viernes, 7 de septiembre de 2012

"Las personas luchan por su esclavitud, por eso Tinelli y Lanata son los pensadores más grandes del país"

"Las personas luchan por su esclavitud, por eso Tinelli y Lanata son los pensadores más grandes del país"

El escritor Fabián Casas dice que "el tinellismo es capitalismo salvaje" y que el gobierno de Cristina Kirchner es "de derecha light"; además, critica el endiosamiento de Maradona y celebra a Messi
Por Verónica Dema  | LA NACION


Hay quienes lo definen como "el último escritor de izquierda". El trata de escapar a todo tipo de etiquetas. El escritor Fabián Casas nació hace 47 años en el barrio de Boedo. Escribió poemas, ensayos y novelas, algunos de los cuales fueron traducidos al alemán, francés, inglés, armenio y portugués. Este autor, que siempre busca su "voz extraña", se reconoce esclavo el setenta por ciento de su tiempo y reniega de eso: celebra los gestos de libertad propios y ajenos. Quizá por eso sea tan crítico de la televisión y sus "héroes", para él, seres esclavizantes. "Las personas luchan por su esclavitud, no por su libertad. Si no, no se explica que Tinelli, Pergolini, Rial y Lanata sean los pensadores más grandes de nuestro país. Esas cuatro formas de ver el país, de derecha, son nefastas para mi", dice.
En diálogo con LA NACION también hablará de los jóvenes militantes, de la "inmoralidad" de la riqueza de la Presidenta, del fútbol que hipnotiza, de Maradona y su afán de adulación, de las semejanzas y diferencias de este tiempo con el menemismo, de su amigo el actor Viggo Mortensen y de San Lorenzo, el club que es "su familia".
-¿Qué función tiene la literatura?
-No puedo entender una literatura que no tenga una función política y social. Toda la literatura que me interesa es así. El que escribe se implica y muchas veces es revolucionario. Pasa también que hay gente que es reaccionaria en términos cotidianos, porque no intenta ver las cosas en términos colectivos, es de derecha pero son escritores de vanguardia.
-¿Por qué afirmás que los escritores de derecha escriben mejor?
-Dije en una entrevista que los escritores de derecha, en general, escapan bastante a la pedagogía y son mejores que los de izquierda, que intentan ser pedagógicos y ven a la literatura como un medio y no como un fin. La derecha, en cambio, ha dado muchos grandes escritores de vanguardia: pienso en
T. S. Eliot, en Celine. Te podría decir también argentinos: Cortázar era de derecha, después tuvo un giro de devaneo en la izquierda y ahí su literatura se debilitó. Es muy notable. Otro escritor de derecha muy bueno es César Aira.

-¿La poesía es el registro en el que te sentís más cómodo?

- No se si más cómodo. No estoy el noventa por ciento de mi tiempo viviendo en poesía. Por lo general, el setenta por ciento del día soy un esclavo. Después tengo momento de disrupciones donde encuentro cierta libertad, de ánimo, con respecto a mi cuerpo, a las cosas que logro cuando le hago trampas al lenguaje.
-¿En qué ves esa esclavitud?
-La veo cuando empiezo a tener una vida estereotipada y empiezo a hacer cosas porque se tienen que hacer, cosas que tienen que representar una función y un poder. Eso para mi es la esclavitud. En cambio cuando hago cosas en función de servicio hacia los demás, cosas en las que me olvido de todo ahí me parece de una gran libertad.
-¿Te acordás del primer libro que leíste?
-Leía cómics y, antes de escribir literatura, leía, hacía e ilustraba cómics. Mi primo, que fue una persona para mí muy importante en mi adolescencia, era de la JP (Juventud Peronista). Vivía en la pieza de adelante de mi casa, donde vivíamos todos. Esa pieza era el lugar sagrado: él tenía ahí los libros, toda la
colección Skorpio de los años 70, revistas de editorial Novaro, El Eternauta. Tenía bombas.
-¿Bombas?
-Sí, bombas para poner. Ahí entraba en conflicto con mi papá porque no quería que me acercara ahí y cuanto más me sacaban, más ganas me daban. Esto era en el '73, yo tenía 8 años. Mi primo, que era profesor de pintura, me llevaba a las universidades a Bellas Artes cuando estaba tomada por ellos.
Me dio una educación intensa.
Jóvenes militantes
-¿Qué pensás de este debate por El Eternauta?
-Para mi son dos cosas separadas.
El Eternauta es la novela de Héctor Oesterheld, que es extraordinaria. Fue la primera vez que leí un cómic que terminaba mal. Me demolió cuando los convierten a todos los hombres en robots y El Eternauta queda girando en un continuum para siempre. El 'Nestornauta' es una falta de respeto a todos los chicos que murieron en los '70 peleando por cosas extraordinarias.
"Lo que se sigue manteniendo es que hay gente que no tiene nada, ni para comer, ni para dormir. Hay una gran pobreza"
-¿Qué te parece que se reparta El Eternauta en las escuelas?
-Eso está bien. Yo crecí con la dictadura militar, la dictadura me prohibió un montón de cosas y fue horrible. Un maestro malísimo, demoledor. A partir de ahí todo lo que sucede ahora, aun las discusiones más bizarras, me parecen vitales. Que la política de todos los bandos esté en las escuelas es sano, los chicos después determinan, deciden. Lo veo más como una campaña de la derecha dura, porque para mí el Gobierno es la derecha light .

-¿Ves políticamente movilizados a los jóvenes?

-Hay jóvenes que están movilizados, como siempre lo estuvieron, incluso en la época de la dictadura. Lo que pasa es que no se asocian necesariamente con La Cámpora. Hay un montón de jóvenes por fuera. Mariano Ferreyra era un ejemplo de un joven movilizado, un ejemplo total.
-¿Qué opinión tenés de La Cámpora?
-No podría hablar del fenómeno completo de La Cámpora porque sería como tratar de analizar algo que no conozco completamente. Conozco personas de ahí: hay algunas brillantes y otras acomodaticias, que están ahí porque sí. Me parece que el movimiento tendrá que dar la pelea para que los que no tengan un camino de corazón sean expulsados. Tampoco es que son todos pibes malos. Eso sería lo mismo que dividir la literatura entre Borges y Artl, Menotti y Bilardo. Ese tipo de binarismos son completamente improductivos. Sí me parece que la acumulación de dinero como tiene la Presidenta y un montón de gente en este país es inmoral.
-¿Qué cosas se mantienen y cuáles cambiaron de la época menemista?
-Mucha gente que estuvo en el menemismo de alguna manera se ha reciclado en este Gobierno. A su vez, también tanto en el menemismo como ahora hubo y hay una gran libertad. Lo que se sigue manteniendo es que hay gente que no tiene nada, ni para comer, ni para dormir. Hay una gran pobreza. Es una pelea importante la que hay que dar ahí porque, por lo general, la derecha no piensa en repartir nada.
-¿Discutiste fuerte con algún amigo por política?
-Tengo un montón de amigos que se hicieron kirchneristas y se volvieron personas muy serias; a mi me parece que volverse serio es un error total. Pero igual son mis amigos, los quiero mucho. Prefiero que sean kirchneristas y no macristas, pero preferiría que no fueran tan serios. A su vez, hay otras personas, amigos intensos que son K y son muy críticos. Eso es lo que se debe mantener: tener la ideología en grado de pregunta. Pero hay amigos con los que hay cosas de las que no se puede hablar, militarizaron el alma.
-Escribiste críticamente sobre fútbol free vs hambre cero, ¿por qué los comparás?
-Me parece bueno que toda la gente pueda ver fútbol, pero más importante es que todos tengamos acceso a la salud, a la educación. Pero eso parece más impopular porque, como dice
Spinoza, las personas luchan con uñas y dientes por ser esclavos, no luchan por su libertad. Si no, no se explica por qué Tinelli, Pergolini, Rial y Lanata son los pensadores más grandes de nuestro país. Esas cuatro formas de ver el país, de derecha, son nefastas para mí.
"Me parece bueno que toda la gente pueda ver fútbol, pero más importante es que todos tengamos acceso a la salud, a la educación. Pero eso parece más impopular"
-¿Por qué?
-Porque piensan solamente en sí mismos. Son todos esclavos, pura representación. Cuidan su imagen. No entregan nada. Es horrible todo eso.
Maradona vs. Messi
-¿Qué es el gordismo?
-Escribí sobre eso por el mundial. Maradona, el gordismo, la nacionalidad. Cuando se empieza a hablar de la sangre, que un jugador es diferente porque es argentino es muy improductivo. Durante el mundial 78 yo era muy chico y grité los goles, me volví loco y cuando pasó el tiempo y pensé en eso me pareció horrible. Entonces, siempre la idea de país metida en el deporte de una manera tan chauvinista a mi me hace mucho ruido.
-¿Qué contrastes encontrás entre Maradona y Messi?
-Messi, por lo que se puede saber, es una persona que no tiene la tentación de la representación. Necesariamente tiene que aparecer en un lugar físico y lo tienen que ver, pero creo que si pudiera jugar siendo invisible le gustaría. Ese es un logro de él. Maradona, en cambio, si no está en los medios no lo soporta. Tiene toda esa cosa de la adulación. A mí me parece que la gente que se rodea de aduladores son personas que se debilitan.
-¿Cómo es tu relación con el fúbol?
-Soy fanático de un club, San Lorenzo. Por ejemplo, el otro día me encontré con [Leandro] Romagnoli, le di un beso, le dije que lo amo, estábamos con
Viggo Mortensen. Me puedo permitir eso. Para mi encontrarse con Romagnoli es como para otro ver a Bob Dylan. Pero hay cosas que tienen un límite: la violencia, la estupidez en torno al fútbol. Me parece que en un país culturalmente más interesante las cosas empiezan a ocupar un lugar más tranquilo, no por eso menos intenso.

-¿Qué recuerdos tenés en la cancha con tu papá?
-El me llevó a dos lugares increíbles. Mi papá era representante, asistente personal de Alberto Olmedo. Entonces, cuando Alberto estaba en Mar del Plata íbamos con mi papá y veraneábamos todos juntos. Ahí una vez cuando era muy chiquito mi papá me llevó de la mano por una calle y vi el mar por primera vez en colores. Eso me produjo un shock. Lo mismo me pasó cuando me llevó de la mano al Gasómetro de San Lorenzo. En esa época el fútbol se veía sólo en blanco y negro. Yo entré y vi la cancha verde, el cielo celeste, los jugadores con el color rojo y azul y me impactó mucho. Son dos recuerdos impresionantes para mi y están asociados siempre.
-¿La amistad con Mortensen también se da por el fútbol?
-Mortensen dice algo que para mi está buenísimo: dice que el club es su familia. Uno carga combustible cuando es chico y la calidad del combustible que cargues en ese momento es lo que te va a determinar cómo sos cuando las papas quemen. El vivió sus primeros ocho años en el Chaco. Cargó combustible ahí. Estaban justo
Los Matadores, un equipo descomunal, como el Barcelona. Y eso a él le dio una especie de ontología, le dio un ser en múltiples cosas: porque es una persona muy inquieta y es un eterno principiante, con mucha humildad. En karate está bueno ser eterno principiante, él es así. Siempre está atento para aprender. No es esclavo.
-¿Qué te da el karate?
-Me da algo en contra de la melancolía. Es como aprender un nuevo idioma con el cuerpo. Y la pasé mal porque te pone en un estado de pobreza, de incertidumbre. A la vez me encantó eso. También te ocurre algo real: te produce endorfina, entonces, cuando empezás a hacer karate, esos días son increíbles. Estas re bien de ánimo.
Schopenhauer decía que lo mejor que le podías desear a alguien es que tenga un buen estado de ánimo, la persona que lo tiene no necesita nada más, es una bendición. Yo no lo tengo, tengo que trabajar para tenerlo.
"Tengo un montón de amigos que se hicieron kirchneristas y se volvieron personas muy serias, hay cosas de las que no se pueden hablar, militarizaron el alma".
-¿Por qué tu último libro se llama Breves apuntes de autoayuda?
-Muchas de las personas a las que les di a leer ese libro me dijeron que les transmití cosas que les sirvieron, porque a partir de ahí salieron a buscar otros libros, otros autores ahí citados, otros músicos o películas. Eso me pareció genial porque a mí me pasa así con otros libros que leo o con amigos que te recomiendan algo, te abren el oído. En ese sentido, es un título en broma, como diciendo: 'Esto me ayuda a mi a vivir'. Y tiene humor porque creo que un gran antídoto es la risa. A determinadas cosas, con determinado nivel de horror si no produce risa te volvés loco.

Tinelli y la pastilla azul

-Hablás en un ensayo del tinellismo: ¿cómo lo definís?
-El tinellismo es capitalismo salvaje. ¿Viste que Morfeo, de Matrix, ofrece dos pastillas? Con una te despertás, con la otra te dormís. Con la que te dormís es Tinelli.
-¿Te preocupa cuánto habla Cristina Kirchner por cadena nacional?
-Me es indiferente. La televisión está ocupada con tantas estupideces que la cantidad de cadenas nacionales no me importan para nada. Esas son las críticas más estúpidas. Hablan de la banalidad de la derecha, que no puede discutir las cosas que le hacen cambiar la vida a la gente..
Quién es Casas
Fabián Casas nació en Buenos Aires en 1965. Publicó los libros de poesía Tuca (1990), El Salmón (1996), Oda (2003), El Spleen de Boedo (2003) y El hombre de overol (2007), todos ellos incluidos en este volumen junto con el inédito Horla City. Publicó también los libros de ficción Ocio (2000, reeditada en 2007), Los Lemmings y otros (2006), Ensayos Bonsai (Emecé, 2007), Breves apuntes de autoayuda (2011). En 2007 le fue concedido en Alemania el prestigioso premio Anna Seghers. En 2010 se estrenó la
película Ocio, basada en su novela y dirigida por Alejandro Lingenti y Juan Villegas.
Link: http://www.lanacion.com.ar/1505287-las-personas-luchan-por-su-esclavitud-por-eso-tinelli-y-lanata-son-los-pensadores-mas-grande#comentar

miércoles, 29 de agosto de 2012

Fútbol para casi todos

Muy buena nota.



Por Martín Kohan

El fútbol no es para todos. Los hinchas de clubes del ascenso tienen, desde hace años, prohibida la concurrencia a los partidos que sus equipos juegan en condición de visitantes. La razón de esa medida es muy simple: los funcionarios estatales empleados para dar protección a esos ciudadanos se declararon incapaces de cumplir su cometido. Lo curioso es que, confesada tal incompetencia, no procedieran a presentar su renuncia; en vez de eso, prohibieron a las personas afectadas que asistieran a ver los partidos. No pudiendo asegurar su integridad, que es la función que tienen, decidieron desalojarlos y suprimirlos. En las categorías superiores, mientras tanto, las barras bravas se mantienen gozando la impunidad y los hechos de violencia se suceden visiblemente.
Los goles, seamos sinceros, no aparecen ni desaparecen. Los goles se ven o no se ven, se gritan o no se gritan. Los del ascenso no se ven. Y si son del equipo visitante, hay que decir que tampoco se gritan. Tristeza da ver al puñado de jugadores que festejan, ensayando los bailoteos y morisquetas de rigor, de cara a una tribuna completamente vacía. Un silencio los abruma: el de los hinchas faltantes. Ese tiempo, el de la fiesta, sucumbe a la melancolía: transcurre bajo un halo de patéticas ausencias.
A nadie escapa que el fútbol es cosa de mayorías: procede por prepotencia numérica, se regula por el poder de los más fuertes, y no demuestra mayor sensibilidad por el tema de las minorías sociales (la homofobia y la xenofobia cunden en las tribunas, y no es extraño que allí se ejerza un racismo socarrón). No obstante el fútbol alberga a sus propias minorías. Son ésas: las de los clubes del ascenso. El afecto que suscitan está menos extendido, pero no es menos intenso, que el de los clubes más poderosos. La violencia que puede aquejarlos no es distinta a la de esos clubes que, mayoritarios, no tienen sin embargo restricciones para acceder a los estadios. La otra noche, según se informó, hicieron una marcha a la AFA para reclamar por esta situación. No eran demasiados, según las escalas usuales. Tal vez no les hagan caso.
Cuando River, que tiene bastantes seguidores, descendió al Nacional B, decidieron cambiar la norma que prohíbe la asistencia de los hinchas visitantes en esa categoría. Como si el destino de las minorías fuese quedar a la espera de que acudan las mayorías a redimirlas, y no a ser contempladas y respetadas de por sí, tratadas en pie de igualdad con los demás.

Link: http://www.perfil.com.ar/ediciones/2012/8/edicion_704/contenidos/noticia_0013.html

La trampa de la reelección eterna

Excelente.



Por Beatriz Sarlo | Para LA NACION

Cuando desnudó su deseo de una "Cristina eterna", la diputada Diana Conti hizo pedazos una máxima política: "Si quieres fundar algo durable, no pienses hacerlo eterno". La Presidenta, en ese momento de 2011, anterior a su segunda candidatura, respondió de manera más coloquial: "No se hagan los rulos". Hoy, los rulos empezaron a adornar la cabeza de muchos.
Carta Abierta dio a conocer su posición , precedida de un debate interesante que puede verse en su canal de YouTube. La reciente Carta XII es extensa, un balance del kirchnerismo, indispensable para llegar armoniosamente a los párrafos finales, donde "la lógica y la epistemología que hagan imposible un retroceso" ponen en el orden del día la reforma de la Constitución.
Más sofisticados que Diana Conti, los intelectuales de Carta Abierta enmarcan sus deseos: "Rediseñar las magnas normas para que coincidan con los procesos de transformación que suceden en varios países de la región, viabilizando, en algunas de esas experiencias populares, la eventual continuidad democrática de liderazgos cuando éstos aparecen como condición de esta inédita etapa regional". Traducido a prosa vulgar: asegurar a quien sea presidente la posibilidad de seguir siéndolo. A esto renunció Lula. Le faltó una Carta Abierta que sostuviera su "continuidad". Pero Dios es brasileño, y a ese país no le faltó una candidata como Dilma Rousseff.
Julio Pereyra, intendente de Florencio Varela, le puso una teoría más sencilla al movimiento Cristina-para-Siempre: "Un país es verdaderamente justo cuando cada ciudadano puede votar a quien desea, cuantas veces quiera", dijo. Y continuó: "Cristina dejará de ser nuestra líder cuando el pueblo lo decida, y no cuando la Constitución lo determine". La Constitución no le fija plazos a los liderazgos. Por lo tanto debe entenderse que Pereyra se refería a la presidencia de la nación. Quiso decir: Cristina será presidenta hasta que el pueblo quiera, no hasta lo que indica la Constitución. El esfuerzo teórico y epistemológico de Carta Abierta y la declaración de Pereyra van contra los enemigos de las Grandes Transformaciones, que interponen sus leguleyas argucias formales entre el pueblo y el ejercicio de su soberanía.
La Constitución, al negarle a Cristina Kirchner un nuevo mandato, se convierte en cárcel de los deseos soberanos del pueblo. El espíritu popular termina esclavizado por las formas muertas de la institución. La fuerza innovadora y vital quedaría así subordinada a una convención formal.
La soberanía del pueblo está, como lo afirmó Rousseau, por encima de cualquier contrato: "No hay ni puede haber ninguna ley fundamental obligatoria para el cuerpo del pueblo, ni aun el mismo contrato social". Los de Carta Abierta son doctos, pero es una novedad que Julio Pereyra esté leyendo a Rousseau. Cuando escuché su frase, tuve la alegría de comprobar que no sólo el decálogo populista del siglo XX ha fecundado el pensamiento de los intendentes bonaerenses, sino también los clásicos de la filosofía política. Pereyra, de manera más sencilla, pero no menos filosófica que Carta Abierta, señala el camino.
Cuando Cristina Kirchner y otros que hoy quieren cambiar la Constitución fueron constituyentes en 1994, ni ella era presidenta ni los otros se sentían tan parte del gobierno (apenas si eran menemistas de primera o segunda línea). No sucedió hace medio siglo, ni durante un régimen tiránico. Pero las cosas cambiaron y también la soberanía del pueblo cambia a un ritmo infernal. Nadie mejor que la Presidenta para leer los cifrados mensajes de ese Pueblo. Por eso es Líder. Los malintencionados pueden recordar, justo en este momento, otra frase de Rousseau que advierte sobre los males que se aproximan cuando se concentran en los mismos hombres (y mujeres; digamos, en los mismos seres humanos) la autoridad legislativa y el poder soberano.
Son todas antigüedades del siglo XVIII. La Argentina peronista y la Argentina antiperonista nunca las respetaron mucho. Por otra parte, es una exageración decir que Cristina Kirchner concentra la autoridad legislativa y el poder soberano. Apenas si imparte órdenes que son obedecidas, pero ella no se sienta en el Congreso ni tiene su despacho allí.
En fin, acabemos con estos dilemas. No estamos instalados en los melancólicos anillos de Saturno, sino acá en la Tierra. Hablemos en términos concretos. Néstor Kirchner había diseñado una rueda de la fortuna sencilla y perfecta que transportaba a ambos cónyuges, quienes intercambiaban lugares en ese círculo potencialmente eterno. La muerte de Kirchner fue un duro percance de esa eternidad. Sin Néstor, el círculo se convirtió en una recta cuyo punto de llegada es 2015.
Si Cristina es la única que puede garantizar la continuidad del proyecto, queda abierto un interrogante: o se deja caer el proyecto en una decadencia final, que sólo regocija a los enemigos de la patria, o hay que quitar los obstáculos legales que impiden que el proyecto siga bajo su dirección única. El pueblo aprueba y necesita el proyecto. A su vez, Cristina es la única que puede dirigirlo. Si se respetara la letra de la Constitución, el pueblo quedaría debilitado, despojado de su soberanía mediante el ardid de un formalismo abstracto.
Los que se oponen a una reforma de la Constitución se oponen a la voluntad general, que se medirá según los porcentajes de las elecciones de 2013. En Santa Cruz, Kirchner obtuvo la reelección indefinida mediante el sencillo trámite de una consulta popular, que ganó con el 57% de los votos, y una veloz asamblea constituyente, de la que se retiró la oposición, pero que debe haber tenido un trámite interesantísimo ya que participó de ella Cristina Kirchner (también estuvieron Héctor Icazuriaga y Carlos Zannini). Lo que pudo lograr un gobernador de provincia, ¿por qué le está negado a la Presidenta?
Hay otra línea de razonamiento para buscar el triple mandato (o el mandato infinito). Esa línea es menos filosófica y encara pormenores más concretos. Cristina no tiene sucesión porque su cuñada Alicia no mide en las encuestas, su jefe de Gabinete Abal Medina tampoco, y los esfuerzos por dar vibración al nombre de Máximo todavía le suenan inverosímiles incluso a los miembros de la familia. Boudou, que estaba en carrera, se lesionó al tropezar con los cordones mal atados de sus propias zapatillas. La Presidenta no es culpable de que ni su cuñada ni su hijo sean las figuras adecuadas; tampoco tiene una responsabilidad sobre el escaso atractivo de Abal Medina.
Pero es la única responsable de que Boudou sea vicepresidente. Ella hizo esa jugada temeraria. Si en lugar de Boudou hubiera elegido a alguno de sus representantes distinguidos en el Congreso, no tendría tan cerca a un hombre de conductas inciertas, en el mejor de los casos un sospechoso. Fue la Presidenta la que habilitó a Mariotto para que avanzara sobre Scioli, y en esa misma jugada perdió otro hombre, cuyo máximo pecado no es ser de derecha sino tener una popularidad relativamente independiente del carisma que desciende desde la Casa de Gobierno. De todos modos, muchos vetaban a Scioli desde mucho antes.
La Presidenta es la responsable del peligro que sus seguidores anuncian si ella no puede ser reelecta en 2015. La noche en Olivos en que Cristina "destapó" a Boudou, mientras se abría una puerta por la que entraba un viento del Sur y en sus ráfagas traía la presencia inmaterial del mismo Néstor, esa noche de soberbio solipsismo cristinista, se fabricó el escenario sobre el que hoy estamos bailando. Con otro vicepresidente, elegido con más inteligencia y menos aislamiento personalista, Cristina Kirchner podría despreocuparse un poco de la sucesión. Salvo que la sola idea de ser sucedida por alguien le resulte intolerable. Salvo que los mariscales de La Cámpora piensen que lo único que les garantiza el empleo es la continuidad de esta presidenta.
En las reuniones donde Carta Abierta discutió el borrador de la número XII, María Pía López, miembro distinguido del nucleamiento, dijo: "Yo creo que la reforma es urgente fundamentalmente, hay que ser muy explícito, porque está en juego la continuidad de este gobierno y porque el kirchnerismo no tiene otro candidato que Cristina Fernández de Kirchner. Porque este proyecto político no puede ser continuado por personas como Scioli y porque hasta el momento no ha surgido un candidato alternativo. Podemos discutir todo lo que queramos acerca de la necesidad de las reformas legales, las transformaciones sociales, etc., pero creo que hay que ser muy explícito en la necesaria defensa de la cláusula reeleccionista. No hay otro candidato, por lo menos en este momento, dentro del movimiento político que acompañamos".
Creo que toda ley puede ser cambiada, reformada o derogada . Como Carta Abierta, creo que es necesario abrir el debate sobre nuevos derechos y perfeccionar las formas de representación. Sostener lo contrario implica una perspectiva estática y conservadora. Pero, ¿es progresista la reelección ilimitada? Finalmente, para disipar desconfianzas, ¿por qué a la reforma de la Constitución no se le pone una fecha que haga imposible sospechar que las buenas intenciones son el envoltorio estético de la reelección de Cristina Kirchner?

viernes, 17 de agosto de 2012

El desánimo que inquieta al Gobierno

Por Alberto Fernández  | Para LA NACION


En la Justicia se investiga el vínculo que une a Amado Boudou con los adquirentes de la única empresa que en la Argentina es capaz de imprimir moneda de curso legal. Aparentemente, las pruebas acumuladas parecen corroborar esa relación y la misma actitud del vicepresidente, que siendo ministro de Economía recomendó a la AFIP favorecer a esa imprenta con un plan de excepción para que pudiera saldar la deuda que registraba con el fisco, parece querer cerrar el círculo de la sospecha.
El avance de la pesquisa deparó hasta aquí insólitos resultados. El fiscal que investigaba fue desplazado, el juez que intervenía recusado y el procurador general debió renunciar cuando el mismísimo Boudou cargó sobre él una serie de inconductas que jamás ocurrieron, según podemos saber hoy.
Los legisladores oficialistas han acompañado pasivamente la protección desplegada para encubrir al vicepresidente
Todas las explicaciones brindadas por el sospechado fueron contradichas. Nadie ha podido ver en sus descargos más que palabras destempladas propias de quien, sabiéndose desenmascarado, carga contra el mundo.
La Presidencia avaló una y otra vez el proceder de su vicepresidente, tal vez para no admitir el error que significó elegirlo para ocupar semejante cargo. En esa tesitura, hasta intervino la imprenta y propició su estatización.
Los legisladores oficialistas han acompañado pasivamente la protección desplegada para encubrir al vicepresidente. Lo mismo han hecho ante la propuesta estatizadora de la imprenta, tal como suelen hacer ante cada iniciativa presidencial. Como ya es habitual, sin reflexionar sobre nada de lo que se propicia, se han limitado a obedecer un mandato que, cuanto menos, mereció ser revisado.
El cuadro parece perfeccionarse con un dato que, si no fuera por lo trágico, bien podría sonar risueño: la sesión del Senado que trató la estatización de la imprenta cuestionada fue presidida por el mismo sospechado de haber participado en la maniobra.
Es penoso observar que desde la cúpula se articulan las acciones que buscan favorecer la impunidad
No es casual que se haya reparado en el hecho que involucra al vicepresidente para intentar explicar el desánimo que atraviesa a parte de nuestra sociedad. Es muy negativo descubrir que en la cúspide del poder se procede de ese modo y mucho más penoso observar que desde esa misma cúpula se articulan las acciones que buscan favorecer la impunidad.
Siempre la impunidad produce desazón. La misma desazón que genera ver salir de la cárcel para su solaz al "pibito" (así lo trata la Presidenta) que diez días antes había sido condenado por haber matado a la madre de sus hijos quemándola viva. La misma desesperanza que provoca escuchar el elogio a los "barrabravas" que en sus disputas se llevaron la vida de tantos argentinos. El mismo resquemor que se siente cuando de la boca presidencial emanan "escraches" a personas que sólo expresan su disidencia. El mismo desaliento que causa advertir que desde el mismo gobierno que niega la inflación, se afirma que en nuestro país una persona puede vivir gastando tan sólo seis pesos diarios. La misma impotencia que provoca ver la indiferencia gubernamental ante un prolongadísimo paro de subtes que privó de transporte a cientos de miles de personas que a diario se movilizan sólo para trabajar. El mismo malestar que asoma cuando se desfinancia un banco público con el sólo propósito de dañarlo.
Nada desanima más a un pueblo que descubrir que el poder se ha encerrado en sus lógicas tratando de hacer prevalecer un relato que poco o nada se concilia con la realidad. Por virulentos que sean los discursos que se emiten o grandilocuentes los actos que se organicen, gran parte de la conducta del Gobierno parece confirmar la vigencia de la peor Argentina y no de la que se afirma estar construyendo.
La Presidenta debería saber que un número importante de argentinos está decepcionado por el presente y tal vez alguien debería advertirle que un número también importante de sus propios votantes ven preocupados la distancia que separa a sus análisis verbales del devenir cotidiano.
Nada desanima más a un pueblo que descubrir que el poder se ha encerrado en sus lógicas tratando de hacer prevalecer un relato que poco o nada se concilia con la realidad
A diferencia de lo que la Presidenta dice, la cadena del desaliento no tiene su génesis en las páginas de los diarios en las que, en el peor de los casos, se reflejan y potencian los dislates de su política. La cadena del desaliento no se construye con noticias. Se construye, precisamente, con los muchos traspiés gubernamentales. La protección de los sospechados y en la impunidad de los poderosos; el falaz respeto a las libertades individuales mientras se sanciona una norma que las castra tras el falso propósito de reprimir al terrorismo. La exaltación de los que alejan del fútbol a los argentinos; el creciente déficit de las cuentas públicas y en la negación de una inflación que impiadosa carcome la capacidad de consumo de los que viven de un salario; la desaprensión con que se enfrenta la inseguridad ciudadana; el cinismo de desatender conflictos gremiales para profundizarlos en perjuicio de un gobierno local y la perversión de desfinanciar al banco público de una ciudad que le resulta políticamente adversa, son meros eslabones de esa cadena que quita el sueño a la Presidenta. No son noticias. Son decisiones de su gobierno
Si la política es el arte de administrar la realidad, es imposible ejercerla ignorándola, tergiversándola o negándola
Es verdad que la desazón ciudadana mina la confianza en los que gobiernan. Tan cierto como que quien gobierna mina su suerte si confunde la misma realidad sobre la que debe operar. La gente deja de creer en los gobiernos cuando advierte que quien está llamado a atender sus inquietudes y resolver sus problemas se muestra ajeno y distante de cualquiera de ellos.
Pretender construir otra realidad con palabras profusamente difundidas a través de cadenas oficiales, no basta para minimizar u ocultar los desaciertos. Porque, al fin y al cabo, si la política es el arte de administrar la realidad, es imposible ejercerla ignorándola, tergiversándola o, lo que es peor aún, negándola. Cuando eso sucede, el desánimo se propaga. Y es ese desánimo el que parece que inquieta a quienes gobiernan.
El desánimo desaparece en el mismo instante en que el ciudadano advierte que quienes gobiernan corrigen sus errores y asumen los problemas para superarlos. Sin duda que el Gobierno puede hacerlo modificando la idea de que la causa del desasosiego está en el papel de los diarios, en el éter de la radio o en las pantallas televisivas, y admitiendo que, contrariamente a lo que piensa, el desasosiego crece allí donde la gente encuentra escollos para lograr una vida mejor y nadie se ocupa de eliminarlos.
Si el Gobierno no lo hace, seremos otros lo que lo intentaremos. Pues al fin y al cabo, no es difícil hacerlo. Se trata simplemente de entender que, como se ha dicho, la política es el arte de administrar la realidad. No la de negarla.

Link: http://www.lanacion.com.ar/1499832-el-desanimo-que-inquieta-al-gobierno

Libros sin fronteras - Por Tomas Abraham

Libros sin fronteras (Disertación de apertura Feria del Libro Pcia Corrientes)



La importancia de ser lector
Pertenezco a una generación para la que la lectura era un símbolo de prestigio cultural y de respeto individual. Recordemos que el presidente Arturo Frondizi se jactaba de leer un libro día por medio, y que sus hermanos tenían la talla intelectual de Silvio Frondizi y del académico Risieri Frondizi.
Quien leía trasmitía sin duda un tipo autoridad basada en alguna leyenda indescifrable, parecía el guardían de un arcano secreto que imponía silencio a su alrededor y lograba el reconocimiento de haber ascendido a un sitio envidiable por lo codiciado.
Se decía que una persona era leída – un modo pasivo de definir a quien se presentaba como depositario de un recurso importante – y cuando se elogiaba a un joven se comentaba que leía. Tener un libro en la mano más aún cuando esa mano era la de una persona joven no dejaba de ser una señal de un ser especial. Hasta tal punto que en épocas de dictadura como por ejemplo aquella tan preocupada por los efectos perniciosos que la cultura podía tener en la sociedad como fue la del General  Onganía, leer, tener barba y estudiar filosofía, eran certificados de peligrosidad y de sospecha permanente.
Por supuesto que no todo el mundo pretendía entrar a una librería o a una biblioteca  cuando la vida o el ocio así se lo permitían, no era un horizonte de atracción masiva, pero sí una meta y un ambición elitista y selectiva que ponderaba algunas virtudes, se hacía eco de determinadas necesidades y soñaba con supuestas glorias.
La virtud consistía en tener acceso al conocimiento, y el conocimiento era un valor destacable. Quien más sabía, más podía y más era. Saber, poder, y ser. Por otra parte, la necesidad se fundamentaba en la constatación de que las autoridades legítimas nos mentían y que trataban de domesticarnos. Los padres, los pastores religiosos, los profesores, los militares, los abogados, los médicos, la policía, los representantes de la investidura que componía el entramado reticular de los discursos del poder, engañaba, y la salida liberadora consistía en la apropiación del saber para demistificar esas palabras astutas, en apariencia terminantes, que nos dejaba, a nosotros, a aquellos jóvenes, sin palabras.
Por último, la gloria soñada era inocente, ingenua, aunque pudo con el paso del tiempo convertirse en un elemento delicado por su grado de inflamabilidad, porque de ser un faro que guía a una humanidad de naúfragos de acuerdo a la idea de Genio que legó el romanticismo, el hombre de las letras se hace depositario de una verdad por la que exige entregar la vida, no sólo la suya sino la de todos, adeptos y disidentes.
Cuando hablamos de Modernidad y cuando pronunciamos la palabra  Ilustración no hacemos más que referirnos a este compuesto de ideales que luchó por hacerse un lugar en un cosmos ordenado en base a una jerarquía trascendente, invisible, y sólo ella verdadera, representada por castas que aunaban el símbolo mítico-religioso y el poder militar. Este orden indestructible por dos milenios, desde la cultura antigua hasta las habilidades de la escolástica medieval, se fisurará en tres pedazos que provocan la gran dispersión que sella el final de los tiempos eternos de aquel Dios.
Cristóbal Colón y los grandes navegantes, Lutero y las sectas puritanas,  Galileo Galilei  con el ingreso del nuevo ojo mecánico que acerca a los sentidos lo que antes era sólo imaginable, producen esa grieta llamada modernidad cuyas sucesivas transformaciones no dejarán por eso de evocar ese primer gesto que modifica de raíz la concepción del tiempo y del espacio que se tenía de lo que se conocía por civilización.
El mundo ensanchado y vuelto sobre sí, el Cristo dividido y la Luna auscultada, hacen mella en el Uno de la Verdad, y la multiplicidad infinita no tendrá otro cancerbero que la aventura del conocimiento.
Conocemos la leyenda del Fausto que desde Christopher Marlowe a Goethe nos habla de la insaciabilidad de quien aspira al saber y de quien no quiere morir, ambos conjugados en el amor absoluto por la mujer ideal.
Fue fundacional de una civilización el mito de Prometeo que cuenta la historia de la humanidad como resultado del acto de un traidor a la causa divina que roba el fuego y se lo da a esa especie de seres inferiores llamados hombres para que cuezan el barro, cocinen la carne animal, y templen el metal.
Estos dos personajes de la literatura de todos los tiempos, nos dicen que quien aspira al conocimiento es un transgresor. Los mitos mesopotámicos lo ilustran. Quien quiere saber peca de soberbia, se iguala a los dioses, y sucumbe por su desmesura. La tragedia griega lo narra en Edipo como en Antígona.
Para saber es necesario tener coraje, no es un gesto gratuito ni una iniciativa ligera de tomar. Sócrates pertenecía a un mundo – el primero en la historia de la humanidad – en el que los hombres de una sociedad que se autodefinía como “política”, se arroga el derecho de darse a sí misma sus propias leyes. Fue la primera separación entre el cielo y la tierra, entre el eje vertical de los sistemas palatinos y la circularidad de la palabra pública ejercida en las asambleas.
Emmanuel Kant en su texto “¿Qué es la Ilustración?” anuncia a fines del siglo XVIII, hace poco más de doscientos años, que ha llegado la época en que la humanidad debe tener el coraje de saber, y que para tenerlo es necesario que se despoje de las tutelas en las que depositaba esa tarea.
El filósofo alemán afirma que la madurez es una actitud que se consigue por un gesto liberador de la custodia de los que se dicen autorizados por el saber: médicos, pastores, hasta llegar a mencionar a los libros como almohadones para el reposo de quien pide que otros piensen por él. Pero no se trata de despreciar el conocimiento sino de usarlo luego de un trabajo personal, de un desafío a las certezas inducidas y a las verdades sagradas que imponen la obediencia debida y la lealtad a los mandamaces encumbrados en el poder.
La gramática cuestionada
¿Se acuerdan de la palabra `autodidacta´? Educarse a sí mismo. Este propósito no implica desprecio alguno hacia los maestros – todo lo contrario – sino el hecho de que el estudio es un trabajo personal ineludible bajo la conducción sutil de un maestro.
Lo que el docente trasmite no es tanto un cúmulo de conocimientos clasificados y una nomenclatura de sostén para expresarse con propiedad, sino su modo de aprender que incluye sus equivocaciones. La enseñanza es el puente que se construye entre aprendices y estudiosos de generaciones sucesivas en el que se instruye a aceptar el error de quien ensaya y experimenta incansablemente.
Hoy se dice que la era de la gramática ha fenecido. Se sostiene que los modos de acceso al conocimiento ya no necesitan del lenguaje verbal ni de sus expresiones escritas. Nos anuncian un cambio civilizatorio. Bienvenido sea, si tal presagio tiene contenido. El temor al cambio y la conservación de lo adquirido no siempre resguardan valores imperecederos. Todas las culturas tienen fecha de vencimiento.
Filósofos de hoy, uno de los más interesantes, Peter Sloterdijk, dice que el humanismo de las letras ya no es el ideal comunicacional de nuestros días. Nos pide que dejemos de lamentarnos por esa pérdida. Escribir, o leer, no son actos naturales. No por eso llama al analfabetismo sino a una nueva concepción del saber con sus novedosas herramientas.
Lo que el filósofo alemán parece evocar es una nueva revolución galileana como aquella que descabezó las artes liberales de su trono humanista mediante la sustitución de la retórica, la gramática y la lógica de su sitial escolástico por la nueva verdad de la ciencia físico-matemática inscrita en las leyes naturales.
La novedad del día ya no reside en la conformación de un mundo estructurado según el paradigma clásico del siglo XVII, la mathesis universalis, es decir una clasificación del orden de los seres desde lo infinitamente pequeño a lo infinitamente grande de acuerdo a sus diferencias y semejanzas, esa idea de que el todo podía ser visible y calculable para la mente humana con el fin de la transformación de la naturaleza para la felicidad en esta tierra, sino en la revolución de las ciencias biológicas que ya no hablan del mundo sino de la vida.
Para Sloterdijk hay un nuevo lenguaje que se inaugura a contracorriente del humanismo de las letras y de las artes y que dará cuenta de lo que llama Parque Humano.
De todos modos no nos hagamos tantas ilusiones, o, mejor dicho, podemos hacérnoslas por algún tiempo más. Mientras la ética, la política, la economía, no sean calculables y los intentos por elevar su perfil epistemológico para hacerlas disciplinas “duras” padezcan un fracaso tras otro – sabemos lo que valen las predicciones y los predicadores en nuestro mundo en crisis – el discurso verbal o escrito de acuerdo a la arcaica sintaxis seguirán siendo vigentes, y los “relatos” necesarios, al menos para engañar a la gente.
Recordemos que para los fundadores de la filosofía, como Platón, la escritura desnaturalizaba el conocimiento. Poner a disposición de cualquiera un saber delicado, conocimientos que requieren de parte del receptor virtudes comprobadas, se vuelve una apuesta arriesgada si el texto circula en el espacio público en manos anónimas para fines desconocidos.
Platón era muy cauto en cuestiones de democracia. Pero una vez que el mundo de la antigüedad se abre y deja de ser aquella polis griega en donde los asuntos políticos se dirimían de un modo directo en el ágora y en las asambleas, una vez que la figura del sabio pierde lo que Nietzsche llamaba su majestad sacerdotal que hacía de la Voz la emisión oracular de una verdad sólo mostrada de sesgo por el temor que producía, una vez que la ciudad griega se hace metrópolis y los espacios de confluencia se diagraman de acuerdo a dimensiones imperiales, puntos alejados, sin contacto directo, entonces el texto se hace epístola, carta para aproximar a los lejanos, preceptivas para acercar a maestros y discípulos. El escrito es un envío de amistad, una señal de aproximación, un llamado a la escucha que se hace lectura.
Leer, entonces,  es recibir un  mensaje de un amigo. Esta concepción del texto es una remisión muy antigua sobre el escenario en el que nace la filosofía, palabra que en su composición reúne el saber con la amistad, el amor con el maestro.
Leer no es lo mismo que estudiar
Pero no se trata sólo de una forma de la afección. Un texto no es un abrazo. Tampoco es una forma de estar conectado. Un texto se compone. Es lo primero que me enseñaron en la facultad cuando ingresé creyendo que un  libro era una caja que al abrirla contenía un mensaje como si fuera una mariposa que se libera con la lectura.
Leer no es lo mismo que estudiar. Estudiar es leer de otro modo. Tiene etapas. Se estudia – me refiero al campo de las humanidades, aquel en el que el alfabeto aún tiene sus prerrogativas al menos hasta que la ingeniería genética, la farmacología y la biología avanzada no se apliquen al comportamiento y constituyan la primera ciencia social digna de ese nombre – con un lápiz, se escribe el texto que leemos, anotamos en los márgenes, subrayamos, destacamos las principales líneas de fuerza y las apartamos en hojas o fichas de lectura, organizamos los temas, prestamos atención a las fuentes bibliográficas del autor y a quienes señala como sus maestros, ponemos en una balanza sus preferencias como sus rechazos, sus remisiones a determinadas tradiciones, en qué y en quien se legitima, contra quién piensa y escribe.
En una palabra: conversamos con el autor. La palabra conversación es parte de la historia que relata las vicisitudes del arte interpretativo, que se conoce como hermenéutica, lo que no significa deponer arma alguna ni una permisibilidad blanda, ni la tolerancia como aceptación de la alteridad o del diferente.
Este modo de interacción necesita de la libertad del lector que una vez respetada la distancia que todo texto impone para poder leerlo, distancia que mitiga el apuro por  volcar sobre él nuestras ansiedades, no usarlo de espejo de nuestros deseos, evitar reducirlo para conformar nuestras certezas por no decir nuestros prejuicios, una vez hecho el trabajo de lectura, discutimos el texto, nos involucramos en él, vemos despertar en nuestra mente imágenes de pensamiento que nos descubren mundos nuevos, hacemos de la lectura y de nuestro vínculo con el autor, un desafío, un hilo cinchado por tensores.
Palabras conocidas de la tradición como debate, disputa, polémica, controversia, diálogo, son manifestaciones variadas del ejercicio de la lectura.
Por eso la lectura requiere humildad, lo que no quiere decir modestia ni falta de atrevimiento, sino perseverancia, constancia, el día a día del trabajo que se mejora a sí mismo por su dedicación activa.
Leer es una tecnología muy antigua, poco tiene que ver con lo que se dice y festeja con las nuevas tecnologías. Hay quienes tienen una concepción algo frívola de las  nuevas tecnologías. Creen que lo principal es estar conectados, como si fuéramos aparatos domésticos que funcionan a corriente continua. La lectura es una labor solitaria. Se practica en el silencio. Requiere concentración. Estamos solos pero en nada aislados. Nos habla otro. Muchas veces nos habla un grande, un hombre superior, pero no en el sentido de que es un santo, ni un héroe, ni un hombre de algún poder, sino un ser de extrema sensibilidad que nos permite despegar nuestras propias ideas, construirlas, percibir el mundo con otros ojos.
Leer es una actividad antihipnótica sin conectividad. No se necesita del libro para llevarla a cabo, las pantallas también lo hacen, pero el libro nos ofrece la sensualidad del tacto, la rugosidad de la materia, el sabor terrestre de la manualidad, y la compañía mágica de un silencio sólido que no calla.
El tiempo de la lectura es un tiempo lento. La lectura en diagonal es para constipados que sólo quieren descargar cuantos antes su necia voluntad de creer que hay un final, o para incontinentes que no logran disfrutar la pausa que impone el placer del texto. No se hojea ni se solapean las páginas, salvo que se usen los libros para tareas de promoción personal y prestigios de sobremesa. Por eso hay que desconfiar de la mediocridad oculta en todo tipo de facilismos que nos hablan de la importancia de la creatividad, de la belleza de la espontaneidad, de la autenticidad del sentimiento, de las intensidades emotivas, y de otras formas de la pereza. Pensar es un trabajo, y es tan necesario como respirar y  para no ser un muerto viviente, como parece desearlo nuestro ministro de educación nacional.
Cuando un responsable de la educación quiere ser partícipe del jolgorio de ocupaciones de colegios y del reclamo de derechos que identifica con supuestos compromisos sociales, lo que en verdad programa es una juventud entregada  e ignorante.
Estudiar es un trabajo, quizás uno de los más maravillosos que se hayan inventado. Tiene que ver con uno de los rasgos que hacen de la especie humana un fenómeno vital interesante: la curiosidad.
Estudiar es una responsabilidad, porque insume recursos de alto costo social que se pagan con el esfuerzo colectivo. El estudiante hace uso de los mismos de un modo gratuito en la escuela pública. Por lo tanto su deber es principal respecto de un derecho que ya ejerce.
Estudiar es un placer. Hoy en día la tecnología le abre a la adolescencia el universo del conocimiento de un modo tal que puede multiplicar sus energías en el aprendizaje de los misterios de la vida y de las complejidades del mundo como mi generación jamás pudo haberlo sospechado.
Imaginemos clases de historia, geografía, biología o física con el arsenal digital y la enciclopedia audiovisual que ofrece la web. Sin embargo, mientras el ministro de educación hace demagogia impune, la deserción escolar en la escuela media llega en nuestro país al cuarenta por ciento. Es una garantía para la pobreza, el atraso, y el abandono de futuras generaciones.
Debemos reinstalar la idea de que estudiar es un oficio. El sociólogo norteamericano  Richard Sennett ha dedicado sus últimos libros ha comprender la idea que subyace en la labor artesanal. La antigua idea de “oficio” por la cual hacer las cosas bien nos hace bien, nos permite respetarnos a nosotros mismos. La idea de oficio bien hecho vinculada a la  de respeto por uno mismo, es la nueva y vieja pedagogía.
Leer sin anteojeras
Decir sin fronteras no quiere decir sin idiomas, sin estilos, sin tradiciones, sino sin anteojeras. Hoy la palabra militancia es la justificación de una actitud fanática, y de una combinación letal para la inteligencia: soberbia con estupidez.
La ideología – si se quiere conservar esa idea de ser depositario de un sistema de representaciones al que se adhiere –  se basa en convicciones mínimas que por lo general no se difunden por altavoz. Tiene que ver con los valores y se muestran en los actos.
Se ha difundido la idea de que todo el mundo aplica su ideología a lo que fuere, que todo es política, que la información y el periodismo son formas de la propaganda, que es lícito mentir si sirve a la causa, que todo vale por el modelo, y una estética de saldo en la adopción de la lamentable pose sobradora que siempre nos ha caracterizado, hoy nuevamente de moda, ante el aplauso de grupos cortesanos.
Se nos educa en el fascismo, que no es un régimen político, sino una cultura política.
Querer colaborar con la transformación del país para que no haya bolsones de miseria y un infradesarrollo humano en salud, educación y vivienda, lograr la plena expansión de las fuerzas productivas mediante la creación de tecnología que permita al país competir en el mercado mundial y ofrecer fuentes de trabajo bien remuneradas, hacerlo sin provocar conflictos internos paralizantes, guerras internas sangrantes, ciclos de avance y retroceso que desgastan a las generaciones y desaniman a las mayorías, construir un país en el que la distribución del poder por vías institucionales no permitan que aspirantes a la tiranía se eternicen en el ejecutivo con manejo de dineros e intimidación propios de sistemas policiales, hacer todo eso requiere de una población con ganas de estudiar, de trabajar, de formarse, de leer.
No hemos construido un sistema político en veintiocho años de democracia, es nuestra principal falencia, es lo que permite nuevas aventuras populistas y mecanismos que desde el Estado coartan libertades. El populismo se define por la acumulación de riquezas para quienes manejan el Estado, la impunidad para estos manejos por la corrupción del poder judicial, la compra de voluntades o la extorsión de las personas, y una masa de pobres asistidos y trabajadores precarizados, que sólo tienen por horizonte la perpetuación del asistencialismo que aseguran de un modo plebiscitario el poder de los jerarcas.
Sin embargo, construir una democracia política no es tarea sencilla en un país en el que el poder concentrado de la riqueza ejerce su peso político en la toma de decisiones gubernamentales.
El argumento a favor del populismo sostiene que en un país que tiene poderes corporativos fuertes y un Estado débil, un gobierno para sobrevivir no puede hacer otra cosa que acumular riquezas, lo que llamamos Caja, y asociarse con sectores del capitalismo vernáculo.
Cuando esta necesidad no pudo colmarse, los gobiernos cayeron o fueron expulsados, cuando el abastecimiento en divisas fue una realidad, como en la década del noventa con lo obtenido por las privatizaciones y las remesas de la deuda externa, o en la actualidad, con el superávit comercial por la explosión de los precios de las materias primas, los gobiernos ejercen hegemonía política.
Por un lado, entonces, riesgo de ingobernabilidad, por el otro opresión despótica. Este es uno de nuestros dilemas más urgentes que nos compelen a pensar una salida emancipadora y constructiva.
Y de pensar se trata para que la acción no se sostenga en sueños de salvación con las correspondientes pesadillas.  Pensar es multiplicar, buscar obstáculos, no huir de los dilemas, tener el coraje de decidir. Cuando así se lo hace, cuando se piensa con libertad, las fronteras, las aduanas, los inspectores, todo eso se evapora, como sucede con todo lo que se disuelve en el aire cuando un libro nos conquista.

Link: http://tomabra.wordpress.com/2012/08/16/libros-sin-fronteras-disertacion-de-apertura-feria-del-libro-pcia-corrientes/