jueves, 12 de julio de 2012

Román y Frankie - Por Tomas Abraham

Posteo la nota de Tomás que me parece muy buena.


Riquelme no es un enganche, es un distribuidor. Iniesta es un enganche. Pirlo es un distribuidor. Toda la discusión acerca de si hay que jugar con o sin enganche es absurda en el caso de Boca. Maxi Morales de Vélez era enganche, Xavi Hernández es un distribuidor. Pipi Romagnoli es enganche. La Araña Telch era distribuidor. Quienes distribuyen el juego lo hacen desde atrás de la mitad de la cancha. Reciben la pelota de los centrales y la juegan a los costados para volver a mostrarse cada vez que un compañero lo necesita. Son los referentes hasta tres cuartos de cancha, la brújula del equipo. Ruedas de auxilio. Están al servicio del conjunto. El enganche cambia el ritmo del juego, siempre se desmarca para recibir el balón y busca a los delanteros para hacer paredes o abrir el juego. Zidane era un enganche genial. No hay enganche sin aceleración. Verón pasó, con los años y por las lesiones, de enganche a distribuidor, pero a diferencia de Riquelme, se jugaba el físico con su esforzado ida y vuelta por el terreno de juego.
Riquelme hacía de distribuidor desde el costado izquierdo de la cancha. Jamás aceleraba. Tocaba hacia atrás o a los costados. Cada vez que recibía la pelota, el equipo se detenía. Jugaba de primera pero lejos del arco. Maradona dio en el clavo cuando le pidió públicamente que se adelantara varios metros porque desde la mitad de la cancha no le servía. Aunque sabía que le pedía un imposible. Desde hacía tiempo su lentitud física no le permitía un despliegue semejante.
Es un absurdo conceptual ser un distribuidor lateral. No se distribuye el juego desde un costado. A veces lo hacía Willington en Vélez, pero era un equipo limitado justamente por esa dependencia hacia un único jugador. Desde esa zona acotada se puede tener la función de ser un buen lanzador como lo era, por ejemplo, Gorosito, o el mismo Riquelme en el equipo de Bianchi, cuando cruzaba la pelota cuarenta metros a Barros Schelotto, que le tiraba el centro a Palermo. Pero nada tiene que ver con un enganche.
Hay jugadores talentosos y otros que parasitan su talento. La velocidad mental de Riquelme y su habilidad le permitían hacer alguna gran jugada, un gol de tiro libre, un pase en diagonal. Disimulaba así que descansaba sobre el recuerdo. La fortaleza física que logró con los años le permitió cubrir y esconder la pelota con la firmeza de su espalda resistiendo la presión de los marcadores.
El problema con un distribuidor de este tipo es que, por la falta de desplazamiento por distintas zonas del campo, en especial a lo ancho, puede facilitar que lo anulen con la marca y dejar a los otros diez sin referente, o, por azares de los partidos, cuando las cosas le salen mal, el equipo se derrumbe por estar mal estructurado. No tiene variantes.
Hay jugadores vampiros. Se chupan al resto. Exigen que se los nutra con sangre fresca. No dejan de destacarse cuando el equipo juega mal. Sólo ellos sobresalen. Son jefes. Dividen a la tropa. El vestuario es su reino. Buscan alianzas fuera del campo. Tienen su tribuna. Son inteligentes. Saben desenvolverse en el capitalismo salvaje del fútbol espectáculo. Son sobrevivientes en un mundo en el que pocos salen a flote. Saben cómo y dónde confabular. Es conmovedor ver al Riquelme adolescente debutar contra Unión de Santa Fe a los 18 años y hablarle de igual a igual al reportero.
Ninguna ingenuidad. Se lo veía venir de un mundo duro, desalmado, como el mismo ambiente futbolero. Se pasa de la gloria a la cloaca sin compasión. En entornos idólatras hay jugadores que asumen convertirse en tótems y diagraman su mundo cortesano. A veces no necesitan hacer un gran esfuerzo porque el espacio mediático necesita ídolos. Sin ellos se vacía de negocios. Recientemente se quiso embalsamar a Tevez ungiéndolo como jugador del pueblo, y no se lo pudo hacer con éxito porque con la Pulga no se puede. Con Maradona, ni hablar, casi lo matan por asfixia con todo el oro con que lo revestían, pero por la fortaleza física y mental de Diego no hubo un nuevo mártir en nuestra venerada necrología.
El Tótem tiene una función de ocultamiento. Crea el mito para que no se corra el telón multicolor y veamos el detrás de escena. Una vez corrido el cortinado somos espectadores de un fútbol argentino en el que se juega mal, muy mal. Los partidos son emocionantes porque la pelota va para cualquier lado. Arsenal, Tigre, All Boys son protagonistas. Independiente, Racing, San Lorenzo, River pueden descender. Se niveló para abajo, demasiado abajo. La emoción proviene por saber quién desciende, no por quién es el campeón.
Las decenas de programas deportivos de radio y televisión son farandulescos. Apenas se comentan los partidos. Chismes de vestuario, rumores de comisiones, dirigentes acusados, contubernios incesantes, operaciones clamor, el muerto de la semana convirtieron al fútbol en un circo bullicioso que atrapa a políticos, empresarios, botineras, y gente como yo, futboleros que respiran aires de infancia cada vez que se habla de fútbol.
Sin ese circo, más algún otro entretenimiento que aún queda, ShowMatch quizás, o la agitada agenda plena de la presencia de los personajes políticos y sus actos vivos ampliados por el periodismo que parece mentir equitativamente, sin esas distracciones que nos despabilan el tedio y el agobio de la rutina sólo nos quedaría el pan duro de cada jornada.
Juan Román Riquelme me hace pensar en Frank Sinatra. Son jefes de clanes. Ninguno subió al podio pidiendo permiso. Equipos de 11 en los dos casos, uno a la medianoche, el otro en turnos rotativos, uno más temprano, otro más tarde, uno en el casino, el otro en el vestuario, uno con Javier García, Clemente Rodríguez, Viatri, el Chelo Delgado, el otro con Dean Martin, Richard Conte, Sammy Davis Jr., Peter Lawford. Dos reyes.
Pero hasta los monarcas se despiden. El día en que Messi decida pinchar la pelota o llevársela a su casa, hasta Dios estará cesante, desganado, decidido a devolver su carnet de socio vitalicio. Por eso, si por mí fuera, mejor que siga el baile.

Acá el link: http://www.perfil.com.ar/ediciones/2012/7/edicion_692/contenidos/noticia_0015.html

Denunican a la Marca Cheeky

Posteo la nota.

Primero el video de la cámara oculta.



Hace pocos días un costurero ingresó con cámara oculta a un taller clandestino con cama adentro donde 13 personas eran sometidas a la servidumbre y el hacinamiento. El taller clandestino, ubicado en la calle Hubac 5673 en el barrio de Mataderos hace tres años que trabaja exclusivamente para la firma Cheeky que actualmente dirige Juliana Awada, confeccionando pantalones para chicos, de esos que salen $220 para arriba cada uno. En ese taller son superexplotados 13 costureros de origen boliviano, varios de ellos en situación migratoria irregular o sea sin documentación, en extenuantes jornadas de 7 a 22 hs por la miserable suma de $ 1800.


Los costureros están encerrados y para ir a hacer un simple mandado a la calle y traspasar la puerta de hierro, deben dejar siempre sus pertenencias como garantía de que no se escaparán. El propio costurero que hizo la cámara oculta, tuvo que dejar su bolso para poder salir con la excusa de buscar una farmacia. Los costureros están hacinados en cuartos muy pequeños con cama cuchetas. Y en esas mismas camas cuchetas deben comer, ya que carecen de mesas y sillas como puede verse claramente en la cámara oculta. Los niños de varios de esos costureros también están sometidos al encierro. Todos comparten un baño muy precario.
La instalación eléctrica es precaria y entraña riesgo de incendio y los costureros aspiran polvillo de la tela todo el tiempo, exponiendose a enfermedades pulmonares como la tuberculosis.
Como puede observarse en el videoinforme, hubo que realizar varias maniobras y buscar falsas referencias para poder entrar al taller ya que quien lo regentea es conciente de los delitos que está cometiendo y de la marca a quién responde.

Cheeky ya había sido denunciada penalmente por el Gobierno de la Ciudad en el período de Jorge Telerman, la Defensoría del Pueblo y la Alameda en enero de 2007. En aquella oportunidad, se habían logrado inspeccionar varios talleres con costureros sometidos a la servidumbre. Lamentablemente un escandaloso fallo del ex Juez Federal Guillermo Montenegro, actualmente ministro de Seguridad de Mauricio Macri, sobreseyó a la firma que por la ley de trabajo a domicilio es solidariamente responsable de los talleres donde manda a confeccionar sus prendas.
Otros talleres de Juliana Awada ya habían sido filmados y denunciados por la Alameda en setiembre de 2006 y en marzo de 2010. A pesar de los testigos y las inapelables imágenes de las cámaras ocultas, también la justicia hizo la vista gorda con estas denuncias.

Ni las inspecciones del GCBA en época de Telerman, ni las denuncias de la Defensoría, ni los videoinformes y denuncias de la Alameda alcanzaron para que la justicia castigue la impunidad de Daniel y Juliana Awada que siguieron todos estos años maximizando ganancias en base a la explotación más abyecta de costureros migrantes en talleres clandestinos con trabajo esclavo.
Segura de que su actual marido y Jefe de Gobierno de la Ciudad Mauricio Macri la protegerá del cumplimiento de la ley, Juliana Awada que ahora dirige Cheeky ni siquiera se tomó el trabajo de mudarse de distrito y sigue basando su producción en talleres esclavos en el propio ámbito de la Capital Federal a sabiendas que los cuerpos inspectivos que dirige su marido seguirán haciendo la vista gorda.
Una vez más la Alameda se presenta ante la justicia para denunciar a estos esclavistas y además mostrarle a toda la sociedad de qué talleres estamos hablando cuando hablamos de Cheeky y de Juliana Awada.




En horas de la mañana del miércoles 11 se formulará la denuncia penal ante los tribunales de Comodoro Py a Cheeky por reducción a la servidumbre, evasión fiscal, violación a la ley de migraciones y violación a la ley de trabajo a domicilio.
A las 19 hs convocamos a movilizarnos al local de Cheeky de avenida Santa Fé 2053 para realizar un acto de repudio y una clausura simbólica de esta marca esclavista emparentada con el poder y la impunidad.
Contactos:Gustavo Vera (1561584835)
Dr Mario Ganora (1558830233)

FORMULA DENUNCIA
Señor Juez:
Gustavo Javier Vera, presidente de la “Fundación Alameda por la Lucha contra el Trabajo Esclavo”, con domicilio en Avda. Directorio 3998 de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y el patrocinio letrado del Dr. Mario Fernando Ganora (T° 36 F° 227 CACF), con domicilio en Av. Callao 178 Piso 5° de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, a V.S. dice respetuosamente que:
I) Objeto Por el presente, viene a formular denuncia contra los propietarios y encargados del taller de costura sito en la calle Hubac 5673 a los fines de que se investigue la presunta comisión de los delitos previstos y reprimidos en los arts. 117 de la ley 25.871, 140, 145 bis del C.P. y 35 de la ley 12.713. También corresponde que se investigue la posible comisión del delito de evasión fiscal en sus aspectos tributario y previsional contemplados en los arts. 1 y 7 de la ley 24.769. Esta denuncia también abarca a los responsables de la firma Cheek S.A. (CUIT n° 30.67729108-3 con domicilio en Cuyo 3040/166 Martínez, Pcia. de Buenos Aires, propietaria de la firma “Cheeky”, para quien trabajaría en forma exclusiva el mencionado taller de costura.
Solicito asimismo que se proceda de conformidad con lo dispuesto en el art. 6 y concordantes de la ley 26.364 a los fines de la protección de la víctima de los delitos denunciados.
II) Hechos
El mencionado taller de costura funcionaría como un clásico taller de sudor o “sweatshop” que trabajaría confeccionando ropa en forma exclusiva para la referida sociedad anónima. En efecto, el tallerista se hace conocer por el nombre de “Pepe” y junto con su esposa maneja el establecimiento que trabajaría exclusivamente para la marca Cheeky desde hace tres años.
Los trabajadores que allí se desempeñan deben hacerlo con el régimen de “cama adentro”, es decir que deben pernoctar en el lugar de trabajo. En ese lugar trabajan alrededor de trece personas. La jornada laboral que se extiende desde las 7.00 de la mañana hasta las 21.00 y, a veces, hasta las 22 horas. Estas jornadas se realizan de lunes a viernes y los días sábado hasta el mediodía. Los salarios que se abonan a los trabajadores son del orden de los mil ochocientos pesos por mes ($1.800) y se da como justificación que se les proporciona casa y comida. Uno de los trabajadores, F.M.D.C., cuyos datos se acompañan en sobre cerrado, informa que no se les requiere documentación para ser contratados. Esta persona aclara que pudo comprobar que hay personas sin D.N.I. sea que se trate de trabajadores o de los niños que allí habitan. Para poder entrar y salir del taller se requiere del permiso del encargado y se retiene en todos los casos los efectos personales del trabajador para asegurarse su retorno al establecimiento.
Las condiciones de salubridad, higiene y seguridad en el trabajo son deplorables. La casa donde funciona el taller tiene dos plantas. En la planta baja se encentran las maquinarias y en el primer piso las crujías donde habitan los trabajadores. El lugar de trabajo está muy deteriorado, la instalación eléctrica es muy precaria, no se observan matafuegos y hay gran acumulación de telas, productos terminados y restos de la producción. Esto significa la existencia de un riesgo real de incendio que de ocurrir podría significar un desastre similar a la tragedia de la calle Luis Viale 1269 ocurrida en 2006. Agrava la situación de inseguridad del taller la circunstancia de que niños menores ingresan y salen del lugar de confección sin ningún tipo de control. Uno de los trabajadores parecería ser una persona con discapacidad mental y muy agresiva.
El lugar de alojamiento de los trabajadores es una pieza dividida en tres partes para hombres y parejas donde hay varias camas tipo cucheta. El resto de las comodidades consisten en una cocina y un solo baño para hombres y mujeres. No hay refectorio por lo que los trabajadores deben almorzar y cenar sentados en las cuchetas donde duermen. Carecen de mesas y sillas y de cubiertos por lo que deben comer la carne con la mano por la falta de cuchillos.
III) Significación jurídica Del relato de los hechos surgiría que una sociedad anónima propietaria de una conocida marca de ropa para niños terceriza su producción con un taller de costura, los que a su vez tiene trabajadores empleados. Esta relación entre el fabricante, los talleristas y los trabajadores se rigen por las disposiciones de la ley de trabajo a domicilio (ley 12.713) que prevé tanto en sus disposiciones como en su reglamentación todo un conjunto de obligaciones tendientes a evitar abusos y la explotación de la parte más débil, es decir el trabajador (ver art. 13 de la ley 12.713). También aquí se advierte que el propósito de los empleadores habría sido burlar las disposiciones de la referida ley a los fines de maximizar sus ganancias mediante el pago de salarios inferiores a los de convenio, excediendo los límites de la jornada legal de trabajo sin el pago de horas extras y sin respeto de lo concerniente a las normas mínimas de higiene y seguridad. Independientemente de las transgresiones a la legislación laboral, se encontrarían reunidos, prima facie, los extremos previstos en el art. 35 de la ley 12.713 que dispone: “El empresario, intermediario o tallerista que por violencia, intimidación, dádiva o promesa, realice actos que importen abonar salarios menores que los que se establezcan de acuerdo a los procedimientos que estatuye la presente ley, tendrá prisión de seis meses a dos años”.
Cabe destacar que esta maniobra tendiente a pagar remuneraciones inferiores a los establecidos mediante los mecanismos de la ley se habría llevado a cabo también mediante la contratación de trabajadores de origen extranjero que tendrían una situación de residencia irregular. De esta manera el o los empleadores se habrían asegurado que estos trabajadores por su especial vulnerabilidad no opondrían resistencia a la violación de sus derechos. Precisamente esta conducta se enmarcaría en las previsiones del art. 117 y 120 de la ley 25.871 toda vez que constituiría la facilitación habitual de la permanencia ilegal de extranjeros en el Territorio de la República Argentina con el fin de obtener directa o indirectamente un beneficio poniendo en peligro la vida, la salud y la integridad de las personas.
También del relato de los hechos surgiría nítidamente que las personas que allí trabajan estarían sometidas a un régimen de explotación susceptible de ser considerado trabajo o servicio forzado de conformidad con la interpretación del mencionado concepto que realiza la Organización Internacional del Trabajo. En efecto, la definición del concepto de trabajo forzoso remite necesariamente al art. 2 del “Convenio sobre Trabajo Forzoso, 1930 (num. 29) de la Organización Internacional del Trabajo ratificado por nuestro país, que tiene jerarquía superior al derecho interno en virtud de lo dispuesto en el art. 75 inc. 22 C.N. Según el art. 2 del Convenio 29 de la OIT se entiende como trabajo forzoso “todo trabajo o servicio exigido a un individuo bajo la amenaza de una pena cualquiera y para el cual dicho individuo no se ofrece voluntariamente”.
La OIT ha precisado los conceptos contenidos en la definición en diferentes documentos. En este sentido el documento denominado “Erradicar el trabajo forzoso” elaborado por la Comisión de Expertos en la Aplicación de Convenios y Recomendaciones de la OIT en 2007 fue bastante claro al considerar la cuestión suscitada por la imposición de la obligación de realizar horas extraordinarias bajo la amenaza de una pena (ver pág. 74 y concordantes). Los expertos de la OIT entendieron que la imposición de horas extraordinarias no afecta la aplicación del Convenio n° 29 en la medida en que tal exigencia se sitúe en el marco de los límites establecidos por la legislación nacional y aceptados por las convenciones colectivas. Se ha entendido también que el temor a ser despedido obliga al trabajador a realizar horas extraordinarias que superan lo previsto en la legislación nacional. En otros casos, en que se pacta la remuneración fijando metas de rendimiento, la obligación de trabajar más allá de la jornada de trabajo se deriva en la necesidad de hacerlo para alcanzar el salario mínimo. Sobre estas cuestiones la Comisión ha observado que si bien el trabajador tendría hipotéticamente la posibilidad de librarse de la imposición de trabajar más allá de la jornada ordinaria de trabajo, la vulnerabilidad de su situación hace que prácticamente no tenga real opción, obligado por la necesidad de alcanzar al menos el salario mínimo y de conservar su empleo o por ambas razones. La Comisión ha considerado que en los casos en que el trabajo o servicio se imponga mediante la explotación de la vulnerabilidad del trabajador, bajo amenazas de una pena, el despido o una remuneración inferior al trabajo mínimo, tal explotación transforma una situación caracterizada por malas condiciones de trabajo en una relación en la cual el trabajo se impone bajo amenaza de una pena y amerita la protección del Convenio a efectos del cual la expresión trabajo forzoso u obligatorio designa todo trabajo o servicio exigido a un individuo bajo la amenaza de una pena cualquiera y para el cual dicho individuo no se ofrece voluntariamente. En el caso concreto de autos se ha podido ver como las horas extraordinarias se imponen fuera de todo marco normativo y bajo la amenaza de percibir remuneraciones inferiores al mínimo legal o la sanción del despido.
La OIT ha señalado en el referido documento denominado “Erradicar el trabajo forzoso” que el Estado no debe tolerar la imposición de trabajo forzoso por parte de terceros, cualquiera que sea su forma en su ámbito de competencia territorial. A tal efecto, deberá establecer garantías legales frente a toda obligación de trabajar que exista en la práctica. El art. 25 del Convenio n° 29 de la OIT precisa a este respecto que “el hecho de exigir ilegalmente trabajo forzoso u obligatorio será objeto de sanciones penales” y que el estado tiene “la obligación de cerciorarse de que las sanciones impuestas por la ley son realmente eficaces y se aplican estrictamente”.
La norma penal que resulta aplicable en función de la obligación establecida en el art. 25 del Convenio n° 29 de la OIT es, a mi juicio, el delito de reducción a servidumbre previsto y reprimido en el art. 140 C.P. En efecto, el trabajo forzoso es considerado como una práctica análoga a la esclavitud (art. 5 de la Convención sobre la Esclavitud y Preámbulo del Convenio 105 de la OIT “Convenio Relativo a la Abolición del Trabajo Forzoso”) y está específicamente prohibido por nuestra Constitución Nacional (arts. 6 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos y 8 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, ambos con jerarquía constitucional merced a lo dispuesto en el art. 75 inc. 22 C.N.).
Cabe señalar asimismo que la actual redacción del tipo penal del art. 145 bis del C.P. que reprime la acogida o recepción de personas mayores de dieciocho años de edad, abusando de una situación de vulnerabilidad con fines de explotación, en este caso trabajo forzoso, se superpone con la figura del art. 140 del C.P. dando lugar a un concurso ideal (art. 54 C.P.).
El carácter clandestino de las contrataciones de los trabajadores y la forma en que se desarrolla la relación de trabajo también hace sospechar fundadamente en la comisión de los delitos contemplados en los arts. 1 y 7 de la ley 24.769.

IV) PruebaEn sobre cerrado acompaño videograbación del taller donde constan las circunstancias apuntadas y los datos de la persona que responde a las iniciales F.M.D.C. quien está dispuesto a prestar declaración testimonial.
V) Petitorio
Por todo lo expuesto, solicito:
a) Se tenga por presentada la presente denuncia
b) Se proceda de conformidad con lo dispuesto en el art. 6 y concordantes de la ley 26364 respecto de las posibles víctimas de los delitos denunciados.
c) Se agregue la prueba que se acompaña
d) Oportunamente se acompañaran otras al momento de la ratificación

Proveer de conformidad. Será justicia.

Acá el link: http://laalameda.wordpress.com/2012/07/11/una-vez-mas-juliana-awada-y-cheeky-filmados-y-denunciados-por-trabajo-esclavo/

El que no acata, Traiciona - Por Beatriz Sarlo

Imperdible. Sarlo saca lustre a la lámpara para que ilumine el mapa político y del poder hoy.



Por Beatriz Sarlo | Para LA NACION

Scioli es culpable de haber hablado antes de tiempo. Se animó a decir que, si Cristina Kirchner no conseguía ser candidata nuevamente, él se anotaba en la próxima carrera presidencial. No es fácil entender por qué un hombre tan discreto, que emite parrafadas vacías de cualquier contenido peligroso, de repente se fue de boca y, con una frase, cavó su propia tumba. Después de anunciar su vocación presidencial, Scioli fue el blanco de las agresiones más diversas. Las cosas ya no andaban bien antes de que publicara su deseo. Casi al principio de su gestión, el vicegobernador Mariotto había organizado visitas a los penales bonaerenses, acompañado por Horacio Verbitsky, a fin de denunciar un lamentable estado de cosas. Esa excursión de Mariotto, aunque hubiera sido el único signo, debería haberle alcanzado a Scioli para aceptar que los hombres del cristinismo no se miden cuando se trata de socavar el poder de alguien que podría competir con la Presidenta y hoy la supera en las encuestas.
Scioli está en zona de riesgo y no tuvo el timing para moverse por un campo adverso. En realidad, lo supo esa noche de 2011 en que la Presidenta, que armó todas las listas de las elecciones de octubre, le comunicó que Mariotto sería su vicegobernador. Scioli se dio cuenta de que su buena onda no era suficiente para disolver la desconfianza que él provoca. Sin embargo, no imaginó que pocos meses después de esas elecciones, la cohabitación con Mariotto sería tan peligrosa ni que se acelerarían tanto los tiempos que lo acercan a salir volando de la casa de gobierno de La Plata. Scioli, aunque aprendió mucho sobre el peronismo, siguiendo primero a Menem, luego a Duhalde y finalmente a Néstor Kirchner, y aunque soporta las humillaciones con un estoicismo de mártir primitivo, quizá no tuviera idea de que iban a tratarlo tan sin contemplaciones.
Probablemente pensara que la Presidenta no iba a poner en riesgo a la provincia de Buenos Aires, demasiado representativa del país, por su peso electoral y por la visibilidad de su escena política. Scioli se equivocó al suponer que nadie iba a arriesgar la provincia, porque no consideró dos cuestiones. La primera es el sectarismo de la Presidenta. La segunda es un aventurerismo que persigue resultados de corto plazo, prescindiendo de su proyección en el mediano. Ganemos esta batalla ahora y que choquen los planetas. Como si nadie estuviera pensando el día después. O como si las reacciones de una provincia con medio millón de empleados públicos fuera un arma dirigida por un radar infalible sólo para dañarlo a Scioli.
Los kirchneristas eminentes no simpatizan con Scioli. Es un dirigente ajeno a las Veinte Verdades del kirchnerismo y a la épica excepcional que los impulsa a ellos. También habría que decir que no simpatizan porque Scioli tiene muchos votos que podría conservar. No simpatizan porque le va bien en las encuestas.
El cristinismo es una pirámide en cuyo vértice superior hay lugar solamente para una figura, que organiza todo, distribuye la plata, habilita el juego más abajo y reparte porciones de popularidad como si se tratara de un bien personal exclusivo. La estabilidad de ese vértice depende de que nadie sea tan aceptado, en ningún rubro, con la misma intensidad que la Presidenta. Si alguien tiene un renombre propio, se vuelve de inmediato una competencia odiosa, porque la dinámica del poder que circula por esa pirámide no es pluralista sino unicista y vertical. Es obvio que, con este esquema, a Scioli le hace falta muy poco para convertirse en enemigo. Podrán alegarse razones ideológicas, pero el mosaico cristinista, donde se combinan Alperovich y Sabbatella, impide tomarlas en serio como explicación suficiente.
El cristinismo no rinde tributo litúrgico al peronismo histórico, excepto en el perfil de Eva que suele decorar el fondo contra el cual la Presidenta hace sus discursos. Sin embargo, tiene rasgos de esa familia política. Pocos meses antes de morir, Eva armó personalmente las listas de las elecciones de 1952, distrito por distrito. Cristina Kirchner hizo lo mismo con las elecciones de octubre pasado y lo repetirá con las de renovación parlamentaria del próximo año. A los ajenos, ni una concejalía.
El peronismo, durante décadas, eligió designarse como "movimiento" porque la palabra le extendía varios certificados: a diferencia de un "partido", el "movimiento" no tiene límites organizativos, ni otras regulaciones que no sean las que decida su jefe. Cristina Kirchner es hoy la jefa de una vasta trama de organizaciones políticas y sociales que reportan directamente a ella y al presupuesto nacional. Lo que ella representa es una totalidad. La "unidad", a la que llama en alguno de sus discursos, es la unanimidad que debe rodear al dirigente máximo de un movimiento, no la articulación de distintas posiciones que da forma a la política en los países donde funcionan partidos representando al oficialismo y a la oposición.
La Presidenta capitanea una tropa cuya lealtad se pone a prueba todos los días. No hay lealtad en quien enuncia, como lo hizo Scioli, el propósito de ser presidente. La jefatura es única y no se accede a ella sino por voluntad de un jefe que se retira o por su muerte, como sucedió con Néstor. La idea de "movimiento" implica la de una totalidad: todo dentro del movimiento, nada afuera (parafraseando un dictum famoso de Fidel Castro).
Cualquier aspiración es ilegítima si, previamente, no ha sido habilitada por la jefa. Acatamiento o traición. Scioli transgredió esta regla de oro cuando expresó un deseo político que, previamente, no había sido habilitado por el sello presidencial. Sin ese sello, Scioli ofende una concepción del poder que él, por otra parte, aceptó desde el principio; desde la vicepresidencia en 2003, se subordinó a los Kirchner, que lo maltrataron para que aprendiera cómo son las cosas.
Del lado del "movimiento cristinista" todo está muy claro. Las órdenes de la jefa expresan siempre los intereses de la Nación y garantizan siempre la justicia de cualquier iniciativa. Es posible destituir a Scioli en nombre de la unidad y del buen gobierno. El razonamiento circular es el siguiente: si Scioli es obligado a dejar la provincia de Buenos Aires, eso probaría que nunca debió llegar a gobernarla y, por lo tanto, que es justo y sensato que la jefa lo vacíe de poder.
El "movimiento" es todo y tiene sólo una jefa. Cuando este esquema, por las razones que sean, deja de funcionar, el "movimiento" carece de reglas para regular sus conflictos. En ese caso, los exporta. Hay que celebrar que el temperamento de Scioli sea moderado, conservador, tenaz pero carente de creatividad. En el caso contrario, estaríamos frente a un conflicto más grave.
El cristinismo funciona hoy como movimiento, como agencia política y electoral, como base de poder administrativo y económico concentrado. Tiene la iniciativa en todos los campos y no necesita consultar con nadie fuera de palacio. Lo caracteriza la audacia un poco aventurera de quien se define por sus enemigos, no por sus amigos ni por sus aliados, porque la Presidenta no piensa que los necesita. "Denme fuerzas", pide en sus discursos, pero no se dirige a nadie, sino a la fantasmagórica representación de un Pueblo, sin mediaciones.
La jefa nos representa a todos, incluso a quienes, por error recalcitrante, no se sientan representados. Pasa por alto el carácter relativo y contingente de sus "verdades" políticas y se coloca siempre en el lugar de la excepción. Lo que la jefa deja afuera de la Totalidad es equivocado, mentiroso, inexacto, antinacional, destituyente.
Destituir a Scioli, en cambio, no es destituyente, porque ese hombre ya no sirve a los designios de la Totalidad para la Totalidad. Si lo echan, se lo tiene merecido. La lealtad es un valor que circula desde la base de la pirámide del poder hacia su vértice. Nunca en sentido inverso.


martes, 10 de julio de 2012

Leon Ferrari: obras para ver y acariciar

Entrevista a este gran artista.

“El sexo es un homenaje a Dios”, dice el artista, de 92 años, en esta charla sobre su arte, la religión y la muestra que presentó en el Malba.
POR Marina Oybin

Esa lengua suave acaricia hasta el orgasmo mientras las letras en braille rezan las máximas bíblicas (Sant. 3, 6-10) para dejarnos claro que ese órgano muscular carmín, que esa “lengua es un mundo de maldad, que está puesta entre nuestros miembros y contamina todo el cuerpo e inflama la rueda de la creación, y ella misma es inflamada por el infierno (…)”. Más allá, el sexo apasionado junto a otra máxima: “De cierto, de cierto os digo: el que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna: y yo le resucitaré en el día postrero” (Jn. 53, 54). Paradójicamente son textos ilegibles para nosotros, espectadores videntes: por eso cada obra lleva un rótulo a su lado.
En Brailles la tensión entre las imágenes (muchas son estampas eróticas orientales) y los textos bíblicos sobreimpresos resulta hipnótica. Uno se sorprende, varios días después, recordando citas e imágenes de esos cruces fascinantes. “La serie –cuenta León Ferrari– surgió a partir de las fotografías de mujeres desnudas que hacía mi padre, les puse encima una poesía o diferentes textos en braille: uno acariciaba a la mujer mientras leía”. Algunas obras pueden tocarse, tal como lo pensó el artista, en un acto que viene a satisfacer ese deseo que muchas veces despiertan pinturas y esculturas: un impulso casi físico, inevitable y vedado.
Al ingresar en la sala, junto a la imagen de una pera vaginal, elemento de tortura atroz (extraída de Inquisición: guía bilingüe de instrumentos de tortura desde la Edad Media a la época industrial , de Robert Held), el texto en braille señala: “Entrad por la puerta estrecha: porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella (…)” (Mt.7, 13-14). A unos pasos, sobre la reproducción de la dulcificada “Virgen de San Jorge”, de Correggio, el texto en braille apunta: “Apartaos de mí, malditos, id al fuego eterno preparado para el diablo” (Jesús, Mt. 25,41).
Además, en la serie Relecturas de la Biblia , las imágenes de la iconografía cristiana y de la historia del arte yuxtapuestas a otras de la erótica oriental o de la historia contemporánea, simbólicamente potentes, provocan una extraña disrupción temporal.
En el Malba, Brailles y Relecturas de la Biblia , con curaduría de Florencia Battiti, reúne 70 obras de las más de 300 que integran estas dos series hasta en las que Ferrari trabajó tres décadas. Hay acidez, juego, irreverencia, ningún prejuicio. El sello Ferrari. Poderoso, heterodoxo, heterogéneo, Ferrari vuelve a interpelar sobre religión, política, arte, sexo y goce. En escenas de masturbación como “Amate” o “La lengua” el texto bíblico tensa la imagen, provocando desde inquietud hasta sonrisas. Siguiendo esa operación estética y conceptual, Ferrari nos lleva a ver obras de Gustave Doré, Miguel Angel, Correggio y otros, desde nuevas aristas que, justamente, la belleza de la imagen ocultaba y que ahora el texto viene a cuestionar. Como en “Amad”, donde sobre ese amasijo de bellos cuerpos en escorzo y al tiempo flagelados de “Los condenados”, de Lucas Signorelli, la escritura en braille dispara: “Amad a quienes os aborrecen” (Jesús, Lc. 6, 27). O la sobreimpresión del texto sobre la reproducción del impactante “Cristo en el sepulcro” de Hans Holbein: “Yo tengo las llaves del infierno y de la muerte” (Mt. 16, 18).
Con agudeza e ironía, las obras van poniendo en relación el discurso bíblico con escenas de la historia del arte occidental y con imágenes de estampas orientales donde el sexo es vivido como puro goce. Es más: “El sexo es un homenaje a Dios”, explica Ferrari cuando lo visito en su casa después de ver la muestra en el Malba. En un piso alto con vista al edificio gótico de la Facultad de Ingeniería en Avenida Las Heras. El living está lleno de sus esculturas móviles y volátiles, caligrafías deformadas, estructuras soldadas obsesivamente de las que hizo en los años 60, pinturas de su amigo Yuyo Noé y otras de Augusto Ferrari, su padre, pintor, fotógrafo, arquitecto. En las bibliotecas, junto a las novelas hay ensayos de temas religiosos. Aquí, en su casa, este hombre que no ha perdido la ironía ni el sentido del humor, recorre luces y sombras de su vida. Dueño de una risa suave que remata los comentarios más ácidos, demostrará que, a sus 92 años, conserva intacta esa mirada que va contra el sentido común.
Lo primero que le pregunto es cuándo empezó a cuestionar el dogma. Cuenta que fue cuando estudiaba en el colegio católico Guadalupe: “Era la época en que nació el nazismo, y en ese colegio eran antisemitas”. Ahí comenzó a aprender qué era ese infierno que después puso en el centro de la escena de algunas de sus obras con santos de yeso. “Son los mismos santos que promocionan el infierno: los expuse en 2000 y en 2004. En esa época se armó un gran revuelo cuando vino Rebecca Gomperts, la médica holandesa que hace abortos en un barco acondicionado como clínica en aguas internacionales. Los católicos hicieron un gran escándalo. No sé por qué hacen escándalos.
¿No cree que para muchos la religión es un alivio, una forma de dar sentido a la vida?
Posiblemente, sí. Lo extraño es que hay religiones crueles, como la religión católica con el infierno. El catecismo oficial católico está lleno de contradicciones: hay capítulos que dicen que están en contra de la tortura y hay uno en que están a favor. En la carta que le mandé al Papa le señalé eso para que lo corrigiera.

No hubo respuesta, obviamente.
No.
Usted habló del aborto, creo que ése es el infierno al que condena hoy la Iglesia y el Estado a una gran parte de las mujeres de sectores populares.
Claro, pero creo que acá va a salir el aborto.
¿Le parece?
Sí. Hay algunos que están en contra. Pero con ese criterio sería un crimen usar preservativos. Una vez hice una obra con esculturas de preservativos llenos de chicos tratando de salir. Había también una escultura colgante, inflada, una especie de bandera en defensa del ministro de Salud Pública, que había dispuesto repartir preservativos a los muchachos y chicas. Y la Iglesia estaba furibunda.

¿En qué está trabajando ahora?
Lo último que estuve haciendo es esto (señala una de sus deslumbrantes esculturas móviles con alambres y piedras) y tendría que hacer algunos dibujos. Ahora no estoy trabajando. Parece que a medida que pasan los días, ya no se puede decir años, sólo días como decía Proust, uno va caminando hacia la muerte.

¿Piensa en la muerte?
No, no me preocupa. He visto gente muriéndose: parecían contentos de dejar este mundo. Mi padre murió casi a los 99, y tengo un sobrino que me dijo, para satisfacerme, que antes el promedio de vida era de 75 años y ahora es de 106 (risas). Así que 106, yo tengo 92: todavía me quedan como 14 años. Tengo que pensar qué voy a hacer...

¿Qué lo ilusiona? Hizo arte por teléfono, arte por correo, grabado, collage, performances con esculturas sonoras, con poliuretano, videotexto, produjo películas, actuó, ¿hay algo que le haya quedado pendiente, que diga tengo ganas de seguir por acá?
Ya hace tiempo publiqué algunas poesías: me gustaría seguir escribiendo. Y tendría que seguir también con una de estas (señala una imagen de la virgen de las que usa para los collages que está en el bastidor).

¿Qué lo entristece?
Todos mis amigos se murieron. No sé por qué Dios elige a un ateo para que se quede.

¿Qué momentos de su vida recuerda con mayor intensidad?
Cuando salvé a mi hija Marialí. Cuando ella tuvo meningitis, la llevé a Florencia, a la “Casa di cura per bambini”, una especie de clínica. Siempre me acuerdo de esa calle: Via Manzini 43. Fue hace más de cincuenta años. Y me acuerdo de cuando a mi hijo Ariel, montonero, lo mataron. En fin, la vida tiene todo…Nosotros nos fuimos a Brasil en noviembre de 1976. Le dije que se viniera con nosotros. No hubo caso (silencio). No supimos nada hasta que una amiga de Ariel nos contó cómo había muerto: lo mató Astiz, lo dijo él mismo. Es desaparecido porque no se encuentra el cadáver. Lo que sé es que entró muerto en la ESMA el 27 de febrero de 1977, es lo único… Nos detenemos unos momentos a mirar el catálogo de su muestra y a conversar sobre algunas obras, luego seguimos.

Por esa función propagandística religiosa que cumplió el arte, hay en sus obras cierta recriminación a Caravaggio, Correggio, Signorelli, ¿piensa que podrían haber hecho algo diferente en ese contexto?
Sí, sí, lo pensé mucho. La Iglesia se levantó con los pintores porque son los que le dieron capital intelectual, estético. Además ilustraron los crímenes de modo tal que ya no parecían crímenes: “El Juicio Final” de Miguel Angel y “El Diluvio” de Doré son propagandas, pero al mismo tiempo están tan bien pintados, son tan maravillosos, que uno pasa por encima.

Ferrari se detiene en la escritura en braille sobre la reproducción de la “Virgen de la leche”, de Robert Campin. Lee la frase: “Mataré a sus hijos con muerte”. “Es de Jesús”, comenta.
Después de treinta años, ¿hay algunas obras que ya tenía olvidadas y redescubrió?
Sí (señala la imagen). Estos son lo incircuncisos. Los están mandando al infierno.

Ya sobre el cierre de la entrevista, veo en una mesa, junto a una miniatura de la emblemática “La civilización occidental y cristiana”, un astronauta recubierto de finísimo material púrpura como terciopelo. Es una obra que una de sus nietas compró en una galería y le regaló. León le quita el casco y me muestra el rostro: es Jesús. Mientras caminamos hacia la puerta para despedirnos dice: “El que no está conmigo está contra mí, dijo Jesús. Eso después lo tomó Mussolini: Chi non è con noi è contro di no i”..

Acá el link: http://www.revistaenie.clarin.com/arte/Leon-Ferrari-Brailles-Biblia_0_728327194.html

lunes, 2 de julio de 2012

La Presidenta, bajo el imperio de las emociones

Posteo la columna de ayer de Carlos Pagni. Inmejorable.


El martes pasado, el foco de la política se posó sobre un factor que gravita cada vez más en la escena oficial: la emotividad de la Presidenta. En el discurso de ese mediodía apareció una Cristina Kirchner salida de su eje. Con argumentos incorrectos, desbordada, comunicó decisiones gravísimas mientras intentaba reprimir el llanto y disimular la ira. Si en Angola fue llamativa por lo eufórica, esta vez sorprendió por lo ansiosa y depresiva.
La subjetividad del que manda se ha vuelto más decisiva que nunca desde que en la vida pública impera un unicato. Una sola fuerza política domina casi todo. Esa hegemonía revierte, además, hacia dentro del Gobierno. Desde que falleció Néstor Kirchner , las decisiones están sujetas a un micromanagement unipersonal.
En ese contexto, a la señora de Kirchner se le ha vuelto borroso el límite en el que termina su yo y comienza el Estado. El último domingo explicó al primer ministro chino que el vínculo entre su país y la Argentina estaba fortalecido porque las relaciones bilaterales se oficializaron el día en que ella cumple años y porque el telegrama de esa oficialización se cursó en la fecha en que tuvo a su primer hijo.
Hay otra razón, más poderosa, para que la psicología comience a desplazar a la ciencia política en la explicación de los asuntos colectivos. Desde hace dos años la señora de Kirchner está expuesta a una serie de traumas ante los que cualquier ser humano resultaría vulnerable. Su esposo enfermó y fue operado en dos ocasiones; después falleció y la dejó al frente del Gobierno, con el desafío de ganar las elecciones; cuando lo consiguió, le diagnosticaron un cáncer; ya extirpada la tiroides, le informaron que el diagnóstico había sido equivocado. ¿Cómo viene procesando su psiquismo esta secuencia? ¿Qué impacto tiene la distancia de los hijos, la enfermedad de Máximo, la radicación de Florencia en España? ¿Qué secuelas ha dejado el déficit hormonal? Esas incógnitas tienen un significado político cambiante: las lágrimas que antes provocaban empatía, hoy a muchos les causan intranquilidad. Sobre todo desde que el ajuste económico somete a quien lo conduce a más y más presiones. Aquella advertencia de Kirchner a los ministros, "no hay que llevarle problemas a Cristina", tiene otra resonancia.
El martes pasado estos enigmas pasaron a primer plano. Cristina Kirchner confundió un lamentable accidente de tránsito, en el que perdieron la vida nueve gendarmes , con un martirio político. Responsabilizó por el hecho a un sujeto colectivo y anónimo: "Si están buscando un muerto, ahí lo tienen". Como corolario, comunicó que retirará las fuerzas federales de las provincias. Y que desobedecerá a los jueces que las requieran. Como advirtió que estaba incurriendo en un delito, desafío: "Que me procesen".
El giro se justificó en que "he quedado muy conmovida por la muerte de estos gendarmes". Por obra de un arrebato, entonces, el espacio público queda desprovisto de seguridad cuando se prevén actos de violencia. Esta lógica defectuosa ya se cobró, en 2010, la vida del joven Mariano Ferreyra.
Hubo otros pasajes que mostraron que los pesares del corazón guían la acción oficial. Al quejarse por la protesta de Moyano , la Presidenta dijo que lo hacía "con todo el dolor que una lleva encima, porque es mucho el dolor de las pérdidas irreparables que te afectan la salud, no solamente, incluso, de uno mismo, sino hasta de la propia familia, que sufre la tensión y el estrés.". Terminó enfadada y sollozando: "Por esa Argentina él se murió. Y parece ser que sólo somos merecedores de agravios, descalificaciones e insultos". Fue imposible saber qué era más revelador, si la gestualidad de la oradora o la cara de estupor de los ministros que la rodeaban.
Para la Presidenta, Kirchner entregó su vida por el bienestar general. Esa tesis se está transformando en un recurso retórico puesto al servicio de una operación crucial: la tercerización del ajuste. Con la evocación de la muerte del esposo, Cristina Kirchner aduce que ya dio todo lo que tenía para dar. Ahora toca a los demás aceptar limitaciones. Los demás pueden ser los consumidores de energía de los barrios donde no la votan, los trabajadores de altos ingresos, los gobernadores o quienes la desafían en la arena electoral. La pérdida de Kirchner es el módulo con el que se medirá, en adelante, toda abnegación.
El martes, la Presidenta confesó no comprender la falta de altruismo. Salvo, dijo, "que haya más que cuestiones gremiales o políticas, en el marco de lo que sucede en la región, es decir, del desplazamiento de Fernando Lugo en Paraguay". El remate, de manual: "No creo en las brujas, pero que las hay, las hay".
Quedó al desnudo otra proyección de la intimidad sobre el ágora: cuanto más numerosas son las dificultades, más intensas se vuelven las fantasías persecutorias.
Cristina Kirchner organiza su política alrededor de un supuesto principal: hay un enemigo. Ese enemigo está oculto y, en su racionalidad ilimitada, es capaz de orquestar operaciones en los más diversos planos. La candidatura de Scioli, el paro de Moyano, la toma de Cerro Dragón, la presión sobre el dólar y la caída de Lugo, por ejemplo, pueden ser parte de una misma trama.
La creencia en ese complot incesante no sólo condiciona la interpretación de los fenómenos. También impone un método. La información debe estar rodeada de secreto por temor a que una filtración dé ventaja al adversario. Las novedades siempre corroboran las hipótesis preexistentes, sobre todo porque los informantes adecuan sus explicaciones a los presentimientos de su jefa. De los colaboradores se aprecia casi sólo la lealtad, que es puesta a prueba con pequeñas humillaciones. Por las dudas, cada actor tiene un segundo que lo vigila: Lorenzino a Kicillof; De Vido a Moreno; Garré a Berni; Alak a Julián Alvarez; Puricelli a Forti, y, por supuesto, Scioli a Mariotto. El poder siempre está en guerra y quien propone un acuerdo es el traidor (Cfr. El padrino I).
A partir de esta visión la señora de Kirchner aborda sus dos desafíos más complejos: el ajuste económico y la sucesión presidencial.
Convencida de que no hay dinámica que consiga sustraerse a la voluntad de la política, donde otros ven desequilibrios que son el resultado de procesos impersonales, Cristina Kirchner ve conspiraciones. Detrás de la fuga hacia el dólar primero estuvo Jorge Brito, y después se sumaron los medios; la insuficiencia energética no se debe a que los precios son insostenibles, sino a la perversidad de los accionistas de YPF; la inflación es culpa de empresarios insaciables, no de una macroeconomía cortoplacista; y la Argentina es sancionada en su comercio por las maquinaciones de los fondos buitre. Si hay algo que es imposible de comprender con la lupa de este reduccionismo político es el funcionamiento de los mercados.
"Vamos por todo" es, para esta mentalidad, la estrategia defensiva frente a los poderes corporativos que "vienen por nosotros". A la luz de esta contradicción de vida o muerte, Cristina Kirchner lee el duelo sucesorio. Scioli no es un candidato que aspira a heredarla. Es el mascarón de los que pretenden derribarla.
Esta concepción, siempre inquietante, comienza a generar cierto alarmismo porque han aparecido circunstancias que vuelven a los fantasmas más creíbles. El límite de la expansión económica ha desencadenado una disputa distributiva. Y, como la Presidenta no puede volver a postularse, se ha activado la competencia por su reemplazo. Tal vez la señora de Kirchner radicalice su encierro, ya que las brujas a las que teme se volverán más verosímiles. Porque, como dijo Henry Kissinger, "también los paranoicos tienen enemigos".

Acá el link: http://www.lanacion.com.ar/1486654-la-presidenta-bajo-el-imperio-de-las-emociones

viernes, 29 de junio de 2012

Un regalo de la Presidenta - Por Beatriz Sarlo

Posteo la columna de Beatriz Sarlo en La Nación de hoy. Excelente.


Hace dos días, Hugo Moyano tuvo su Plaza de Mayo, quizá la última. Fue, paradójicamente, un regalo de la Presidenta. La movilización de anteayer podría no haber tenido lugar si Cristina Kirchner hubiera comenzado un diálogo con esos dirigentes sindicales hace algunos meses. Están muy acostumbrados a la negociación y al intercambio, saben entregar tanto como recibir, conocen los dos lados del chantaje y han ocupado los lugares simétricos del extorsionado y el extorsionador.
Tampoco habría tenido ese perfil si estuviera en funciones un consejo económico-social, en el que se discutieran las mismas cuestiones que planteó Moyano en la plaza. Quizás ese consejo económico-social habría ejercido la pedagógica virtud de convencerlo de que el impuesto a las ganancias es progresivo aquí y en todas partes (como ya lo dijo la Presidenta). Moyano, de haber aceptado eso, se habría puesto en mejores condiciones para discutir el piso salarial a partir del cual se hagan las deducciones impositivas. Pero esto sólo habría sucedido si la Presidenta hubiera aceptado que los números de la inflación que propaga el Indec son falsos.
Respecto del otro gran tema, el de las asignaciones familiares, Moyano tiene los mejores argumentos. Por tanto, un gobierno razonable debería reconocerlos aunque no aceptara los reclamos de modo inmediato. Si todo funcionara de este modo, la Argentina sería lo que Néstor Kirchner, cuando asumió la Presidencia, anunció como su sueño: un país normal. Pero no lo es.
En un país normal, las autoridades no anuncian el retiro de la policía del centro histórico de la ciudad con el objetivo mezquino de que, si algo sucede durante una movilización, toda la culpa caiga sobre sus organizadores. Por fortuna, los organizadores estuvieron a la altura del desafío. He ido a innumerables manifestaciones en mi vida. Esta fue una de las más ordenadas, tranquilas y cordiales. Uso el último adjetivo para subrayar que se trataba de los "rudos camioneros", de los trabajadores que limpian las ciudades todas las noches, de los transportadores de caudales, etc. etc.
En efecto, en una plaza que estaba en un 80% ocupada por esos hombres acostumbrados a una cotidianidad donde la fuerza física es el combustible de trabajo, donde se tomó cerveza y fernet como si estuviéramos en la previa del sábado, durante cinco horas no vi ni un manotazo. Tampoco un punga (de haber estado, tendría vocación suicida). O sea que la Plaza se autorreguló sin necesidad de la policía que la Presidenta había usado como arma de una chicana política. En vez de instrumento del Estado, un sobrante de la retórica.
Ese ordenamiento, con mucho ruido de redoblante y bombo, con muchos petardos, también acogió a las agrupaciones trotskistas y sindical-socialistas. Durante la desconcentración, una impecable columna del PO, formada sobre Diagonal Norte, pedía sin cesar: "Paro y movilización nacional". A su lado pasaban los muchachos con las banderas verdes y blancas de la Juventud Sindical. Ni un empujoncito. Coincidieron con la CGT dirigentes gremiales (como los metrodelegados) y agrupaciones políticas, como el Partido Obrero, o sociales, como la Corriente Clasista Combativa. Se formó por agregación circunstancial, como lo dijo Sobrero en el programa de Alfredo Leuco: "Si hace años que le reclamamos esto a Moyano, ¿cómo no vamos a ir cuando convoca por lo que pedimos?" Razonamiento conocido: marchar juntos, cuando lo que nos perjudica es lo mismo. La terquedad de la Presidenta (que ella reivindica como virtud) ha producido esta suma de coyuntura.
En las laterales de la Plaza, y también mezclada con las columnas, estaba la gente que había ido por la propia: desde turistas a votantes sueltos del Frente para la Victoria que ahora se sentían "descontentos" o "cansados". Si tuviera que hacer una hipótesis, salvo las columnas de las agrupaciones de izquierda, la gran mayoría de los que estaban en la Plaza habían votado en octubre a Cristina Kirchner. Y quizá la votarían de nuevo, porque se necesita más de una Plaza para provocar una derrota.
Pero ese miércoles de sol peronista, buscaban otra interpelación: es decir, que se dirigieran a ellos de un modo diferente; que les reconocieran que había inflación y otras incertidumbres económicas; que les hablaran sin atosigarlos por cadena nacional. Un cartel, de fabricación casera, sintetizaba: "Cristina: dejá el micrófono y ponéte los audífonos".
En realidad, esa gente, con la que hablé, cree pedir lo mismo que Moyano. Todos, excepto las columnas de la izquierda, se manifestaron uniformemente peronistas. También había pequeños grupos que repartían volantes: mujeres de un nucleamiento feminista y medio evangélico (¿Cynthia Hotton anda por allí?); un núcleo reorganizador del movimiento nacional justicialista cuyos representantes exponían un proyecto corporativista, para superar la "república" e instalar en el gobierno un consejo que tramite la "alianza de clases". Estaba también, insignificante, sólo representada por las caras conocidas, la ultraderecha y algún remanente de la dictadura. La bizarra variedad de los que están presentes en los actos, que se extiende desde la expectativa a la curiosidad, pero también alcanza a aquel que dice, convencido: "Si Moyano hace las cosas bien, hoy cambia todo". ¿Cambia todo? Ni Moyano quiere que cambie todo.
Esta Plaza de Moyano, por unas horas, le ofreció un espacio a gente que no tiene otro lugar en la esfera pública. La reivindicación de un sector puede ser la plataforma circunstancial a la que se suban otros descontentos y las minorías que carecen de formas organizativas. No digo que fueran muchos, pero tampoco sería exagerado pensar que eran el 5% de los que estaban allí. Fue una "plataforma virtual" para quien no tiene otro lugar y, por ejemplo, no quiere pagar impuestos. Nada hay más sencillo que atizar la resistencia impositiva en un país donde la evasión es un delito cometido por los más ricos y por las capas medias subfacturadoras. La plataforma virtual puede servir para expresar un descontento cualquierista; no es una instancia organizativa, como lo son los sindicatos y la CGT. A esa plataforma puede subirse Pando y quien se le dé la gana. Allí no se discute ideología.
Todo esto se vio en la plaza de Moyano. Y, también, se reactivó algo que parecía inerte. En su discurso, Moyano volvió a la vieja cuestión de quién es peronista verdaderamente y quién no tiene esos títulos, un debate tan largo como la existencia misma del peronismo: infiltrados, arribistas, recién llegados con pretensiones, ambiciosos sin papeles, intransigentes, traidores, etc. Dio un ejemplo de esa división: los que lucharon durante la dictadura, mientras otros ejecutaban deudores de la 1050; quienes se opusieron a la privatización de YPF, mientras otros apoyaron a Menem. Moyano mostró sus medallas, que son tantas como los juicios que lo esperan en tribunales.
La Presidenta opinó que el acto fue "agresivo". Raro adjetivo en quien no cultiva la templanza. También dijo que fue "flaco". No voy a discutir números. Es probable que la señora de Kirchner no conozca el esfuerzo organizativo que demanda un acto; es posible que, salvo para decidir la "estética", no se haya enterado de la plata que se necesita; de la movilización de aparatos y de gente, desde la base a los cuadros; de la importancia de contar con el aparato del Estado que a ella la favorece: todo eso convergió alrededor de los palcos que la tuvieron como oradora. Quizá nunca haya estado cerca de esas tareas, menores para su altura de estadista.
La Presidenta "va por todo" y quiere que le traigan la cabeza de Moyano en bandeja. Hay candidatos para la otra, próxima, CGT. Ellos, los que resulten favorecidos, deberán cuidarse de la vindicta presidencial en cuanto quieran presentar otros reclamos. En el futuro inmediato se les entregará parte de lo que se le negó a Moyano. Pero conocen la lección: se pasa rápido de la cercanía al ostracismo. En esto, el cristinismo es perfectamente peronista.
Acá el link: http://www.lanacion.com.ar/1486068-un-regalo-de-la-presidenta