adultos. Pennac estuvo en Buenos Aires, habló de su libro y, claro, de la educación.
Usted acostumbra a incluir en sus novelas a personas del mundo de la escuela real. ¿Se reencontró con alguno de ellos?
La mayoría ya ha muerto. Un profesor de filosofía, del cual hablo en este libro, me escribió diciendo “estoy muy halagado de haberlo marcado tanto en su vida, me impresionó mucho, sobre todo porque no tengo ningún recuerdo de usted”. Un profesor ve a ciento veinte alumnos por cada año de los cuarenta que trabaja como tal, lo que resulta cuatro mil ochocientos alumnos. El no se acordaba de mí, y es cierto que yo era un alumno bastante tapado, ocupaba mi lugar en el fondo de la clase.

¿Y cómo quedaron retratados los demás profesores?
El de francés era un hombre que transformó a muy malos alumnos. Y como yo era muy mal alumno, inventaba excusas por no haber hecho la tarea, decía mentiras. Y ese profesor, en lugar de enfrentar mis mentiras desde el ángulo moral, lo hacía desde la producción de una ficción, y me pidió que escribiera una novela. Es decir, él explotó mi aptitud y eso fue pedagógicamente genial.

¿Y esta ficción lo lleva a ver diferencias entre la escuela a la que usted asistió y la de hoy?
Sí. En mis tiempos, los niños no eran los clientes de la sociedad de consumo. Es decir, yo usaba la ropa que dejaban mis hermanos, comía lo mismo que mis padres, a la misma hora, íbamos de vacaciones al mismo lugar, todos juntos. Es decir, solamente los adultos eran clientes de la sociedad de consumo Hoy, los niños son clientes completos, como los adultos, de la sociedad comercial. Tienen teléfonos, ropas, alimentos, distracciones en particular. Desde niños tienen la tv en el cuarto que los bombardea con publicidades que se dirigen a sus deseos. Deseos, deseos, deseos, que entran en conflicto con sus necesidades que se vuelven elementales, esenciales. Y no lo son, son deseos superficiales. Las necesidades esenciales son de otra naturaleza: aprender a leer, a escribir, a comprender, a contar. Lo que caracteriza a la escuela contemporánea es ese conflicto entre necesidades y deseos.

Usted ha hablado del papel de la tv. ¿La tv educativa existe o es un oxímoron?
Eso depende de lo que uno pone en el adjetivo “educativo”. ¿Una tv informativa, es educativa? ¿Una tv cuyo rol es informarte únicamente que existe un nuevo IPod es educativa? No, es informativa. Ni siquiera. Es publicidad. Cuando mi hija era pequeña, no teníamos tv en casa y todo el mundo nos decía “ustedes están locos, no se va a integrar en la escuela porque allí todos hablan de eso…”. No me importa. Hoy ella tiene 30 años y es un ser de una independencia intelectual que me maravilla. No va a suicidarse si su tv se descompone –tampoco tiene–, no se va a suicidar si no cambia su teléfono. No tiene IPod. Estoy muy contento como padre de haber logrado eso.

¿Y la pedagogía, es un territorio de maestros, o los padres también deben ser pedagogos?
Los padres hacen lo que pueden en materia de pedagogía. Ya Freud le decía a los padres: “Hagan lo que quieran, siempre lo harán mal”. Porque la relación entre padre e hijo, entre madre e hijo, es demasiado implicada, empática para ser pedagógicamente eficaz. En pedagogía, es necesaria cierta indiferencia. Para que yo sea un buen profesor para vos, es casi necesario que no seas mi hijo, que yo no sea tu padre.

¿Es usted un buen lector?
¿Qué es un buen lector?

Alguien que puede reflexionar sobre lo que lee, que obtiene algo, que lo puede transmitir…
Había un crítico literario francés, Albert Thibaudet, que decía que había “lectores” y “leedores”. Entonces, Héctor, yo sería uno de los “leedores”, el que mantiene una relación intelectual con lo que lee, que puede cuestionar. Por supuesto, el libro me acompaña intelectualmente, es decir, que mi lectura no está estrictamente limitada a lo emocional. Sería eso, el lector limita su lectura a un conjunto de emociones: la comisión, la distracción, la risa...

Sólo en la Argentina se editan cerca de doscientos títulos mensuales. ¿No le genera cierta angustia saber que se edita tanto y que se puede leer tan poco?
No hay que tener miedo, porque eso sólo produce malos reflejos. Hay que categorizar. Hay muchos libros, sí, pero muchos no lo son. Habría que ver cuántos o cuáles de esos doscientos son “libros”. Excluís todos los que son artículos de diarios inflados; biografías de imbéciles, los que consideran que su vida es importante porque la televisión les dio el carnet de Andy Warhol. No los leés. Luego, están los libros de circunstancias, sobre un acontecimiento particular. Y eso suma el 80% de lo publicado. Quedarán una veintena de libros que serán novelas, ensayos importantes que permitan aclarar la actualidad, etcétera. El resto es basura.

¿Usted tira libros?
¿Si los tiro? ¡Claro!

¿Por qué?
¡Porque son malos! La edición se convirtió en una industria. Antes era un artesanado. Esa industria produce literatura industrial. El 99% de lo que produce la literatura industrial es basura. No son productos manufacturados, es literatura y asuntos sentimentales, estereotipados. Eso se tira.

¿Son necesarios los rituales para leer?
Creo en la fisiología del lector. En el acto de leer hay algo físicamente delicioso. El momento en que uno toma un libro y va al sillón: asociado al placer del texto, está la posición del cuerpo en un sillón. Creemos que nos sentimos solos con la lectura, pero en realidad, nos metemos en la escena. Es una especie de acto teatral íntimo. Uno pone la lectura en escena y nadie lo sabe, sólo nosotros. Los demás ven leer, sólo eso. Pero si hacemos el esfuerzo de descomponer ese acto, percibimos que hay una puesta en escena de la intimidad del lector con el libro.


Link: http://www.revistaenie.clarin.com/literatura/ficcion/Daniel_Pennac_0_728327184.html

La orden de Cristina es desguazar Cablevisión

Por Carlos Pagni | LA NACION

 
Es imposible que Cristina Kirch- ner se refiera a los medios de comunicación sin despotricar por las dificultades que encuentra frente a su principal objetivo: la reducción del Grupo Clarín. Por esa razón, hace tres semanas impartió una instrucción para terminar con lo que, para ella, son dilaciones derivadas de una conspiración mediática y judicial. A partir del 7 de diciembre la Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual (Afsca) no sólo deberá revocar al holding de Héctor Magnetto las licencias que excedan el cupo establecido por la nueva ley de servicios audiovisuales. También deberá entregar a competidores de Clarín la infraestructura de las empresas de las que ese grupo deba desprenderse. En el caso de Cablevisión, la transferencia incluye a los abonados. Para justificar esta cirugía se dirá que, por los artículos 85 y 113 de la norma, el Estado debe garantizar la regularidad y continuidad de las emisiones.
También en Clarín se sienten víctimas de un complot mediático y judicial. Es el que llevarían adelante los mendocinos José Luis Manzano y Daniel Vila para terminar de instalar en Cablevisión a un interventor afín, que conduzca la jibarización de la empresa según las pautas del Gobierno. Manzano y Vila aspiran a quedarse con algunos de los activos a los que tenga que renunciar Clarín.
El 7 de diciembre es el límite que fijó la Corte Suprema para el amparo que el juez Eduardo Carbone concedió a Clarín hasta que se defina si el artículo 161 de la ley, que obliga a la desinversión, es constitucional. Si la Justicia no se expide antes de esa fecha, la medida cautelar quedará anulada. Como Carbone se jubiló, el concurso del que surgirá su reemplazante se ha convertido en una batalla crucial para esta guerra.
Los expertos en radiodifusión coinciden en que, si no hay un pronunciamiento judicial de fondo, el 7 de diciembre se activarán los plazos para adecuar el número de licencias, que tomarían otro año. La Presidenta, en cambio, instruyó a la Afsca para que revoque las licencias y transfiera los activos ese mismo día.
Cristina Kirchner se ufanará de estar brindando un homenaje a la democracia. Está convencida de que Magnetto es el cerebro de una operación destituyente. (Incógnita: ¿a qué va a atribuir sus desventuras cuando ese genio maligno sea reducido?)
Sin embargo, la imagen de una administración que arrasa con las garantías de la prensa terminará de consolidarse. El debate se plagará de referencias a Hugo Chávez, que también retiró la licencia e incautó los activos de la cadena Radio Caracas Televisión, bajo acusaciones de golpismo. Aunque el peronismo no necesita de la experiencia bolivariana para encontrar antecedentes. Dispone de ellos en su propia tradición.
Los funcionarios que venían negociando con los medios las pautas de la desinversión suspendieron las conversaciones. El 19 de julio pasado intimaron a las empresas a informar su composición accionaria y el número de permisos para operar. Fue un requerimiento muy tardío, ya que sólo Clarín consiguió un amparo judicial. Los demás deberían haberse adecuado a la ley el último 28 de diciembre. La demora demuestra lo obvio: la única desinversión con la que sueña el Gobierno es la de ese grupo. Esta arbitrariedad es un regalo que acaso Magnetto no esperaba. La propia señora de Kirchner alimenta la tesis según la cual ella no pretende garantizar la pluralidad de voces, sino desguazar una empresa "enemiga".
Licencias
Para doblegar a Clarín el kirchnerismo puso en la mira a Cablevisión, que representa el 60% de los ingresos de ese emporio. La empresa controla 158 licencias de TV por cable, 134 más de las permitidas. La Presidenta quiere que se deshaga de ellas cuanto antes. Pero pretende evitar un apagón que la enemiste con la audiencia. No quiere que se repita lo que sucedió a Julio De Vido en agosto de 2010, cuando anunció que "Fibertel no existe" y que, por lo tanto, los usuarios debían buscarse otro proveedor. Como esa alternativa tampoco existía, sólo consiguió la antipatía de los internautas.
Santiago Aragón, el titular de la Afsca, tiene instrucciones de entregar infraestructura y abonados de Cablevisión a los competidores de cada zona. Aunque los convierta en monopólicos. Ejemplos: Telecentro, de Alberto Pierri, en el área metropolitana; Tele Imagen, de Néstor Ick, en Santiago del Estero; Supercanal, de Vila y Manzano, en Santa Fe. A esos recipiendarios se les exigirá, claro, dejar de emitir Todo Noticias.
La señora de Kirchner eligió como socio a Manzano para esta batalla decisiva. Quedó demostrado el 20 de diciembre pasado, cuando la Gendarmería irrumpió en la sede porteña de Cablevisión para hacer cumplir una orden del juez mendocino Walter Bento. A pedido de Supercanal, y por un conflicto que se desarrolla en Salta, Bento intervino la compañía y le dio un plazo de 60 días para que divida sus activos. La justicia federal porteña y la de Salta lo declararon incompetente. El 5 de julio pasado, los representantes del Gobierno en el Consejo de la Magistratura debieron salvar a Bento del juicio político.
Pero Bento consiguió designar en Cablevisión a un coadministrador. Es Enrique Anzoize, a quien en Clarín vinculan con Manzano. Ayer la empresa denunció que el juez mendocino, con la colaboración de un colega porteño, estaría por remover a su directorio. De verificarse esa profecía, el avance sobre Cablevisión, el 7 de diciembre, no encontraría resistencia. Al contrario: Anzoize sería el dócil y solitario ejecutor del plan del Gobierno. Y de Vila y Manzano.
Juan Manuel Abal Medina es el nexo entre la Presidenta y Manzano. Las vueltas de la vida: Abal fue discípulo de Carlos "Chacho" Alvarez, quien acusó a Manzano de "robar para la corona", cuando "la corona" era Carlos Menem. La frase tituló un libro del periodista Horacio Verbitsky, quien meses atrás recordó sus reproches a Néstor Kirchner por aliarse con Manzano en la guerra contra Magnetto. A la luz de estos datos, la Presidenta debería descartar el tribunal de ética para la prensa. No vaya a suceder que los que vayan a la hoguera sean los propios. Aunque ya lo aclaró aquel colaborador de Ramón Saadi: "En política la ética es un procedimiento para aplicar al adversario".
Dificultades
Supercanal tiene dificultades para quedarse con los negocios de Clarín. Cuenta con 90 licencias, 66 más de las permitidas. En cambio Advsps no tiene ese límite: es la sociedad que constituyeron el 12 de abril del año pasado el hijo de Vila, Agustín, con el abogado de Supercanal, Eduardo Vila. Advsps está gestionando, con bastante éxito, permisos en la Capital Federal, Lomas de Zamora, Tigre, Paraná, Rosario y Santa Fe, ciudades en las que opera Cablevisión.
Carlos Zannini diría que el conflicto con Clarín es la "contradicción principal" del kirchnerismo. Pero la tormenta que se prepara en Olivos siembra miedo entre los funcionarios de la Afsca. Allí rige una conducción bicéfala, como en casi todo el organigrama oficial: Aragón es controlado por su segundo, Ignacio Saavedra, un delegado de La Cámpora. Saavedra ganó notoriedad como productor de contenidos de TV -Telefé ha sido casi su único cliente- en sociedad con Fernando Pérez, el responsable de conducir los procesos de desinversión.
Los talibanes del Gobierno tienen con Aragón los mismos reparos que les provocaba su padrino y antecesor, Gabriel Mariotto: lo acusan de tibio. A Mariotto se le reprocha haberse marchado a La Plata dejando inconcluso el expediente de suspensión de la licencia de Cablevisión. Saavedra sostiene esa tesis.
Aragón y Saavedra amenizan las conversaciones con sus ocasionales visitantes hablando mal del otro. Todo en voz bien alta, para que el vituperado se entere. El dúo está separado apenas por un tabique en un gran salón en "L".
Sería superficial, sin embargo, atribuir el enredo de la política de medios a que la Afsca se ha convertido en un conventillo. El problema central es que la norma diseñada por Mariotto resulta inaplicable. De hecho, todavía no se ha otorgado ninguna frecuencia bajo el nuevo régimen. Tampoco se conoce el censo de radiodifusores, que debía estar listo para marzo de 2010. En esta nueva etapa se realizó un solo concurso, el de la televisión digital, que debió declararse desierto. Como en YPF, en Aerolíneas o en la guerra contra Boldt, también en esta reforma el kirchnerismo se arriesga a quedar empantanado. Hasta ahora sólo ha sido eficaz en demorar la constitución de la comisión bicameral que debe designar a los representantes de la oposición en la Afsca.
Las dificultades del Gobierno se deben a que tampoco en el campo mediático comprende cómo funcionan los mercados. Las compañías de comunicación no son sustentables por debajo de determinada escala. Sobre todo porque la publicidad no es infinita. Ni siquiera la oficial. Basta ver cómo Gerardo Luis Ferreyra, Sergio Szpolski, y muchos otros empresarios alineados con el Gobierno, hacen malabares para pagar los sueldos, debido a que la agencia Télam les abona las facturas con una demora de 200 días. La crisis fiscal también llegó a esos medios.
RECHAZAN UNA EVENTUAL INTERVENCIÓN JUDICIAL
Diputados nacionales de fuerzas políticas opositoras coincidieron ayer en rechazar una posible intervención a la empresa Cablevisión, del Grupo Clarín, y advirtieron sobre el "intento de hegemonía" del Gobierno sobre los medios de comunicación.
Los legisladores Ricardo Gil Lavedra (UCR), Federico Pinedo (Pro), Oscar Aguad (UCR) y Patricia Bullrich (Unión por Todos) criticaron, además, al juez mendocino Walter Bento, quien promovería una nueva orden para intervenir Cablevisión, según publicó ayer el diario Clarín.
"Causa alarma que un juez federal de provincia, fuertemente sospechado de responder a un grupo económico afín al Gobierno, que ha tenido comportamientos judiciales inaceptables, pero que goza de protección oficial en el Consejo de la Magistratura, pretenda ahora ejecutar una medida contra Cablevisión", dijo Gil Lavedra.
En tanto, Pinedo opinó que el posible avance del juez mendocino sobre la empresa Cablevisión significaría un "abuso de poder" y sostuvo que el magistrado "actúa con el aval del oficialismo"..

Usted miente, señora Presidenta - Por Jorge Fontevecchia

Interensante nota editorial de Fontecchia.



Por Jorge Fontevecchia

Usted miente, señora Presidenta. Usted no quiere mejorar el periodismo, usted quiere destruirlo. Y en eso, aunque no en otras cosas, va a fracasar.
Miente cuando pide una ley de ética pública para los periodistas que obligue a los medios a “publicar qué empresas reciben dinero” (le aclaro que me encantaría que así fuera). Sus deseos no son sinceros, porque si eso se implementara todo su aparato de propaganda oficial quedaría al descubierto.
Usted dice que encontraron en YPF facturas de 11 millones de pesos por año de periodistas y medios por publicidad que se pagaba pero no se emitía: “Publicidad no convencional, la pagás y no aparece” (sic). Pero mencionó solamente el millón de pesos que dice que cobraron el socio y la esposa de Marcelo Bonelli desde 2008.
Los 240 mil pesos anuales que durante cuatro años recibieron los allegados de Bonelli, según usted, representan sólo el dos por ciento de esos 11 millones de pesos anuales, lo que permite deducir que hay, en promedio, otros 46 periodistas o medios que también recibieron sistemáticamente dinero por publicidad que, como usted dice, “la pagás y no aparece”.
Urge que usted difunda esa lista, así la opinión pública se entera de quiénes son esos medios y periodistas que cobran por servicios no prestados. Imagino que habrá varios simpatizantes de su Gobierno en ella. Pero lo importante es que se sepa quiénes son porque, más allá de los intereses que defiendan, cobrar por un servicio que no se presta es una estafa o un acto de corrupción.
El tema no es sólo Bonelli. El tema es ese sistema de corrupción de periodistas y medios. Pero lo curioso es que, si ustedes no lo inventaron, señora, ustedes lo engrandecieron a niveles inconmensurables. Y de lo que no cabe duda es de que ustedes lo institucionalizaron como una práctica normal. Usted se escandaliza de su propio espejo y encima cree que refleja la imagen de otro.
Algo comparable les pasa con el tema de la dictadura: ustedes acusan a algunos de sus críticos de acciones negativas que no existieron, se agregan en su propia biografía acciones positivas que nunca realizaron y terminan creyéndose héroes de la ética.
Mire, señora, hace siete años el diario PERFIL publicó en El Observador del 18 de septiembre de 2005 una larga investigación titulada “Caja negra”. Allí se informaba que “el propio Estado utiliza cajas negras para promocionar su gestión”, y desarrollaba en detalle el caso de 27 periodistas que por orden del vocero de De Vido, Alfredo Scoccimarro, debían estar en la pauta publicitaria.
La lista la encabezaba Marcelo Bonelli y, mire lo que son las vueltas de la vida, señora, nueve de los 27 periodistas de esa lista trabajaban en alguna de las empresas del Grupo Clarín. Y hoy Scoccimarro ya no es el vocero de De Vido sino que es su vocero y, además, es el secretario de Comunicación Pública, cargo en el que reemplazó nada menos que a Abal Medina cuando asumió como jefe de Gabinete.
Son ustedes, señora, los que inventaron lo que usted denuncia. Hace siete años era PERFIL quien denunciaba la relación entre Scoccimarro y Bonelli cuando Clarín era aliado del Gobierno. En aquella oportunidad, Bonelli pidió derecho a réplica explicando que él no trabajaba en la radio FM Palermo que aparecía en la planilla publicada en la nota de PERFIL, lo que justificó una contrarréplica de los periodistas de El Observador para demostrar que era la hija de Bonelli quien trabajaba en ese programa, y la publicidad había sido gestionada por una productora de A dos voces, el programa de Bonelli.
Siguiendo el mismo manual, ayer PERFIL pidió a Bonelli precisiones sobre los montos que cobraron su socio y su esposa de YPF, ya que en los descargos que realizó en Clarín y Telenoche no se refirió a ellos. Bonelli dijo que su esposa sólo cobró 6 mil pesos por mes de julio de 2007 a marzo de 2008, 54 mil pesos en total, por traducciones de inglés (tiene el título del Lenguas Vivas), y que él no tiene ningún socio porque la publicidad de los programas que realiza en los distintos medios del Grupo Clarín es vendida directamente por la empresa, de la que él es un empleado. Quedará por ver si existe una contrarréplica, como en el caso anterior de Bonelli ante la denuncia de PERFIL en 2005.
En Clarín y en Telenoche Bonelli sí explicó que todos sus ingresos están en blanco y que lo que publicó sobre que Galuccio estuvo por renunciar es totalmente cierto. Ese no era el núcleo de la acusación, porque podría haber cobrado un millón de pesos en blanco, nunca la Presidenta dijo que fuera en negro. Y es obvio que la crítica que recibió por cadena nacional no es por su nota del 3 de agosto último sobre Galuccio, porque ya el 10 de julio Perfil.com y el diario La Nación habían informado que Galuccio analizaba renunciar.
Lo que a la Presidenta le molesta de Bonelli es su prédica contra la restricción a la venta de dólares, que realiza todos los días, a la mañana, a la tarde y a la noche (hay que reconocer que Bonelli es un trabajador esforzado) en TN, Radio Mitre y Telenoche, desde hace nueve meses con notable efecto. Y aprovechó las pagos de YPF a la esposa de Bonelli y su supuesto socio para –en el contexto de la i-nauguración de una planta de refinado– pegarle un palazo.
Pero a buena hora su enojo, señora, la lleva a proponer debatir ética periodística e ilumina con la llegada de su cadena nacional la problemática sobre de dónde viene el dinero que financia a los medios de comunicación y a los periodistas, y se debate ese método degenerativo del periodismo que además el kirchnerismo promovió. Y es también deformante de la publicidad porque, debo informarle, señora, que su ejemplo cunde: programas de radio y de TV con audiencias no muy grandes vienen quejándose de que anunciantes que antes tenían bien clara la “separación de Iglesia y Estado”, es decir que poner publicidad no les daba derecho a solicitar no ser criticados si eran sujeto noticioso de algún hecho negativo, han cambiado y ahora amenazan abiertamente con retirar la publicidad si sus empresas son criticadas. Eso no se animan a hacer con medios más importantes, pero el flagelo superó una frontera.
El problema es cualitativo y cuantitativo. Siempre hubo departamentos de relaciones públicas en las empresas que compraban publicidad con criterios no comerciales, pero el deterioro institucional, que comenzó con Menem, explotó en 2002 y el kirchnerismo elevó y cristalizó, hizo que aquello que antes permitía a un periodista de radio tener su pequeña productora para su programa se convirtiera en empresa, teniendo a Hadad como el precursor más aventajado a la hora de vender silencio y protección en forma de “publicidad que pagás y no aparece”, dicho en sus propias palabras.
No es que usted mienta sobre Bonelli. PERFIL criticó cuestiones relacionadas con la que usted difundió por cadena nacional. Usted mintió sobre su propio Gobierno, al que mostró sólo como víctima de lo que mayoritariamente fue victimario.
No olvide que los últimos cuatro años de YPF, donde se gastaron esos 11 millones de pesos por año en periodistas y medios de forma tan irregular, a los que usted se refirió, coinciden con el desembarco del management nacional y la retirada de la dirección de YPF de los principales ejecutivos españoles. Es en 2008 que ingresa Eskenazi de la mano del propio Gobierno.
La buena memoria es a veces un obstáculo para la política.

Mensaje de Lanata para CFK

El stand-up de la Presidenta - Por Beatriz Sarlo

Excelente nota. Muy Barthesiana.



Por Beatriz Sarlo | Para LA NACION

La Presidenta ha cambiado notablemente su oratoria. Todos los observadores coinciden en que está "más suelta". Yo diría que muchas veces se muestra sencillamente pintoresca.
Antes de esta transformación, desde la muerte de Néstor Kirchner en sus discursos incrustaba bloques de alto dramatismo, cuando mentaba, con la voz estrangulada por la emoción, su soledad y su voluntad de sobreponerse. La intensidad, aunque no ha desaparecido, hoy dura menos. En su lugar, están las ocurrencias de una espontaneidad libre de ataduras, que trae anécdotas, gustos, recuerdos, diálogos con la platea, bromas, sonrisas, miradas de costado, revoloteo de manos y pasos de baile tan expresivos que no sería justo citar sólo por escrito, sin los gestos. No voy a citar, me voy a privar de esa prueba que puede verse en www.presidencia.gov.ar/discursos .
El stand-up comedy presidencial, es decir el momento en que Cristina Kirchner improvisa en primerísima persona, tiene un público que parece disfrutar de esa fórmula escénica. Hace dos días, detuve el cuadro de video sobre una panorámica que mostraba a ese público en un salón de la Casa de Gobierno. Lo vi a Filmus riéndose ante un intercambio de datos sobre el origen étnico del comandante Chávez; quien los proporcionaba a la Presidenta era el secretario de Comercio, que se tocó la cabeza e hizo el gesto de enrularse el pelo. Rápida, la Presidenta captó que los gestos de Moreno sugerían que Chávez tenía mota. Y fue ésa la palabra que empleó. Me imaginé a un Filmus políticamente correcto, en alguna otra vida pasada, predicando ante unos niños que con esas cosas no debía bromearse. Hasta que festejó ese momento del stand-up presidencial, Filmus era un señor correcto, serio, con cara de aburrido, convencional. ¿Qué le pasa a esta gente? ¿Qué creen que se les pide? ¿Qué temen si no se ríen con obsecuencia?
Lo que le pase a Filmus, en realidad, tiene poca importancia. Dejará de reír y seguramente se sentirá más cómodo con un cambio en el estilo presidencial. Las salidas de tono de la Presidenta, cuando incursiona en el stand-up, son la incógnita para analizar. En el pasado, el registro más usual de Cristina Kirchner (mientras fue diputada y senadora) era tecnocrático. Hablaba de corrido una jerga de informe socioeconómico. Era evidente que se aplicaba a preparar esas intervenciones que luego hacía "de memoria". Después de presidentes que improvisaban mal y no aprendían de memoria, como Menem, ganaba de punta a punta. Kirchner era un orador directo, pasional y desgalichado; por el contrario, su esposa parecía la universitaria del tándem. Le faltaba algo para ser una oradora tan buena como se creía: no tenía temperatura escénica (a lo Lula) ni parecía una académica destacada (a lo Fernando Henrique Cardoso o Ricardo Lagos).
Se dirá que estas cuestiones carecen de importancia política. Creo, en cambio, que son importantes, porque no muestran simplemente modos de hablar, sino la relación que alguien mantiene con su propia imagen pública. Cada uno habla del modo en que se siente autorizado a hablar por sus antecedentes o su poder.
Cristina, en esta nueva forma de su oratoria, habla como alguien que piensa que sus más triviales ocurrencias pesan y, por lo tanto, deben ser comunicadas a la ciudadanía. Mientras su oratoria fue tecnocrática y populista (una buena mezcla), era unánime la opinión de que se adecuaba a las necesidades de su lugar político. Se toleraban sus sarcasmos, porque se los consideraba una manifestación de su inteligencia. Después, cuando atravesó el capítulo dramático de poner en escena el dolor y el duelo, recibió la paciente solidaridad de sus oyentes. Ahora, en este giro hacia el stand-up, corre un riesgo que antes no corría: ¿es graciosa cuando canta un jingle o revolea los ojos? Si la parodia falla, el stand-up se desmorona.
Hay una sombra de omnipotencia en este nuevo estilo oratorio de la Presidenta. Los buenos oradores políticos conocen perfectamente cuál es su género y, sobre todo, saben que no todos los géneros les quedan bien. La Presidenta parece haber perdido esta capacidad de distinguir.
A esto podría responderse con dos objeciones. La primera es que sus discursos son exitosos. Tal afirmación es incomprobable, salvo que las plateas cautivas de la Presidenta sean tomadas como adecuada muestra sociológica (como si las risas grabadas de la televisión sirvieran para probar el alto rating de un programa). La segunda objeción es que todo mi argumento carece de importancia y que lo que importa en los políticos es lo que hacen, no lo que dicen.
Es un error separar la acción política del discurso que la acompaña. El estilo de la explicación indica mucho sobre la idea que un político tiene acerca de sí mismo. El profundo autocentramiento de la Presidenta es tan visible en sus discursos como en el verticalismo que es el sello de su gobierno. La forma de sus teleconferencias enfatiza su concentrado personalismo para dirigirse a gobernadores, intendentes o (peor aún) gente de lugares alejados donde se inaugura o reinaugura una obra. Parece una señora que habla con subordinados, a los que trata con una confianza condescendiente que ellos jamás podrían devolver: bromas, preguntas, comentarios van en dirección única, de arriba para abajo. Es paternalista un discurso que coloca a su interlocutor en un lugar desde donde no puede responder sino celebrando a quien le habla. En la primera mitad del siglo XX, se llamó a este estilo populismo oligárquico, de patrón de estancia. Hoy es populismo de burguesa próspera, convencida de que todos sus actos son para beneficiar a esa pobre gente que la escucha.
Sintonizo con frecuencia el canal Unasur. Allí puede escucharse a Chávez, un colorido orador antiimperialista, seguro dentro de esa cultura, y con sensibilidad verbal para diferentes registros: de la maldición a la amenaza, de la promesa a la confianza. Independientemente del juicio que se tenga sobre su política, Chávez tiene estilo. Los discursos de la Presidenta no pertenecen a esa tradición, como si no los hubiera practicado antes. Esto es particularmente evidente cuando se mete en la historia del siglo XIX y primera mitad del XX, con la insegura brevedad de alguien que no avanza por campo conocido.
Todo esto conforma una personalidad política (no hablo de inabordable psicología, sino de rasgos ideológicos). Todos los grandes dirigentes han sido juzgados no sólo por sus obras, sino también por sus discursos, desde Sarmiento hasta Perón. Los discursos son una de las materias en que se expresa y se define un estilo de gobierno y una concepción del poder. El centralismo verticalista produce una atmósfera de encierro, en la que Cristina Kirchner se mueve como si fuera el medio más favorable a su espontaneidad. Si un dirigente cree que está autorizado a decir cualquier cosa en cualquier momento, incluso malos chistes, ha perdido una conciencia de los límites dentro de los que se ejerce siempre, en todas partes, un poder que sea legítimo no sólo por los fines perseguidos, sobre los que puede disentirse, no sólo por los medios utilizados, que pueden discutirse, sino por las formas de comunicarlos.
Cristina Kirchner dijo que, en caso de usar un poco menos la cadena nacional, los opositores malévolos ya estarían preguntándose dónde está la Presidenta. Probablemente tenga razón. Ella es responsable de haber elegido esa incesante estrategia mediática. Si la deja de lado, es obvio que deberá reemplazarla por otra para evitar la pregunta que supone inminente, ya que la oposición en todas sus variantes le parece un ejército cuyo único impulso son las malas intenciones.