martes, 1 de noviembre de 2011

El increible discurso de Leonard Cohen al recibir el Asturias

Transcribo el discurso de Cohen al recibir el premio Principe de Asturias a las letras 2011.


Por Leonard Cohen
Es un honor estar aquí esta noche, aunque quizá, como el gran maestro Riccardo Muti, no estoy acostumbrado a estar ante un público sin una orquesta detrás. Haré lo que pueda como solista. Anoche no pude dormir, pasé la noche en vela pensando en qué iba a decir acá hoy. Después de comerme todos los chocolates y los maníes del minibar garabateé unas pocas palabras pero dudo que haga falta referirse a ellas. Obviamente, estoy muy emocionado por el reconocimiento de la fundación. Pero he venido esta noche a expresar otro tipo de gratitud que espero poder contar en tres o cuatro minutos.
Cuando estaba armando la valija en Los Angeles me sentía inquieto porque siempre he tenido cierta ambigüedad acerca de los premios a la poesía. La poesía viene de un lugar que nadie controla, que nadie conquista. Quiero decir, si supiera de dónde vienen las canciones, iría allí más seguido. Es difícil aceptar un premio por una actividad que en realidad no controlo. Haciendo el equipaje para venir, tomé mi guitarra Conde, hecha en España, en el taller del Nº 7 de la calle Gravina hace 40 años más o menos. La saqué de la caja, parecía llena de helio, muy liviana. Me la acerqué a la cara y la olí. Está muy bien diseñada y tiene la fragancia de la madera viva. Sabemos que la madera nunca muere y por eso olía el cedro, tan fresco, como si fuera el primer día, cuando compré la guitarra hace 40 años. Y una voz parecía decirme: “Eres un hombre viejo y no has dado las gracias, no has devuelto tu gratitud al pueblo, a la tierra de donde surgió esta fragancia”. Y he venido esta noche a agradecer al suelo y al alma de esta tierra que me ha dado tanto. Porque igual que un hombre no es un DNI, una calificación de deuda tampoco es un país. Ustedes saben de mi fuerte asociación con Federico García Lorca. Puedo decir que cuando era un hombre joven, un adolescente, estaba hambriento por encontrar una voz. Y estudié a los poetas ingleses y conocí bien su trabajo y copié sus estilos, pero no pude encontrar una voz. Fue sólo cuando leí, incluso en una traducción, los trabajos de Lorca, que entendí que había una voz. No quiero decir que copié su voz; no me hubiera atrevido. Pero él me dio permiso para encontrar una voz, localizar una voz, encontrar un yo, un yo que no es fijo, que lucha por su propia existencia.
Al hacerme mayor supe que las instrucciones venían con esa voz. ¿Y qué instrucciones eran ésas? Nunca lamentarse. Y si uno debe expresar la gran e inevitable derrota que nos espera a todos, debe hacerlo dentro de los estrictos confines de la dignidad y la belleza. Así que ya tenía una voz, pero no tenía el instrumento para expresarla. No tenía una canción. Y ahora voy a contarles brevemente la historia de cómo conseguí mi canción.
Yo era un guitarrista indiferente. Sólo sabía unos cuantos acordes. Me sentaba con mis amigos, bebía y cantaba las canciones folk y las canciones populares de aquellos días, pero nunca me vi como un músico o un cantante. Un día, a principios de los años ’60, estaba de visita en casa de mi madre en Montreal. Su casa estaba cerca de un parque con una cancha de tenis donde la gente iba a ver a los hermosos tenistas disfrutar de su deporte. Fui a pasear a ese parque que conocía desde chico y encontré a un joven tocando la guitarra. Estaba tocando flamenco y lo rodeaban dos o tres chicas y chicos escuchándolo. Me enamoré de su manera de tocar. Algo de lo que hacía me capturó. Yo quería tocar así, aunque sabía que nunca lo lograría.
Me senté con los otros oyentes un rato y cuando hubo un silencio, un silencio apropiado, le pregunté si quería darme clases de guitarra. El joven era español y sólo podíamos comunicarnos en mi francés rústico y su francés rústico. El no hablaba inglés. Aceptó darme clases. Le señalé la casa de mi madre, que podía verse desde la cancha de tenis, hicimos una cita y acordamos un precio.
Vino a la casa de mi madre al día siguiente y me dijo: “Dejame escucharte tocar algo”. Lo intenté y me dijo: “No sabés tocar, ¿no es cierto?”. Le dije: “No, no sé tocar”. Me dijo: “Primero dejá que afine la guitarra, está muy desafinada”. Así que tomó la guitarra, y la afinó. “No es una mala guitarra”, dijo. No era la Conde, pero tenía razón, no era mala. Me la devolvió y me pidió que tocara.
No pude tocar mejor.
Me dijo: “Dejame enseñarte algunos acordes”. Y tomó la guitarra y produjo un sonido que yo nunca había oído antes. Tocó una secuencia de acordes con un tremolo y me dijo: “Ahora te toca a vos”. Le contesté: “Está fuera de cuestión, es imposible que lo haga”. Dijo: “Te voy a enseñar cómo ubicar los dedos”, y lo hizo. “Ahora tocá.”
Fue un desastre. Me dijo que volvería al día siguiente.
Volvió, me mostró dónde poner las manos, ubicó la guitarra en mi regazo de la forma más apropiada y empecé otra vez con esos seis acordes –una progresión de seis acordes–. Muchas, muchas piezas de flamenco están basadas en esa progresión.
Ese día fue un poco mejor. El tercer día también mejoró, de alguna manera. A esta altura sabía los acordes. Y sabía que, aunque no podía coordinar mis dedos con mi pulgar para producir el tremolo correcto, conocía los acordes. Y los conocía muy, muy bien.
Al día siguiente no vino. Tenía su número de teléfono, el de la pensión donde se alojaba en Montreal. Lo llamé para averiguar por qué había faltado a la cita y me dijeron que se había quitado la vida. Que se había suicidado.
No sabía nada sobre él. No sabía de qué parte de España venía. No sabía por qué estaba en Montreal. No sabía por qué tocaba allí. No sabía por qué había aparecido en esa cancha de tenis. No sabía por qué se había quitado la vida.
Me entristecí profundamente, por supuesto. Pero ahora diré algo que nunca antes mencioné en público. Fueron esos seis acordes los que se convirtieron en la base de todas mis canciones y de toda mi música. Ahora podrán empezar a entender las dimensiones de la gratitud que siento por este país.
Todo lo que han encontrado favorable en mi trabajo viene de este lugar. Todo, todo lo que han encontrado bueno en mis canciones y en mi poesía ha sido inspirado por esta tierra.
Así que les agradezco por la calidez y la hospitalidad que le han mostrado a mi trabajo. Porque, en verdad, les pertenece. Sólo me han permitido poner mi firma al final de la última página.

Adrián Paenza: “La usina de historias de la matemática no se agota”

Posteo la entrevista al periodista que publicó hoy el diario Página 12 donde habla de la publicación de su nuevo libro "¿Cómo, esto también es matemática?".


espectaculos
Martes, 1 de noviembre de 2011
CULTURA › ADRIAN PAENZA Y SU NUEVO LIBRO, ¿COMO, ESTO TAMBIEN ES MATEMATICA?

“La usina de historias de la matemática no se agota”

El matemático y periodista persevera en la idea de que pensar la solución de un problema es más importante que alcanzarla. La pasión lúdica, el contacto con lo cotidiano y la superación del “trauma del error” van guiando a Paenza a través de un laberinto fascinante.

Por Silvina Friera
Elevar la apuesta tanto como sea posible. Jugar –también– es hacer matemática. Aunque usted no lo crea, desconfíe o le parezca exagerado. Puede invocar los astros o el horóscopo del día, pero si lo tienta darse una vuelta por el casino con la fantasía de hacer saltar la banca, la probabilidad de que esto ocurra es cero. ¿Cómo hacer para derrotar al azar? ¿Cómo ser más “inteligente” que las máquinas tragamonedas? Menudos interrogantes taladran el imaginario de jugadores empedernidos o de aquellos que simplemente quieren “ganar dinero fácil”. Adrián Paenza desafía la capacidad de asombro de los lectores. En cada problema que plantea, puede llegar a ser el primer sorprendido, porque pensar la solución es mucho más importante que alcanzarla. El error, que suele ser escamoteado, ya no es un rumor lejano apenas audible. Lo recuerda una y otra vez, como si fuera su caballito en esta batalla “pedagógica”, en el prólogo de ¿Cómo, esto también es matemática? (Sudamericana), el sexto libro de una saga que, además de parecer saludablemente infinita, ha vendido más de un millón de ejemplares sólo en la Argentina.
El básquetbol y la matemática se encastran como dos artefactos perfectamente aceitados en uno de los capítulos del nuevo libro. “Si un jugador ha convertido en su carrera el 77 por ciento de sus tiros libres y al finalizar la presente temporada incrementó ese porcentaje a un 83 por ciento, ¿tuvo que haber habido algún partido en el que al convertir un tiro libre lo puso exactamente en un 80 por ciento? –pregunta el matemático y periodista–. Es decir, ¿hubo algún encuentro en el que antes de empezar llevaba menos de un 80 por ciento pero, dentro del partido, al embocar uno estuvo exactamente en un 80 por ciento?” El problema, ciertamente “precioso”, convida a descartar las conjeturas automáticas, bajar la ansiedad en sangre y aumentar la dosis de la paciencia. El ruido de la vida, lo cotidiano, lo lúdico, son el combustible de la mecha que enciende el maestro Paenza. De repente armar un rompecabezas con menos pasos puede resultar más sencillo de lo que aparentaba. Después de transitar puentes flexibles, intentar salir de un laberinto, armar un fixture con 20 equipos –donde todos juegan contra todos, alternan la condición de local y visitante en cada fecha; y si hay dos equipos en la misma ciudad o barrio jugarán ambos de local en la misma fecha–, elegir una clave bancaria, descubrir cómo funciona lo que parecía un truco con un mazo de cartas –mostrar cómo la matemática y la magia convergen hasta conformar lo que hoy se llama “Matemágica”–, entre otras propuestas diseminadas en 307 páginas exactas, varios lectores podrán exclamar que “¡todo es matemática!”.
Si la inspiración visita con frecuencia la casa de Paenza, lo encuentra siempre trabajando. Aquí y ahora, en Canal 7, terminó de grabar varios programas de Científicos Industria Argentina. “La usina de historias de la matemática no se agota. El que se va a agotar, por razones obvias, soy yo. No voy a tener la fuerza para exprimir mi propia naranja. Voy a necesitar vivir otros 62 años; pero todavía hay mucho por hacer y en la medida en que otros empiecen a publicar habrá, seguramente, más libros de este tipo”, dice Paenza a Página/12. “El otro día votamos; decidir dónde vota cada uno requiere de un algoritmo, aunque sea transparente para la gente –destaca un ejemplo reciente en el que la matemática está operando “naturalmente”–. ¿Cuán lejos le tiene que quedar como máximo a una persona el lugar de votación: un kilómetro, dos kilómetros? Supongamos dos kilómetros. La pregunta es si soy capaz de cubrir a todas las personas con círculos de dos kilómetros, aunque no sea lo mismo una gran urbe que un ámbito rural. Este es un problema matemático muy interesante, que requiere de una estrategia.”
–¿Por qué la punta de lanza de este libro podría resumirse en que “todo es matemática”?
–La percepción es que la matemática está en otro lugar; que es hacer números, hacer cuentas. Uno tiene una cierta cantidad de colectivos, por ejemplo; pero no es lo mismo ir hacia el centro que hacia las periferias a la mañana temprano. Yo necesitaría concentrar la densidad de colectivos que van al centro, que tiene que ser mucho mayor. A las cinco o seis de la tarde tengo que hacer al revés. ¿Cómo planificamos la red de semáforos? Hay ciertos lugares donde se requiere que el tránsito fluya para un lugar y después para otro. Yo necesito obligatoriamente modificar las ondas verdes. Uno también se puede preguntar cómo hago con la onda verde. Porque si hay una sola dirección, no hay problema. Pero si hay dos direcciones, ¿qué pasa con la otra onda verde? Una solución podría ser dejar verde todo el tiempo, ¡pero no cruza nadie la calle! Decidir cómo optimizar esto es un problema de matemática. O mis anteojos, por ejemplo. Yo veo mal de cerca y de lejos; alguien tuvo que haber medido mi cristalino para saber cómo es mi lente y después hacerme un lente en degradé. Todo esto es hacer matemática. ¿Por qué no contar estas historias? Elaborar una estrategia educa y permite decidir en determinados momentos cosas que uno no sabía. Cuando una persona elige tener hijos o comprar una casa, está tomando decisiones. Y es mejor estar educados para tomar decisiones y saber cuáles son los riesgos. Ahora uno puede jugar; hacer matemática es también jugar.
–A veces el énfasis en lo lúdico oculta las dificultades, el hecho de que pensar no es fácil.
–Yo siempre planteo que hay que coexistir con la frustración de que algo no te salga. Cuando no sos capaz de resolver un problema, la sociedad te tilda mal y asumís que sos “bobo” porque no se te ocurre la respuesta. Hay que violentar este circuito perverso; cuando se propone un problema, se lo quiere resolver ya y se instala esa urgencia por la solución. Uno mismo no tolera tener un problema delante y quiere rápido la respuesta. Si uno pregunta la solución de un problema, el conocimiento no permanece. Pero cuando pensás el problema y lo resolvés, aunque te lo olvides, si fuiste capaz de pensarlo alguna vez, lo vas a resolver otras veces. Aprender a coexistir con la frustración es un tema no sólo de la matemática. Tenemos que ser capaces de decir “no sé”, “no entiendo”, preguntar. Esto nos hace mejores porque nos podemos permitir ser falibles, tolerar el error. Los científicos publican únicamente los éxitos, los aciertos; es como si se pasara por televisión únicamente los goles, cuando la gente mira los partidos. Sería muy aburrido si todos los problemas se pensaran en un instante y se resolvieran, ¿no? Yo, al contrario, disfruto de tener un problema que no me sale; es como tener un buen libro y no querer que se termine. El disfrute de resolver un problema está en el placer del recorrido.
–Ese placer del recorrido se percibe especialmente en el capítulo “Olivia y la matemágica” porque hay una joven que hace lo que parece un truco con las cartas, pero necesita entender por qué funciona. ¿Cómo explicaría lo que se produce en ese intercambio, en ese recorrido?
–Fue maravilloso porque yo tampoco sabía cómo funcionaba. Ella me preguntó y juntos llegamos a entenderlo. Los maestros y los profesores –-que hemos aprendido en la era analógica y ahora estamos viviendo en la era digital– nos tropezamos con el hecho de que los chicos nos traen problemas que a lo mejor los docentes no sabemos resolver. Y uno empieza a tener que recorrer el camino de aprender con el chico. Y es un problema aceptarse falible en ese lugar y decir: “Ahora vamos a ver si descubrimos cómo es”. Eso fue lo que me pasó con Olivia. Yo soy muy amigo del tío y él no entendía, en ese momento, qué es lo que me había fascinado tanto. Nos quedamos discutiendo con Olivia hasta que descubrimos por qué pasaba lo que pasaba, ante las miradas impávidas de los padres, que no sabían cuándo íbamos a terminar.
–Aunque se sirve de lo que se suponía un truco con cartas, no hay trucos en sus libros, hasta se percibe cierta reticencia hacia la idea de truco.
–Deploro la palabra “truco” porque estás engañando a las personas. No quiero que ningún problema tenga trampa, porque si el problema esconde información no está al alcance del lector. Olivia intuía qué debería pasar, simplemente le faltaba tener a alguien pensando junto con ella, que le diera la fuerza para terminar de hilvanar la explicación.
–¿Por qué propone que una de las ramas que se debería desarrollar es la de la de la matemática recreativa?
–Porque es la matemática del juego. Los chicos van al colegio y de entrada se produce un rechazo muy fuerte porque lo que se les enseña está alejado de sus intereses. No sé si soy la persona adecuada para opinar qué es lo que hay que hacer, porque no quiero opinar de todo como si supiera. Me parece que el mejor momento del colegio es el recreo; todos los chicos quieren jugar. Pero qué pasaría si les dijera que la clase de matemática consistiría en preparar un sistema para que dos de los chicos se manden mensajes en códigos y el resto tenga que interceptar esos mensajes; inventar un código de manera tal que, aunque sea interceptado, represente un problema descifrarlo. Los aliados interceptaron el código de los alemanes hasta que Alan Turing logró decodificarlo. No me refiero a un sistema tan sofisticado, pero estoy seguro de que los chicos querrían participar para ver si son capaces de idear un sistema que decodificara los mensajes de los compañeros.
–¿Se le puede adjudicar haber logrado instalar el debate acerca del error como camino necesario para pensar: equivocarse tantas veces como sea necesario para llegar a entender?
–¡No me puedo arrogar eso porque sería de una petulancia infinita! En todo caso, no se me ocurrió ahora: lo hago y lo hice toda la vida porque así aprendí. Ese es el método científico: el de la prueba y el error. Lo que hay que superar es la barrera psicológica, el trauma de equivocarse. Yo aprendí de los docentes y maestros como (Miguel) Herrera, que un día ante una consulta me dijo: “No entiendo”. Ese “no sé” que le escuché una vez a Herrera fue para mí una lección. Si él podía decir no sé, ¿cómo yo no iba decir no sé? Esto pasó en el ’76, en la época de la opresión, de la dictadura. Aceptemos que somos falibles. Aunque uno quiera minimizar los riesgos, cualquier decisión implica una pérdida.
A propósito de la pérdida –o de su contracara, la ganancia–, en uno de los capítulos de ¿Cómo, esto también es matemática?, Paenza cita al matemático Anthony Baerlocher, el diseñador del 70 por ciento de las máquinas tragamonedas que se usan en Estados unidos y que se producen en IGT (International Game Technology). “El programa tiene que ser tan bueno que permita que los casinos ganen dinero siempre –afirma Baerlocher–, pero de tal forma que los clientes ganen las suficientes veces también de manera tal de que sigan jugando o vuelvan al día siguiente.” El sueño de hacer saltar la banca es tan sólo eso: un sueño. Como señala el matemático Carlos D’Andrea, la gente sigue jugando porque en nuestra condición de humanos “tenemos que creer que poseemos un toque especial que nos permite derrotar al azar”. Paenza advierte que la matemática, no obstante, aporta algunas herramientas para decidir cómo jugar con mejor probabilidad a favor. “No significa que vas a ganar, pero te educa para saber con qué reglas querés jugar con el otro”, aclara.
–¿Cómo definiría el azar?
–Yo no sé definir el azar, las respuestas que se me ocurren no son satisfactorias. El ser humano no está en condiciones de generar el azar, no lo puede ni siquiera fraguar. Para jugar al “piedra, papel o tijera”, la mejor estrategia es no tener estrategia, porque si la descubro, te voy a ganar siempre. ¿Pero cómo hacer para no tener estrategia? En un momento determinado una persona que dice números al azar se aburre; justo cuando empiezan a aparecer patrones y no se da cuenta. No existe manera de fabricar el azar. Si uno tirara una moneda caería al azar cara o ceca un cincuenta y cincuenta. Pero tendría que verificar si la moneda está hecha de un material tal que no haya una inclinación que favorezca a una sobre otra. El azar complicado de definir; pero hay ciertas cosas en que los humanos nos podemos de acuerdo y las aceptamos como azarosas, como tirar una moneda. Alguna vez voy a escribir un artículo sobre cuán difícil sería la vida sin que hubiera azar. Cuántas cosas de la vida cotidiana funcionan o se deciden en términos del azar.
Sonríe Paenza. Quizá lucubrando esa hipotética vida sin azar, alza los hombros, como si inscribiera en la filigrana de ese gesto una sugerencia a cada uno de los lectores: “Ahora le toca pensar a usted”.
Acá el link: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/17-23358-2011-11-01.html

Discutirán sobre las nuevas tecnologías y los cambios en el periodismo

Posteo la nota para los que esten interesados.



Se trata del VI Congreso Nacional e Internacional de Fopea; se realizará entre el 3 y el 5 de este mes.
"Por los cambios sociales, políticos y tecnológicos, la profesión periodística se está redefiniendo drásticamente. Esto implica nuevas fronteras para explorar y los periodistas necesitan tener nuevas capacidades técnicas. Los desafíos éticos son también novedosos. Las condiciones laborales son reestructuradas dramáticamente. La propia definición de lo que es periodismo está en discusión. Hoy el cambio profundo está haciendo borrosas las fronteras que definen la calidad periodística".
Con esta filosofía se planteó el VI Congreso Nacional e Internacional 2011 de Fopea, que se realizará durante los próximos 3, 4 y 5 de noviembre en la Universidad de Palermo y cuyo objetivo es "intentar aclarar y ordenar nuestra visión del periodismo, basados en sus valores permanentes".
Por eso, el tema central de este año será "Las fronteras profesionales del periodismo", y será abordado en conferencias y paneles de debate por destacados periodistas, especialistas en comunicación y docentes de nuestro país y el extranjero. Contará con conferencias magistrales, tres o cuatro talleres de trabajo y mesas de debate, que analizarán los ejes centrales: calidad informativa, cambios tecnológicos y condiciones laborales.
Para aquellos que quieran seguir la información del Congreso vía Twitter, pueden hacerlo desde la cuenta oficial @Fopea o siguiendo el hashtag #CongresoFopea. Para consultas escribir a fopea@fopea.org.

Acá el link del programa del congreso: http://congresofopea.blogspot.com/p/programa.html

Cuánto valdrá el dólar que querés comprar - Por Martín Lousteau

Posteo el artículo que publicó hoy ex - ministro de economía en el matutino La Nación.

Por Martín Lousteau | Para LA NACION

Estas elecciones han dejado una combinación de factores inédita para el kirchnerismo. En primer lugar, Cristina Fernández de Kirchner obtuvo un segundo mandato arrasando a sus adversarios en las urnas. Ello es obviamente distinto a lo que ocurrió con el 22% de Néstor Kirchner, pero también a su propio triunfo en 2007. En aquel entonces la victoria también fue holgada y en primera vuelta. Pero se trataba del primer mandato de la actual Presidenta, que en teoría venía a perfeccionar lo realizado por él en medio de las secuelas de la crisis, dotándolo de una mayor institucionalidad, tal como se reflejó en el discurso de asunción.
En esos momentos, los votos parecían relacionados con un reconocimiento del período 2003-07 más la expectativa de lo nuevo: las mejoras a lo ya existente que ella traería. En esta oportunidad también existe una aprobación del pasado, pero la misma coexiste con cierta aprehensión respecto de las posibilidades de continuar en la misma senda. El aluvión de sufragios se puede interpretar así como un pedido generalizado de que no se vean afectados los logros obtenidos, no de ansias de superación sino deseos de conservación. El origen de la diferencia de votos con el resto de los candidatos resulta así fácilmente interpretable: ninguno dio muestras de estar a la altura del kirchnerismo para defender lo hasta aquí conseguido.
En segundo lugar, la situación económica es definitivamente distinta a la de los ocho años que pasaron. La economía doméstica muestra signos de un agotamiento debido a la acumulación de inconsistencias. Y a ello se suma un contexto internacional que presenta grandes nubarrones, aún cuando algunas medidas coyunturales parezcan generar algún claro por donde se cuela, breve, el sol. Ambos elementos -la mayor debilidad de la economía y el extendido anhelo de preservación- se conjugan en una demanda de dólares que, como en otros momentos de nuestro pasado, se ha encendido: queremos que el bienestar obtenido se mantenga pero tomamos precauciones por si no lo hace.
La demanda de dólares está basada en que se lo percibe como barato: mientras el resto de los precios de la economía crecen a un ritmo que se puede palpar cotidianamente, el dólar apenas subió 12% en los últimos dos años, pasando de $3,80 a fines de 2009 a su valor actual. Para revertir la expectativa de una depreciación se pueden hacer dos cosas. Una es convencer acerca de la estabilidad futura del dólar a quienes hoy se esfuerzan por adquirirlo. Ello requiere modificar las expectativas, algo que no se logra persistiendo en las mismas actitudes (entre ellas la falta de una política anti-inflacionaria) que generaron las dudas en primer lugar. La otra es permitir su suba, por ejemplo a $4,50, y recién después usar la artillería del Banco Central para bajarlo unos centavos y estabilizarlo (una jugada que también requiere un claro y explícito compromiso en materia de lucha contra el aumento persistente de precios). Así se revertiría la sensación de que el valor del dólar sólo puede incrementarse, algo que ya ocurrió en el 2002 cuando la divisa estadounidense alcanzó un pico de $4 en Semana Santa para después bajar fuertemente.
El Gobierno, en cambio, ha optado por un tercer camino, consistente con el único rasgo realmente distintivo del modelo: la idea de que la política puede siempre y en todo momento doblegar a la economía. La reacción es, entonces, de manual.kirchnerista. Por un lado, elevar mediante reglamentaciones la cantidad de dólares que ingresan al país. Por el otro, obstaculizar su adquisición imponiendo restricciones crecientes, como las anunciadas este fin de semana. Resulta saludable que quien desea hacerse con dólares deba demostrar que posee los recursos necesarios para hacerlo, pero el exceso de trámites sólo apunta a obstaculizar cualquier operación. Algo similar se aplica al hecho de inquirir sobre los motivos del potencial adquirente. En la gran mayoría de los casos la respuesta de fondo es sencilla pero inaceptable para las autoridades: "tengo dudas respecto del futuro".
Los efectos que todas estas medidas tendrán resultan relativamente previsibles. La demanda por el billete oficial se moderará en el corto plazo -lo que reducirá el ritmo de pérdida de reservas-, y se ampliará la brecha con el paralelo. Así, en lugar de enviar mensajes que brinden tranquilidad general, el gobierno parece estar mandando otra señal: las reservas las juntó el kirchnerismo, y si algunos aspectos del modelo te provocan incertidumbre o no te gustan podés comprar tus dólares pero en el mercado informal y a un precio mucho mayor.

lunes, 31 de octubre de 2011

Cura sui - Por Tomás Abraham

Posteo la nota que publicó Tomás en su blog.



29 octubre 2011
No escribiré durante un tiempo en Perfil ni en La Nación. Había anunciado en broma en la última nota que por fin tenía vacaciones. No me daba cuenta que era en serio. Ya dije lo que tenía que decir, del modo en que deseaba decirlo y en los canales en que lo hice. Las palabras” fascismo” y “censura” condensaron lo que hace años analizo como la “estafa ideológica” de este gobierno encubierta por el modo en que reconstruyó la historia de los noventa y los setenta de la que no sólo fue cómplice sino protagonista y que hoy con su enorme cola de paja barre para afuera y ensucia a quienes no aceptan la maniobra. Ya está, recargar los argumentos no tiene sentido. Y no lo tiene porque vivimos una época de fanatismo, otra más, y cada vez aparecen más sectarios para adorar a nuevos sanadores y demonizar a los de la otra vereda. Lo viví durante los setenta y durante el Proceso. No había con quien hablar, y ahora cada vez menos son los que no pertenecen a esta nueva ola de agresión de la facción en boga. Lo vemos en el blog, en el que aparecen nuevos personajes que fuerzan a la réplica. Lo que tiene el fanatismo necio es que es una endemia por lo contagioso. Nos vuelve replicantes, lo hice durante los últimos seis años. En el blog Trabajos Prácticos, en La Lectora Provisoria, aquí, y en los diarios. A veces contra un fanatismo, otras contra más de uno. Podrán hablar de adjudicación directa de boletas para ensuciar a Binner, o que hay déficit en la caja de jubilaciones, y nosotros, nos vemos obligados a replicar sobre las licitaciones no de boletas sino de hospitales y de obras que exigen inversiones de otra magnitud que el papel, o de la deuda exigida y denunciada por la caja de jubilaciones, la devolución de aporte que le corresponden por ley a la pcia de Santa Fe y que está hace más de un año en la Corte Suprema de Justicia, y que motivó más de una reunión entre las partes y los Jueces. Pero no tiene importancia, porque después habrá otra mancha más, y una nueva réplica y así al infinito. De todos modos, en lo que a mí respecta, mi relación con el Frente Progresista es la de una adhesión del modo en que Binner piensa la política, por lo que vi estos años, y no por cada medida que pueda tomar él y sus funcionarios. Además, en realidad, la relación se dio más a la inversa. Fue Hermes Binner quien se interesó por mis ideas y me invitó a exponerlas en su círculo. A veces cayeron bien, otras mal. Me ofreció la dirección del Cemupro, y me dio las llaves de la sede de 500 metros cuadrados, y me dijo que hiciera lo que quisiera. Lo que no me dijo es que no contara para nada con él. Y tampoco me dijo que los cuadros del Frente en nada me atenderían. En realidad, fue peor. Una vez que me instalé no había teléfono. Lo compré. Di mil vueltas para conseguir sillas, mesas, vasos. Invité a Sabatella, Bullrich, Terragno y Llach, nadie entendía nada y les caía mal. Hasta que me cansé. Pero la relación con el gobernador siguió y fui invitado varias veces a disertar en eventos importantes. Fui el único intelectual invitado y presente en esta especie de colaboración. Nadie más en la canoa hasta después de las primarias. Por supuesto que lo que yo diga difícilmente sea aceptado en un Frente en el que coexisten neokirchneristas como los de Libres del Sur, peronistas tradicionales como de Genaro, radicales progres como los del Gen, socialistas liberales como Giustiniani, y socialistas populares como los bineristas. Muchos de ellos, creo que la mayoría, está aliviado con que no aparezca más. Admito que puse mucho entusiasmo para que Binner tenga más presencia nacional. Hoy la tiene. Qué hará con ella no tengo idea. La beatificación de Néstor Kirchner y la coronación de Cristina Fernández, el endiosamiento que se monta con una política demagógica dirigida a la “juventud”, y la congregación de los representantes culturales que se vengan de viejas derrotas, no presagia muy buenos tiempos. Cuando falten más divisas que las que ya faltan, cuando el hermano brasileño devalue o tenga su crisis, cuando el poroto baje de precio, o cuando los mandantes implosionen por luchas internas – espero que nada de esto ocurra para poder seguir leyendo al libro de Pierre Hadot sobre Goethe – la caza de brujas se intensificará. Se llame neomacartismo, fascismo, o lo que sea, se buscarán culpables y se señalaran traidores o nuevos destituyentes. Estoy preparando un libro con mis ideas políticas. No sé si lo publicaré. Lo di a leer a quienes siento más cercanos y esperaré sus opiniones. En marzo sale un nuevo libro del Seminario de los Jueves: Platón en el Callejón. Preparamos con el grupo el seminario del 2012 sobre la presencia de los griegos en los filósofos contemporáneos. Una disertación cercana sobre Aristóteles ocupa mi tiempo. Y además, el seminario del 2013 sobre William Shakespeare, estimula mi curiosidad.

Acá el link: http://tomabra.wordpress.com/2011/10/29/cura-sui/#comment-23556

Horacion González: "vale la pena discutir con Beatriz Sarlo".

El director de la Bibloteca Nacional estuvo como invitado en el programa oficialista 6,7,8 y solicitó elevar el nivel de discusión por parte de los panelistas del programa.



Abajo la nota que publicó al respecto La Nación.

Horacio González: "Vale la pena discutir con Beatriz Sarlo"

El director de la Biblioteca Nacional discrepó con los panelistas del programa ultra oficialista 678 respecto de los artículos de la ensayista; llamó a elevar el nivel de la discusión.

Por un momento, el director de la Biblioteca Nacional, Horacio González, se sintió solo. A su lado, los panelistas de 678 le reprochaban su defensa a la pluma de la ensayista Beatriz Sarlo. Uno de los referentes de Carta Abierta pidió elevar el nivel de la discusión para contrarrestar los argumentos de la escritora, quien días atrás había analizado la victoria de Cristina Kirchner en las elecciones presidenciales y los homenajes a Néstor Kirchner, a un año de su muerte.
Como en cada emisión del programa ultra kirchnerista, el informe sobre las distintas reacciones al triunfo del oficialismo en los comicios del pasado domingo fue el disparador del debate. Pero esta vez, no todos coincidieron en resaltar los logros del gobierno nacional. El director de la Biblioteca Nacional hizo una fuerte defensa de los artículos de Sarlo en LA NACION.
"Vale la pena discutir con Beatriz Sarlo. Mantuvo una posición muy rigurosa respecto del Gobierno. Ella elabora la hipótesis de que el gobierno es un escenificación, una comedia, un espectáculo. Sus artículos son punzantes, de una magnífica factura, que tiene una incisividad de gran vuelo. Son descripciones etnográficas", explicó González, luego de ver el informe que mostraba fragmentos del artículo de Sarlo publicado días atrás en LA NACION.
Luego de elogiar a la ensayista, el director de la Biblioteca Nacional llamó al kirchnerismo a elevar el nivel de la discusión. "Carlos Pagni es otra de las grandes plumas de LA NACION. Es nuestro deber exigirnos en esta mesa a discutir con él. Llamo a que los actores y las personas de la cultura que tenemos este compromiso elevar el nivel de la discusión para decir que esto no es un comedia o una escenificación", pidió González.
Ante los embates de los panelistas de 678 contra Sarlo, el director de la Biblioteca Nacional enfatizó: "No la estoy defendiendo. Estoy llamando a tener un debate que sea mucho más incisivo sobre lo que ella dice. Tenemos que debatir de otra manera no decir que es al antiperonismo salvaje".
Por último, González pidió que el programa ultra oficialista invite a debatir nuevamente a la ensayista : "Hay que invitarla a discutir con nosotros otra vez. Sandra [Russo] tenes el 53,9 por ciento de argumentos para discutir con ella", concluyó.

Acá el link: http://www.lanacion.com.ar/1418876-horacio-gonzalez-vale-la-pena-discutir-con-beatriz-sarlo

viernes, 28 de octubre de 2011

Tributo en la tierra santa del kirchnerismo - Por Beatriz Sarlo

Dejo la publicación de Sarlo hoy en el diario La Nación. Excelente.


Por Beatriz Sarlo | Para LA NACION



RIO GALLEGOS.- El día anterior al primer aniversario de la muerte de Néstor Kirchner, el avión está lleno de gente que viaja a Río Gallegos. Escucho: "Parrilli va a arreglar otro vuelo". Alguien me dice: "Está viajando a tierra santa". Lo que vino después le dio la razón. Mientras esperamos que nos ubiquen en un hotel que ahora está repleto de ministros, funcionarios y jefes, un hombre de cuarenta años me desafía amistosamente: "Nombrame un político mejor que Cristina ". Conoce el hotel, porque ha venido otras veces; cuando le pregunto a qué agrupación pertenece, declara: "Soy militante, de esos a los que Néstor les dio sentido".
Río Gallegos recordará a Kirchner de varias maneras y seguramente durante mucho tiempo. Las principales son hoy el mausoleo y la inauguración de su estatua-monumento. Los rumores son que no vienen presidentes latinoamericanos (algo que era más o menos obvio) y que el traslado del féretro al mausoleo será una ceremonia privada (algo razonable, de todo derecho).
Desde los días anteriores al aniversario, el mausoleo ha sido un imán para la prensa. Cuando crezcan los arbolitos que lo rodean, quedará enmarcado por el verde. Ahora se alza desnudo, con media docena reluciente de cámaras de vigilancia sobre el borde de su techo plano. La gran bandera argentina y la llama de las antorchas votivas son lo único móvil cerca de ese gran cubo de cemento gris y piedra. Sencillo y pesado. Las angostas aberturas horizontales no le dan levedad sino que, por contraste, aumentan el efecto de masa compacta. Protegerá el féretro de todo ataque: una especie de búnker fúnebre, más impresionante que austero. Podría decirse que es demasiado grande, que estalla en ese cementerio doméstico donde las bóvedas son modestos trabajos de albañilería. La desproporción del mausoleo no puede ser juzgada en abstracto. Estas cosas tienen historia.
En 1927, el arquitecto Angel Guido, que junto a Alejandro Bustillo diseñó el Monumento a la Bandera de Rosario, construyó la casa de uno de los grandes intelectuales de la época, Ricardo Rojas, replicando la fachada de la Casa de Tucumán. Este gesto de arquitecto y propietario enseña que la pasión monumental, lejos de nacer con el justicialismo, viene de lejos y desbordó hacia la esfera privada. A Ricardo Rojas no le pareció una desmesura atravesar todos los días el mismo portal que habían atravesado los hombres de la asamblea de 1816. La fiebre por estatuas y monumentos transformó las plazas en las primeras dos décadas del siglo XX.
El primer peronismo enfatizó esta línea, que viene de la tradición liberal. Pero le introdujo un cambio: despojó al monumento de su carácter póstumo. Emplazó estatuas, bustos, altorrelieves, murales y retratos de Perón y de Eva, que durante la revolución libertadora fueron destruidos, en un acto tan poco republicano como había sido ponerlos sobre sus pedestales. Una provincia, calles y avenidas, escuelas, estaciones, lo que se les ocurra, llevaron el nombre de Perón. Todos esoshomenajes fueron en vida. No ha sucedido lo mismo con Néstor Kirchner.
En el primer aniversario de su muerte se inaugura el mausoleo, del que se ha hecho cargo Lázaro Báez, uno de los "capitalistas amigos" (o amigos devenidos capitalistas), y una estatua-monumento, de Jerónimo Villalba, patrocinada por la agrupación Los Muchachos Peronistas, que responde a otro amigo, Rudy Ulloa, y, en cadena nacional, a Carlos Zannini. Todos los implicados tienen razones políticas que están fuertemente trenzadas con recuerdos personales y afectivos.
Las mujeres de la unidad básica donde Kirchner, Ulloa y Zannini comenzaron su largo camino fuman, toman mate y hablan de Néstor. No se reconcilian con su muerte. Detrás de ellas, dos estatuas de los Kirchner, obra de unos presos de "acá nomás", objetos pop, bien logrados, graciosos. Pertenecen a la piedad popular que, hasta hoy, decoró también el lugar transitorio que ocupó el cadáver de Néstor, en la bóveda de un pariente: ramos de flores y cartitas, estandartes de La Cámpora y efusiones: "Me niego a olvidarte". "Me gustaría que fueras el padrino celestial de nuestro casamiento." "Sos 678 a la décima potencia." "Escribime a la casilla de correo de mi pareja." El duelo en su espontaneidad.
El mausoleo formalizará esos impulsos, aunque esas cartas y flores no van a desaparecer. Tampoco entrarán en el Recinto del Muerto. Todo lo que concierne a Kirchner se convierte en pedagogía política nacional.
La estatua-monumento, que iba a emplazarse en el cruce central de las avenidas San Martín y Presidente Néstor Kirchner, desalojando la de Julio Roca, ha sido colocada definitivamente en el barrio donde Kirchner tuvo aquella primera unidad básica, en 1982. Así lo recuerda un compañero de esas épocas, Carlos Zannini, en el elocuente discurso de inauguración. Es el Barrio del Carmen y la unidad básica también se llamó, desde entonces, Los Muchachos Peronistas. Kirchner llegaba en un viejo Renault manejado por Rudy Ulloa.
A mediodía, la gente que rodea el Centro Comunitario del Carmen espera a Cristina, que no llega. A las nueve de la mañana había encabezado el grupo reducido que acompañó el traslado del féretro. El cementerio, rodeado de una custodia policial y de seguridad de hombre codo a codo, fue inaccesible. Desde afuera, dos o tres grupos pequeños de militantes hacían el entorno sonoro que la Presidenta escuchó mientras pasaba, entre sus hijos , por una calle interna, una figura fugaz, tanto más codiciada cuanto más inaferrable para las fotos.
En el Centro Comunitario, tres horas después, la expectativa se deslizó de la Presidenta ausente a la estatua de su marido. Una manifestación suele tener esos momentos donde esperar el suceso se convierte, casi, en lo más importante: el "estar ahí". Sobre todo porque los militantes movilizados por la unidad básica Los Muchachos Peronistas se conocen entre sí, se cuentan, saben que esas trescientas personas son parte de algo. Detrás de ellas, unas banderas de Petroleros. En otra punta, los jujeños de Milagro Sala, que, en efecto, vienen desde la otra punta de la república (¿en avión, en ómnibus?).
A las dos de la tarde, el mausoleo queda abierto para la gente. Imagino filas larguísimas, pero me equivoco. Río Gallegos no estaba pendiente de lo que nos tenía obsesionados a sus visitantes, de modo que esperan para entrar al cementerio decenas de personas que se van renovando.
La visita es brevísima, acelerada por guardias imperiosos, pero suficiente para confirmar la impresión de solidez. En su interior, el mausoleo, antes que sobrio y grave, es un poco elemental, como si algo hubiera fallado en la imaginación estética y este monumento fúnebre pasara por alto lo que afirmó un gran arquitecto del siglo XX: la tumba es el único tema donde la arquitectura puede convertirse verdaderamente en arte.
En realidad, no importa. El mausoleo no desmerece la fuerza y la decisión del hombre que descansará para siempre allí. Sobre su féretro, la bandera argentina, un pañuelo blanco, el banderín de Hijos y la camiseta de Racing.